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LA MATANZA DE QANA
“La imagen de los niños libaneses, inertes, cubiertos
de polvo, siendo desenterrados muertos de entre los escombros del
refugio de Qana provoca un grito de indignación y horror
que es necesario dejar que salga de las gargantas y que resuene
en las conciencias, si es que aún creemos que el hombre tiene
conciencia”.
Abdulhasib Castiñeira
Domingo 30 de Julio de 2006.
La brutal matanza de civiles en la ciudad libanesa de Qana, la mayoría
de los cuales eran niños, es la gota que colma el vaso de
la brutalidad despiadada del programa israelí de destrucción
del Líbano. Esta campaña desmedida se ha presentado,
como siempre, envuelta en argumentos de defensa nacional y de lucha
contra el terrorismo y ha estado amparada por la cobarde complicidad
de la clase política de muchas de las naciones democráticas,
con los Estados Unidos a la cabeza, y de las instituciones internacionales,
principalmente la inútil e impotente ONU. La actuación
de los países desarrollados, en Roma durante la reunión
urgente para tratar la crisis, en San Petersburgo durante la cumbre
de los G-8 y, en prácticamente todas las capitales europeas
desde que empezó la agresión israelí, ha sido
la muestra de pasividad más repulsiva y obscena que se haya
visto en el mundo desde el genocidio de Sebrenica, durante la guerra
de Bosnia.
¿Cuáles son las razones de la absoluta impunidad israelí,
que transgrede todas las leyes internacionales y los principios
más elementales de la convivencia humana?
¿Cómo puede una diminuta nación tener como
rehén a toda la humanidad, imponer su ley de la barbarie
y que nadie levante la voz?
Dos han sido los mecanismos utilizados por el estado de Israel para
asegurarse el presente estado de parálisis de la comunidad
internacional. Uno, su dominio y control de los medios de comunicación
en los países de Occidente, la mayoría de los cuales
están en manos, directa o indirectamente, de magnates judíos.
Otro, el sistema de autodefensa que inmediatamente califica de anti-semitismo
cualquier critica a la política de Israel o cualquier comentario
que no reverencie a la comunidad judía, como si estuviera
por encima de cualquier obligación de rendir cuentas ante
nadie. Si la fórmula del antisemitismo tenía su razón
de ser después de la persecución sufrida en la Alemania
nazi durante la Segunda Guerra Mundial, ahora es pura demagogia
y manipulación mediática, que incluso han conseguido
incorporar como delito en los sistemas jurídicos de muchos
países.
La posesión de armas atómicas por parte de este minúsculo
estado, que hace gala una y otra vez de la más atroz brutalidad
y el más cínico desprecio por los derechos y la dignidad
de todos los que no son de su especie, es una amenaza para toda
la humanidad y es incoherente que americanos y europeos quieran
imponer, con razón, una vigilancia al desarrollo nuclear
de Irán, mientras que Israel no esté sujeto a ningún
control, ni haya firmado ningún tratado internacional de
limitación de la proliferación nuclear.
La crisis del Líbano pone de manifiesto el fracaso de las
naciones-estado artificiales y también el de las instituciones
internacionales. El fiasco de una nación-estado creada por
la fuerza que no es capaz de convivir entre las demás naciones,
y el fracaso de las Naciones Unidas, que no cumple con su supuesta
función de disciplinar las relaciones entre las naciones,
que incumple su propia -tan retórica como inútil-
declaración universal de los derechos humanos y las resoluciones
de su propio consejo de seguridad, cuando se trata del miembro con
privilegios exclusivos, el estado de Israel, y que sin embargo amenaza
con el uso de la fuerza y las sanciones, cuando se trata de los
demás, están quedando al descubierto una vez más.
No es de extrañar la reacción enfurecida de miles
de libaneses que hoy domingo, el día después de la
matanza de Qana, se han ensañando descargando su indignación
contra de la sede de las Naciones Unidas en Beirut. Su inoperancia,
su hipocresía y su complicidad en esta matanza, como en la
de Sebrenica hace diez años, la han convertido en objeto
de la ira popular.
Desde el punto de vista psicológico el estado mental de los
dirigentes y la clase financiera que respalda este estado inviable
y en continua bancarrota, puede definirse con toda exactitud como
psicosis, una enfermedad mental consistente en vivir dentro de unos
parámetros creados por uno mismo y que no se corresponden
en absoluto con lo que el resto de la humanidad entiende como normal.
Israel es una nación enferma, dirigida por enfermos mentales,
que parece hundirse cada vez más en un siniestro túnel
de autodestrucción al que quiere arrastrar a sus vecinos
y al mundo entero. Esta patología mental parece confirmada
por la enajenación de las acciones políticas y militares
con las que el estado israelí pretende relacionarse con su
entorno. Todas las acciones inmisericordes de la política
israelí con los palestinos y con los árabes en general,
que ellos justifican como su voluntad de supervivencia en un entorno
hostil, en realidad sólo sirven para acrecentar el odio de
todos sus vecinos hacia ellos. Israel es un vecino indeseado cuya
conducta intolerable no hace sino aumentar aun más la enemistad
de todo el vecindario y que no ofrece nunca una posibilidad de reconciliación.
Un lector del periódico israelí Heretz, escribía
hoy domingo, el día después de la matanza de Qana,
una carta al director del diario, publicada en su edición
digital, diciendo algo así como: los verdaderos responsables
de las matanzas de inocentes civiles en el Líbano son únicamente
los miembros de Hezbollah, pero el mundo entero nos culpa por ello
a nosotros, espero que el Señor de Israel venga y haga justicia
a Su pueblo…. ¿No es eso locura?
Otro lector israelí, más sensato, pide al primer ministro
Olmert, en una carta abierta al mismo periódico, que retire
sus tropas del Líbano y que detenga la agresión, argumentando
que ésta es contraria a los intereses de Israel. Cuando nuestra
ofensiva ha causado más de 700 víctimas civiles y
unas 30 bajas entre los militantes de Hezbollah, mientras que Hezbollah
ha causado 30 muertos entre los soldados del ejercito israelí
y 30 victimas civiles -se preguntaba el lector israelí- ¿quién
va ser considerado como criminal por el mundo entero?
Pero estas voces de cordura, que existen entre los intelectuales
judíos y entre los supervivientes de los campos de concentración
nazis y que, a veces, se manifiestan en defensa de los palestinos
y denunciando su situación de opresión intolerable,
por desgracia no son las voces que dominan entre la clase dirigente
de Israel, ni mucho menos entre sus militares. Tampoco en la administración
norteamericana, que ha usado y sigue utilizando en Irak y en Afganistán
exactamente la misma doctrina de la destrucción total de
las infraestructuras civiles, descargando sobre la población
indefensa los excedentes de su imponente arsenal para favorecer
a las empresas fabricantes de armamento, para probar nuevas armas,
y para obtener supremacía, en su juego letal de control geopolítico,
que el ejercito israelí está aplicando en el Líbano.
Es nauseabundo ver a Bush y a su Condolezza haciendo equilibrios
verbales para no herir a sus amos judíos, e intentando al
mismo tiempo salvar la cara ante la gran mayoría de la humanidad
que ya no se cree nada que proceda de ellos, vista su falsedad,
su hipocresía y su absoluto desprecio por las vidas humanas
y la seguridad y la paz de otras naciones.
La hipocresía ha quedado bien patente pues cuando, por fin,
después de tres semanas de respaldo sin disimulo al programa
israelí de destrucción y muerte en el Líbano,
estos indignos representantes de la administración americana
hacen tímidas declaraciones de pesar por las matanzas de
civiles inocentes, en estos mismos días, la autoridad independiente
de control aéreo de Gran Bretaña ha denunciado numerosas
escalas técnicas ilegales en aeropuertos escoceses de aviones
norteamericanos de transporte pesado cargados de bombas de racimo,
bombas revienta-búnker y bombas inteligentes con destino
a Israel.
Durante tres semanas seguidas de ataques a la población civil
del Líbano, la respuesta tan comedida de las Naciones Unidas,
con su patético Secretario General, Kofi Anan, servil y taimado
lacayo de los poderosos, incapaz de mostrar un ápice de sinceridad,
de autenticidad, de indignación ni de solidaridad por el
sufrimiento humano, siempre con palabras cuidadosamente escogidas
para no herir al estado gángster de Israel, al igual que
la gran mayoría de los líderes de las instituciones
políticas democráticas, atrapados en calcular las
posibles consecuencias de cada palabra que pronuncian, sujetos a
tantas censuras, de su partido, las encuestas, la estrategia electoral,
la prensa, los grupos de presión, los poderes financieros…
le ha hecho perder, a uno y a los otros, todo el respeto de la gente
decente e inteligente en todo el mundo civilizado, si es que aún
les quedaba alguno.
La imagen de los niños libaneses, inertes, cubiertos de polvo,
siendo desenterrados muertos de entre los escombros del refugio
de Qana provoca un grito de indignación y horror que es necesario
dejar que salga de las gargantas y que resuene en las conciencias,
si es que aún creemos que el hombre tiene conciencia. Que
el hombre tiene que rendir cuentas de sus actos. Que es posible
vivir con dignidad.
Creencia en Allah y confianza, eso es cordura y no es otra cosa
sino el Islam. Las sectas que han promovido los atentados suicidas
y las matanzas de inocentes, ahora y en el pasado,han abandonado
la enseñanza y la creencia del Islam y han perdido la confianza
en la misericordia divina.Son otra variedad más de la locura
y la enajenación humana. La turbiedad espiritual y la confusión
de las ideas causadas por las estériles ideologías
nacionalistas, y por los movimientos modernistas, han sumido a los
países árabes en una espiral de desesperación
que no es propia de la forma de vivir, ni pertenece a la creencia
de los musulmanes. El Islam establece la cordura y fija límites
naturales en el comportamiento humano y en las relaciones entre
los pueblos. El Islam afianza en la conciencia la certeza de que
cada hombre tiene que rendir cuentas por sus actos. A los primeros
a los que hay que pedir cordura es a los musulmanes. Y al vecino
psicópata, enloquecido por un episodio agudo de agresión
paranoide incontrolada, ponerle una camisa de fuerza y confinarlo
bajo estrictas medidas de seguridad hasta que recupere la razón
y deje de ser una amenaza para la especie humana entera.
El futuro es de los que tienen dignidad y vergüenza. De los
que creen en la justicia y en la responsabilidad individual y colectiva
de las propias acciones. Y es por vergüenza y por dignidad
que no debemos callar ni ser cómplices de lo que está
ocurriendo y por decencia y por dignidad que no podemos dejar que
la industria del espectáculo y el ocio, la obsesión
consumista, la neurosis de lo privado, las vacaciones del verano
o el miedo a sufrir incomodidades por decir la verdad, nos callen
la boca.
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