glosario de terminología islámica pensamiento

DISCURSO SOBRE TAWHID
por Shayj Dr. Abdalqadir As-Sufi

Queremos estudiar la cuestión del tawhid para que podáis tener un conocimiento profundo de lo que es; el tawhid es el fundamento de nuestro Din y de la tariqa de la gente que desea el conocimiento de Allah, subhanahu wa ta’ala. La declaración de tawhid se encuentra en la Surat Ali ‘Imran:

“Allah atestigua que no hay dios sino Él, así como los ángeles
y los dotados de conocimiento, rigiendo Su creación con equidad”.
(3: 18)

Aquí se puede ver la importancia del tema –esta afirmación de la unicidad de Allah, subhanahu wa ta’ala, está confirmada por los ángeles y por la gente de conocimiento que imparte la justicia. La gente de conocimiento, la prueba de que son gente de conocimiento, es que imparten la justicia. Esto bien puede relacionarse con la época en la que vivimos: la gente que se llaman ‘ulama no imparten la justicia, no dicen nada. En cierta ocasión dije que la prueba de que un hombre estaba enseñando el Din correcto en la Ka’ba, es que no podría tan siquiera empezar sin ser detenido. A no ser que esté impartiendo justicia, a no ser que declare cuál es el comportamiento correcto de los seres humanos que han aceptado este Din, no es uno de los que comprenden o saben qué es tawhid, no digamos ya enseñar tawhid. “No hay dios sino Él, el Inigualable, el Sabio”. (3: 18). Lo que, con respecto a este tema, han enseñado y pensado los ‘ulama y los muhaqqiqun es correcto. Cualquier otro hal o maqam que proceda de algo que no sea esta afirmación, tiene defectos serios.

Primera parte

El tawhid tiene tres aspectos. El primero es el de la gente común. Está fundamentado en el testimonio, la Shahada –Ash-hadu an la ilaha illa’llah wa ash-hadu anna Muhammadan Rasulullah. El segundo aspecto del tawhid es el de la élite, jass, y se fundamenta en realidades. Esta fundamentado en haqa’iq. Dicho con otras palabras, la gente de la élite son la gente de conocimiento que tiene aperturas lillahi, procedentes de Allah –‘Ilm al-laduni—un conocimiento que procede directamente de Allah y les otorga una comprensión más elevada del tawhid. A esta gente se le llama jass, la élite. Los sufis dividen a la gente en tres grupos –la gente común, la élite, y la élite de la élite. El tercer aspecto del tawhid es el de jass al-jass, la élite de la élite, y su conocimiento está fundamentado en la Pre-existencia. Está fundamentado en lo que había antes de que la existencia llegara a ser, en la realidad pura y absoluta de Allah, subhanahu wa ta’ala. Cuando preguntaron al Rasulullah lo que había antes de la creación del universo, dijo: “Allah era, y no había nada con Él”. Y cuando al Imam Ÿunaid le preguntaron sobre esta respuesta, dijo: “Él es como antes era”.

Así pues, el primer aspecto del tawhid de la gente común es el de la shahada: no hay divinidad excepto Allah, y Él es Uno, sin asociado. La sarikalah –nada se asocia con Él. El primer aspecto del tawhid es el conocimiento y la aceptación de la Surat al-Ijlas: “Qul: Huwallahu Ahad. Allahu Samad. Lam yalid wa lam yulad, wa lam yakun lahu kufuwan Ahad”. Esta es la unificación primera y manifiesta. Esto es algo que pueden confirmar todos los musulmanes, y cuando te has convertido en una de las personas que lo confirma, el shirk al-adham está prohibido. No se puede asociar nada de forma directa con Allah. Nada se asocia con Él, y esto se establece una vez pronunciada la shahada. Al decirla, se define la qibla y la ‘ibada es fard. Dicho con otras palabras, una vez afirmada la shahada se acepta que hay una qibla, --no hay otra ni varias diferentes—y que sólo esta es la aceptada. No debemos olvidar que cuando se dio la qibla de la Casa de Allah en Makkah al Rasulullah, salallahu alayhi wa salam, se sobrepasó con ello la religión de los judíos y los cristianos. No es posible que la gente de la shahada diga “Oh, sí, todas son religiones válidas”, porque la nueva qibla era la prueba dada por Allah a la gente común de que el camino que Allah aceptaba ahora era diferente –de no ser así, la qibla habría seguido siendo la misma que la de los judíos y los cristianos que miraban hacia Jerusalén.

Todo esto surge de la shahada. Con ella se evita el derramamiento de sangre y las posesiones están a salvo. Es decir, con la shahada el edificio de la shari’at queda establecido. Cuando se dice “se evita el derramamiento de sangre”, significa que entran en acción las normas que regulan los juicios legales; en la shari’at existe un mecanismo que evita el derramamiento de sangre mediante el perdón, el consentimiento de los familiares o casos similares. Las posesiones están protegidas –todas las reglas de la propiedad están bajo la influencia de la shahada. Toda la normativa de regulación de las propiedades que había sido definida por el Corán y el Rasulullah, sallallahu alayhi wa salam, y luego continuada por el iÿma’ (consenso) de la comunidad, ya está de sobra establecida. Esto es lo que distingue Dar al-Islam de Dar al-Harb. Esto es una extensión de la distinción divina que antepuso la qibla de la Casa de Allah en Makkah frente a Jerusalén. De la misma manera, esto es lo que caracteriza el terreno de los musulmanes como Dar al-Islam y lo distingue de Dar al-Harb, la tierra donde se puede hacer el ÿihad.

Los modernistas han tratado de encubrir lo que hemos descrito, pero es imposible, ya que es la extensión lógica y necesaria cuando se reconoce la supremacía de la qibla de la Casa de Allah, subhanahu wa ta’ala, en Makkah. Y junto con ello hay otro elemento: se aprueba la ÿama’at para la gente. Cuando se tiene la shahada, se aprueba que la gente que da el testimonio se reúna en ÿama’at para el salat, que su comunidad de vida es la ÿama’at y que el factor que une a esa comunidad es la adoración de Allah, subhanahu wa ta’ala. Y si la gente común no confirma esta cuestión de la manera correcta, es decir, si aún no lo entienden por completo, al afirmarlo se librarán de la incertidumbre, la perplejidad y la duda gracias a la sinceridad de su shahada. La comprensión intelectual no es la cuestión más relevante, lo que importa es la sinceridad de quien lo dice. Si la tienen, sus corazones estarán en lo correcto aunque no tengan el mismo entendimiento que la gente de más conocimiento.

El ejemplo de lo dicho lo ha mostrado el Rasulullah, sallallahu alayhi wa salam. En cierta ocasión, los Sahaba estaban muy agitados porque pensaban que una mujer beduina era mushrik; fueron a ver al Rasulullah, sallallahu alayhi wa salam, y le dijeron: “Creemos que su tawhid no es correcto”. Él dijo: “Traerla ante mí”. Cuando vino le dijo: “¿Dónde está Allah?”. El Rasul, sallallahu alayhi wa salam, preguntó “¿Dónde?” porque a pesar de saber que Allah carece de localización, quería oír lo que la mujer tenía que decir. “Dónde está Allah?”. La mujer no señaló a un árbol ni a una piedra, señaló hacia el cielo. El Rasul, sallallahu alayhi wa salam, supo inmediatamente que para la mujer esto significaba “en ningún sitio”. Para ella el cielo era lo mismo que decir en ninguna parte, Allah no tenía lugar. Y entonces dijo: “Está bien. Dejarla en paz, tiene razón, es musulmana”. Aceptó la respuesta porque no indicaba forma alguna, y esto le pareció suficiente.

Lo que estamos diciendo es que la sinceridad de la shahada compensa la incapacidad del intelecto a la hora de comprenderla por completo. Estamos hablando de la unificación de la gente común. Esta unificación obtiene validez con la confirmación del corazón. La unificación de la gente común se obtiene también con la repetición de la shahada. Y con la confirmación de la Risala del Rasulullah, sallallahu alayhi wa salam, y de las obras de Allah. Dicho con otras palabras: al vivir en la comunidad del Islam, la gente empieza a confirmar la shahada al reconocerla en la vida del Rasul, sallallahu alayhi wa salam, en las cosas que de él se enseñan y en el comportamiento de la comunidad que los rodea –lo que aprueban y lo que rechazan—y así empiezan a fortalecer su tawhid. Y por supuesto, las obras de Allah: cuando ven la creación de Allah y lo que Él hace, el poder que Allah tiene sobre los acontecimientos, todo esto fortalece su shahada. Después de oírlo no queda otro remedio. Se descubre al observar la verdad y crece con la confirmación. Este es el primer aspecto del tawhid.

Segunda parte

El segundo aspecto del tawhid es el de los elegidos, la jass. Es diferente en el sentido de que está confirmado por las realidades, por haqa’iq. Esto significa que quien está en el camino del dhikr, comienza experimentar aperturas, a ver destellos, luces, iluminaciones que entran en el corazón y que ayudan al esclavo a librarse de verse atrapado por los acontecimientos, o por la idea de una especie de realidad absoluta en la existencia que es diferente a la realidad absoluta que la preside y la transciende. Ocurre mediante iskat, descartar los ashab –desechar las causas aparentes. Esto es algo en lo que debemos concentrarnos. Desechar las causas aparentes –o si se dice con otras palabras: no se contempla la creación de la forma en que funciona. La creación funciona, de forma manifiesta, por una relación obvia de causa y efecto. Si cae la manzana, lo hace por la fuerza de la gravedad. Si me muevo, lo hago porque he ordenado a ese miembro que lo haga. Vivimos en un mundo de causa y efecto. Nosotros pensamos: “Si hago esto, ocurrirá aquello”. Y por supuesto, a un nivel muy bajo es absolutamente cierto, ya que así es como experimentamos la vida. Si se hierve agua se obtiene vapor. Pero las cosas no son de esta manera, porque en el ámbito de los acontecimientos, Allah es tu Creador y el de tus acciones. El mejor ejemplo es el que proporciona el perro. Se puede decir: “El perro ha sido creado por Allah”. Pero ¿Qué es perro?. Un perro no es solo un cuerpo. Sabemos cómo se comporta un perro, sabemos lo que “es”. Sabemos que puede ser tu amigo y que sin embargo puede volverse contra ti. Sabemos que puede ser entrenado para cazar. Sabemos que es sucio y que deja tras de sí sus excrementos con total indiferencia, que se lame, es sucio y también leal. Del “perro” conocemos toda esta mezcla de cosas. No se puede separar el perro de su “perridad”. El perro y sus acciones son una sola cosa, son lo mismo. El animal que contemplamos es lo que es, gracias a su patrón existencial completo. Son animales salvajes, elevados y nobles que viven en familias, cazan juntos, comparten, y compiten cuando están en celo –existe un patrón completo de comportamiento que es inseparable del animal. Lo que el hombre ha hecho gracias a su inteligencia, a su intelecto, es que se ha separado de los animales y ha llegado a pensar: “Ah, ellos son así, pero yo no”. Yo soy libre, porque mientras los animales se aparean en una época determinada, yo puedo hacerlo en cualquier momento”. Y entonces empieza a pensar que es independiente y que vive separado de sus propias acciones. Pero el ser humano es también el patrón completo de sus acciones. Cuando se comprende esto, se empieza a cambiar la comprensión que se tiene del destino. Esta es la razón de que el du’a del elegido sea: “Allah, dame un Iman que perdure”. ¿Qué significa esto? Significa que cuando lleguen las vicisitudes de la vida, cuando lleguen las dificultades, permite Allah que mi Iman pueda enfrentarse a ellas sin tener que perderlo; yo quiero tener un Iman que siga presente cuando acabe todo esto, porque he sido destinado por Allah, subhanahu wa ta’ala, para ser una de esas personas que estará con los que van a obtener el Jardín.

Esta actitud cambia tu visión de lo que es la acción. Ya no te fijas en las causas y los efectos. Uno se da cuenta de que en el proceso existencial, tal y como dice Imam al-Ghazali, no hay causas secundarias. La verdad es que el asunto sucede de una forma que al principio no podemos entender. Una metáfora maravillosa, relacionada con esta cuestión, me la enseñó en cierta ocasión el Rajá de Mahmudabad, rahimullah. “¿Qué sabe una hormiga del diseño de una alfombra persa?” Para la hormiga es como si estuviese arrastrándose a través de un intrincado bosque de árboles sin saber cuál es el diseño de la alfombra; pero cuando nosotros miramos, podemos ver que la hormiga se mueve por un conjunto determinado y estructurado de diseños de una enorme complejidad. Esa es la realidad de la existencia para la hormiga. Pero lo mismo ocurre con nosotros. El asunto es tal y como dijo ‘Umar ibn al-Jattab: “El libro está escrito y cerrado”. Ya está hecho, se acabó. Cuando lo comprendes, actúas de forma diferente. Tener temor de Allah es reconocer Su poder en cada instante. La diferencia entre el kafir y el mumin, es que el primero piensa que él controla la situación. Cree tener libertad para actuar, pero nosotros sabemos que somos dependientes, y que sin embargo debemos actuar. En algún momento, nuestros riñones harán que tengamos miedo. Uno de los personajes de Shakespeare dice: “No tengo riñones para este combate”. Su cobardía procede de unos riñones que se han asustado; y a ti se te han dado unos riñones y no otros. Otra persona es valiente porque sus riñones son fuertes. Los musulmanes del ejército Osmanli solían ceñirse un trapo, el cummerbund, en torno a los riñones para que no les fallaran en el combate. Para ser valientes se ceñían una faja apretada en torno al abdomen.

Esos soldados habían comprendido que la cuestión no era “el enemigo viene contra mí y yo estoy atemorizado”, sino más bien “mi cuerpo ha sido determinado para actuar de cierta manera. Allah me ha diseñado para que pierda los estribos en un momento dado, pero yo no quiero estar a merced de mi temperamento. Yo quiero hacer lo que complace a Allah”. El Rasul, sallallahu alayhi wa salam, guiaba a la gente diciendo: “La ira es fuego. El agua apaga el fuego. Cuando sientas que viene la ira, haz wudu”. Dicho con otras palabras: quédate con la gente de conocimiento y no te conviertas en un ignorante, uno de esos cuyos sentidos han dominado no sólo a su inteligencia sino también a su corazón, un corazón que se ha nublado. Esta es la razón de que el Rasul, sallallahu alayhi wa salam, dijera: “En el cuerpo hay un órgano que si me lo garantizas, yo te garantizaré el Ÿanna”, y al decirlo puso la mano sobre el corazón. El corazón es el órgano vital del musulmán; y si el corazón no está limpio, el intelecto puede nublarse.

Así pues, el amo y señor del asunto es el corazón; y la gente del corazón no se fija en las causas secundarias, lo que miran es al Causante, que es el Actuante. Allah es Quien actúa en cada situación. Esto cambiará tu forma de comportamiento. Cuando te des cuenta de que Él es Quien organiza los sucesos, que los acontecimientos son Suyos, serás entonces uno de los conocedores y actuarás de forma diferente a los que no lo saben, a los que piensan que ellos son los actores.

Esto nos lleva a una cuestión de suma importancia. Este tawhid supera el debate intelectual. Y también supera la dependencia de la declaración de la shahada. En este nivel, y para obtener tawwakul, confianza, ya no se depende de dalil, prueba o argumento, ni tampoco de sabab, las causas. No se depende de wasila, o de cualquier medio con el que estar a salvo. Has puesto el asunto entero en manos de Allah. En el Diwan del Shayj Muhammad ibn al-Habib, rahimullah, dice el autor: “Convierte todos tus problemas en uno y entrégaselo a Allah”, subhanahu wa ta’ala.

Serás capaz de ver la precedencia de Allah en Su sabiduría y en Su conocimiento. Dicho de otra manera, en cada situación anterior al conocimiento, la sabiduría de Allah está presente, y el conocimiento de Allah está presente, y tú podrás estar en sintonía. Verás cómo las cosas ocupan su lugar. Verás cómo las cosas están relacionadas con su momento. Verás cómo las cosas están ocultas bajo su patrón particular. Cada cosa y cada persona tienen un patrón y se ocultan bajo éste. Y como antes afirmaba, los órganos del cuerpo también determinan las acciones. Al fin verás cómo son las cosas y cómo están ocultas bajo su propio diseño.

Pongamos un ejemplo: en la época de su mayor apogeo, el Shah de Irán convocó una gran celebración pagana, pre-islámica; proporcionó a sus invitados retretes de oro y los ensalzó de la manera más zafia posible. Cuando una persona lo vio, dijo: “Ahora, el Shah está acabado”. Y ellos dijeron: “¿Pero cómo? ¡Es imposible! Tiene a la CIA, tiene el apoyo americano, tiene la policía secreta más despiadada del mundo entero, la Savak, no puede ser derrotado”. Y el otro dijo: “Pero ha ido demasiado alto, será derrotado cuando alguien se postre en la saÿda, porque es lo opuesto; y entonces todo dará la vuelta”.

La cosas están ocultas en sus formas. Esto es lo que inspira a la gente de calidad espiritual a tener wara’, a ser cuidadosos. Quieres tener cuidado porque quieres que la forma en la que estás no sea la que va a romperse. Esta es la razón de que se diga que el verdadero sufi es como un insecto negro sobre una piedra negra en una habitación a oscuras en medio de la noche –no se le ve, porque su cautela, su wara’, su escrupulosidad, es su protección ante la inexorabilidad de las acciones del mundo. Así es como verás las causas, y entonces entrarás en el camino de iskat. Iniciarás el camino que permite abandonar la contemplación de los nuevos acontecimientos. Esta es una declaración extraordinaria: “El abandono de los nuevos acontecimientos”. La gente que se fija en los nuevos acontecimientos cree que el mundo se gobierna a sí mismo, que las cosas están determinadas por las acciones de otras personas; pero la realidad es que el nuevo suceso no tiene ninguna novedad y que no existe una realidad de los acontecimientos –Allah es el Actor. Allah es Quien lo hace suceder. Lo que parece una victoria es una derrota y lo que parece una derrota es una victoria. Cuando los ejércitos de los mongoles vinieron de Asia e invadieron el subcontinente indio en su marcha hacia Europa, parecía la mayor de las catástrofes. El padre de Rumi, que era un gran ‘alim, fue a Bagdad para advertir a la gente, pero nadie le escuchó. Les dijo lo que estaba ocurriendo. Cuando el gran Khan llegó y masacró a la población, se subió al mimbar y pronunció su famosa declaración: “Yo soy el azote de Allah”. ¡Él tenía el tawhid que los otros habían perdido! –porque era un castigo que procedía de Allah.

El Rasul, sallallahu alayhi wa salam, dijo: “El hijo es el secreto oculto del padre”. Y así fue cómo el nieto del líder mongol se convirtió en el primero de los dirigentes musulmanes que dominó el mundo entero. Todo el gran legado Mogol vino de sus hijos. Lo que había parecido un desastre tenía en realidad, oculto en su interior, este evento prodigioso.

Mawlana Ÿalaluddin Rumi lo explica de otra manera, dice: “En este mundo, lo que es una bendición para una persona es una maldición para otra”. Dijo: “El sultán es depuesto, muere, y parte de su familia es ejecutada mientras los demás se lamentan y pierden sus posiciones y sus palacios; pero al mismo tiempo, el nuevo sultán concede una amnistía y cientos de prisioneros abandonan la prisión”. El mismo acontecimiento humilla a unos y eleva a otros.

Este es el tawhid de la jass, se obtiene con fana’ y se clarifica con ÿam’. Ÿam es una palabra muy importante para los sufis, y significa reunión. Es cuando el esclavo ya no se percibe a sí mismo como separado y distinto, sino que toda la existencia está reunida de alguna manera en su propia experiencia y su realidad no está limitada por sus miembros o por su intelecto. Este es el conocimiento que atraerá a los que aspiran obtener el tawhid. Dicho con otras palabras, la gente de la élite son como el azufre rojo. Atraen hacia ellos a los que desean tener la misma calidad de conocimiento. Esta comprensión del tawhid es algo que se transmite; y el modelo es el Rasul, sallallahu alayhi wa salam, que vertía este conocimiento sobre la gente que lo rodeaba y que a su vez, la gente de conocimiento vierte en aquéllos que lo desean. Es un proceso alquímico que transforma los corazones.

Tercera parte

El tercer aspecto del tawhid es el de la élite de la élite, jass al-jass. Es el tawhid que Allah ha especificado para Sí mismo, y lo ha decretado como parte de Su qadr. Este aspecto del tawhid es del de Su poder sobre los acontecimientos. Él ha proyectado un destello de este tawhid sobre los asrar, los secretos de un cierto número de Sus amigos más sinceros. Allah ha dado a algunos de Sus awliya un destello de este tawhid que ha especificado para Sí mismo; y luego los ha hecho mudos para que no puedan describirlo, y los ha hecho impotentes para que no puedan divulgarlo. La alusión que se hace sobre esto en el lenguaje de aquellos que lo insinúan, haciendo referencia a este extraño asunto que habla de los acontecimientos como obra Suya –el abandono de los nuevos acontecimientos—se convierte en la confirmación de la Pre-existencia. Allah era y no había nada con Él; y fue Imam Ÿunaid, el elegido de la élite, quien dijo: “Él es como antes era”. Pero esta expresión es una imperfección. Decirlo es un error. Lo mancilla. El tawhid no es completo hasta que esto también se abandone. En el lenguaje de los maestros de las tariqas sufis, esto último es el qutb de las alusiones –este abandono de lo que Allah ha dado, subhanahu wa ta’ala, este abandonar todo sabiendo que no puede mencionarse. Lo han vestido con los adornos de la descripción, los sufis lo han esbozado en capítulos. Las explicaciones más abiertas no hacen más que incrementar su ocultación; aclararlo lo oculta aún más. Los atributos, sifa, las descripciones, incrementan su reticencia; expanderlo aumenta su dificultad. Los que están sumidos en la contemplación y la gente de los estados se mueven hacia este aspecto del tawhid de la jass al-jass. Los que están maravillados por ello, por la majestad de Allah, tratan de ir hacia ello. Están en la niyyat de ir hacia ello.

Los que hablan de ‘Ayn al-Ÿam’, el origen de su reunión donde el yo se convierte en universal, se refieren a ello. Pero en lo que le concierne, la alusión, la ishara, es cuando colapsa. Las lenguas no pueden hablar y la expresión no lo puede indicar, porque el tawhid está muy por encima de lo que cualquier ser creado puede indicar, de lo que el tiempo puede abarcar y de lo que cualquier causa pueda encubrir. Hablando de esto, Abdullah al-Ansari, uno de los grandes sufis hanbalis escribió: “Ma wahada al-Wahida min wahid, idhkullu man wahadu ÿahi. Tawhidu man yantiqu anmatihi ariyatun abtalahal wahid. Tawhidahu iyahu tawhidahu wa nattu man yanatuhu lahi”. “Nadie puede declarar la unidad del Único. Quien declara Su unidad es un negador. La declaración de unidad hecha por alguien que habla a partir de su propia descripción es vergonzosa y queda anulada por el Único. A Él corresponde la declaración de Su unidad, y la declaración de quien Lo describe es una herejía”. Este es el poema de un amante de Allah, subhanahu wa ta’ala, que no permite decir cosa alguna sobre el tema. Es como si la realización de su comprensión le hiciese estar de nuevo entre la gente común diciendo con ellos en la ÿama’at: “Ash-hadu an la ilaha illa’llah, wa ash-hadu anna Muhammadan Rasulullah”, sallallahu alayhi wa salam.

¡Allahumma! Danos un Iman que perdure. O Allah danos en nuestra vida un conocimiento que nos acerque a Ti. Le pedimos a Allah, subhanahu wa ta’ala, que nos mantenga en la compañía de los salihun. Le pedimos a Allah, subhanahu wa ta’ala, que nos permita degustar la compañía de los salihun. Le pedimos a Allah, subhanahu wa ta’ala, que nos mantenga en los círculos del conocimiento, en la compañía de la gente de conocimiento. Le pedimos a Allah, subhanahu wa ta’ala, que nos haga ser uno de Sus amantes. Le pedimos a Allah, subhanahu wa ta’ala, que nos dé un destino que nos acerque cada vez más a Él. Le pedimos a Allah, subhanahu wa ta’ala, que nos dé grandes expectativas con respecto a Su misericordia y a Su luz.

 
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