Allah
el Excelso dice en la Surat Luqman:

“Hay hombres que
compran palabras frívolas para extraviar del camino
de Allah sin conocimiento y para burlarse.Esos tendrán
un castigo infame”. (31: 6)
Hace unas pocas semanas,
un grupo de dirigentes europeos se reunían en Bruselas
para analizar la situación que ha causado el desastroso
colapso de las aventuras militares en Iraq y Afganistán.
En las reuniones se manifestó una inquietud motivada
por el sorprendente (para ellos) y creciente número
de gente que en Europa está entrando en el Din del
Islam. Otra de sus preocupaciones era darse cuenta de una
progresiva unidad y coherencia en el discurso de los musulmanes
al pedir que se ponga fin a una actitud que parece propiciar
e incluso alentar ataques contra el Islam. Los dogmas del
cristianismo católico han colapsado ante la avalancha
de denuncias contra sacerdotes pedófilos, la práctica
abolición del matrimonio, paralela al divorcio fácil
y las crueles doctrinas sobre el aborto y los anticonceptivos.
Para distraer la atención de estas cuestiones, el
Papa decidió granjearse el favor de sus acreedores
banqueros atacando el Islam. En las reuniones de Bruselas
se decidió que un objetivo perfecto y fácil
con el que humillar a los musulmanes y minar su ánimo
era atacar el, así llamado, “velo Islámico”.
Esto tenía la ventaja añadida de alentar la
fantasía que consiste en suponer que las mujeres ateas
de Europa son “libres”, “modernas” y
en absoluto oprimidas.
En primer lugar tenemos que fijarnos
en quién dirige el baile y luego, en quién,
dentro de nuestra Comunidad Musulmana, es responsable
de llevarnos a esta posición tan absurda. La persona
que lo empezó, alguien que sólo actúa
siguiendo órdenes, era el antiguo Ministro de
Asuntos Exteriores de Inglaterra cuya familia adoptó el
nombre inglés de Straw. Los logros de este personaje
merecen en la historia una mera nota a pié de
página.
La única relación que he descubierto de
sus actividades aparece en el importante libro de Bob
Woodward titulado “State of Denial: Bush at War,
Part III”.
El autor nos dice que la Ministro de Asuntos Exteriores
de los EE.UU., Condoleezza Rice, salió en su avión
de Inglaterra con destino Iraq, el 2 de Abril del 2006;
la acompañaba Jack Straw. Durante el viaje Straw
se mareó.
Y éste permitió que durante la noche que
duró el
viaje, Rice le dejara utilizar la única cama plegable
del avión haciendo que ella se tumbara en el suelo
junto a las carteras de los documentos secretos. Esta
es la clase de hombre que es. Si obliga a una mujer que
ocupa una posición tan elevada en un país
aliado, ¿qué posibilidades
puede tener una pobre chica de Hackney que aparece metida
en un saco negro? El hijo de Straw fue detenido por la
policía
acusado de posesión de drogas, pero si reflexionamos
sobre el tema, es posible que fuera una elección
moral más elevada que la de ir al hogar familiar.
Cesado
en su cargo por un Blair que le acusó de deslealtad
y de lo que llamó “andar a tientas”,
fue enviado a pastar, aunque no la misma clase de hierba
que usaba su hijo. Y cuando Straw volvió a su
distrito electoral, lo primero que hizo fue lanzar la
primera andanada anti-musulmana. En el despacho de su
distrito, pidió a
una mujer que se quitara el velo, en este caso particular
del tipo que sólo muestra una pequeña ranura
para los ojos. Straw dijo que no podría comunicarse
con ella a no ser que pudiera verle la cara. Esto puede
ser razón más que suficiente para explicar
su fracaso como Ministro de Asuntos Exteriores, ya que
la mayor parte de su importante trabajo se hacía
sin duda por teléfono
--¿O acaso exigía vídeo conferencias?
Esta,
así llamada, importante cuestión fue rápidamente
difundida por la cadena de televisión Sky, cuyo
personal suele pasar sus vacaciones a orillas del Mar
Muerto. En un período de tiempo asombrosamente
corto, la cadena de TV entrevistaba a un personaje más
que deleznable, Lord Jenner o Jennings, un sionista muy
activo de alta graduación.
Afortunadamente para nosotros, y en palabras de Laclos: “Su
alma está reflejada en su cara”. El Lord
dijo con el mayor descaro: “¿Qué pasaría
si introdujéramos las reglas de la Biblia en la
sociedad de nuestros días?” ¡Por supuesto!
Aquí es
donde reside el dilema de los judíos que, con
toda la razón, no tienen la menor intención
de ponerlo en práctica. Para culminar la naturaleza
europea del acontecimiento, el Primer Ministro italiano,
Prodi, entró en
liza justo cuando volvía, sin duda alguna, de
una reunión con el “Fondo Vaticano para
las Viudas y los Huérfanos de los Sacerdotes Célibes”.
A pesar de mostrar su indignación ante esta afrenta
al género femenino, no mencionó en absoluto
a las 30.000 mujeres llevadas como prostitutas para atender
a los aburridos espectadores del Campeonato Mundial de
Fútbol.
Ni tampoco dijo nada de la propuesta del gobierno alemán
para la creación de un sindicato para las prostitutas,
justo ahora cuando Francia y Alemania están desmantelando
los sindicatos de otros trabajadores.
Mientras tanto,
nosotros, los musulmanes de Europa, no sólo nos
negamos a entrar en esta discusión sino que despreciamos
a esos ruines políticos y agentes mediáticos
que prefieren atacarnos en vez de enfrentarse a nihilismo
moral en el que está sumido la Europa de nuestros
días. Pero
sin embargo y al mismo tiempo tenemos que aclarar la
postura de nuestra propia Comunidad y la forma en la
que confronta este grave Fara’id.
Vamos a empezar
con la joven a la que se pidió desvestirse en
el despacho de Straw. Si ella estaba convencida, o lo
había sido, de que
en su vestimenta era necesario mostrar una sola ranura
a la altura de sus ojos –si eso era lo exigido,
lo que debemos empezar preguntando es ¿qué demonios
estaba haciendo en ese lugar? ¿Dónde estaba
su marido? ¿Cuál era su objetivo? ¿Estaba
quizás flirteando? Desde un punto de vista legal,
la pregunta, por embarazosa que parezca, es del todo
válida. ¿Cómo
puedes llevar lo que consideras ser una vestimenta de
pureza y luego actuar de manera que sugiere y posibilita
la impureza?
Lo que siempre ocurre, no sólo ahora
sino a lo largo de los tiempos, es que cuando los hombres
eluden sus responsabilidades políticas y fiduciarias,
ocultan la cuestión
creando un puritanismo falso. Es más fácil
disciplinar a las mujeres que enfrentarse a los tiranos,
ya sean sociales o económicos. Este puritanismo
ha sido la impronta del, así llamado, movimiento
modernista y su identificación más escandalosa
se da en ese zona de siniestro total humanitario que
se llama Palestina. En este lugar, el Din del Islam tal
y como ha sido siempre entendido, ha sufrido una erosión
lenta y progresiva que le ha hecho cambiar y descender
desde una postura Shafi’i
y Maliki fuerte y saludable al corroído código
de valores de la Hermandad Musulmana, para luego acabar
en los sótanos del Shi’ismo y la aceptación
de la pervertida práctica Ismailita. En las recientes
elecciones, las mujeres de Hamas se vestían el
lunes con velos y vestidos hasta los pies de riguroso
color negro, para aparecer el martes con un uniforme
misterioso cuya culminación
era un pañuelo en la cabeza que cubrían
con una gorra de béisbol americana, una evocación
manifiesta de las mujeres de Libia cuyas ropas están
diseñadas por Gaddafi, el Armani libanés.
Según
la opinión unánime de nuestros fuqaha,
lo que ha sido declarado Haram es Haram y lo que es Halal
es Halal. Ahora bien, el din del Islam no está en
realidad basado en una serie de juicios cuyo resultado
es el castigo o el perdón o, de igual manera,
una recompensa económica.
Esto que es difícil de entender para los kuffar,
tiene que ser comprendido por los musulmanes –la
Shari’a
y sus juicios se apoyan en un nexo social subyacente
formado por lo que los musulmanes acordamos como conducta
elogiable o censurable. Lo que previene la acción
incorrecta en primer lugar no es la posibilidad del castigo
que contempla la ley, sino la desaprobación y
el rechazo social por parte de nuestros iguales. Este
entramado de censura o aceptación social produce
un patrón de conducta
que es armonioso, justo y cordial. Esto es lo que llamamos
Sunna. Y las sunnas están ancladas en su lugar
mediante los Fara’id, lo obligatorio.
Es importante
comprender que el Islam solo existe cuando hay ‘Amr.
Si se proclama un Fatwa, hay que ejecutar un Hukm. La
ejecución del
Hukm solo puede ser autorizada por el ‘Amr. El
Islam, lo que nuestros enemigos han decidido ahora calificar
de “Islam
Sunni”, un término que antes era honorable
pero que ahora se utiliza para sugerir que el Din está dividido
en dos, no puede actuar al completo sin nuestro propio
gobierno y nuestro propio dirigente. La imposibilidad
de ejecutar el Hukm es una cuestión de suma importancia,
y la restauración de nuestro liderazgo debe ser
el objetivo que nos une.
Una vez entendido ésto,
la preocupación
más seria y grave de los musulmanes es descubrir
cuál
es la naturaleza del mecanismo que impide el Hukm. La
claridad de los fara’id y su obediencia, iluminarán
las sunnas y las establecerán.
Si los hombres musulmanes
actúan de forma extrema en su severidad con la
mujer, significa que se han relajado en el cumplimiento
de sus obligaciones. El mecanismo que devolverá el
poder a la Comunidad Musulmana es la restauración
del Fard del Zakat. La restauración del Fard del
Zakat exige que se pague con el Dinar de oro y el Dirham
de plata, tal y como ordena el Corán, fue la práctica
del Mensajero, a quien Allah bendiga y conceda paz, y
la de la gente de Madinah. Este asunto es de tal importancia
que exige un Fatwa extenso y comprensivo. Para lograr
este objetivo hemos pedido al faqih más destacado
de nuestra época, en lo
que respecta a las cuestiones relacionadas con el Zakat
y las prácticas comerciales halales basadas en
el ‘Amal
de la Gente de Madinah, que nos dé un Fatwa definitivo
sobre las prácticas bancarias.
Inspirados por este
Fatwa, que pronto aparecerá en la página
web de Umar Pasha, www.umarpasha.com,
donde puede dirigirse todo aquel que quiera ampliar la
directrices sobre esta cuestión, y una vez establecida
esta importante prioridad, es cuando podemos examinar
la visión correcta
del tema que nos ocupa.
En la Surat an-Nur es donde encontramos
el texto definitivo:

“Di a los creyentes que bajen
la mirada y guarden sus partes privadas, eso es más
puro para ellos. Es cierto que Allah sabe perfectamente
lo que hacen. Y di a las creyentes que bajen la mirada
y guarden sus partes privadas, y que no muestren sus
atractivos excepto lo que se muestra normalmente; y que
se dejen caer el tocado sobre el pecho”. (24: 30-31)
Lo
primero que debemos observar en estas dos aleyas, es
que ambas comienzan de la misma manera: Allah el Excelso,
instruye al Mensajero, a quien Allah bendiga y conceda
paz, de la siguiente manera:

“Di
a los creyentes…”

“Y di a las creyentes…”
Esto
indica que es una Sunna fuerte, ordenada por la Divinidad.
Pero no es una ley que conlleva un castigo o una recompensa.
Lo
importante para nosotros es fijarnos en la segunda aleya
que declara: “…excepto lo que se muestra
normalmente…”
En
Ibn ‘Atiyya descubrimos que relata una situación
en la que Asma bint Abu Bakr estaba con su hermana ‘A’isha,
que Allah esté complacido con ella, cuando entró en
la habitación el Mensajero, a quien Allah bendiga
y conceda paz. Cuando su esposa ‘A’isha
preguntó por
la corrección del vestido de su hermana, el Profeta
indicó que ella debería cubrirse excepto –e
indicó las manos y la cara. Esto nos permite decir
que el Mensajero, a quien Allah bendiga y conceda paz,
dio una indicación de la modestia a la hora de
cubrirse de acuerdo con la exigencia coránica
de “…excepto
lo que se muestra normalmente…”. Nos permite
decir también que tapar el rostro no es una práctica
islámica sino que, y esto ya es más serio,
un desafío a la indicación de nuestro Mensajero,
a quien Allah bendiga y conceda paz.
La Comunidad Musulmana
no puede dejarse arrastrar a una lucha frívola
e inútil
propiciada por hombres y mujeres que, para empezar, ni
siquiera saben lo que es el Din del Islam.
Allah el Excelso
ha declarado en la Surat al ‘Imran:

“Di: Obedeced
a Allah y al Mensajero pero si os apartáis...
Ciertamente Allah no ama a los incrédulos”.
(3: 32)