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Afganistán - La Próxima Fase
por
Shaykh Dr. Abdalqadir As-Sufi.
Afganistán
demostrará ser el tercero y último Vietnam de los
EE.UU.
Francia precedió a los EE.UU. en Vietnam y su derrota fue
rápidamente seguida por la vergüenza sufrida en Argelia.
Rusia precedió a los EE.UU. en Afganistán y su derrota
fue rápidamente seguida por el colapso del Estado Comunista.
Para salvar a Francia, de Gaulle –que vió que el
enemigo de Francia no era un Estado sino un sistema económico–
vendió los dólares del país y ordenó
la adopción de un sistema monetario basado en el oro. Su
argumentación era su racionalidad y su historicidad. Fue
necesario derrocarle y el mítico alzamiento del 68 fue
escenificado para obligarle a dimitir. El agente de los financieros,
Pompidou, primo de Rothschild, asumió la Presidencia y
en una demostración simbólica de su nuevo poder
estatal (compra apalancada) , el antiguo gueto judío se
convirtió en el sector inmobiliario más caro de
todo París y, en La Défense, se construyó
un nuevo barrio financiero.
La retirada rusa de Afganistán produjo el colapso absoluto
de la economía y el gobierno central ruso. El agente de
los financieros, Yeltsin, entregó la totalidad de la enorme
riqueza basada en las materias primas del país, a un puñado
de aventureros, en su mayoría judíos, aunque no
todos, que comenzaron a conocerse en el mundo con el nombre de
los Oligarcas.
La estrategia americana en Afganistán ha demostrado ser
más astuta que en las anteriores aventuras imperiales,
pero presagian un desastre aún mayor. Y, como suele ocurrir
en estos terribles acontecimientos, los que más sufren
son la gente de a pie y la nación que recibe la agresión.
Nada de esto habría sucedido, si el pueblo americano, hubiese
comprendido e impedido lo que luego sucedió. Desgraciadamente,
América es la nación más escolarizada y más
inculta de toda la tierra. Aletargados y enmudecidos por el exceso
de medios de comunicación, aislados en la fantasía
de Hollywwod que llaman ‘El Sueño Americano’,
su gente está separada del resto de la humanidad, indiferentes
ante su sufrimiento y la destrucción del planeta.
En el centro mismo de la enfermedad terminal americana está
ese desastre sobre el que advirtieron muchos de los grandes pensadores
del siglo XX: La Constitución. El sistema indefendible
de la estructuración y el entramado formado por los Comités,
los Consejos y los Ministerios han reducido el gobierno a la mera
fiscalidad, y la seguridad a un conjunto de prácticas tiránicas
que van del espionaje cívico al castigo penitenciario en
masa. El resultado es que, tras la inundación de Nueva
Orleans, la espantosa retórica del Congreso está
rodeada por un abismo. El Congreso exige la retirada de las tropas
de Iraq y el Presidente, que por cierto eludió hacer el
servicio militar, envía más tropas declarando “Yo
soy el Jefe Militar”. Con esto se demuestra que la democracia
multi-partidista es una pura dictadura.
El fenómeno arquetípico, la epidemia global de la
que surgen todas estas miserias, es el sistema financiero usurero
e irracional, que en su última fase capitalista, ha sumido
a la población mundial en una espiral de pobreza y control
policial, y al planeta en un nuevo periodo glacial.
La abolición del comercio, reducido a la mera distribución,
la estasis de la economía bancaria, distributiva en el
gesto pero nunca en la esencia, aunque permanece adquisitiva por
definición, ha dado lugar a una serie de restricciones
sobre la riqueza cuyo resultado es una crisis demográfica
mundial que la clase política es incapaz de impedir.
Los pobres de Sudamérica invaden Méjico y desde
allí entran en América. Están apareciendo
restaurantes mejicanos en los pueblos de los esquimales de Canadá.
La masa tribal de Africa Central, destrozada por la codicia desenfrenada
de una sola familia que ejerce el control del monopolio mundial
de los diamantes, ha visto cómo los pobres de Angola y
el Congo invaden el norte del Africa bereber. Privados por esta
emigración africana de los trabajos más serviles,
los bereberes invaden la Unión Europea. Aterrados por la
posibilidad de una Europa Islámica –dado que, al
haberse abolido la familia, la población indígena
tiene una tasa de mortandad superior a la de natalidad–
se han visto obligados a extender la Unión a tres paises
empobrecidos: Polonia, Rumanía y Bulgaria. Esto ha producido
a su vez un flujo masivo de habitantes de estos países
con destino a la Gran Bretaña y el resto de Europa, dejando
a estos tres países sin la mano de obra básica y
necesaria. Para llenar ese vacío, los chinos están
inundando la Europa del este, lo mismo que ya han hecho en el
Africa Occidental.
Obsesionados con unos terroristas que ni siquiera existen, con
Bin Laden muerto y con un puñado de personas que, proviniendo
de los detritus de la pobreza de las ciudades, esconden Semtex
en sus zapatos y fertilizantes en sus sótanos, y enfrascados
en la tarea de detener a musulmanes inocentes por el mero hecho
de ser ‘sospechosos’ el, en otra época prestigioso,
Servicio Secreto Británico no se dio cuenta de que agentes
rusos introducían en el país material nuclear con
el que marcar a los activistas contra el Estado y a los oligarcas
más granujas. Cuando uno de los hombres marcados murió
por una sobredosis accidental los, absolutamente ignorantes, Servicios
Secretos se vieron obligados a reconocer los hechos.
La “Guerra contra el Terror” imaginaria, que ha mantenido
en su lugar a las dictaduras de Bush y Blair, ha dejado a sus
países desprotegidos ante los brillantes programas de expansión
de Rusia y China. En estos momentos y, a pesar de que la mayor
y más ignominiosa representación de ese proceso
inventado pretende ser una metafísica “Guerra contra
el Terror”, su realidad es la de un programa desesperado
para impedir el resurgimiento islámico, sabiendo que, este
acontecimiento, llevaría a abandonar las monedas de papel
y el sistema mundial usurero de la banca. La estrategia de la
elite banquera era redefinir la última y más grande
religión del mundo como justo lo contrario, buscando su
destrucción al hacer creer a las masas que si no es el
Terror es una Tolerancia individualista, pasiva y esclavizante.
El epicentro de esta estrategia está hoy situado en Afganistán/Paquistán,
cuya realidad histórica y geográfica es la de UN
SOLO PAIS con una cultura dominante Islámica Pashtu.
Para ocultar la iniquidad que supone la ocupación de Afganistán,
los EE.UU. definieron la operación como una misión
de la Otan, impidiendo así que los Estados participantes
retirasen sus tropas como habían hecho en Iraq. Los protocolos
de la Otan hacen que sea prácticamente imposible cancelar
las obligaciones contraídas con esta organización.
Pero todavía más siniestra es la amarga realidad
a la que se enfrenta el país ocupado.
Ningún país puede hacer comparecer a la Otan ante
sus tribunales de justicia nacionales y soberanos. Ningún
personal de la Otan puede ser detenido y juzgado por el país
ocupado. En Bosnia, y con la protección total de la Otan,
el general acusado de violación fue sencillamente puesto
en un avión con destino a Canadá. De esto se deduce
que no hay genocidio, crimen, tortura o cualquier otro delito
del que pueda hacerse responsable a la Otan. Está por encima
de la ley. La estratagema de los EE.UU. de diseñar su ocupación
de Afganistán como una operación de la Otan, les
dio carta blanca para ejercer un control totalitario sobre el
país invadido. Con su títere colaboracionista en
Kabul, pretenden la existencia de un marco ‘democrático’
que enmascara lo que de hecho es una tiranía brutal y destructiva.
Desde los tiempos del Imperio Romano no ha habido en la historia
un ejército de ocupación que no haya establecido
burdeles y la prostitución para agasajar a sus hombres.
Sería absurdo pensar que no es este el caso con la fuerza
de ocupación, especialmente si se tiene en cuenta la permisibilidad
de los EE.UU en lo que respecta a la actividad sexual entre personas
del mismo sexo. Hasta ahora no ha habido cadena de TV, periodista
o ONG que haya examinado la cuestión de la prostitución
de toda una generación de la juventud afgana para satisfacer
los apetitos de los invasores.
La obediencia hipnótica de los demás Estados de
la OTAN a este anárquico programa de terror y destrucción,
acompañada por los bombardeos cotidianos y la masacre de
las poblaciones locales, indica que no sólo son los EE.UU.,
sino también Europa, la que está descendiendo al
último nivel de un ordenamiento social que ha fracasado.
El sistema político democrático ha finalizado con
la demostración a nivel multinacional de su incapacidad
de proteger los valores morales, la justicia y su propio sistema
legal, dado que el ámbito de su riqueza y de sus bienes
primarios está al margen de la jurisdicción gubernamental.
La secta financiera es la que manda sobre el gobierno nacional,
obligando a la clase política a acatar sus órdenes.
Los ascensos en el mundo de hoy en día van de la clase
política a la clase económica. Wolfowitz consiguió
su recompensa ascendiendo desde Ministerio de Defensa de los EE.UU.
a la presidencia del Banco Mundial.
Las promesas de las ONG y los misioneros de que las mujeres de
Afganistán pronto podrían salir en público
llevando ropas occidentales y vistiéndose con plumas y
lentejuelas para descender, mostrando sus pechos desnudos, por
las escaleras de los cabarets-casinos de Kabul y Herat, ha demostrado
con sorpresa que carece de interés. Las promesas de que
las Madrasas Islámicas serían cerradas y que los
niños afganos ya podrían disparar a sus profesores
y compañeros, como ocurre con frecuencia en los EE.UU.,
también ha demostrado que carece de interés. Cuando
sobre un pueblo afgano se lanzan las terribles bombas-racimo,
la población del lugar describen el suceso como un bombardeo
de ‘corazones y mentes’ –burlándose de
la Otan y su pretensión de implantar una política
con la que conquistar los corazones y las mentes de los afganos.
La gente no es estúpida, los políticos sí
lo son.
Y sin embargo, no existe un problema afgano. En términos
políticos, la cuestión del futuro ya no es el cambio
de régimen es el cambio de frontera. La historia ES el
cambio de fronteras y, por mucho que imaginen que ya ha terminado,
la historia es una serie de sucesos que siguen a otros sucesos.
Las fronteras tiene que cambiar. Mientras los EE.UU. se permiten
el intento inútil del imperio al otro lado del mundo, Méjico
está recuperando los territorios perdidos: Tejas, Arizona
y California. Las fronteras cambian.
La cuestión afgana sólo puede resolverse desde Islamabad.
Pakistán se enfrenta a tres escenarios posibles:
1. Desaparición. Pakistán se divide en regiones
que a su vez son absorbidas en un mercado común mayor en
el subcontinente hindú. Esta es la estrategia de la elite
bancaria, augurada en 1947 con el robo deliberado de Cachemira
en el norte y la Calcuta musulmana en el sur.
2. Fragmentación. Es el Plan Kissinger, que ya ha quedado
invalidado en Indonesia con la reintegración de Acheh en
la nación musulmana mayoritaria. En Pakistán significa
separar al pueblo Patán para amortiguar la actividad afgana,
la independencia de Baluchistán al estilo ‘Luxemburgo’,
el Sind como el sur controlado por los bancos y el territorio
Punyab como la zona central.
3. Expansión. Es la tercera y temida posibilidad. Significaría
el éxito en Pakistán y una apertura hacia el norte.
Para conseguirlo, es necesario destituir al dictador Musharraf,
el “Querido de la Democracia”. Exige también
que el Ejército Pakistaní asuma su destino histórico
y Mogol como defensores de la nación. El último
elemento sería la desaparición de esa invención
británica llamada Afganistán con su absurda frontera
meridional, una línea recta a través del Himalaya.
Esas dos zonas geográficas han sido una sola desde hace
siglos, desde los tiempos de Mahmud al-Ghazni. El aliado natural
y defensor de esta realidad es Rusia, hecho que puede curar la
reciente enemistad, tal y como hicieron Francia y Alemania después
de su guerra.
Esto es la única promesa de estabilidad en la región.
Los EE.UU., y por supuesto Europa, no deberían estar allí.
Deberían más bien prestar atención al hecho
de que, de forma calmada y paulatina, están siendo anexionados
por China.
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