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Familia
numerosa polígama:
¿especial o delictiva?
Abdul
Haqq Salaberria
Periodista y miembro de la Fundación European Muslim Union
La sentencia del Tribunal
Supremo del pasado 19 de junio de 2008, hecha pública el
5 de septiembre, asentando la incompatibilidad de la práctica
de la poligamia con la posibilidad de obtener la nacionalidad
española, ratifica lo que vienen sosteniendo algunos gobiernos
autonómicos, dirigidos por el Partido Popular, en las políticas
de integración de los inmigrantes en la sociedad española.
Efectivamente, la sentencia confirma la actuación del Ministerio
de Justicia por denegar la concesión de nacionalidad a
un ciudadano senegalés por practicar la poligamia, a pesar
de que la persona inmigrante había alegado estar integrado
en la sociedad española "por residir de forma legal
y continuada durante más de diez años, con un trabajo
estable y con unas relaciones sociales absolutamente normales".
El Supremo establece que "no toda situación personal
extraña al ordenamiento jurídico español
implica necesariamente un insuficiente grado de integración
en nuestra sociedad [...] la poligamia no es simplemente algo
contrario a la legislación española, sino algo que
repugna al orden público español, que constituye
siempre un límite infranqueable a la eficacia del derecho
extranjero [...]. Es perfectamente ajustado a derecho, por ello,
que la Administración española considere que alguien
cuyo estado civil es atentatorio contra el orden público
español no ha acreditado un suficiente grado de integración
en la sociedad española".
La
Sección Sexta de lo Contencioso del Tribunal Supremo ha
rechazado el recurso de un ciudadano senegalés, Salion
Ndiaye, contra la sentencia de la Audiencia Nacional que en junio
de 2002 le denegó la nacionalidad por no «haber justificado
suficiente grado de integración en la sociedad española,
ya que está casado con dos esposas». Según
este tribunal ningún inmigrante polígamo accederá
jamás a la nacionalidad española, por mucho tiempo
que logre residir en el país y aunque demuestre estar integrado
y ser un ciudadano modelo. El ponente de la sentencia, el magistrado
Luís María Díez-Picazo, es tajante: «La
poligamia no es simplemente algo contrario a la legislación
española (está prohibido en los códigos penal
y civil), sino algo que repugna al orden público español».
El Derecho español, explica el magistrado, tiene «límites
infranqueables» por muy abierta y tolerante que sea la sociedad.
Y la poligamia es uno de ellos. Para el Supremo, esta práctica,
propia de países islámicos, es «incompatible»
con la ley española porque «sencillamente la poligamia
presupone la desigualdad entre mujeres y hombres, así como
la sumisión de aquéllas a éstos».
La pregunta, entonces, es: ¿Deben las ciudadanas y ciudadanos
españoles polígamos renunciar a su nacionalidad
por haberse voluntariamente “desintegrado” de esta
sociedad? ¿Son unos delincuentes o pueden acogerse a las
ventajas del libro de familia numerosa especial?
El Islam contempla la poligamia como una opción familiar
legal restringida por una serie de condiciones cuyos fundamentos
son la libertad e igualdad de las mujeres implicadas. De ese modo
se pretenden garantizan los derechos sexuales, maternales, patrimoniales
e incluso afectivos de éstas, bajo el principio general
de la igualdad de trato.
La inmensa mayoría de las familias musulmanas son monógamas.
En algunos países la tradición cultural polígama
preislámica quedó regulada y limitada por el Islam,
que en realidad pone trabas a la hora de poder casarse con más
de una mujer. Siendo esto así, son muchos los matrimonios
polígamos que incumplen los requisitos islámicos.
Por ejemplo, no es correcto mantener a dos esposas separadas en
distintos países o en distintas ciudades, y mucho menos
que no conozcan esa circunstancia. Tampoco es posible casarse
con una mujer más joven desatendiendo, en cualquier sentido,
a las más maduras. Además, una esposa siempre puede
solicitar el divorcio si alguno de sus derechos es vulnerado.
Para comprender mejor esta práctica excepcional hay que
tener en cuenta dos cuestiones, a mi entender, cruciales. La primera
es la necesidad que en un momento dado puede tener una sociedad
de proteger a sus mujeres. En un grupo humano cuyos varones eran
diezmados por las continuas guerras, la existencia de viudas -a
menudo con numerosos hijos- y de mujeres solteras que se quedaban
huérfanas o sin hermanos y que no contaban con la protección
de un estado o de unas instituciones adecuadas, la única
salida era la familia polígama.
En segundo lugar, hay que pensar que la preocupación islámica
en este asunto es la familia, no las relaciones sexuales. Lo que
se pretende es proteger o facilitar la continuidad del clan familiar,
no dar rienda suelta a una determinada necesidad o fantasía
sexual masculina. Cada mujer debe tener su espacio propio. Así,
por ejemplo, en casas grandes, cada mujer suele mantener una planta
o conjunto de habitaciones privadas, a las que acude el marido
repartiendo su tiempo por igual entre sus cónyuges. El
no hacerlo así puede ser motivo de divorcio. También
ocurre lo mismo con los hijos -procurando dar a cada mujer la
manutención, los regalos y las atenciones de modo equitativo
y proporcionado al número de los hijos- y en el reparto
de bienes materiales, herencias, etc. Una mujer puede renunciar
a esos derechos, por ejemplo, en el caso de que su deseo sexual
desaparezca, o si no quiere tener más hijos, o porque considere
que otra necesite más atención, ya que, a pesar
de que resulte extraño para nuestra cultura, estas mujeres
suelen ser solidarias entre ellas y se ayudan como hermanas, si
son buenas musulmanas.
También hay casos de competencia, tensiones y celos, y
cuando derivan en situaciones insoportables suele producirse el
divorcio de alguna esposa. Cada familia es diferente. Conozco
familias polígamas formadas por ciudadanos españoles
con mujeres españolas y europeas, muchas de ellas con carrera
universitaria y sin ningún problema para encontrar marido.
Difícilmente asumirán los argumentos del Tribunal
Supremo, menos cuando ese mismo tribunal admite el matrimonio
de parejas del mismo sexo.
Estamos de acuerdo en que hay “límites infranqueables”
en nuestro ordenamiento jurídico, pero el número
de personas que deseen casarse para formar una familia no debería
ser uno de estos límites, al igual que la condición
sexual de éstas tampoco lo es. Creemos más bien
que los límites infranqueables son la libertad individual
y la igualdad de las personas ante la ley.
Si un trío, un cuarteto o un quinteto deciden formalizar
su situación de cara a nuestra sociedad, ésta lo
calificaría como delito. Pero si esas mismas personas mantienen
sus relaciones sexuales fuera del matrimonio y sin ningún
tipo de responsabilidad, entonces lo calificarían como
una actitud "progre" y abierta, tal como propone Woody
Allen en 'Vicky Cristina Barcelona', un cuarteto amoroso entre
tres mujeres estupendas - Penélope Cruz, Scarlett Johansson
y Rebecca Hall- y nuestro internacional Javier Bardem.
Si un hombre decide engañar a su esposa con una o varias
amantes, o decide ir a un club de alterne, dirían que es
un pillín, como mucho un crápula o un calavera.
Pero si decide ser responsable y respetar los derechos de todas
ellas y los de su descendencia, preguntándoles primero
si lo aceptan: ¿es un delincuente?
Estos días asistimos al debate de legalizar o regularizar
la prostitución, no considerándola como algo que
“presupone la desigualdad entre mujeres y hombres, así
como la sumisión de aquéllas a éstos”,
ya que las "profesionales del sexo", cuando ejercen
su profesión libremente, se comportan como unas trabajadoras
más, por lo que deben desarrollar su actividad profesional
en ciertas condiciones de higiene y seguridad, estar aseguradas
y pagar sus impuestos.
Sinceramente, no entendemos cómo una sentencia puede calificar
a la poligamia como una práctica que "repugna al orden
público" en una sociedad que nunca se pronunciaría
para tipificar como delito el sadomasoquismo, una práctica
sexual en la que un ser humano humilla a otro para obtener placer,
ya que sería como meter a la justicia en la cama del ciudadano.
Sin embargo, al parecer, sí que puede colarse en la cama
de los musulmanes para decirles cómo deben modificar sus
principios morales para ser ciudadanos integrados.
Muchas gracias, pero creo que no necesitamos este tipo de asesoramiento
moral.
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