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La batalla de los magnates del petróleo
por
Shaykh Dr.
Abdalqadir As-Sufi
Después
de los primeros disparos multimillonarios de la guerra de Irak,
se pueden ver ya bajas importantes. La primera que ha saltado por
los aires es la democracia. Porque si bien se ha dicho que la metodología
de esta guerra consistiría en causar conmoción y pavor
al enemigo, nadie ha mencionado que también se produciría
el derrumbamiento del principio fundamental de la sociedad tecnificada,
el principio de que el gobierno de la sociedad ha de ser democrático.
Aunque también es cierto que el concepto de un gobierno realizado
a través de un debate bicameral parlamentario fue derruido
hace ya diez años. Nos referimos al nuevo método que
vino a sustituir el viejo análisis crítico y a disipar
las últimas ilusiones del parlamentarismo. El método
casi clínico de tomar la temperatura de las masas supinas
por medio de los sondeos, así como a través de los
índices de opinión realizados en programas de televisión
interactivos con sólo pulsar un botón.
Ahora, confirmando claramente nuestro análisis de que los
medios de comunicación, las finanzas y las materias primas
forman una tríada de poder absolutista no elegido por nadie,
vemos que el complejo industrial-militar ha otorgado explícitamente
a los primeros un papel en la guerra. Ha sido anunciado que los
medios de comunicación quedarán incrustados
dentro de la estructura militar de mando. Así pues, no hay
ninguna duda de que las importantes cuestiones que se hallan bajo
y más allá de esta guerra, quedarán debidamente
oscurecidas por el calor y polvo de la batalla comunicados a las
masas a través del enlace de vídeo directo.
Al decir que la primera baja es al democracia, estamos indicando
que todo el sistema que sirve de apoyo a los acontecimientos mundiales
desde el final de la Segunda Guerra Mundial, se ha derrumbado. Y
lo ha hecho con una simultaneidad que por desgracia nada expresa
mejor que el derrumbe de las Torres Gemelas en el centro de Manhattan.
Como dijo el gran escritor italiano Curzio Malaparte: La guerra
es el destino. No aparece en la escena sino de este modo. La guerra,
como el paisaje, no es tanto protagonista como espectadora. Nada
transmite mejor el sentido del montón de basura que somos,
que la dura y misteriosa palabra alemana Kapput-- que en italiano
significa roto, terminado, desmembrado, arruinado.
Una vez que la Gundlage de la democracia ha desaparecido,
ésta queda ante nosotros tal y como es, despojada de toda
autoridad moral. Su ropaje de oratoria política, --gobierno
de, para y por el pueblo etc
-- no puede encubrir el hecho
de que no es sino una maquinaria estadística para la exacción
fiscal de las masas. Las víctimas, que se cuentan por millones,
que han muerto para que la democracia pueda vivir, no
son todavía consideradas víctimas de la imposición
de la democracia. Así el notorio holocausto causado por la
negativa a dividir Rwanda en concordancia con la diferencia étnica
entre Turse y Hutu. Un genocidio del que se oculta el hecho de que
el sistema bancario no podía permitir un nuevo trazado de
fronteras; ya que esto hubiera puesto fuera de su alcance a un buen
número de ciudadanos deudores. Y lo mismo el caso del nuevo
estado sincrético de Yugoslavia inventado por los EEUU. Cuando
se derrumbó y tuvo que ser dividido, se hizo con la insistencia
de los bancos de que tanto el nuevo estado de Bosnia, como el resto
del estado que quedase, debían hacerse responsables solidarios
de toda la deuda íntegra yugoslava; es decir, no dividida
entre ellos sino pagada totalmente por cada uno de ellos. Demostrando
de este modo que la democracia no es sino una empresa de servicios
del sistema bancario capitalista.
Hemos llegado al término de una época. La época
ha sido finalizada por los que la dominan, ya que han decidido abandonar
su posición de control oculta e indirecta y mostrar su liderazgo
y poder a la luz del día. Mirando la situación en
profundidad, lo fundamental no es el ataque de la fuerza titánica
de los EEUU y su pequeño satélite británico
contra Irak. Lo esencial es la importante batalla entablada entre
la élite financiera y la élite que controla el complejo
industrial-militar y las materias primas. Una batalla cuyo objetivo
es fusionar estas fuerzas dispares en una sola hegemonía
global. Hay que recordar que hasta el derrumbe de los rascacielos,
el presidente norteamericano representaba las fuerzas republicanas
unilaterales y aislacionistas. De un día para otro, fue obligado
a ser multilateral, arrastrando a los EEUU al escenario mundial
para representar el papel de dominadores del mundo. Algo que, a
su vez, sólo podía llevarse a cabo haciendo pedazos
brutalmente el marco político vigente basado en el consenso
de las diferentes naciones estado. Únicamente el documento
magistral leído por el representante sudafricano en el Consejo
de Seguridad tuvo la honestidad intelectual suficiente como para
poner esto en claro ante los diplomáticos asistentes. El
eje EEUU-Israel había herido de muerte la ONU. Como declaró
un antiguo secretario de estado en la Cámara de los Comunes
británica, ¿cómo era posible que los EEUU perdieran
la paciencia con Irak, después de 12 años de incumplimiento
de las resoluciones de la ONU, cuando Israel las llevaba ignorando
tranquilamente desde hace treinta años? Mayor cinismo contenía
todavía la expresión de miedo de que Irak poseyera
armamento nuclear, cuando es un hecho comúnmente conocido
que Israel lo posee en cantidades alarmantes y siempre ha negado
la entrada a los inspectores de la ONU en su país.
Sin embargo, es importante examinar la cuestión del Derecho
Internacional de una manera general y no sólo a la luz de
los casos concretos de impracticabilidad y mal funcionamiento. La
verdad es que el Derecho Internacional nunca ha sido definido por
unos protocolos serios y mutuamente acordados. En primer lugar,
¿dónde comienza el Derecho Internacional y en qué
punto las deposiciones y tratados se vuelven legalmente obligatorios?
Si no fuera tan trágica, la lamentable declaración
de los judíos de que tienen un derecho a la tierra de Palestina
basado en un contrato divino y en una supuesta herencia profética,
sería de risa. La doctrina laica, sobre la que se basan tanto
la democracia como la banca, insiste en una separación entre
la religión y el estado. A pesar de lo cual, Israel reclama
una tierra ocupada por los árabes basándose en un
derecho metafísico, del que la arqueología no ha podido
proporcionar ninguna evidencia, ni siquiera polvo, en los últimos
cincuenta años. ¿En qué año adquieren
validez los protocolos diplomáticos? La mezquita de Al-Aqsa
fue constituida legalmente en Waqf, fundación, por el califa
Umar Ibn al-Jatabb, Wakf que el gran sultán moderno Abdulhamid
II renovó y extendió a su vez. Este sultán
también constituyó en Waqf a favor de los musulmanes
las tierras de Mosul, después de que se descubriera petróleo
en ellas.
Entre 1821 y 1922, es decir durante el siglo en el que se reconstruye
Europa y Rusia a través de una serie de protocolos, algunos
de importancia histórica enorme, la población musulmana
del Este de Europa, incluidos los Balcanes y el Cáucaso,
sufre un genocidio organizado que, calculando por lo bajo, se eleva
a la cifra de 5,060,000 musulmanes. En este sentido, remitimos urgentemente
los lectores de este documento a una investigación académica
de este hecho titulada Muerte y Exilio realizada por
Justin McCarthy (ISBN 0-87850-094-4).
En 1998, la Comission Islamique Europeènne presentó
un informe a la ONU, a la UE , y a todos los firmantes del Tratado
de Lausanne del 24 de julio de 1923. En él, presentaba evidencia
de prácticas continuadas de privación ilegal de ciudadanía,
expropiación ilegal, castigo lingüístico, y de
otras formas de opresión, practicadas públicamente
por el gobierno y parlamento griegos contra la comunidad musulmana
de Tracia Occidental. El informe probaba que el gobierno griego
infringía cinco artículos del Tratado de Lausanne,
y las provisiones bilaterales greco-turcas del Tratado de Atenas
de 1913, el Acuerdo Cultural de 1912 , y los Protocolos de 1968.
También incluía una lista de infracciones de la tan
aireada Convención Europea de los Derechos Humanos de 1953,
de la de Helsinki de 1975, de la de Viena de 1989, etc. Los firmantes
del Tratado de Lausanne eran Gran Bretaña, Francia, Italia,
Japón, Grecia, Rumania, el Estado Serbo-croata-esloveno,
los EEUU, Turquía y Bulgaria. El informe podría decirse
que recorrió de arriba abajo las venas del edificio de mármol
del Derecho Internacional. Aparte de dos o tres cartas de acuse
de recibo, desde el Secretario General de las Naciones Unidas hasta
el resto de las instituciones y entidades políticas implicadas,
no hubo ni una pizca de respuesta activa que viniera del edificio
que se declara mantenedor del sistema de Derecho Internacional en
el orden mundial actual. Otro caso, la violación probada
de una mujer bosnia musulmana por un oficial canadiense de la OTAN,
fue apartado del correspondiente juicio penal mediante el expediente
de concesión de inmunidad diplomática al violador.
Lo mismo que el genocidio de Srebenica, que tras un examen superficial
de la Comisión fue descartado, cuando los verdaderos culpables
eran las entidades enviadas para salvar a los musulmanes. Es una
culpabilidad cuya fuente de origen es el propio despacho del secretario
general de la ONU.
Hay que descartar toda ilusión. El derrumbamiento de la autoridad
moral y la invalidación de todo el sistema humanista de valores
con los que se nos han ensordecido los oídos durante las
últimas décadas son completos. Las trompetas de la
democracia han enmudecido ante la conmoción y pavor causados
por la explosión en Bagdad de los misiles liberadores norteamericanos.
Pero hay aún más bajas y éstas en el seno de
la comunidad musulmana. Una consecuencia directa de la guerra en
Irak es la necesidad de que la Liga Árabe se disperse. Su
racismo, su laicismo, su arrogante manera de asumir que el Islam
es un fenómeno árabe y su adhesión a la legalidad
de los estados nación todas ellas son tesis que no
pueden ser toleradas por más tiempo. A la vez, pone de manifiesto
la naturaleza de la Hermandad Musulmana ante los ojos de los pueblos
musulmanes. Su profunda traición del deber político
innegable de constituir una unidad de mando que garantice que el
gobierno islámico no se base en protocolos e instituciones
sino en el gobierno personal y la recolección forzosa del
zakat, sin el que el Din del Islam cesa de existir.
A estas alturas, es importante que pongamos la vista más
allá del fuego y del polvo de la última de las aventuras
genocidas del capitalismo. Es muy tentador echar la culpa de ello
a la entidad nacional llamada EEUU. Durante los últimos cien
años, Norteamérica ha invadido Europa tres veces.
Su justificación para desembarcar sus tropas en terreno europeo
ha sido siempre la liberación del pueblo, lograr la paz y
salvaguardar la democracia! El precio de la Primera Guerra fue la
creación desastrosa de Yugoslavia, que condujo a su vez,
primero a una dura ocupación nazi, después a una dura
ocupación comunista, y finalmente a una guerra entre partidos.
En el momento en que se vio que los musulmanes de Bosnia, bajo la
gran pericia militar del general Alagic, estaban a punto de conseguir
la victoria, intervinieron de nuevo para aportar su regalo de libertad
y democracia. La guerra de Bosnia terminó en un campamento
militar del interior de los Estados Unidos, con la participación
de políticos bosnios, pero sin que estuviera presente ninguno
de los mandos militares que habían hecho la guerra. Rodeados
de guardias armados, fueron obligados a firmar el Acuerdo de Dayton.
Sus primeras cláusulas prohibían a los musulmanes
el derecho de establecer el Din, aboliendo de hecho toda religión
(al garantizar igualdad para todas), y forzaba al nuevo estado a
acordar la aceptación de préstamos masivos del Banco
Mundial y del Fondo Monetario Internacional. A continuación,
un judío norteamericano fue nombrado Gauleiter, con poder
para destituir a cualquiera de los gobernadores locales, alcaldes
y miembros del parlamento democráticamente elegidos.
La Segunda Guerra había entregado, por supuesto, media Europa
al entusiasmo genocida de Stalin. No olvidemos que el primer país
que reconoció legalmente la Rusia soviética fue los
Estados Unidos de América. Y a esta triste historia en Europa,
hay que añadir la intervención norteamericana en Corea
y en Vietnam. Además del sangriento y genocida cambio de
régimen perpetrado en Indonesia. Después se trató
de repetir lo mismo recientemente en Malasia, siendo este plan brillantemente
anticipado y abortado por el Dr. Mahattir, que arrestó al
agente nombrado por la banca para ello, justo poco antes de que
se dispusiera a tomar el poder.
A pesar de la aparente claridad de la sentencia política
que decide la culpabilidad de los Estados Unidos, no debe olvidarse
que ellos no son los que orquestan toda la aventura; en verdad,
ésta no ha hecho sino debilitar, desordenar y paralizar sus
instituciones políticas más relevantes. El mundo está
ahora en manos de una élite, cuyo número, según
el Presidente francés, no es superior a 360 personas. No
lo decimos aplicando ninguna teoría de la conspiración.
Ni tampoco haciendo uso de ninguna vieja oratoria de izquierdas.
Ésta élite no está constituida por fortunas
personales, sino por las personas que ejercen el control del intrincado
sistema corporativo. Un sistema que es a la vez multinacional y
supranacional, y que comprende la riqueza financiera, la riqueza
del comercio de artículos de base y de consumo, comprendiendo
tanto la industria como la producción de armamentos, y la
riqueza de los medios de comunicación mundial.
El gran poeta inglés, Alexander Pope, indica cuál
es la falla del pensar político e indica cómo superarlo
para llegar a la verdad, y lo hace en dos líneas!
Perdona la persona y condena el Vicio
-contra éste se hace la recusación-
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