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La respuesta de la cordura
Abdalhasib
Castiñeira
Granada 14 de Enero de 2009.
En el Nombre de Allah Ar-Rahman ar-Rahim
No dejan de llegar correos electrónicos con imágenes
morbosas de las matanzas de seres humanos de todas las edades en
Gaza.
Me llama un amigo palestino de Barcelona, horrorizado, no ya por
lo que esta ocurriendo, sino por la obsesión con la que los
árabes se pasan el día pegados a las pantallas de
la televisión. Acaba de regresar de Jordania y ha vuelto
desalentado por estado de impotencia y por las reacciones descerebradas
de la mayoría de eso que ellos llaman “la calle”.
¡La calle es como el mercado, un lugar para ir a hacer rápidamente
tus cosas y no para vivir, formar tumultos y formarte opiniones¡.
La civilización musulmana ha tenido un refinamiento y una
educación muy altas en las que la vida en la calle, formar
corros y salir sin un propósito fijo y útil no era
bien visto y era considerado -y todavía lo es hoy en día-como
un peligro para el Din de quien lo hace.
La odiosas acciones de los lideres de ese minúsculo enclave
llamado Israel han mostrado ya, con toda clarividencia su perversidad
y su desprecio hacia la dignidad humana.
Se trata sin duda de enfermos mentales. No respetan ninguna ley.
Ni siquiera la suya, que les autorizaría al ojo por ojo,
diente por diente, una vida por otra, un cohete por otro.
Su desden hacia la vida y los derechos ajenos ya no puede ser abordado
por instituciones políticas ni diplomáticas. El caso
de la psicosis colectiva del enclave sionista precisa de expertos
en psiquiatría criminal y las acciones requeridas para poner
freno a su conducta malhechora solo pueden ser acertadas y efectivas
si están enmarcadas en un contexto clínico. No soy
psiquiatra pero he tenido que aprender mucho acerca de la esquizofrenia,
por razones que no vienen al caso, y no me extrañaría
nada que algún psiquiatra judío haya explicado el
estado de conciencia de los dirigentes de Israel como paranoia querulante
colectiva.
Librarse de la destrucción y de las agresiones incontroladas
de un psicótico requiere, como deben saber los profesionales
de salud mental, en primer lugar mucha cordura, enorme serenidad,
mucha autoridad y mucha fortaleza.
Es muy peligroso responder por impulsos emotivos y excitados por
la rabia y el odio, por muy legitimas que a uno le puedan parecer
esas emociones, a las execrables acciones de un pscótico
paranoide en estado de crisis agresiva aguda y las acciones que
obedecen a esos impulsos pueden desembocar inevitablemente en una
espiral incontrolable de violencia que aumente el número
de víctimas inocentes sin poner verdadero coto a la raíz
del mal.
Recrearse contemplando en Al Jazeera y en otras cadenas de televisión,
en los periódicos y en mensajes que circulan en internet
con atroces escenas de criaturas despedazadas, como se suele hacer
en los países árabes, lo he visto por mi mismo en
los periodos en los que he vivido en la Península arábiga,
es morboso, enfermizo y además de completamente malsano,
es inútil. O mas bien quizá sirva para perpetuar y
dejar impunes crímenes tan brutales.
La reacción de impotencia y de pasividad ante las escenas
es enfermiza y paraliza la posibilidad para restaurar la justicia
en una sociedad donde se respete la dignidad humana, casi del mismo
modo que el habito de contemplar pornografía paraliza la
capacidad de relacionarse con ternura y delicadeza en las relaciones
sexuales.
La respuesta adecuada exige en primer lugar, y ante la magnitud
de la potencia del monstruo, mucha unidad de fuerzas. Fuerzas de
la razón, de la cordura. No mas ruindad y no mas matanzas.
Para empezar los árabes deben poner en orden el patio corrupto
y decadente de sus propias sociedades. El orden y la fortaleza solo
les vendrá a los árabes por el Islam.
Lo dijo Umar ibn Al Jattab en su famosa afirmación. Sayiduna
‘Umar Ibn al Jattab, que Allah este complacido con él,
dijo: “Ciertamente que no conseguís sobreponeros a
vuestros enemigos por la fuerza de los medios materiales y las armas
sino que lo hacéis gracias a vuestra obediencia a vuestro
Señor y mientras ellos están en rebeldía y
trasgresión contra su Señor. Pues si sois semejantes
a ellos en vuestra desobediencia y rebeldía, ellos se impondrán
sobre vosotros gracias a su fuerza militar y a su armamento”.
Salir vociferando con un Coran en la mano por las calles no tiene
ningún fundamento en el Islam. Es mas bien signo de muy poca
educación. No representa ninguna utilidad quemar banderas,
mostrar los escombros y la devastación y difundir imágenes
de muertos sangrantes despedazados.
Cuando los pueblos árabes recuperen el significado de las
palabras disciplina, lealtad, contención, hacer el bien y
confiar en Allah, habrá esperanza para detener al monstruo.
Cuando los musulmanes nos tomemos en serio los aspectos sociales
y económicos de nuestro Din tanto como las devociones y los
actos de adoración, tenderemos emires justos, una economía
sin usura, una alternativa al sistema bancario, un flujo de riqueza
hacia los necesitados gracias al pago del zakat y un poder efectivo
gracias a la recolección del zakat por parte de emires o
del Califa.
Cuando la Ummah del Islam recupere una autoridad incuestionable,
basada en la cordura y en la superioridad de la justicia y del orden
por encima de cualquier interés egoísta y por encima
de cualquier alucinación psicótica, entonces habrá
fuerzas para sujetar al enfermo mental y reducirle y detener sus
atrocidades, y las de otros como el, o incluso aún mas peligrosos.
Si nos indignan las atrocidades y nos inspiran compasión
las victimas inocentes, que no nos ablande el juicio y nos haga
responder con el desaliento ni tampoco con el odio y la desesperación,
que generarán solo mas victimas inocentes.
Abdalhasib Castiñeira
Granada 14 de Enero de 2009.
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