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Bismillahi ar-Rahman ar-Rahim
SOBRE
EL TÍTULO DE EMIR AL MUMININ
Sidi Karím Viudes, decano de la Comunidad
Islámica en España

A
partir del momento de la caída del califato Otomano, a principios
del siglo XX, la legitimidad del gobierno de los musulmanes permanece
viva en Marruecos, con el título de Emir Al Muminin, o dirigente
de los creyentes, que ha seguido transmitiéndose desde la
época de Al-Andalus. El fundamento de dicha autoridad no
es hereditario sino que emana del compromiso y juramento formal
de lealtad que se pronuncia de viva voz ante el Emir con la fórmula
profética, establecida por el Coran y la Sunnah.
“Emir al Muminin” es uno de los atributos del
califato. Los Compañeros y demás musulmanes designaron
con el título de Califa del Profeta la paz y las bendiciones
de Allah sean sobre él a Abu Bakr que Allah esté complacido
con él, y así le llamaron hasta su muerte.
A Umar Ibn Al-Jattab que Allah esté complacido con él
le empezaron a llamar Califa del Califa del Enviado de Allah. Pronto
se dieron cuenta de que este término llagaría a ser
muy incómodo al obligar a añadir la palabra Califa
a cada nuevo sucesor.
Los árabes de Yahiliya, antes de su conversión
al Islam, designaban al Profeta la paz y las bendiciones de Allah
sean sobre él con el título de Emir de Meca y el Híyaz.
A los generales que dirigían las expediciones militares les
daban el tratamiento de Emir. A Saad Ibn Abi Waqqas
que Allah esté complacido con él como caudillo
del grueso de los musulmanes en la batalla de Cadesiya, los Compañeros
le llamaban con el nombre de Emir Al Muslimin
(Emir de los Musulmanes).
Alguien se dirigió en cierta ocasión a Umar Ibn Al-Jattab
que Allah esté complacido con él llamándole
Emir Al Muminín (Emir de los Creyentes). La denominación
agradó en Medina y acabó por ser adoptada. Unos dicen
que el primero en dar ese título fue Abdallah Ibn Yahsh,
otros dicen que fue Ibn el Assi, otros dicen que
fue Al Muguira que Allah esté complacido con todos
ellos, otros que fue un correo que entró corriendo por las
calles de Medina preguntando: “¿Dónde está
el Emir de los Creyentes?”. Los Compañeros que lo oyeron
exclamaron: “Por Allah, tú has acertado, Umar es, en
efecto, el Emir Al Muminín”.
Todos los Omeyas ostentaron ese título y no permitieron a
nadie usarlo. Los Shiitas designaron a Alí que Allah esté
complacido con él, con el título de Imam
(guía) a fín de insinuar que sólo a él
pertenecía la dignidad del Imamato, hermana de la
del Califato que, según su opinión –la de los
Shiitas-, Alí tenía más derecho al Imamato
de Salat –es decir, a dirigir la Oración-
que Abu Bakr que Allah esté complacido con ambos.
Cuando Alí que Allah esté complacido con él
accedió al Califato usó el título de Emir
Al Muminín. Los Shiitas continuaron,
en secreto, llamando Imam a sus pretendientes, para luego denominarlos
Emir Al Muminín. Esto hicieron los Abasidas y los
Rafidies.
En el Magrib (norte de África), los Idrisies sólo
utilizaron el título de Imam. Los Califas de Bagdad transmitieron
el título a sus sucesores, haciendo de ello el distintivo
de la soberanía del Hiyaz, Siria y del Iraq.
Los Omeyas de España creyeron no poder atribuirse el título
de Emir de los Creyentes en tanto que no tenían la soberanía
sobre el Hiyaz. A comienzos de la cuarta centuria, Abdelrrahman
III accede al trono de España con el sobrenombre de Al-Nasir
(el vencedor). Durante su reinado llegó a Córdoba
la noticia de la reclusión de los Califas de Bagdad y de
las vejaciones a las que se veían sometidos. Despojados de
toda Sultanía, sus sujetos habían llegado
a la audacia de maltratarlos, deponerlos, asesinarlos o cegarlos
sacándoles los ojos.
Abdel Rahman III, rey musulmán de Hispania, tomó entonces
la resolución, después de consultar a los juristas,
de retomar el título que llevaron sus antepasados. Poco antes,
los Fatimíes de Ifrikiya (África) se habían
autoproclamado Califas. El rey Abdel Rahman, siguiendo
el uso de los Califas de Bagdad y de los de Ifrikiya, añadió
al título de Emir Al Muminín el sobrenombre de Nasir
al Dín Illah (vencedor en la creencia de Allah).
Su ejemplo se volvió una regla para sus sucesores, lo cual
sus antepasados jamás acostumbraron.
Con la ruina total del Califato, los libertos, tanto en oriente
como en occidente, se alzaron en Taifas (una especie de reinos independientes)
y se quebró la unidad del imperio islámico. Fueron
estos príncipes los que empezaron a utilizar el título
de Sultán, añadiéndole, luego otros títulos
honoríficos que, a veces, les otorgaron los Califas, como:
Sharaf-ad-daula, Adud-ad-daula, Rokn-ad-daula, Moiz-ad-daula, Nasir-ad-daula,
Nizam al mulk, Baha al mulk, Yazirat al mulk, etc.
Los príncipes Sanhaya, al arrebatar la sultanía de
Ifrikiya (Túnez), se conformaron con esos títulos
honoríficos que les concedían los Califas Obeidítas.
Por respeto, nunca osaron ostentar títulos califales. En
oriente, conforme los Sultanes iban usurpando poderes efectivos
a los Califas, no se conformaban con los títulos honoríficos
otorgados por éstos y empezaron a aspirar a los títulos
monárquicos tales como An Nasir, Al Mansur, etc. Y queriendo
dar a entender que ellos estaban redimidos del yugo de la clientela
califal sustituían la palabra Daula o Mulk con la voz Dín:
Salah-ud-Dín, Asad-ud-Dín, Nur-ud-Dín…
En España, los reyes de Taifas sólo usaron el título
protocolario subalterno de Hayib (chambelán). Siendo
de la misma estirpe que los Califas, algunos llegaron a repartirse
los títulos privativos del Califato y de la realeza: An Nasir,
Al Mansur, Al Mutamid, Al Modhaffar. Cuando los Sanhayies
abandonaron la causa Obeidí, dejaron sus títulos honoríficos
acabados en Daula y se concentraron en la denominación de
Sultan. Desvanecido el recuerdo de los Califas en el Magreb y acéfala
su representación en el país, Yusuf Ibn Tashifin,
rey del pueblo de los Lemtuna, se hace dueño de los dos litorales
Calpe y Abila: Gibraltar y Ceuta. Desde Sevilla, envía a
Abdallah Ibn al Arabi y su joven hijo,
el futuro Cadí Abu Bakr Ibn al Arabi, con la declaración
de acatamiento y homenaje dirigida al Califa abasida Al Mostadher.
A su vuelta traen la confirmación en el gobierno del Magreb
en la persona de Yusuf Ibn Tashifin y como su signo especial de
honor, el título de Emir Al Muminin, que se disputaba en
aquel momento en Al-Andalus.
Después de esto, apareció “El Mahdi”
que, siguiendo la costumbre shií, se hizo llamar
Imam, a lo que pronto añadió el calificativo de Maasum
(impecable) y sus partidarios se abstuvieron de llamarle Emir Al
Muminín, título muy desacreditado en esos momentos
tanto en oriente como en occidente. No obstante, Abdel Mumin, su
sucesor, una vez dueño de Córdoba y Sevilla, tomó
el título califal. Más tarde, los hafsidas de Ifrikiya
hicieron otro tanto.
Volvíose a descomponer el poder en el Magrib, y los Zanata-Merinidies
conservando aún sus ásperas costumbres siguieron el
ejemplo de los primeros Almorávides, y por respeto, primero
al Califa Almohade, y después al Hafsida, se inhibieron de
usar el título de Emir Al Muminín. Los zanatíes,
después hasta su extinción, adoptaron de nuevo el
título califal cordobés.
Los sultanes Saadíes, gentes de la Casa del Profeta la paz
y las bendiciones de Allah sean sobre él continuaron con
el uso andalusí, con algunas indecisiones. Los Alawies, que
han gobernado Marruecos hasta nuestros días, todos han llevado
el título de Emir Al Muminín. El último –que
Allah le mantenga en su favor- es S.M. el Rey de Marruecos Muhammad
VI, que representa hoy la legitimidad musulmana del califato.
A partir del siglo XIV-XV de la era gregoriana, empieza a asomar
el poder turcomano, en la India mongol, en la Persia safávida
y en la Anatolia otomana. Sólo los Otomanos, después
de arrebatar Bagdad a los Safávidas y de la conquista de
El Cairo en 1516, usaron el título califal.
El paso del poder fue en El Cairo, allí vivía el oscuro
descendiente de los califas Abbasíes que entregó a
Selím I las insignias oficiales del Califato: el manto, el
estandarte y la espada de Nuestro Profeta Muhammad la paz y las
bendiciones de Allah sean sobre él, que fueron trasladadas
a Estambul, donde aún se conservan. El califato otomano acabó
en 1924.
Compilado por Sidi
Karim Viudes a partir de las siguientes fuentes:
1. Muqaddima de Ibn Jaldún. Libro II, capítulo 32,
(Sobre el Titulo de Emir al Muminin).
2. Las civilizaciones actuales, de Fernan Braudel.
3. Historia de las Civilizaciones, de Hugh Trevor-Roper. Tomo VIII,
capitulo IX. Alianza Editorial/Labor. Madrid 1988.
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