| |

LA IGLESIA Y EL ISLAM
La ofensa del papa al Islam en su discurso pronunciado en la Universidad
de Ratisbona el 12 de Septiembre del 2006 tiene un origen profundo
en la doctrina católica.
Los católicos, por su rechazo a Medina al Munawwara, por
su negativa a aceptar el triunfo del Islam y la victoria concedida
al último de los Mensajeros y sello de los Profetas de Dios,
están condenados a vivir bajo la opresión de los imperios.
Y, a veces, a crear ellos mismos imperios mundanos crueles, tiránicos
que establecen la opresión, el abuso y la soberbia como principios
de dominio.
La ortodoxia de la iglesia católica acepta el periodo de
Meca como una misión profética verdadera: el mensaje
de la paciencia, la oración, la piedad, la penitencia y el
sufrimiento a manos de los infieles, la devoción sincera
al Dios Único… y, sin embargo, se niegan a admitir
a Su Enviado. Después de haber salido sólo, sin propiedades,
recién enviudado de su noble y fiel esposa Jadiyah que había
sido un apoyo material, emocional y espiritual constante para él,
recién perdido a su tío Abu Talib, que había
sido su valedor y defensor en última instancia contra los
abusos de Quraish, el Mensajero sale por la noche de su ciudad,
con su compañero Abu Bakr, escapando de un complot para asesinarle
esa misma noche y juntos se esconden en una cueva. Solo Allah, el
Señor del Universo, los acompañaba, el tercero de
ellos dos.
Los cristianos no quieren reconocer que Allah le dió Su ayuda
y que las cosas tomaron otro cariz. La guía y la revelación
iluminaron, a partir de ese momento, todas las esferas de la existencia
humana, sin dejar de iluminar el corazón y la ascensión
del hombre en grados de perfección espiritual y de sincera
devoción, de amor y de virtud. Eso es lo que los cristianos
no quieren admitir y al separar lo espiritual de lo mundano, la
devoción a Dios del orden social, han vivido condenados a
una práctica dualista fragmentada que le da a Dios lo que
es de Dios y al César lo que es del César ¡Gloria
a Allah, a quien le pertenecen los Cielos y la Tierra y todo cuanto
hay en ellos! Su negación de Medina al Munawwara es, por
consiguiente, su negación total y absoluta del Mensajero
de Allah y del Mensaje que le fue revelado y de su propia persona
y de su integridad, fidelidad y autenticidad como portador de la
guía de Dios para los hombres.
Lo cierto y verdadero, e innegable históricamente, es que
la Revelación se completó con un periodo de diez años
de éxito, fruto luminoso de los trece primeros años
de paciencia, sacrificio, sinceridad y sumisión al Decreto
Divino.
En Medina al Munawwara, toda la perfección y el ejemplo luminoso
de una sociedad que está regida por la consciencia de Dios
y por las más altas y más nobles virtudes espirituales,
deja de ser una realidad oprimida, oculta, clandestina, perseguida,
como los cristianos consideran que es lo único correcto y
verdadero, y pasa a ser una comunidad que, al obedecer a Allah,
recibe Su ayuda. La victoria sobre los enemigos, la compasión
mostrada hacia ellos, la autoridad que establece -por encima de
todo criterio- el sometimiento y la obediencia a Dios y la firmeza
frente a la degeneración y la injusticia hacen resplandecer
al mensaje profético definitivo con la misma luz que resplandeció
el Mensaje de Moisés sobre el pueblo de Israel. La Ley como
referencia última de todo ordenamiento social, la Ley Revelada,
como lo había sido la Ley Mosaica, que Jesús, paz
y bendiciones de Dios sean siempre sobre él, no vino a abolir
ni a suprimir, una Ley que el confirmó y acató y cuya
validez no negó.
Con la victoria del Islam en Medina al Munawwara se hace completo
y perfecto el Mensaje, la guía, el modelo de perfección,
el camino de la realización humana en todas las esferas,
pues todas están ligadas y son interdependientes: el cultivo
de las virtudes y el desvelamiento del corazón y del intelecto
así como el establecimiento de la misericordia, la justica
y la equidad en todas las actividades humanas.
“El es quien ha enviado a Su Mensajero con el Din
de la Verdad para que prevalezca por encima de todas las demás
religiones aunque lo detesten los encubridores, asociadores”.
|
|