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DEMOCRACIA – LA TERRIBLE VERDAD
por Shayj Dr. Abdalqadir As-Sufi
En 1945, mientras observaba a Clement Attlee, el nuevo Primer Ministro
socialista, Winston Churchill declaró: “Mr. Attlee
es un hombre muy modesto --¡Y tiene muchas razones para serlo!”
Al oír que Reagan iba ser nombrado gobernador de California,
Jack Kennedy dijo: “¡No, no! John Wayne de gobernador
y Ronald Reagan de Mejor Amigo!”
Cuando recibieron la noticia de la muerte del Presidente Calvin
Coolidge en la famosa Mesa Redonda de Intelectuales Americanos del
Hotel Algonquin, Dorothy Parker dijo con voz cansada y cínica:
“¿Cómo pudieron darse cuenta?”
A partir de mediados del siglo XX, justo después de la Segunda
Guerra Mundial, y para una pequeña e iluminada minoría
–ya que la educación de masas sólo produce idiotas—la
Democracia era cosa de broma, incluso para su elite política.
Hoy en día, al comienzo del siglo XXI, con el capitalismo
en la plenitud de su última fase expansionista impulsada
por 24 horas al día de comercio electrónico en papel
y por dinero de destellos electrónicos, la Democracia ya
no es un chiste.
Debe recordarse que la adulación y ensalzamiento de la Democracia
es un asunto relativamente nuevo. La promoción de “ser
una cosa buena” a ser algo necesario, ha evolucionado de forma
paralela al surgimiento del sistema económico capitalista;
este sistema, que comenzó siendo una hegemonía de
propiedades y proyectos privados, se ha convertido ahora en una
red totalitaria de tal magnitud que, desde la compra de acciones
de una gran corporación a la mera suscripción a una
revista, o la compra de una entrada para un partido de fútbol,
engloba el nexo social a escala mundial.
La salida de su cueva del dragón de la Democracia puede identificarse
históricamente con la decapitación de tres monarcas
europeos. La primera, fue la decapitación de Mary, Reina
de los Escoceses, no a manos de su enemiga personal, la Reina Elizabeth
de Inglaterra, tal y como se enseña en las escuelas de educación
de masas, sino la perpetrada por David Cecil, cuya acaudalada familia,
junto con otras pocas más, gobernaban Inglaterra. Era una
aristocracia basada en la tierra que había arrebatado el
poder al perturbado Rey Henry VIII; éste a su vez, había
provocado un cambio en el equilibrio del poder al saquear los monasterios.
Su errónea generosidad con las grandes Casas de Inglaterra
puso fin a la autoridad monárquica ejercida de forma personal.
La segunda decapitación que indica la profunda grieta sísmica
política, fue la de Charles I. Una vez más, en la
mitología que se enseña a las masas, fue ejecutado
por su convicción irracional de que la autoridad personal
le permitía proteger a los pobres y las tierras comunales
frente a la ambición y el poder de la aristocracia terrateniente.
Todo a lo largo de este asunto llamado el establecimiento de la
Democracia, tenemos que acostumbrarnos a ser dictatorialmente informados
de que la llegada de la Democracia es justa y racional. Y por supuesto
que, en nombre de la razón, todas las doctrinas políticas
que la rodean deben entenderse como indicando justo lo opuesto.
Para aquellos interesados en estudiar con detalle la importante
cuestión de la decapitación Carolina, les remito a
la obra maestra de Kevin Sharpe “The Personal Rule of Charles
I” (Yale).
Otro aspecto del mito de la “modernidad” emergente,
es afirmar que Charles I había derrochado su riqueza, pero
que fue derrotado en una Guerra Civil por la gente del pueblo liderada
por un hombre del pueblo. Esto, por supuesto, es una estupidez.
Tal y como indica Belloc, Cromwell no sólo era un millonario
en la acepción moderna del término, sino que pertenecía
precisamente a una de las familias recompensadas que se habían
enriquecido gracias a la abolición del cristianismo en toda
Inglaterra.
El tercer estadio de la ejecución, el más conocido,
fue el de Louis XIV, seguido por la vergonzosa decapitación
de Marie Antoinette. En los debates minuciosamente documentados
de la Asamblea Francesa anteriores al juicio del Rey, aparecen continuas
referencias a la muerte de Charles I.
A cada nuevo paso de esta retirada del gobierno personal como concepto
fundamental del poder, podemos reconocer el surgimiento de un nuevo
sistema de poder basado en dos elementos conectados: uno, el reconocimiento
estatal de las instituciones bancarias, y dos, el alejamiento progresivo
de la moneda de valor real (oro y plata) para ir hacia las notas
promisorias como instrumentos de intercambio. La Commonwealth de
Cromwell vio la fundación del Banco de Inglaterra. La transformación
social de la Revolución Francesa estuvo fundamentada en la
introducción de los Assignats, una nota promisoria de papel
que iba a utilizarse como moneda. Es importante constatar que desde
ya desde el inicio, la emisión de este dinero falso carecía
de respaldo colateral. Cuando el Noroeste Atlántico francés
se alzó contra la Revolución, en un movimiento que
aunaba aristócratas, sacerdotes y campesinos, su Manifesto
recogía los siguientes principios fundamentales:
1. Restauración de la autoridad monárquica personal.
2. Libertad absoluta de religión.
3. Retirada de los Assignats y la reintroducción de las monedas
de oro.
La primera cláusula del Manifesto, por supuesto, significaba
la abolición de la Constitución.
El abstracto instrumento de la Constitución es lo que niega
de forma categórica la norma que había existido en
todo lugar a lo largo de la historia: la autoridad en manos de una
persona. El poder se investía ahora en un sistema estructural
que era totalitario y carente de imperativos morales al haber, por
definición, acabado con la religión para reemplazarla
con el mito de la auto-adoración, es decir, el humanismo
como ideología y el consumismo en su más amarga y
descarnada realidad.
En esta anarquía en que vivimos, que ha contemplado la abolición
absoluta del sistema de Derecho Internacional establecido tras la
derrota militar de Napoleón, es cuando podemos comprender
la magnitud del engaño que ha sido infligido, con su sistema
democrático, a las masas confusas e ignorantes de un planeta
que se ve reducido al estatus de zona de desastre ecológico.
A pesar de la derrota militar de Napoleón, ese momento fue
una fase crucial en ese engaño evolutivo que logró
convencer a la especie humana de que ahora ya podía escoger
su propio gobierno. La Commonwealth de Cromwell, en realidad una
dictadura, resurgió como el imperio napoleónico, en
realidad el modelo babilónico del Estado democrático
moderno. Y así fue como, también Napoleón,
creó el Banco de Francia.
En la Europa que siguió, la oligarquía inglesa surge
y comienza a forjar un imperio mundial. Durante los 60 años
del reinado de la Reina Victoria, no hubo un solo año en
el que el ejército inglés no estuviese involucrado
en alguna guerra, masacrando las poblaciones civiles, y apoderándose
de tierras y propiedades, al tiempo que justificaba esta rapaz actividad
con la excusa de traer la civilización, algo que cada vez
significaba más esta fantasía humanista llamada Democracia.
No debe olvidarse que el siglo XIX y parte del XX estuvieron marcados
en Inglaterra por esa pobreza y degradación devastadora tan
bien descrita por Charles Dickens en sus historias de hambrunas
urbanas y explotación infantil. El gran crítico social
escocés Thomas Carlyle, denunció el sistema capitalista
con una fuerza que reverberó en Rusia con Tolstoy y en América
con Emerson. Una medida de la terrible situación en la que
nos encontramos, es el consentimiento total ante las iniquidades
mucho mayores de nuestros días, en las que la pobreza de
Africa y la bancarrota de Sudamérica sólo reciben
el pasivo sentimentalismo de los grupos de rock en los Conciertos
de Ayuda.
La expansión de los míticos poderes de auto-gobierno
europeos, produjeron un desastre global. La expropiación
y la masacre continuaron. Uno de mis antepasados, el Teniente Coronel
George Frederick Dallas, empleó la mitad de su carrera militar
luchando en la Guerra de Crimea, y la segunda en la India ocupada
por Inglaterra. Una parte ineludible del sistema democrático,
ha sido siempre el uso del elemento más pobre e indefenso
de la ciudadanía para morir por los oligarcas; esto siempre
causa menos presión que si las víctimas son de la
misma madre patria. Durante más de siglo y medio, la “Democracia”
inglesa lanzó la flor de la juventud escocesa a las bocas
de los cañones, del mismo modo que hoy en día los
EE.UU. mandan a los Negros Americanos.
Durante dos Guerras Mundiales, los regimientos escoceses fueron
enviados a la muerte en los frentes de batalla, ya fuera Birmania,
Gallipoli o el Frente Occidental. Los Gordon Highlanders, los Seaforth
Highlanders, los Argyll y Sutherland Highlanders, los Cameron Highlanders
y el famoso Black Watch, fueron vestidos con sus kilts hacia la
muerte en cientos de miles. No hay pueblo en Escocia que no tenga
un Monumento a los Caídos. En 1940, y aunque la caída
de Francia era inevitable, Churchill decidió, desoyendo los
consejos militares, retener a la Highland Division cuando los ingleses
ya se habían retirado en Dunkerke. Durante doce días
la Highland Division consiguió detener a los Panzers de Rommel
en una lucha sin cuartel. Siguieron resistiendo sin comer ni dormir,
y al final ni siquiera municiones, hasta que fueron obligados a
rendirse. Los sobrevivientes fueron hechos prisioneros durante cinco
años.
Esto no es historia. Lo que estamos haciendo es tratar de comprender
lo que está sucediendo en estos momentos. En este mismo instante,
la Black Watch está siendo bombardeada y masacrada en un
proceso, que como acabo de demostrar, ocurre desde hace décadas.
Conforme se hace más poderoso el sistema que impulsa esta
continua masacre, es inevitable que los que perpetran este crimen
se hagan cada vez peores, cada vez más débiles y más
desvergonzados.
Las implicaciones de nuestro análisis desvelan el elemento
más pernicioso del sistema democrático. Con respecto
a este tema, hay dos citas relevantes de la época de la Primera
Guerra Mundial. El Mariscal Foch del ejército francés
declaraba con amargura: “Hemos dejado atrás las Guerra
de los Reyes cuando el Rey marchaba a la cabeza de su ejército;
de esa manera, aunque las guerras fuesen largas las bajas eran pocas.
Ahora entramos la era de las Guerras del Pueblo, donde los ciudadanos
participan en millones y los políticos las dirigen desde
la seguridad de sus hogares”. Clemenceau, el Primer Ministro
francés, declaraba con arrogancia: “La guerra es demasiado
importante como para dejarla en manos de los militares”.
Ahora las guerras las declaran los políticos, las combaten
las masas que mueren en grandes cantidades y luego, cuando el continuo
desgaste ha consumido la energía humana, los políticos,
todavía vivos, vuelven a la mesa de negociaciones. Graydon
Carter, un periodista americano, ha señalado que ninguno
de los miembros del Gabinete de Guerra del Presidente había
estado en el servicio activo; esto significa Wolfowitz, Rumsfeld
y Bush. La excepción era Colin Powell, el único que
se oponía a la guerra contra Iraq.
Es difícil decidir que es más repugnante y más
ofensivo –la asombrosa falta de sensibilidad con la que el
Primer Ministro inglés confronta la carnicería que
ha autorizado, o la extraña realidad de no ser consciente
de lo cobarde e inseguro de sus gestos y lenguaje. Una muestra del
triunfo del control que los medios de comunicación ejercen
sobre las masas incultas, fue que la aparición en un portaaviones
del enano Presidente Americano vestido con todo el equipo “Top
Gun”, no provocara la mofa internacional; nadie pareció
observar que el mismo día que anunciaba el fin de las hostilidades
en Iraq fuese el día en que comenzó el conflicto.
Un sistema político que se ha declarado abiertamente como
proyecto militarista y que alardea de que se industria principal
es la del armamento, debe sin duda insistir en que sus dirigentes
están activamente presentes en los frentes de sus zonas de
guerra. Según la Constitución Americana, el Presidente
también es el Jefe del Ejército. En el momento más
crucial del espantoso asedio a Stalingrado, el general alemán
envió un telegrama a Adolf Hitler, a su residencia de los
Alpes Bávaros. Decía: “¡Yo estoy aquí!
¿Y usted, dónde está?” Recuérdese
que Hitler era un líder popular elegido por un electorado
entusiasta. ¿Acaso no deberían enviar el mismo mensaje
a sus líderes democráticos los héroes de la
Black Wacht y del Cuerpo de Marines de los EE.UU.?
En caso de que alguien tenga dudas y piense que la Democracia representa
la civilización y que en las zonas devastadas por la pobreza
residen los bárbaros, debo repetir que el objetivo de la
Democracia es tu propia esclavitud y destrucción, motivo
por el cual los políticos democráticos animan al electorado
prometiendo que el éxito y la felicidad están en el
futuro. Los dos candidatos presidenciales a las últimas elecciones
de los EE.UU., declaraban: “¡Nuestros mejores días
están por llegar! ¡Lo mejor aún no ha sucedido!”.
Resumiendo: “Os hemos dado un siglo de masacres con millones
de víctimas, con unas armas de destrucción masiva
que devastaron Dresden, una de las joyas de la civilización
europea, en una noche en la que llovían las bombas incendiarias,
además de otras dos grandes ciudades, Hiroshima y Nagasaki,
arrasadas en un fogonazo deslumbrante”.
La semana pasada, en un programa de televisión de una hora
en un canal europeo, un panel de expertos emitía un informe
que dejo boquiabierta a la audiencia más joven que trataba
de digerir la información. Era la primera vez que este asunto
se trataba en el ámbito del discurso público --¡la
primera!. El informe decía que durante la Segunda Guerra
Mundial, los americanos y los ingleses habían arrojado más
de dos millones de toneladas de bombas sobre el territorio francés.
Un porcentaje sorprendente de las mismas, casi la mitad, no había
logrado estallar y estaban esparcidas por toda Francia, tan peligrosas
y letales como el día en que fueron arrojadas por primera
vez. A pesar de que los protocolos ordenan lo contrario, las bombas
y las minas se hacen explotar por docenas en las costas de Francia.
Cada día se reciben 20 ó 30 alarmas telefónicas
de municiones sin explotar en los campos y ciudades francesas. Este
año en Brest, dos mil personas tuvieron que ser evacuadas
de sus hogares mientras se desmantelaba una bomba WW2 que pesaba
110 kgs. Una organización que se dedica a la neutralización
de tales bombas ha perdido doce de sus expertos en los últimos
años.
Si se considera además, que a lo largo de la frontera franco-alemana,
en el territorio ocupado por la guerra de las trincheras, hay también
una enorme cantidad de proyectiles y explosivos, la conclusión
es que la cantidad de armamento sin detonar es casi incalculable.
Instrumentos que contienen gas mostaza siguen explotando y descubriéndose
en los campos de Flandes. Sólo en un lago francés,
se ha calculado que existen miles de toneladas de armas sin explotar.
Se está construyendo en Francia una fábrica para disponer
de este armamento; su finalización está prevista para
el año 2009. Se espera que pueda gestionar 20 toneladas de
armamento cada año. Un experto comentaba: “Habrá
que esperar seis siglos antes de que Francia sea segura para sus
ciudadanos y sus hijos”. Esta continuada carnicería,
resultado de esas dos grandes convulsiones suicidas, es el verdadero
rostro de la Democracia.
Esto es lo que hoy sucede en Iraq. Es lo que ya ha sucedido en Afganistán.
Este es el sistema político que sembró de minas antipersonas
el territorio entero del Kosovo musulmán en una pretendida
guerra contra los serbios. Afganistán ya tiene Democracia.
Sus escuelas religiosas se están cerrando. Un presidente
títere ocupa su lugar. Su primera declaración política,
hablando de la “libertad” que representaba su gobierno,
fue decir: “Estoy orgulloso de anunciar que Coca-Cola ha abierto
su primera fábrica en Afganistán”. Faluya ha
sido arrasada. Esto es lo que se llama “hacer el mundo seguro
para la Democracia”. Se calcula que, en esta ciudad, la mitad
de la población son refugiados y que la otra mitad ha sido
dividida por la mitad en la masacre causada por los bombardeos.
La amarga lección en todo esto, es que las doctrinas del
humanismo y el ateísmo han sido construidas para saquear
las riquezas de la tierra y despojar a sus gentes de todas sus posesiones,
incluida la última brizna de hierba que crece de forma natural;
el resultado final es dejar el mundo en manos de las trescientas
personas más ricas que jamás han existido en la historia,
responsables ante nadie y despreciando a todo el mundo. Quizás
el escándalo mayor es que ni siquiera conocemos sus nombres.
Conocemos sin embargo sus instituciones –son el Banco Mundial
y el FMI, son un puñado de super bancos y una red mundial
de bancos normales; y las cadenas de esta esclavitud son el papel
moneda, las tarjetas de plástico y una serie gigantesca de
configuraciones financieras que orbitan sobre nuestras cabezas de
satélite a satélite en un sistema único de
control totalitario.
Ahora es cuando se puede establecer una fórmula de la Democracia:
DEMOCRACIA:
TESIS: --HOMICIDIOS MASIVOS
ANTITESIS: --EXPROPIACION
SINTESIS: --EXCLAVITUD MASIVA.
Esta
es la razón de que tanta gente pensante de nuestra época
sea nihilista; al enfrentarse a todo esto, el nihilismo es la única
respuesta racional. Este nihilismo ha llegado incluso a invadir
a los pueblos musulmanes quienes, a pesar de la prohibición
expresa de la Ley, se suicidan en un gesto quijotesco para destruir
con su inmolación unos pocos enemigos.
Pero esta no es la visión de los musulmanes. Esta no es la
enseñanza del Islam. Las masas del mundo actual están
en el maqam de “La ilaha”. Con ello se abre un camino
o se acaba con la gente en la autodestrucción. Al abrir Allah
para la gente de este planeta el camino hacia la conclusión
de una sabiduría ya obtenida, pueden pasar de “La ilaha”
a “La ilaha illa’llah”. Y lo que esto significa
es el abrazo apasionado de esa gran verdad que son las Buenas Noticias
para toda la raza humana.

“En verdad que os ha llegado un Mensajero salido de vosotros
mismos;
es penoso para él que sufráis algún mal,
está empeñado en vosotros
y con los creyentes es benévolo y compasivo”.
(9: 129)
Esto
es un nuevo comienzo para la gran nación musulmana, y una
de nuestras primeras tareas es hacer da’wa a los pueblos árabes.
El pueblo palestino ya no puede eludir la amarga verdad: jamás
se le ha enseñado el Islam, puesto que el mundo entero pudo
ver que ni siquiera sabían cómo enterrar a su líder
según, no sólo los ritos del Din, sino de acuerdo
con su adab sobrio y dignificado. Basados en lo mismo, ha llegado
el momento de hacer da’wa al pueblo americano. No debe olvidarse
que aquéllos que niegan a Allah, tal y como he indicado,
están a un paso de confirmar el Islam. Los que deben ser
advertidos de la majestad de Allah son los mushriks que adoran a
un ídolo. Con esto me refiero a los cristianos evangélicos
que han involucrado a su nación, en contra de su voluntad,
en una mortífera alianza con las aspiraciones de Sión.
Para los ateos post-cristianos y post-judíos, las puertas
se abren de par en par hacia la luz del Islam. Y Europa ya es nuestra.
No sólo el futuro, sino también el presente del continente
está ya en nuestras manos. Allah, glorificado sea, declara
en la Sura de la Ciudad:

“En el nombre de Allah, el Misericordioso, el Compasivo.
¡Juro por esta ciudad!
Y tú resides en esta ciudad.
Y por un padre y lo que ha engendrado.
Que hemos creado al hombre en penalidad.
Se cree que nadie tiene poder sobre él.
Dice: He disipado grandes riquezas.
¿Cree que nadie lo ha visto?
¿Acaso no le hemos dado dos ojos, una lengua y dos labios?
¿Y no le hemos enseñado las dos vías?
Sin embargo no ha emprendido la cuesta.
¿Y cómo hacerte saber qué es la cuesta?
Es liberar a un siervo o alimentar en un día de necesidad
a un pariente huérfano o a un mendigo polvoriento.
Y es ser de los que creen, se aconsejan la paciencia
y se aconsejan la piedad.
Esos son los compañeros de la derecha.
Pero los que se niegan a creer en Nuestros signos,
ésos son los compañeros de la izquierda.
Sobre ellos habrá un fuego cerrado”. (90: 1-20)
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