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En
defensa de la libertad de expresión
Por
Abdul Haqq Salaberria
En noviembre de 2004, el director de cine y columnista holandés
Theo Van Gogh fue asesinado en Ámsterdam. Un joven musulmán
llamado Ali B. le rebanó el cuello “como a un cerdo”.
Un par de meses antes del asesinato, la película Submsion
de Van Gogh, que éste había hecho junto con la política
derechista Ayaan Hishi Ali, fue transmitida a nivel nacional por
televisión. La mayoría de los musulmanes en Holanda
quedaron en shock y se ofendieron por la cinta. En lugar de convertirse
en mártir, Ali B. convirtió a Theo van Gogh en uno…
para sus seguidores y para la extrema derecha. En las semanas posteriores
al asesinato, hubo mezquitas incendiadas por completo y musulmanes
increpados y agredidos en las calles. Ahora, cerca de un año
después, Holanda se ha convertido en el estado 52 de Estados
Unidos. La libertad de expresión está sitiada. El
ministro de Justicia, Donner, introdujo una ley que hace punible
cualquier justificación, o incluso la mínima comprensión
de los ataques terroristas. El populismo de derechas es común
en la mayoría de los ciudadanos holandeses. En internet se
han fundado más y más weblogs y webzines con propaganda
antimusulmana, xenófoba y nacionalista. Orgulloso de ser
holandés se ha convertido en una expresión común.
En contraste, la mayoría de los jóvenes marroquíes
se vuelven cada vez más fanáticos y agresivos. Recientemente,
el editor de una revista gay norteamericana fue seriamente agredido
por jóvenes marroquíes porque él y su amigo
caminaban de la mano por Ámsterdam. Esto agudiza la tensión
entre los ciudadanos holandeses comunes y los inmigrantes, y seduce
al gobierno para introducir leyes más reaccionarias para
suprimir las libertades individuales. Esto sucede en un país
que presumía de ser el más liberal del mundo; un país
donde fumar hierba es legal, al igual que la prostitución,
y donde es posible ser desempleado y estar mantenido por el Estado
durante toda tu vida.
Pero la pregunta es: ¿Quién encendió esta hoguera?
¿Pretendía Theo van Gogh hacer una defensa de la libertad
de expresión, una denuncia de la situación de algunas
mujeres árabes o un alegato de los derechos humanos? ¿Era
su obra una mera creación artística? ¿Puede
uno escudarse en la libertad de expresión para expresar cualquier
cosa?
Parece claro que la defensa de todo lo anteriormente mencionado
se puede hacer perfectamente, y de hecho se hace, sin tener que
ofender, profanar o blasfemar.
Si hacemos una defensa de la libertad de expresión sin límites,
tendremos que admitir que Ali B. También se “expresó”
rebanando el cuello de Theo Van Gogh, y lo hizo de forma “ortodoxa”
haciendo por su cuenta lo que indicaría la Sharia, en determinadas
circunstancias, en una sociedad musulmana y por sentencia de un
juez para un caso claro de profanación del Corán.
Y además, le importará un bledo lo que la ley holandesa
diga al respecto ya que también se transforma para él
y muchos musulmanes más en una mera “opinión”
no vinculante.
Recuerdo que hace poco en la sección de sucesos de los informativos
se nos contaba la historia de un majadero que se puso a jugar con
el tigre enjaulado de un circo. El felino se mosqueó y agarró
el brazo del bromista arrancándoselo de cuajo y comiéndoselo
después. ¿Se podía esperar de una fiera salvaje
que compartiera el pesado sentido del humor de aquel gamberro?.
El domador decía: “Ahora ha probado carne humana y
se ha vuelto más peligroso”.
Theo Van Gogh quería provocar y lo consiguió. Los
periódicos daneses y noruegos que han publicado las caricaturas
del Profeta (SWS) también. Y también lo han conseguido.
Ahora bien, esa basura de trabajo no trata de ejercer el derecho
a la libertad de expresión, no somos ingenuos. Y al igual
que hacer apología del terrorismo, del antisemitismo o de
la discriminación femenina, debería estar perseguido
con dureza por la ley.
Si no es así, el contrato social queda roto y la violencia
dejará de ser monopolio del estado. Todos podemos expresar
la repulsión que nos producen estas provocaciones, el asco
y el rechazo que merecen estos creativos cretinos y antisociales.
Yo lo he hecho por medio de este artículo. Otros pueden expresarse
con algo más que palabras. Encender un fuego es sencillo,
apagar un incendio es mucho más complicado.
Abdul Haqq Salaberria
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