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El Imperio y el Asedio de Bombay
por
Shaykh Dr.
Abdalqadir As-Sufi
PRIMERO:
PERSPECTIVA A LARGO PLAZO.
El primer Imperio que detentó la hegemonía mundial
fue el Imperio Británico. El Imperio Británico comenzó
cuando Disraeli convenció a la Reina Victoria para que se
proclamara Emperatriz de la India, lo cual tuvo lugar en 1877. El
Imperio duró exactamente 70 años.
Llegó a un final ignominioso bajo el mandato del Virrey Lord
Mountbatten, cuya esposa, hija del famoso banquero Sir Ernest Cassel,
tuvo una aventura adúltera con el líder hindú
Nehru, justo cuando se estaba imponiendo el Tratado de la Partición.
Esta partición, ilegal y desastrosa, costó la vida
de millones de musulmanes. El pueblo jamás fue consultado
por votación o referéndum.
El segundo Imperio con hegemonía mundial fue el Imperio Americano
que comienza tras la devastación nuclear de Hiroshima y Nagasaki,
lo cual significó el final de la Segunda Guerra Mundial.
La asunción al poder estuvo basada en tres acontecimientos.
Uno: el acuerdo de la O.N.U. en Nueva York. Dos: El establecimiento
de Israel, con la O.N.U. como instrumento fundamental. Tres: El
Tratado de Bretton Woods que definió el capitalismo basado
en el dólar que luego colapsa en el año 2007 cuando
el Bear Sterns Hedge Fund se declara en bancarrota y anuncia con
ello el fracaso absoluto del sistema de poder dual: banca y democracia.
Este Imperio no duró más de cincuenta años.
Comenzó cuando el General Eisenhower fue elegido Presidente
y ocupó su puesto en el año 1952. Llegó a su
final cuando, ignorando la célebre advertencia de Eisenhower
sobre el complejo militar-industrial, el Congreso autorizó
la invasión de Iraq. El proyecto del ‘mundo libre’
había terminado. Era el año 2002.
SEGUNDO: EL MITO DE AL-QAEDA Y LAS REALIDADES DEL TERROR.
El concepto político que postula la existencia de un sistema
secreto de células en un Islam militante, –‘El
Enemigo’ en términos de Schmidt– conviene a mucha
gente, desde los Presidentes a los Papas. Con la ayuda de la TV
y los medios de comunicación, y esa nueva raza académica
de los ‘Expertos’, se logra convencer a las masas IPod-ianas.
Pero desde el punto de vista intelectual, carece de sentido.
En primer lugar – su liderazgo.
Bin Laden es a duras penas convincente. Hijo de un multimillonario
saudita, antiguo agente de la CIA, alguien que compra su entrada
en la sociedad Afghana y que fracasa a la hora de asumir el manto
del liderazgo islámico.
Como cabeza de una sociedad secreta que empuja al suicidio a los
adolescentes y se mantiene a salvo en las montañas, Bin Laden
es una copia perfecta del líder shi’a Ismailita que
luchó contra Salahud-din: el ‘Anciano de la Montaña’
con su banda de jóvenes corruptos: los Asesinos o Hashishiyin.
Como muerto y desde el punto de vista político, como bien
saben en todas las teterías de Peshawar, es muy interesante.
Los dirigentes de los EE.UU. son los que ‘necesitan’
que esté vivo. Mientras tanto, el discurso de su lugarteniente
es puramente marxista y se nutre de la polémica antiamericana.
Nunca menciona una aleya del Corán. Jamás pronuncia
el Salat an Nabi. Ni un solo juicio del Fiqh. Un individuo
que ignora qué es el Islam.
Segundo – sus extraños objetivos.
Si se define como objetivo el World Trade Centre porque representa
el capitalismo de mercado a escala mundial –puede quizás
decirse que es un bastión del enemigo– ¡Pero,
pero, pero! Si se destruye, se refuerza el poder del capitalismo
mundial y el sistema de seguros capitalista doblará su valía.
Reforzarlo porque, como demostró Ernst Jünger, el capitalismo
necesita que ‘El Enemigo’ destruya sus propias entidades
para garantizar su supervivencia. ¿Por qué el Hotel
Marriot en Islamabad? ¿Por qué el Hotel Taj en Bombay?
¿Por qué los trenes de Londres y Madrid? Si este planteamiento
militante tuviera posibilidad de éxito alguno, jamás
podría garantizar el éxito islámico; y por
supuesto, no con esa estrategia que los terroristas han decidido
implementar.
Tercero – ¿Quiénes son?
En el mundo musulmán existe una élite compuesta por
‘ulama, eruditos y activistas sociales. Todos nos
conocemos, independientemente de escuelas y movimientos, y nos deleitamos
con la variedad y energía de nuestras propias posturas locales.
Pero nadie, modernista o tradicionalista, ha oído jamás
hablar de esos asesinos secretos reclutados entre los estratos sociales
más bajos de las naciones árabes y asiáticas,
cuya máxima expresión es ¡ese infame y absurdo
individuo con explosivos en el zapato!
Las realidades del terror y sus exponentes señalan sin embargo
a lugares llenos de injusticia extrema, de opresión y de
pobreza. Y hay un momento en el que los hijos de Adam se rebelan
contra la degradación. Cuando lo hacen es, y no debería
sorprendernos, de forma violenta.
Las cuatro zonas de opresión y barbarie inhumanas sin explicación
alguna son:
1. La nación Uighur y la despiadada ocupación china.
2. Afghanistán y sus guerras de ocupación.
3. El subcontinente indio y su persecución endémica
de los musulmanes.
4. Palestina y la persecución perpetrada por Israel.
Las raíces de las turbulencias en los casos 1 y 4 se remontan
a la realidad política de la que proceden. Los Uighur estaban
en una provincia vinculada al Dawlet Osmanli. Palestina era una
provincia vinculada y protegida por ese mismo Dawlet Osmanli. Los
casos 2 y 3 son el de provincias del Dawlet Mogol. El último
marco legal de la India estaba dominado por los centros mogoles
de una poderosa civilización basada en Delhi, Lahore, Shirinigar,
Agra y Lucknow.
Dado que, la de sobra conocida, política del capitalismo,
es la explotación del descontento –no eliminar la causa
sino contenerla– es preciso formular preguntas más
profundas. Para descartar la teoría de la conspiración
de Al-Qaeda y sus asesinos tenemos que hacer preguntas relacionadas
con la política real.
TERCERO: ¿QUIÉN SE BENEFICIA DEL CONFLICTO?
1. Los Uighur. Un conflicto ‘colonial’ en el Turkestán
Oriental y el Tibet es una forma, barata pero brillante, de desviar
la atención internacional de la invasión comercial
y cultural que lleva a cabo China (los tres hoteles más exclusivos
de Ciudad del Cabo ya no sirven té indio a la hora del té;
¡sirven té chino, temporizadores, teteras, tazas y
platos también chinos!).
2. Darfur y el Congo son parte de una toma del poder por unos militares
con la presencia masiva de mercenarios.
3. Palestina. El Terrorismo garantiza las subvenciones de los EE.UU.
sin las cuales no podría sobrevivir el Estado de Israel.
4. Afghanistan. El último bastión de la política
global de unos EE.UU. en la bancarrota; es necesario como base en
el sur de Asia de la red rusa del gas y el petróleo. Está
bajo el mandato de la OTAN para evitar cualquier acusación
de asesinatos o torturas que involucren a los EE.UU. Las fuerzas
de la OTAN operan al margen de las leyes estatales.
5. India/Paquistán/Bangladesh. El despertar de la riqueza
del subcontinente, con su gente brillante, sus comunidades y sus
industrias. ¡Bollywood amenaza a Hollywood! Si los EE.UU.
están en bancarrota, India es increiblemente rica; siempre
y cuando se libere de la hegemonía ejercida por un dólar
moribundo.
Los incidentes de Bombay son el último e inútil intento
para detener el dominio de la India en los EE.UU. y sus mercados.
Garantizan también que un conflicto indo-paquistaní,
–junto con la continuidad del matriarcado en Bangladesh–
darán unos pocos años de respiro antes de que se complete
la toma mejicana de unos EE.UU. fracasados.
La respuesta constructiva islámica a los horrores del asedio
de Bombay debería ser la fundación de una unión
pan-India Musulmana que aglutine a todos los musulmanes del subcontinente,
les haga jurar fidelidad al resto de musulmanes y les haga suscribir
el firme compromiso de negarse a luchar contra los demás
musulmanes de los tres países vecinos.
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