| |
El
Retorno del Dinar de Oro
por Umar Ibrahim Vadillo
Prefacio
No hay duda de que este trabajo deja atrás un siglo del sufrimiento
y de derrota para los Musulmanes y abre el futuro para un Islam
poderoso y revitalizado.
Durante cien años todos los asuntos Islámicos se han
presentado dentro de una dialéctica de tradición y
modernidad. Sostener la tradición significaba ser acusado
de oscurantismo, de rechazo de la tecnología y de arrastrar
el mundo musulmán a la Edad Media. Sostener la modernidad
significaba la aceptación implícita de la asamblea
política representativa de los partidos, todas las invenciones
técnicas, las naciones-estado, y las instituciones supranacionales.
Los problemas se presentaron como políticos, y las soluciones
eran copiar a “occidente”. Los activistas egipcios lucharon
contra Sadat, los sirios contra Assad etcétera. Kashmir buscó
su independencia. Lo mismo hicieron Bosnia, Palestina, Argelia.
Cuándo Irán expulsó al Sha se declaró
una República, inventó una asamblea de gobierno, cambió
el nombre de la policía secreta, imprimió papel moneda,
continuó torturando, y envió embajadores a las Naciones
Unidas.
Las enfermedades de la Comunidad Islámica se pueden enumerar:
el nacionalismo, la fijación del censo de los apellidos para
aplicar impuestos, el reclutamiento forzoso y el gobierno decepcionante.
Además, todas las tentativas para liberar a los esclavizados
musulmanes no han terminado mas que en el fracaso, encontrando el
cínico desinterés de los medios de comunicación
mundiales. Los soldados israelíes, usando balas de caucho,
apuntaban deliberadamente a los niños, dejando ciegos de
un ojo a mas de doscientos niños entre las edades de seis
meses y quince años. Los hospitales se quedaron sin ojos
de cristal. Todavía, peor que eso era el hecho que los hombres
Palestinos mandaban a sus niños de luchar para ellos. ¿Qué
otra bid´a hay mas vergonzosa que esa? Supongamos de todos
modos que Palestina llega a ser un estado, o que Argelia y Chechenia
ganan la independencia. Al día siguiente abrirán un
banco nacional, imprimirán una moneda de papel, y después
se volverán a uno de los súper-bancos como FMI y suplicarán
un préstamo. Que se les otorgará. Aparte del gangrenoso
interés, y la seguridad de que la ‘Libertad de Mercado’
hará pasar sus bienes y sus tierras a las manos de los inversionistas
extranjeros, serán obligados a desmantelar la estructura
legal Islámica por la que lucharon. No hay las soluciones
políticas. No hay personalidades políticas.
El sistema bancario dirige las instituciones internacionalistas
del mundo hoy. La independencia política y las reformas sociales
son gobernadas por el imperativo categórico de la bolsas
de valores y la manipulación de las monedas.
El poner fin a la esclavitud de las masas Musulmanas no requiere
de un jihad en el sentido tradicional sino de un esfuerzo para obedecer
a Allah, restaurar Zakat, el pilar caído de Islam - una recaudación
fiscal forzosa no un obsequio de caridad - y abolir la usura. Aquí
reside el logro del autor al indicar el método necesario
para tal programa.
El tema central de este importante trabajo ha entrado ya en el discurso
político de los Musulmanes. Este texto y los recientemente
acuñados Dinares de oro y Dirhams de plata fueron presentados
por su autor a Dr. Erbakan, el Líder del Partido de Refah,
el Partido Islámico Nacional de Turquia. Dr. Erbakan, entonces,
declaró que de ser elegido el Dinar de oro se convertiría
en la moneda nacional de Turquía. Esto fue impactante. Mucho
más que cualquier fantasma terrorista, el instrumento usual
de los medios para enajenar el público, la posibilidad de
monedas de oro que reemplazan el papel moneda desastrosamente inflado,
creó pánico. Si se necesitaba alguna prueba de que
el asunto central había sido finalmente identificado, el
temor de los partidos políticos seculares turcos ante este
anuncio, la proporcionó.
En una Conferencia Islámica organizada por a Ciudad de Estambul
y su Alcalde, Recep Tayyib Erdogan, Dr. Erbakan me llamó
a la plataforma para que levantara los Dinares para mostrarlos a
los ciudadanos de Estambul. La amplia sala explotó en un
aplauso atronador y en gritos de Allahu Akbar. Fué un momento
histórico que llevará inevitablemente a la implementación
del programa propuesto en este libro.
Propiamente hablando, este libro marca el fin del Islam político
fundamentalista y abre el camino a ese Islam cuyo origen puro es
Medina al Munawara y que no ha cambiado desde la creación
de esa ciudad, el lugar del Din, por nuestro Profeta, que Allah
lo bendiga ly le de paz. Este sendero volverá a llevar a
la Ummah a su forma y su gobierno unificados. Leyendo este libro,
uno oye el sonido de las puertas de Medina que se abren.
Shaykh Abdalqadir As Sufi.
Sahl Ibn Abdellah at-Tustari, que pasó a la otra vida en
el año de 173 de la Hégira, era uno de los salaf,
citados ampliamente por los ´ulama de todas las escuelas.
El guardó compañía con Dhu´n Nun el Egipcio
que había tomado el Muwatta directamente de Imam Malik. Al
Qurtubi, en su famoso tafsir, lo cita en su comentario del ayat,
".....obedeced a Allah y obedeced al mensajero y a aquellos
con autoridad entre vosotros......", como ordenando: "Obedeced
al Sultán respecto de siete cosas: la acuñación
de Dinares y Dirhams; la fijación de pesas y medidas; los
dictámenes legales; el Hayy; el Yumu'ah, los dos 'Id y el
Yihad". Imam At Tustari.
Introducción
El oro está volviendo. Muchos pensadores independientes de
todo el mundo están haciendo un llamamiento para que vuelva
y restaure la salud a nuestro dinero y nosotros tenemos que hacerlo
por el sencillo método de devolver a la gente la libertad
de elección. Así como la cantidad de papel moneda
en circulación se ha incrementado en la última década
hasta niveles altísimos, alcanzando cifras difíciles
de comparar con cantidades realmente imaginables, así han
ido creciendo, al mismo ritmo desorbitado, los impuestos, el desempleo,
la pobreza y la criminalidad. Es el sistema artificial del papel
moneda en manos de los banqueros y políticos el que ha contribuido
principalmente a nuestra actual miseria económica.
"Las instituciones bancarias son más peligrosas para
nuestra libertad que los ejércitos enemigos... La creación
de dinero debe ser quitada de las manos de los bancos", dijo
Thomas Jefferson. La inflación no puede ser presentada seriamente
como una mera cuestión de contabilidad nacional como si estuviera
desprovista de consecuencias sociales y morales.
Si
se nos obliga por fuerza a usar un medio de pago determinado y al
mismo tiempo ese medio de pago está sujeto a una permanente
devaluación por las varias causas de la inflación,
estamos siendo estafados. En el mejor de los casos, estamos siendo
injustamente gravados por un impuesto, y en el peor estamos siendo
atracados legalmente. Con el fin de que el valor del dinero no pueda
ser alterado por decreto y esté lo menos sujeto a fluctuaciones
que sea posible, la libertad de elegir el oro y la plata debe volver
nuevamente al mundo civilizado, y ningún papel moneda debería
existir excepto para cumplir la función que le corresponde;
esto es, un contrato privado limitado, no susceptible de devengar
intereses y en consecuencia fuera de la circulación indiscriminada.
La idea del dinero crédito El crédito tiene una gran
función en la sociedad, pero no, como mucha gente parece
suponer, un poder mágico. No se puede sacar algo de la nada.
Parece extraño que sea necesario puntualizarlo, pero a menudo
lo que es representado, contabilizado, aparece como superpuesto
a lo que sucede en realidad, a los sucesos reales. Así es
como el crédito ha sido presentado demasiado a menudo como
la piedra filosofal capaz de curar todos los males económicos
de la sociedad. Sería un maravilloso panorama si los gobiernos
pudieran pagar sus deudas externas, sufragar el gasto público
sin presión fiscal y, finalmente, enriquecer a toda la comunidad
con sólo imprimir unos caracteres en trocitos de papel. Pero
crear más dinero no hace a la gente más rica, sólo
disminuye el valor del dinero mientras da una tremenda ventaja a
aquellos que tienen el privilegio de crear el dinero en la cantidad
que quieran.
Aunque el crédito normal entre la gente no es más
que una transferencia de dinero de una mano a otra, el crédito
bancario actual, la forma más común de crédito
de hoy día, es algo más complejo que eso. Al principio,
la gente fue inducida a, por motivos de facilidad práctica,
a depositar su oro (u otra mercancía usada como dinero),
en algún lugar seguro y a usar sustituciones del dinero (billetes
de banco o cuentas corrientes), para sus transacciones diarias.
Luego los bancos buscaron beneficio prestando a nuevos clientes
sustituciones del dinero, respaldadas por sus existencias de dinero-mercancía
que les habían sido depositadas. Finalmente, las reservas
de los bancos cubrieron sólo una pequeña parte de
sus emisiones de crédito. La mayoría de la gente posee
sustituciones del dinero que no pueden ser canjeadas en su totalidad.
Los bancos no prestan el dinero depositado en ellos, como se cree
popularmente.
Cada préstamo o giro en descubierto bancario es una creación
de dinero totalmente nuevo que se agrega a las existencias de dinero
en la comunidad. Cuando un banco presta, crea crédito. La
relación "reservas- crédito" necesaria para
que un banco funcione varía de un 5 a un 10 % incluyendo
sus reservas en otros bancos, según el país. Esto
significa que un banco puede crear crédito "de la nada"
hasta 20 veces más que la cantidad de dinero en efectivo
depositada en él. Más del 95 % de todo ese dinero
en circulación está compuesto de cheques bancarios.
No es, por consiguiente, exacto decir que los gobiernos crean la
inflación; sólo la regulan, o intentan regularla;
pero la creación de crédito (y la mayor parte del
dinero es crédito) es hecha por los bancos. La gente que
se opone a la banca sostiene que dicho régimen es intrínsecamente
fraudulento y que produce inestabilidad y desequilibrio en toda
la economía. La idea del sistema de "reserva fraccional",
que intentaba prevenir el caos, de hecho ha garantizado y legitimado
que bancos privados emitieran demasiado dinero de papel y depósitos,
causando inflación. El gobierno se encontró en la
obligación de hacerse cargo con el objeto de prevenir el
riesgo de que se produjeran crisis de confianza de los ahorradores
con retiros masivos de fondos. Así surgieron los bancos centrales,
con el privilegio del monopolio en materia de emisión de
papel moneda y amplios poderes reguladores sobre los bancos.
Exigiendo a los bancos que mantuvieran suficientes reservas contra
cierta proporción de sus depósitos, el banco central
asume el control total del abastecimiento del dinero. Normalmente
los gobiernos ofrecen después "protección",
garantizando los depósitos y exigiendo a los bancos centrales
que actúen como "prestamistas de última instancia".
Así es como los billetes que identificamos como dinero son
en sí mismos crédito, o sea pagarés no canjeables
cuyo valor es establecido por el gobierno. Por supuesto, un pagaré
no canjeable no puede ser crédito, porque esto es una contradicción
en si mismo. Por lo tanto, nuestro "dinero" nace de un
fraude basado en el incumplimiento del contrato de las promesas
de pago gubernamentales.
En este punto, la inflación se convierte en un elemento ordinario
de la economía, independientemente del robo inherente implícito
en el sistema. Los bancos mandan sobre nuestro dinero a expensas
de la libertad individual. El dinero está atrapado dentro
del sistema bancario; es decir, el dinero no tiene otro lugar adonde
ir. Antes o después el dinero procedente de un depósito
bancario acaba en otro depósito bancario. Una persona prudente
mantiene su capital en el banco para ponerlo a salvo de la inflación
obteniendo algunos intereses ofrecidos por el banco si es depositado
en él. Todas las pequeñas cantidades que estaban siendo
devaluadas, ahora son acumuladas en manos del banquero. El banquero,
enseñado por la experiencia sobre qué proporción
del depósito será retirada en un periodo de tiempo
dado y sabiendo que si un depositante retira más de la media
otro retirará menos, puede prestar (es decir crear más
depósitos bancarios) mucho más allá que sus
existencias de dinero efectivo.
El injusto sistema da tremendas ventajas a los bancos, los cuales
se convierten en administradores no deseados de nuestro dinero,
mientras nos condenan a sufrir los efectos permanentes de la inflación.
Un clamor se eleva llamando al fin de este sistema y una nueva voz
se está dejando oír. El regreso del oro y el caso
del Islam Como decíamos al principio, el mundo está
decidido a restaurar el oro como medio universal de intercambio.
Existe una fuerte voz en los Estados Unidos y Europa para que se
privatice el dinero como medio de restaurar la estabilidad de los
precios, pero no tiene toda la verdad sobre este asunto. Esta nueva
voz para restaurar el oro está básicamente orientado
hacia la eliminación de los bancos centrales nacionales.
Quieren un mundo con muchos bancos privados emitiendo papel moneda
y depósitos respaldados en oro (mejor que los cheques de
viaje de American Express respaldados en dólares norteamericanos).
Puesto que no habría posibilidad de avales del gobierno,
cualquier asomo de imprudencia cometida por un banco causaría
que sus clientes corrieran hacia sus competidores. De este modo,
los bancos mantendrían la administración de la moneda.
Y aún en el caso de que un banco intentara aumentar la emisión
de billetes irresponsablemente, el sistema podría cubrirlo.
Puesto que sus clientes gastarían el dinero en bienes y servicios,
los billetes serían transferidos a otras personas, la mayoría
de las cuales serían clientes de bancos. Estos bancos regresarían
los billetes al primer banco y reclamarían su pago en oro.
El primer banco perdería reservas y se vería forzado
a poner coto a sus préstamos. Y con el fin de mantener una
perfecta disciplina de mercado, alegan, sería necesario para
los bancos privados respaldar su papel moneda con el 100 % de reservas.
En otras palabras, mientras que los bancos de hoy prometen canjear
billetes y depósitos a la vista, carecen, de hecho, de las
reservas necesarias para responder a más de una pequeña
parte de las posibles solicitudes, siendo así responsables
de un "robo implícito". Las nuevas regulaciones
obligarían a los bancos a emitir dinero en cantidad idéntica
a sus existencias de oro, "uno por uno". Algunos bancos
podrían aún quebrar, pero no ocurrirían situaciones
desestabilizadoras. Tampoco la competencia entre bancos llevaría
a la sobre emisión de billetes. La cantidad total de dinero
en circulación podría incrementarse lentamente sólo
en la medida en que lo permitieran las minas de oro.
Esta nueva voz, aunque capta correctamente la naturaleza del dinero
emitido por los bancos, ignora sin embargo una cuestión fundamental,
que es el interés del dinero. Es crucial en este punto presentar
un caso islámico que arrojará luz sobre estas cuestiones
de acuerdo con la Ley Islámica. Sus rasgos esenciales son
bosquejados aquí. En el Islam, el dinero no puede ser rentado
o gravado con intereses. El nuevo desafío que surge de la
propia Ley Islámica es: ¿por qué necesitamos
bancos? La eliminación de estas instituciones usureras es
nuestra principal tarea para este siglo. Es necesario que los bancos
sean eliminados y que surjan nuevas instituciones para reemplazar
algunos de los servicios que son aceptables, como la custodia de
dinero contra el peligro de robo o transferir y transportar dinero
de un lugar a otro. Las nuevas instituciones no podrán aumentar
el dinero que guardan, ni cargar intereses sobre eventuales préstamos,
eliminándose así el deseo de prestar dinero como prioridad
absoluta. Sólo si las restricciones para emitir dinero son
consideradas junto con la prohibición del interés
podremos ofrecer soluciones a nuestra comunidad islámica
y al mundo. Para hacerlo, no necesitamos bancos. Esto es lo particularmente
malo en la idea de una banca islámica. Son peores que los
bancos ordinarios, porque han impedido a los musulmanes ofrecer
una verdadera respuesta a sus problemas de hoy. El siguiente texto
expone los líneas maestras para una comprensión del
concepto del dinero, sustitutos del dinero y deuda, de acuerdo con
La Ley Islámica.
Crédito para sustituir al dinero.
El dinero generado por el crédito afecta a todo el mundo.
Las transacciones en crédito, aunque no requieren dinero
en efectivo, se suman sin embargo a la cantidad total de dinero
circulante y en consecuencia inciden sobre los precios.
Todos estos sustitutos existían cuando las monedas de oro
y plata eran el principal medio de intercambio. Algunos de ellos
se hicieron tan fuertes que reemplazaron en su totalidad el uso
del metálico. Debemos comprender la naturaleza de estos sustitutos,
lo que nos permitirá discriminar entre lo que es malo y lo
que es bueno para la sociedad, o sea entre el uso justo y útil
del crédito y su uso abusivo y pernicioso.
¿Cuáles eran y cuáles son hoy estos sustitutos
que no requieren efectivo?
La primera y más básica forma de sustitución
de dinero es el libro de créditos o depósitos en cuenta:
supongamos que A y B son comerciantes (como los prestamistas de
profesión son llamados impropiamente), que realizan transacciones
entre ellos como vendedores y compradores. A compra a crédito
a B; B hace lo mismo con A. A fin de año, la suma de las
deudas de A hacia B es comparada con la suma de deudas de B hacia
A, y se determina quien debe a quien. Este balance deudor, que necesariamente
debe ser menor que la suma de las transacciones, es todo lo que
se paga en dinero en efectivo; y tal vez no es siquiera pagado,
sino traspasado a la cuenta del año siguiente. Así,
un pago único de cien libras puede ser suficiente para liquidar
una larga serie de operaciones, algunas de ellas por valor de varios
miles.
En segundo lugar, esta operación básica de crédito
puede ser llevada a otro nivel de complejidad para evitar el uso
de dinero en efectivo a través de letras de cambio. Las deudas
de A hacia B pueden ser pagadas sin la intervención de dinero,
aún cuando no haya deudas recíprocas de B hacia A.
A puede dar satisfacción a B extendiéndole un instrumento
escrito, llamado letra de cambio, que es, de hecho, una deuda que
le debe un tercero, C. Esto se hace cómodamente por medio
de una orden transferible por un acreedor respecto de su deudor
y, cuando es aceptada por el deudor, es decir, ratificada por su
firma, se convierte en un certificado de deuda.
Las letras de cambio fueron introducidas al principio para evitar
el costo y riesgo de transportar metales preciosos de un lugar a
otro. Supongamos que hay en Londres tres fabricantes que venden
sus artículos a diez tenderos de Estambul, que los venden
como minoristas, y que hay en Estambul diez fabricantes de otro
producto, que lo venden a diez tenderos de Londres. No debería
ser necesario para los diez tenderos de Londres enviar anualmente
a Estambul monedas de oro para pagar a los fabricantes, ni para
los diez tenderos de Estambul enviar anualmente tantas monedas de
oro a Londres. Todo lo que sería necesario para ellos es
dar el dinero, recibir una letra que certifica la recepción
del dinero, que se enviaría cruzadamente entre Londres y
Estambul, cancelándose la deuda mediante estas cartas de
recibo en los dos sitios, Londres y Estambul, cómodamente.
El costo y el riesgo que todo transporte de dinero implica, sería
así ahorrado. Las cartas ordenando la transferencia de la
deuda son llamadas letras de cambio. Son documentos por medio de
los cuales la deuda de una persona es intercambiada por la deuda
de otra; y a veces la deuda que es debida en un lugar por la que
es debida en otro.
Las letras de cambio fueron vistas interesantes como medio de pago
de deudas en lugares distantes sin el costo de transportar metales
preciosos; después su uso fue enormemente extendido por otros
motivos. En todo negocio es habitual dar un cierto periodo de crédito
por las mercancías compradas: tres meses, seis meses, un
año, incluso dos años, de acuerdo con la conveniencia
o costumbre de ese negocio en particular. Un distribuidor que ha
vendido bienes por los cuales será pagado en seis meses,
pero que desea recibir el pago más pronto, extiende un documento
a su deudor pagable en seis meses, y descuenta el documento ante
un banquero u otro prestamista. Esto es, le transfiere el documento
y recibe el importe menos los intereses por el tiempo que aún
resta. Así una de las principales funciones de las letras
de cambio fue servir como instrumentos por los cuales una deuda
debida a una persona podía así ser apta para obtener
crédito de otra.
Su versatilidad llevó a la frecuente creación de letras
de cambio no fundadas en ninguna deuda previamente debida al librador
de la letra por la persona sobre quien era librada. Fueron llamadas
letras de acomodo y a veces, con un tinte de desaprobación,
letras ficticias. Su función era idéntica a la de
las letras reales: A, queriendo 50 libras, solicitaba a B que aceptara
una letra librada a dos meses, la cual B, en consecuencia, debía
pagar ante su presentación; se entiende, sin embargo, que
A se encargará de cancelar la letra por sí mismo,
o de proveer a B con los medios para pagarla. A obtiene fondos para
la letra sobre el crédito conjunto de las dos partes. A cumple
su promesa de pagarla cuando es debido, y así concluye la
transacción. No es improbable, sin embargo, que este servicio
prestado por B a A sea tarde o temprano retribuido por medio de
análoga aceptación de una letra sobre A, emitida y
descontada para conveniencia de B.
Se entendía comunmente que en tanto la letra representara
una transacción o movimiento de mercancías real, tendría
un propósito legítimo. Pero una sombra aparecía
cuando las letras se originaban sin que tuviera lugar una transacción
real o movimiento de mercancías . El argumento implicaba
de algún modo que el crédito, cuando era generado
por la propiedad real, era legítimo y cuando no había
propiedad no lo era.
Este punto de vista difiere esencialmente de La Ley Islámica
como veremos, pero ofrece una idea general de lo que era entendido
como bueno o malo respecto de la creación del crédito.
Debemos hacer notar brevemente en este punto que el Mensajero de
Allah, que la paz y las bendiciones de Allah sean con el, dijo (según
lo registra "Al Muwatta" del Imam Málik): "La
dilación en el pago por parte de un hombre rico es injusticia".
Por consiguiente, debemos tener en cuenta que aunque el crédito
tiene lugar en un contrato islámico, hacer de él un
uso innecesario y abusivo, aún si se posee la riqueza para
devolverlo, escapa de su propósito natural y se convierte
en una forma de adquirir ventaja desleal sobre otros.
Es importante comprender que una letra de cambio, cuando es meramente
descontada y mantenida por el que la descuenta hasta el vencimiento,
no cumple la función ni hace las veces del dinero, sino que
es en sí misma comprada y vendida por dinero. Sin embargo,
cuando la letra librada sobre una persona es pagada a otra (o incluso
a la misma persona) con el fin de cancelar una deuda, hace algo
para lo cual, si la letra no existiera, sería necesario dinero.
Cumple la función del dinero en efectivo. Este es un uso
para el cual la letra de cambio ha sido a menudo utilizada. No sólo
evita el uso del dinero real; también ocupa su lugar en muchos
casos.
Imaginemos que un granjero en el campo, para cancelar una deuda
de 50 libras con su vecino tendero, le da una letra por esa suma
librada sobre su agente en Londres por granos vendidos en la metrópoli;
y que el tendero traspasa la letra, después de endosarla,
a un panadero vecino, en cancelación de una pequeña
deuda; y que el panadero la envía, nuevamente endosada, a
un comerciante alemán, y que el comerciante alemán
la remite luego al banquero de su país, que también
la endosa y la pone de nuevo en circulación. La letra en
este caso habrá hecho efectivos cinco pagos, exactamente
como si fuera un billete de 50 libras. Una multitud de letras se
pasaban entre los comerciantes de la manera descrita y evidentemente
constituyeron 'de facto' una parte del dinero circulante de la nación.
Una tercera forma, mucho más abstracta, en la cual el crédito
era empleado como sustituto de los metales preciosos era el pagaré.
Un pagaré es un documento por parte de una persona prometiendo
pagar la misma suma. La diferencia entre un pagaré y una
letra de cambio librada sobre cualquiera y aceptada por él
es que aquél comúnmente no devenga intereses y ésta
si, y que aquél es pagadero a la vista, mientras que ésta
es exigible sólo después de cierto periodo de tiempo.
Pero ha sido el pagaré, la emisión de estos sustitutos
de dinero, el que ha dado lugar en el mundo occidental a una ocupación
específica, la de emitir tales sustitutos del dinero. Los
traficantes de dinero querían, como otros traficantes, expandir
sus operaciones más allá de lo que les permitían
sus medios. Deseaban prestar no sólo su capital sino su crédito,
y no sólo la porción de su crédito consistente
en fondos realmente depositados en sus cuentas, sino su poder de
obtener crédito del público en general, hasta que
pensaron que podían utilizarlo con seguridad. Esto fue hecho
de un modo muy facil prestando sus propios pagarés, pagaderos
al portador a su presentación, aceptados por el solicitante
como si fueran dinero, puesto que el crédito del prestamista
hace que otras personas lo reciban de buen grado con el mismo fundamento,
en compras u otros pagos. Estos documentos cumplen todas las funciones
del dinero, y hacen innecesario el uso de una cantidad equivalente
de dinero que estaba previamente en circulación. Sin embargo,
ya que los documentos son pagaderos a la vista, el emisor debe,
bajo riesgo de bancarrota, conservar tanto dinero como sea necesario
para permitirle cumplir con cualquiera de estos retiros (de fondos)
que se espere pueda ocurrir, dentro del tiempo necesario para abastecerse
de más. La prudencia exige también que no debería
emitir documentos más allá del monto que, según
la experiencia le enseña, pueden permanecer en circulación
sin ser presentados al pago. Aún hoy en Escocia es posible
ver bancos privados librando sus propios pagarés, que son
luego usados corrientemente entre la gente.
La conveniencia de "acuñar crédito" fue
pronto descubierta por los gobiernos, que emitieron sus propios
pagarés en pago de sus gastos; un recurso muy útil
por cuanto era la única manera en que podían tomar
dinero prestado sin pagar intereses, siendo sus promesas de pago
a la vista, a juicio de los portadores, equivalentes a dinero cantante.
Los gobiernos, incapaces de contener sus propios déficit
en expansión, crearon luego el dinero 'de curso legal'. La
ley de curso legal obligatorio estableció que todo dinero
emitido por la autoridad de emisión debía ser aceptado
forzosamente en pago de cualquier deuda. El dinero de curso legal
abolió el derecho contractual que garantizaba la libertad
de la gente de elegir e impuso a los ciudadanos una divisa artificial
con un "valor legal" establecido por el gobierno.
Una cuarta forma de crear crédito que cumpliera los fines
del dinero en efectivo consistía en hacer pagos con cheques.
La costumbre de mantener en manos de un banquero las reservas de
efectivo para el uso inmediato o para hacer frente a contingencias
y hacer todos los pagos, salvo los más pequeños, por
medio de órdenes bancarias, es hoy la más común
forma de pago. Si la persona que paga y la que recibe tienen su
dinero en el mismo banco, el pago tiene lugar sin intervención
de dinero por la mera transferencia del importe en los libros del
banquero, del crédito del pagador al crédito del receptor.
Si todas las personas de Londres tuvieran su efectivo en el mismo
banco e hicieran todos sus pagos por medio de cheques, no haría
falta ni sería usado dinero en ninguna transacción
que comenzara y terminara en Londres. Este límite ideal está
de hecho casi alcanzado pues todos los bancos de hoy, a través
de la intervención del banco de clearing o compensación,
funcionan como su fueran un único establecimiento virtual.
Es principalmente en la transacción minorista entre distribuidores
y consumidores y en el pago de algunos jornales que el efectivo
es usado, y cuando los importes son pequeños..Todos los bancos
envían a la caja compensadora o de clearing todos los cheques
librados contra otros bancos que han recibido durante la jornada.
Son cambiados por sus propios cheques que han llegado a manos de
otros banqueros, siendo sólo el remanente pagado en dinero,
o más bien en nuevos créditos de corto plazo. A través
de este dispositivo, todas las transacciones comerciales de la ciudad
de Londres durante ese día, que alcanzan a miles de millones
de libras, son liquidadas por pagos mucho menores. Este procedimiento
garantiza al banquero que puede prestar dinero en cheques a sus
clientes por más de lo que tiene en efectivo, con la garantía
de que no habrá desabastecimiento de dinero en absoluto.
Ahora que nos hemos formado una idea general de los modos en que
el crédito está disponible como sustituto del dinero,
debemos considerar de qué manera el uso de estos sustitutos
afecta el valor de los productos y también debemos saber
quiénes son los beneficiarios y quiénes los perdedores
en dicho sistema.
La influencia en los precios
El precio promedio de los artículos está determinado
por el costo de producción o de obtención de metales
preciosos. Un Dinar o un Dirham será cambiado a largo plazo
por tanta cantidad de otros artículos como pueda ser producida
o importada a su mismo costo. Pero por otra parte, una orden, pagaré
o documento pagaderos a la vista por un Dinar, si el crédito
del otorgante está intacto, vale ni más ni menos que
el propio oro.
Otra causa de fluctuación es la cantidad de dinero en circulación.
A igualdad de las demás condiciones, un aumento del total
de dinero en circulación aumenta los precios y una disminución
de este los reduce. Si es puesto en circulación más
dinero que la cantidad que puede circular a un valor equiparable
a su costo de producción, el valor del dinero, mientras persista
el exceso, permanecerá por debajo del costo promedio de producción,
lo cual naturalmente detendrá la nueva producción
y mantendrá los precios en general por sobre la tasa natural.
Pero la introducción de cosas tales como los billetes, las
tarjetas de crédito y los cheques, que pueden circular como
el oro o la plata y cumplirán las funciones del dinero, afectarán
el valor del oro y la plata.
Supongamos que, a la espera de que algún artículo
aumente de precio, un comerciante resuelva no sólo invertir
en él todo su dinero en efectivo sino tomar crédito
de los productores e importadores; tanto como su respaldo a juicio
de dichos acreedores le permita obtener. Todos pueden ver que actuando
así produce un efecto en el precio mayor que si limita sus
compras al dinero que tiene en mano en realidad. Crea una demanda
del artículo por el total de su dinero y crédito sumados,
y aumenta el precio en relación proporcional a ambos. Y este
efecto es producido aunque ninguno de los instrumentos escritos
llamados sustitutos del dinero haya sido generado, y aunque la transacción
no pueda generar ninguna letra de cambio ni la emisión de
un solo billete. El comprador, en vez de tomar una mera cuenta corriente,
podría haber otorgado un documento por el importe, o podría
haber pagado por los bienes con billetes tomados en préstamo
a un banquero con ese fin, haciendo así la compra no con
el crédito que tiene con el vendedor, sino con el crédito
del vendedor con el banquero y con su propio crédito frente
al banquero. De haberlo hecho, habría producido un efecto
en el precio tan grande como el de la compra de la misma cantidad
por medio de una cuenta corriente, pero no un efecto mayor. El crédito
mismo, no la forma y modalidad en las que es otorgado, es la causa
eficiente.
El crédito ya expandido al máximo en forma de cuenta
corriente podría ser susceptible de una gran extensión
adicional por medio de documentos, y de una aún mayor extensión
por medio de billetes de banco. Lo primero, porque cada minorista,
además de su propio crédito, podría crear mayor
poder adquisitivo a partir de los créditos que él
mismo otorgó a otros; lo segundo, porque el crédito
del banquero con el público es en general acuñado
como documentos, y así como el oro en bruto que es acuñado
en monedas para hacerlo portátil y divisible, tiene tanto
poder adquisitivo agregado en las manos de los sucesivos portadores
a aquel que puede derivar de su propio crédito.
|
|