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EL
ISLAM Y EL IMPERIO
por Sidi Karim Viudes
“Realmente Firaún fue un tirano altivo en la
tierra. Dividió a sus habitantes en clases y subyugó
a una parte de ellos, degolló a sus hijos y dejo vivir a
las mujeres. Era un Corruptor”.
(Sura del Relato, 28:3)
“Cuando se les dice: No corrompáis las cosas en la
tierra, responden: Pero si solo las hacemos mejores. ¿Acaso
no son los corruptores, aunque no se den cuenta?
Y cuando se les dice: Creed como han creído los hombres.
Dicen: ¿Es que vamos a creer como los necios? ¿No
son ellos los necios sin saberlo?”
(Sura de la Vaca, 2:10-11-12)
Cuando los EE.UU. ganaron la carrera armamentística, la U.R.S.S.
entró en quiebra, el socialismo se desacreditó y el
liberalismo se proclamó la forma final y más perfecta
de gobierno humano.
La apoteosis de esta victoria, plasmada simbólicamente en
la caída del Muro de Berlín, ofuscó la razón
histórica, hasta el punto de identificar la bancarrota soviética
con un imaginario “Fin de la Historia”.
Según la filosofía aplicada al caso, este “Triunfo”
confirmaba el “Destino Manifiesto” del “Espíritu
norteamericano” para guiar al resto de los pueblos hacia la
“Felicidad” bajo la guía de la “Antorcha
de la Libertad”.
Dado que Hegel consideró que la imprenta, la pólvora
y el préstamo de dinero a interés eran tres logros
del “Espíritu Occidental de Progreso”, y que
la industria al servicio del progreso se “había hecho
ética”, no debe extrañar a nadie que el gobierno
de los EE.UU. tomara como un deber moral poner sus servicios de
inteligencia, su complejo industrial armamentístico, su aparato
de propaganda y a la banca mundial, al servicio de la causa superior
del “Nuevo Orden Mundial”.
Este idealismo cubre esta triple realidad:
1. que el nivel de vida de los EE.UU. se mantiene con petróleo,
2. que la mayor reserva de este bien de consumo se encuentra en
Oriente Próximo,
3. que esta zona es de mayoría musulmana.
En consecuencia de estas tres verdades se fabricó la mentira
del monstruo salafista-yihadista con el fin de espantar a los soviéticos
fuera de Afganistán sin comprometer al Pentágono.
Esta treta se urdió con la misma mentalidad colonial con
que se entablaban las partidas del “Gran Juego” entre
la Rusia zarista y la Inglaterra victoriana. Pero corren otros tiempos
y el monstruo compuesto de carne muerta, se vuelve hoy – como
el de Frankestein – contra sus fabricantes.
Siguiendo el juego, después de manipular en la religión
se manipuló en la política, con el resultado contraproducente
de transmutar el laicismo nacional socialista de cuño cristiano
en un doble islamismo radical: el salafista-yihadista sunni y el
nihilista ismaelita chii, ambos con tendencias suicidas de cuño
japonés. La piedra filosofal con la que se operó esta
transmutación alquímica fue la llamada “Guerra
del Golfo”; su matriz: la “Tormenta del Desierto”.
Tras esta primera escaramuza, a la tesis optimista del “Fin
de la Historia” siguió la antítesis pesimista
del “Choque de Civilizaciones” y a esta, la síntesis
que se escenificó en el espectáculo horroroso del
derrumbamiento de las dos torres emblemáticas del Comercio
Mundial.
El colofón de esta secuencia de acontecimientos asombrosos
es el voto positivo de la “Patriot Act” por parte del
Senado de los EE.UU.. Históricamente, esta rendición
del Poder Civil al Poder militar significa “de facto”
la proclamación del Imperio Republicano.
Esta claudicación senatorial constituye la “Esencia”
del Imperio. Su “Apariencia” es la “Paz Perpetua”.
Su acción es el estado de excepción permanente. La
servidumbre de la Milicia al Poder Económico anuncia la Tiranía.
La Tiranía se establece por medio de la propaganda demagógica.
La “Esencia” de la Tiranía es la ambición
de fama y dinero. Su apariencia es la “Concordia Civil”.
Su Acción es el espionaje de la vida privada, los interrogatorios
bajo presión física o psicológica – “inquisición”
– y la censura.
Platón dice a propósito de los demagogos: “...Es
evidente que de esta estirpe privilegiada de Protectores del Pueblo
es de la que surge el Tirano y no de ninguna otra [...] éste
Tirano tiene cuidado de mantener en pie semillas de hostilidad para
que el pueblo sienta necesidad de un jefe [...] por todas estas
razones es preciso que el Autócrata tenga siempre entre manos
un proyecto de guerra...”
La escuela de pensamiento musulmana, asimiló la filosofía
griega tras depurarla de cualquier paganismo. El llamado “Segundo
Platón”: Alfarabi, tanto como nuestros Ibn Tufail,
Averroes o Ibn Jaldún, apoyándose en el Corán
y en la Tradición, fueron aun más intransigentes con
el Faraonismo.
En el Corán, Faraón, se presenta como el modelo de
los Tiranos. La tradición recoge que nuestro querido Profeta,
que Allah bendiga y salve, dijo en cierta ocasión: “...
No más Faraones, ni más Cesares, ni más Cosroes...”
Por esto y por otras cosas mas que enumero en este folleto, sin
ánimo de ser exhaustivo, el Islam horripila a los Tiranos
y no nos debe extrañar que pongan tanto empeño en
denigrarlo, puesto que, si por el Poder y la Voluntad de Allah,
la forma auténtica de gobierno musulmán renaciera,
la bancocracia iría a la bancarrota y los banqueros a la
bancada de los galeotes.
La oposición al Islam, hoy, no proviene de ninguna convicción
moral o religiosa sino del prejuicio utilitario que impide el entendimiento
de la indiferencia general de las masas musulmanas a la “Civilización
Faústica” que promete felicidad a cambio de una deuda
hipotecaria garantizada de por vida por un Estado de Derecho democrático.
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