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Carta a un joven con los nervios a flor de piel
por
Shaykh Dr.
Abdalqadir As-Sufi
¡Ya
Walad! Con estas palabras comenzaban todos nuestros grandes
Awliya y ‘Ulama sus cartas de guía
y consejo en el camino de nuestro sublime Din. En todos
y cada uno de los casos, eran palabras sobre la vida futura del
joven para que pudiera llegar a la edad madura y fortalecer a la
comunidad Musulmana, no solo con las buenas acciones propias de
su servicio, sino obedeciendo el mandato de establecer una familia
tratando a la esposa y, más adelante, a los hijos de la siguiente
generación, con esa sabiduría y compasión que
garantizan el florecimiento del Din del Islam, tal y como
ha prometido el Señor Misericordioso, además de propagarlo
e incrementar su nobleza.
¡Ya Walad! Pero esto no ocurre en nuestros días.
El joven Musulmán de esta época vive en un caos tal,
en un ámbito tan desastroso, que no sólo desconoce
lo que es el Din, sino también la vida misma. En
el Corán que, os lo puedo asegurar, jamás se os ha
enseñado, Allah, glorificado sea, se dirige a los kuffar,
y les pone sobre aviso; a los muminún, y les guía;
a toda la humanidad, a la raza humana, guiándola y advirtiéndola.
Es posible que no sepáis que, para los paleontólogos
que estudian las manifestaciones de la presencia de los seres humanos
en el planeta, éstas se basan en las indicaciones que muestran
que la especie humana ha tenido siempre lugares de enterramiento.
Dicho con otras palabras: la especie humana tiene, desde sus inicios,
el conocimiento de que la vida humana es sagrada. Los entierros
honran a los muertos. El ser humano se entierra con honor porque,
durante su vida, es el recipiente o contenedor de un Contrato Divino.
En la Surat al-A’raf (7: 172) encontramos:
“Y cuando tu Señor sacó de las espaldas
de los hijos de Adam a su propia descendencia y les hizo que dieran
testimonio: ¿Acaso no soy Yo vuestro Señor? Contestaron:
Sí, lo atestiguamos. Para que el Día del Levantamiento
no pudierais decir: Nadie nos había advertido de esto”.
Este Contrato es lo que eleva al género humano por encima
de toda la creación. Con ello viene también el don
de la conciencia de uno mismo, de la facultad del reconocimiento,
es decir, de ver el objeto y evaluarlo. Esto implica la capacidad
de reflexionar, que significa la capacidad de ver el objeto o el
acontecimiento y atribuirle un significado. El acceso al Mizal
es el medio para reconocer los Nombres y Atributos de Allah. Esto,
¡oh joven! es lo que tú eres.
En la Surat al-Baqara, Allah dice (2: 29-33):
“Él es Quien creó para vosotros todo
cuanto hay en la tierra. Luego, dirigió Su atención
al cielo y conformó siete cielos bien reglados. Él
conoce todas las cosas. Y cuando tu Señor dijo a los ángeles:
Voy a poner en la tierra a un jalifa. Dijeron: ¿Vas a poner
en ella a quien extienda la corrupción y derrame sangre mientras
que nosotros Te glorificamos con la alabanza que Te es debida y
proclamamos Tu absoluta pureza? Dijo: Yo sé lo que vosotros
no sabéis. Y enseñó a Adam todos los nombres;
luego mostró éstos a los ángeles diciéndoles:
¡Decidme sus nombres si sois veraces! Dijeron: ¡Gloria
a Ti! No tenemos más conocimiento que el que Tú nos
has enseñado. Tú eres, en verdad, el Conocedor perfecto,
el Sabio. Dijo: ¡Adam! Diles sus nombres. Y cuando les hubo
dicho sus nombres, dijo: ¿No os dije que conocía lo
Invisible de los cielos y de la tierra, así como lo que mostráis
y lo que ocultáis?”.
Aquí Allah dice con toda claridad:
“Él es Quien creó para vosotros todo
cuanto hay en la tierra”.
Y en la última aleya advierte:
“Y Yo sé lo que mostráis y lo que ocultáis”.
Ibn Taymiyya nos ha dicho que si queremos comprender la situación
humana de nuestros días, que puede parecernos incomprensible
por su complejidad, debemos regresar a sus inicios para que se nos
manifieste con claridad el modelo primigenio de la humanidad; estamos
hablando de la primera familia del género humano, la de Sayyiduna
Adam, ‘alayhi salam.
En la Surat al-Ma’ida se nos dice (5: 27-31):
“Y cuéntales la verdad de la historia de los
dos hijos de Adam, cuando ofrecieron un sacrificio y le fue aceptado
a uno pero al otro no. Dijo: ¡Te mataré! Contestó:
Allah sólo acepta de los que Le temen. Si levantas tu mano
contra mí para matarme, yo no levantaré la mía
para matarte, pues yo temo a Allah, el Señor de los mundos.
Prefiero que vuelvas llevando mi delito además del tuyo y
seas de los compañeros del Fuego. Esa es la recompensa de
los injustos. Su alma lo predispuso para matar a su hermano y lo
mató, convirtiéndose en uno de los perdidos. Entonces
Allah envió un cuervo que se puso a escarbar en la tierra
para hacerle ver cómo debía ocultar el cadáver
de su hermano. Dijo: ¡Ay de mí! ¿Es que no voy
a ser capaz de hacer como este cuervo y enterrar el cadáver
de mi hermano? Y quedó así sufriendo un amargo remordimiento”.
Aquí podemos ver la confirmación de las aleyas anteriores
que nos informaban de cómo Allah conoce lo oculto y lo manifiesto.
Lo que nos importa en todo esto, es comprobar que no sólo
el asesinato, sino la vida humana en sí, es una cuestión
de graves y profundas repercusiones.
Lo que se puede deducir de todo esto, y sin albergar duda alguna,
es la importancia que tiene arrebatar la vida o vidas de otras personas.
Privarse de la propia vida, el suicidio, tiene la misma trascendencia
espiritual.
En la aleya que sigue, Allah el Todopoderoso concede permiso
para matar “por venganza o por corromper la tierra”.
“A no ser por venganza o por corromper la tierra”.
Y sin embargo, ¡No puedes suicidarte!
Vamos a estudiar fríamente esta acción y su intención
antes de examinar el sórdido y desagradable escenario que
ha convertido la tierra en un campo de suicidio de jóvenes,
tanto varones como hembras, que han sido llevados a la locura.
El Mensajero de Allah, a quien Allah bendiga y conceda paz, declaró
en un célebre Hadiz: “El ‘Amal
es por la Niyyat. (La acción es según la
intención)”. Esto significa que la acción
no es una cosa por si sola. Surge del interior, del ‘yo’.
Sea cual sea la situación, cualquiera que sea el papel que
juegan los demás, por muy perentorio que sea el suceso en
el momento de hacer una acción humana y esto, debe comprenderse
con claridad es una acción que no ocurre como un suceso por
si solo. Empieza como una intención consciente. La acción
se desencadena al recibir la orden de realizar la Niyyat
(la intención). Es decir: la acción es disparar la
bala letal. El gatillo espera la orden de disparar. El sujeto, su
dedo, aprieta el gatillo. El dedo obedece la orden del sujeto. Según
la ley y, en consecuencia, la razón, el sujeto es responsable.
Si la acción es haram, el sujeto ha cometido un delito y
es responsable.
Yo afirmo, oh joven, que, antes de poder examinar quién y
qué es lo que te ha hecho llegar a ese momento crítico
de la acción suicida, debe ser entendido con toda claridad
que tú eres responsable. Y como luego veremos, culpable de
un delito espantoso que no acaba con tu desaparición, la
muerte o los estragos a tu alrededor, sino en el Otro Mundo donde
te espera un terrorífico castigo por haber fracasado, de
manera absoluta e incondicional, a la hora de reconocer quién
eras y para qué te había creado Allah ¡ni más
ni menos!
En la Surat an-Nisa’, Allah el Poderoso declara (4:
29):
“¡Vosotros que creéis! No os apropiéis
de los bienes de otros por medio de falsedad, sino a través
de transacciones que os satisfagan mutuamente. Y no os matéis
a vosotros mismos pues Allah es siempre Compasivo con vosotros”.
¡Ya Walad! No oses actuar de esta manera sin ser
totalmente consciente de que, ésta, es una cuestión
en la que no ha habido duda alguna a lo largo de los muchos siglos
de la historia del Islam. Fijémonos, en primer lugar, en
esta aleya inflexible y en cómo, nuestros mufassirín
más destacados, la han examinado y estudiado.
Primero: Imam Al-Qurtubi. Dice:
“La gente de la interpretación está de acuerdo
en que significa ‘no os matéis unos a otros’.
Se acepta también el significado de una persona que se mata
a sí misma llevada por la ansiedad con respecto a Dunya
y la consecución de la riqueza, de tal manera que su obsesión
con esa ilusión le lleva a un estado ruinoso. Incluye también
el significado de ‘no te mates a ti mismo’ en un estado
de ira o angustia. Todos estos casos están prohibidos”.
Segundo: Abu Bakr Ibn al-‘Arabi en su célebre Ahkam-ul-Qur’an:
“Existen tres juicios diferentes sobre este tema.
Uno: No mates a la gente de tu Millah (comunidad).
Dos: No os matéis unos a otros.
Tres: No os matéis a vosotros mismos haciendo lo que os ha
sido prohibido.
Todos estos juicios son correctos, aunque algunos tienen una mayor
validez con respecto al Din y un significado más
completo.
Y el que yo considero más correcto es el tercero, y los dos
anteriores están incluidos en éste”.
Tercero: Ruh al-Ma’ani.
“Uno: significa ‘no os matéis unos a otros’.
Dos: Otro juicio dice que significa: ‘No os enviéis
a la destrucción al cometer acciones incorrectas, como arrebatar
la propiedad de otro con medios falsos, o con cualquier otro tipo
de actos de desobediencia que merecen ser castigados.
Tres: Otro juicio informa que significa la prohibición de
matarse a uno mismo en un estado de ira o dificultad.
Cuatro: Se dice también que significa ‘No os pongáis
en peligro en una batalla enfrentándoos a un enemigo que
no podéis vencer’.
Cinco: Se dice que su significado es: ‘No hagáis comercio
en territorios enemigos corriendo el riesgo de estar completamente
solos’. Imam Malik deduce que, con esto, se demuestra que
es makruh comerciar en territorios enemigos”.
Cuarto: Ibn Yˆuzayy (y el Sultán al-‘Ulama de
nuestra época, Shayj Shadhili an-Nayfar, dijo de él:
‘¡Entre los mufassirín, él tiene
la última palabra!).
“Ibn ‘Atiyya dice: ‘Los mufassirín
están de acuerdo en afirmar que el significado es ‘no
os matéis unos a otros’.
Y yo digo que la expresión incluye el significado ‘matarse
a uno mismo’, es decir, el suicidio. Puesto que esta era la
manera en la que lo entendía ‘Amr ibn al-‘Aas,
y el Mensajero, a quien Allah bendiga y conceda paz, no lo contradijo
cuando se enteró de ello”.
Quinto: Ibn ‘Atiyya.
“Los mufassirín están de acuerdo en
afirmar que en esta aleya está contenida la prohibición
de matarse unos a otros.
Y también contiene el significado del hombre que se mata
a sí mismo con la intención consciente de hacerlo.
Y la prohibición contiene todos estos elementos”.
La conclusión de Ibn Yˆuzayy debe contemplarse como
la confirmación del Hadiz recogido en la Colección
del Imam Muslim y transmitido por Abu Huraira que dice que el Mensajero
de Allah, a quien Allah bendiga y conceda paz, dijo:
“Quien se suicide con un arma estará para siempre
en el Fuego de Yˆahannam. Y conservará el arma
que se hundirá en su estómago eternamente. Quien hubiese
bebido veneno provocándose la muerte, seguirá tomándolo
en el Fuego de Yˆahannam donde será condenado
a permanecer eternamente. El que se suicidase tirándose desde
la cima de una montaña, estará sumergiéndose
continuamente en el Fuego de Yˆahannam”.
En otra transmisión, Zabit bin Dahaq recoge estas palabras
del Mensajero, a quien Allah bendiga y conceda paz:
“Quien se haya suicidado con una cosa será
atormentado con ella en el Día del Levantamiento”.
Según el Madh-hab primordial del ‘Amal
Ahl al-Madinah, el suicidio era totalmente desconocido como
método de guerra y sólo podía imaginarse como
el último recurso de la persona en agonía terminal
que ya no podía soportar el dolor. Más aún:
entre nosotros existe un término legal que se llama el ‘Iyˆma
de la Comunidad. Esta expresión sirve para definir la bendita
situación de la Ummah Musulmana tal y como fue definida
en la declaración del Mensajero, a quien Allah bendiga y
conceda paz: “Mi gente no puede equivocarse por completo”.
Dicho con otras palabras: la Yˆama’at Musulmana
está protegida, en todo tiempo y en todo lugar, por el Libro,
la Sunna y el ‘Amal de la Gente de Madinah, el Lugar
del Din.
Lo que tenemos en el transcurso de los siglos, es que la maldición
del suicidio, propiciado por otras personas que NO mueren, sólo
se ha manifestado en una ocasión. Y cuando lo hizo, fue entre
un grupo de personas que no seguían el Islam, sino la religión
posislámica de la Shi’a en su forma más
extrema. Nos estamos refiriendo a los desviacionistas Ismaelitas
del Líbano cuyas actividades culminaron con el asesinato
de Salahuddin, el gran dirigente Musulmán. Más adelante
hablaremos de esta gente perversa.
Antes de esto, debemos dirigir tu atención a un asunto que
los jóvenes que os han precedido en esta enfermiza ambición
suicida parece que no han considerado jamás.
Como resultado del impacto producido por estas bombas humanas suicidas
y la macabra publicidad que han recibido, algunos jóvenes
ignorantes y desequilibrados los han copiado con, como si dijéramos,
una especie de calco espontáneo de la autodestrucción,
diciendo: “Qué cosa más tremenda. Nuestras vidas
carecen de valor alguno. Vamos a copiarlos. Despidámonos
con una gran explosión. ¡Vamos a salir en los telediarios
y en los periódicos!”. Estos pequeños grupos,
de lo que podíamos llamar ‘improvisadores’, son
pocos, son en realidad un subproducto del grupo principal de bombas
humanas que son parte de una actividad social organizada.
En términos generales, la cuestión se desarrolla de
la siguiente manera:
1. Un liderazgo político que es localista, oculto y que dirige
el asunto desde el anonimato. Forman una Sociedad Secreta. Nadie
los ha elegido. Ni tampoco se han presentado públicamente
como Renovadores del Din. Son líderes que carecen
de legitimidad. No ha habido un Bay’at. Ni tampoco
vítores. No existe un territorio que pueda declararse como
Estado bajo su égida. No se pide por ellos desde el mimbar
ni se han acuñado Dinares y Dirhams Islámicos con
sus nombres. Los Recaudadores no cobran el Zakat en su
nombre ni tampoco lo pagan a un Emir. En términos Islámicos,
son unos proscritos. Y su forma de existir, errática y vagabunda,
otorga a los ejércitos kuffar el derecho a masacrar
familias Musulmanas y bombardear pueblos y ciudades Musulmanas,
además de perseguir, torturar y humillar a Musulmanes inocentes
a lo largo y ancho del mundo entero.
2. Estos barones facinerosos de la clase política, han autorizado
a su ‘brazo’ armado para que preparen y entrenen a jóvenes
varones, ahora incluso también mujeres, para que se suiciden
basados en un programa que imagina un día soñado en
el que el ‘enemigo’ sucumbirá ante su Terror.
Aquí es donde llegamos al corazón de las tinieblas.
3. Peor aún que el liderazgo, tras ellos están los
verdugos. Los verdaderos Assassins. La bomba humana no
es un asesino. Hace estragos. Parte de ese estrago son hombres,
mujeres y niños inocentes, a menudo Musulmanes. Pero el que
ata el Semtex a su cuerpo no es el asesino. Es la víctima.
Del mismo modo que el pederasta sexual prepara a su víctima
para que caiga en sus redes, ese pederasta político prepara
a su víctima para la muerte. ¿Es su propio hijo a
quien envía a la muerte? ¿El de su vecino? ¿O
los manda a una muerte segura dejando que su hijo siga con vida?
¿Le conocen los padres?
El rasgo Islámico más distintivo y elevado de los
Sahaba, y de todos los combatientes musulmanes y de los
grandes Sufíes, es lo que se llama preferencia, Tafdiil.
Se puso de manifiesto en Badr y en las primeras Ghazwats.
Un Compañero que agoniza de sed y de las heridas recibidas
rechaza el odre de agua. Quiere que se lo pasen al hermano que sufre
a su lado. Y éste a su vez lo rechaza para que lo pasen al
hombre que muere enfrente. El agua recorrió toda la línea
de hombres heridos sin que bebieran una sola gota. Es la preferencia.
‘Deja que yo muera para que él pueda vivir’.
Pero estas personas que se ciñen la dinamita atándola
alrededor de esas puras y engañadas barrigas jóvenes,
representan la cínica abolición de los valores Musulmanes.
No. Los que los convencen no morirán, que muera la siguiente
generación. Que vivan los perversos mayores. No creen en
la batalla. No luchan. No creen en el futuro. Lo han enviado a la
muerte. No creen en Allah. No confían en Su Misericordia.
Allah el Excelso dice en la Surat al-Ma’ida (5: 11):
“¡Vosotros que creéis! Recordad las bendiciones
de Allah para con vosotros, cuando algunos pretendían alargar
sus manos contra vosotros y Él las apartó. Y temed
a Allah y que en Allah se confíen los creyentes”.
En Ruh al-Ma’ani esta aleya se comenta de la siguiente
manera:
“… es una indicación de lo que más de
uno tomó de Yabir. Este contó que el Mensajero, a
quien Allah bendiga y conceda paz, se detuvo en un lugar para descansar
mientras la gente se dispersaba buscando una sombra bajo los árboles.
El Mensajero colgó su arma de un árbol; y entonces
apareció un beduino que se apoderó de su espada. Se
puso frente al Mensajero, a quien Allah bendiga y conceda paz, y
apuntándole con la espada dijo: ‘¿Quién
te va a proteger de mí?’
El Mensajero, a quien Allah bendiga y conceda paz, respondió:
“¡Allah!” El beduino repitió la pregunta
dos y tres veces y la respuesta siempre fue: “¡Allah!”
Al fin, el beduino retiró al espada. El Mensajero llamó
entonces a sus Compañeros y les contó lo que había
hecho el beduino que estaba sentado a su lado y a quien decidió
no castigar”.
Los rasgos característicos de esas bombas-suicidas –sus
líderes, su brazo militar, las víctimas jóvenes
e impotentes– es que son la antítesis del Islam, un
antiislam. Lleno de odio. Lleno de miedo. Lleno de peligro y amenazas.
Sin esperanza. Sin Tawakkul. Sin Imán.
Sin ‘Ibada. Sin hombres. Sin Yˆama’at.
Sin Emir. ¡Nada! Nihilismo, el hijo bastardo del capitalismo.
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Nota: Los terroristas Ismaelitas estaban dirigidos
por un líder oculto que vivía en las montañas
donde sus seguidores adiestraban a los jóvenes para participar
en proyectos asesinos con la promesa del Jardín y sus Huríes.
Cuando eran matados, se les enterraba en “Cementerios de Mártires”
especiales con dibujos de sus rostros en las lápidas. Al
grupo siguiente de terroristas se les enviaba, como parte
de su entrenamiento, a meditar, sentados entre las tumbas, sobre
su inminente inmolación. Al líder se le llamaba ‘El
Anciano de las Montañas’. Sus enemigos eran los cristianos
y los dirigentes Musulmanes. Y cuando la gente parecía haber
llevado el Terror a sus límites más extremos, la Secta
declaraba entonces que había llegado la hora de un nuevo
régimen. Abolieron la Shari’at Islámica;
y esta Nueva Tolerancia permitió que lo haram se hiciese
halal y declararon que todas las religiones eran idénticas.
Dicho con otras palabras: el credo Ismaelita
contempla el Terrorismo, no como el preludio de un Estado Islámico,
sino que es más bien un elemento de liberación que
permite la llegada de un futuro post-religioso, y en consecuencia
para ellos, post-Islámico. Un mundo postrero en el que ya
nada importa.
Pedimos la protección de Allah, el Poderoso, el más
Grande.
Allah el Excelso declara en la Surat al-Ma’un (107:
1-3)
“En el nombre de Allah, el Misericordioso, el Compasivo. ¿Has
visto a quien niega la Rendición de Cuentas? Ese es el que
desprecia al huérfano. Y no exhorta a dar de comer al mendigo”.
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