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El
Islam y la libertad de opinión
por
Sidi Ibrahim Umar Vadillo
traducido por Omar Ribas
La opinión se contempla de manera diferente en el mundo moderno
y en el Fiqh islámico. Hoy en día se fomenta que la
gente tenga una opinión sobre todas las cosas. Se considera
un valor positivo expresar tu opinión, a la que a menudo
se hace referencia como “ser tú mismo”. Desde
Descartes, la duda se considera una herramienta epistemológica
para alcanzar la verdad. Además el “cogito ergo sum”
entroniza al hombre como supremo “juez de sus propios juicios”.
A partir de ahí, el conocimiento se embarca en una montaña
rusa de ficción y fantasía, al tomar el subjetivismo
( la opinión) como el terreno de la verdad. El descubrimiento
de lo “objetivo” por Kant, se convierte en un nuevo
disfraz para esconder el subjetivismo (opinión). Como señaló
Heidegger, el objetivismo no cambió el terreno del pensamiento;
simplemente añadió más condiciones que finalmente
alimentaron aún más la “ilusión de la
verdad”. La ciencia moderna está basada en este enfoque
kantiano. En el momento que llegas al sistema universitario de hoy
en día, la abstracción de la verdad es tan absoluta,
que expresiones como “libertad de opinión” son
aprobadas apasionadamente sin ninguna comprensión de la realidad
metafísica que representan. ¿Metafísica? Mencionar
esta palabra instantáneamente lleva a sus defensores a la
perplejidad pura.
La opinión en el mundo moderno se considera un “derecho”
con la misma validez que el derecho a elegir entre el Manchester
United o el Liverpool. No obstante, su validez no se limita al fútbol.
Se ha hecho permeable a todos los terrenos del conocimiento, incluyendo
por supuesto, el conocimiento religioso. De tal modo que la gente
invoca su “derecho” a tener su propia opinión
en asuntos de religión. Y lo hacen con el peso de una visión
del mundo establecida que les es adoctrinada desde el primer momento
en que tienen acceso a un televisor. No necesitan llegar a la universidad.
En el Fiqh islámico, sin embargo, la opinión se considera
como una forma de desviación. Todo el mundo puede elegir
entre el Manchester United y el Liverpool (yo escojo el Real Madrid
naturalmente), pero la búsqueda de la verdad (a diferencia
de los equipos de fútbol) no se basa en la opinión,
se basa en el “abandono de la opinión”. Los usul
al-Fiqh como son practicadas por los cuatro madhabs, consisten en
niveles sucesivos de una metodológica “eliminación
de la opinión” para llegar a la decisión o sentencia.
Por consiguiente la búsqueda en el Fiqh no está “conectada”
con el buscador (como ocurre en el pensamiento científico
o positivo) sino que está “conectada” con lo
buscado. Lo buscado es la Verdad. La Verdad es para nosotros Absoluta
y Única (a diferencia de la ciencia en la que la verdad es
manufacturada y por lo tanto relativa). El proceso de alcanzar la
Verdad es “despojarse de la opinión” (desvelar,
en el lenguaje de los sufíes). En el reino del Fiqh (diferente
del reino del Tasawwuf), la búsqueda es para “encontrar”
la sunnah del mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le de paz,
como el modelo de vida que consecuentemente debemos aplicar. En
el reino del Tasawwuf la búsqueda es de la presencia de Al-lah,
como fuente del conocimiento mismo. Sea cual sea el reino y el método,
el terreno islámico de la búsqueda es la Verdad.
En ninguna parte esta “libertad de opinión” se
manifiesta más claramente que en el arte moderno, y la poesía
en particular. Al poeta de hoy se le alienta a manifestarse “a
sí mismo”, sus sentimientos, sus emociones, y su historicidad.
Él, a diferencia del científico, se libera de “cualquier
regla objetiva” de búsqueda. Es la expresión
extrema de la “libre opinión”. El resultado es
naturalmente un absoluto sinsentido. Si comparas esto con la escritura
de las qásidas sufíes, la diferencia es obvia. El
sufí escribe después que él mismo se ha desnudado
de si mismo. Escribe en el éxtasis de haber abandonado su
nafs, olvidado su opinión. Él ha se ha quitado del
medio y ha desaparecido de la posición de ser el quien pregunta;
se ha borrado totalmente a sí mismo. En este estado de extinción
(faná), de total desvelamiento, la Verdad “se le manifiesta”
en forma de luces. La presencia de Al-lah deviene “real”.
Esto es conocimiento (ma’arifatul-lah). El resultado es un
hombre que después de la faná de sí mismo,
regresa a la baqá de Su Señor. Ahora puede ser un
guía para la otra gente. Esta es la expresión final
de “no tener opinión”.
Los modernistas empiezan mal en su búsqueda de la verdad,
porque denuncian de alguna u otra manera el tasawwuf. Un grupo,
el dominante, argumenta que el tasawwuf es superstición.
El otro grupo reduce el tasawwuf al reino de lo esotérico.
Hacen esto escapando hacia el pasado o hacia el futuro. Invariablemente
creen que el tasawwuf está preocupado sólo por las
“cuestiones internas”. No pueden concebir que el dhikr
de Al-lah sea una herramienta para toda ocasión, para toda
situación de la vida. El sufí es un sufí en
la zawiyya y en la vida diaria. La idea de que el sufismo no se
preocupa por la política es tan errónea como el dicho
laicista de que “el Islam no tiene nada que ver con la política”.
Sin tasawwuf, el siguiente estadio en la tesis modernista es la
adopción de una metodología racionalista. Se ha convencido
a sí mismos –y no es difícil de imaginar cómo
ha ocurrido habiéndose educado en universidades modernas-
de la validez del “pensamiento objetivo” como verdad.
No alcanzan a comprender que esto es desde todos los puntos de vista
lo que llamamos en fiqh una “opinión” separada
de la realidad, asentada en una representación puramente
subjetiva de la realidad. Al haber adquirido un nuevo método
de razonamiento, nuestros eruditos modernistas han emprendido una
relectura de la Ley islámica en un proceso que llaman islamización.
¿Cuál es el sujeto de su islamización? No es
otra cosa que la modernidad, sus instituciones y sus prácticas
legales y sus fórmulas. Esos elementos de modernidad son
entendidos como herramientas neutras del proceso natural de la actividad
humana, esto es lo que Heidegger llamó un entendimiento antropomórfico
de la tecnología. El resultado es el banco islámico,
el Estado islámico, la bolsa islámica, la ciencia
islámica, los derechos humanos islámicos,… etc.
A primera vista esto aparecerá como el esfuerzo noble para
llevar la religión a esas instituciones ajenas, pero en realidad
es el abandono de la religión.
Sólo unas pocas voces se atreven a cuestionar a la ciencia
hoy en día. Su dominio es total. Su resultado es la autodestrucción.
Sólo el Islam puede ofrecer una salida de este modo suicida
de pensar. Pero el Islam también ha sido presa de esta manera
de pensar. Mientras todas las opiniones tengan el mismo peso, mientras
la verdad se mida por la mayoría de los votos/opiniones bajo
el sistema universal de democracia, no habrá esperanza. Los
demócratas islámicos en efecto argumentarían
la validez de su causa, y tienen detrás una considerable
fuerza de argumentación –los trescientos años
de pensamiento científico europeo-, si bien su éxito
es la prueba de su error. La gente ha visto durante bastante tiempo
las democracias islámicas en acción como para reconocer
que son la misma cara del kufr que encontramos por doquier. Lo mismo
es aplicable a los bancos islámicos, las constituciones islámicas,
etc.
La solución es el retorno al Islam, para encontrar nuestro
modelo en la práctica (‘amal) de la Primera Comunidad
–nuestra defensa constante contra la corrupción social-
y el retorno al tasawwuf , que es la protección del Tawhîd
contra la teología, y sin el cual no tenemos nada.
Fuente: http://groups.yahoo.com/group/qasidahburdah/message/257
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