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Las Elecciones Britanicas
Un Consejo
Shaykh Dr. Abdalqadir As-Sufi Mayo
2005
ELa cuestión de las elecciones nacionales de Inglaterra celebradas
en Mayo, tiene un doble significado. La primera de las cuestiones
ha sido ampliamente difundida en los debates mediáticos de
forma inadecuada. La segunda, sin embargo, ha sido completamente
ignorada porque no le interesa a la élite mediática
que se conozca en absoluto. Antes de entrar en detalles sobres ambas
cuestiones, permítaseme elucidar la postura desde la cual
exponemos nuestra perspectiva, postura que implica un desapego que,
en vez de mermarla, hace aún más poderosa esta opinión.
Nuestra postura es afirmar que la forma actual del gobierno parlamentario
no es lo que pretende ser. Según la conocida frase de Bakunin:
“Quienquiera que se acerque solicitando ser el representante
que defenderá tus intereses, no es más que un charlatán”.
Antes de la Guerra Civil Inglesa, el rey era el defensor de la gente
común, y el parlamento representaba el creciente poder de
una aristocracia enormemente acaudalada. Su líder militar,
Oliver Cromwell, era un millonario que pertenecía a una familia
inmensamente rica gracias a la disolución de los monasterios.
Tras la dictadura cromweliana, la legitimidad fue restaurada recuperándose
el principio de la Monarquía protectora del pueblo, pero
desde Charles II hasta James II, este principio se vio cada vez
más mermado por el poder creciente de la nueva Elite Económica.
Charles II fue quien aprobó la conocida Habeas Corpus Act
en su forma moderna. El gobierno de Blair es quien la ha despojado
de todo su contenido protector. En 1688, la aristocracia terrateniente,
una Elite Económica muy poderosa, se hizo con el control
del país. Desde el punto de vista de la riqueza centralizada,
este sistema era todo un triunfo. Fue lo que produjo, el ahora desaparecido,
Imperio Británico. Destruyó la gran civilización
del Imperio Mogol. Redujo el continente de Africa, una sociedad
sencilla y con una fitra saludable, a una zona de devastación
total mediante la introducción de la economía monetaria,
los monocultivos y la expropiación, por parte de los colonos
blancos, de miles de acres de tierras cultivables. Debe recordarse
que el gobierno de Blair es quien ha hecho que el mundo capitalista
condene a Mugabe quien, más vale tarde que nunca, reclamaba
por la fuerza el 70% del territorio de su país que aún
está en manos de los colonos ingleses.
El suicidio en masa que fue la Guerra de 1914-18, significó
la destrucción casi completa de la Elite Económica
en el poder, y también la de sus hijos. 1939-45 fue la misma
guerra en realidad, pero en su segunda fase. Fue la Guerra de los
Treinta Años europea. Churchill dirigía el país
y era el descendiente del Marlborough que había dado al Poder
Económico la gran victoria de la que todo había surgido.
La clase dirigente se había convertido en una mera presencia
fantasmagórica. Las grandes casas de campo eran ahora museos
nacionales. La única prueba de que la aristocracia había
gobernado el país, era la caza del zorro, un deporte simbólico
de la élite, cuyo único significado era que esa caza
permitía a la pequeña aristocracia cabalgar atravesando
cualquier propiedad agrícola, demostrando así que
eran la élite en el poder. La abolición de la caza
del zorro por el gobierno de Blair, lejos de salvar al pobre zorro,
que nosotros como musulmanes no podemos cazar, a no ser que se mate
como alimaña, representaba la abolición blairita de
la antigua sociedad británica.
Este breve examen está relacionado en realidad con la segunda
cuestión, a la cual volveré en breve. No obstante,
este estudio es necesario para comprender la primera de las cuestiones.
¿Por qué durante una década, el gobierno de
Blair apoyó una serie de sanciones destinadas a eliminar,
con una crueldad inimaginable, a toda una generación de niños
en Iraq? De forma desvergonzada, se nos dijo que no era culpa nuestra,
sino de Saddam. Saddam tiene su propia lista de crímenes,
pero éste es de Blair. ¿Por qué entonces ese
personaje, en lo que parecía ser un estado de excitación
cataléptica, condujo a toda una nación hacia la guerra,
y al hacerlo, adoptó la célebre doctrina del “cambio
de régimen”?
Desde los tiempos del gobierno de Thatcher, la historicidad y la
realidad constitucional de Inglaterra han sufrido una transformación
radical. Podría decirse que el territorio inglés había
sufrido un desastre sísmico y que, mientras antes del terremoto
el gobierno y sus procesos estaba a un lado de la grieta producida
por el cataclismo, a partir de ese entonces, el modelo constitucional
había sido reconstruido al otro lado de la línea divisoria.
La riqueza de Inglaterra no había desaparecido –y sin
embargo, la aristocracia terrateniente sí lo había
hecho. ¿En qué manos está ahora la riqueza
de Inglaterra? Lo cierto es que una parte importante de la misma
ya no es británica, como tampoco lo son la mayoría
de sus fábricas de automóviles. La nueva riqueza ya
no está basada en bienes reales –el acero, el carbón,
la fabricación de coches, a lo sumo en una gota de petróleo.
La riqueza del país, en un sentido muy realista, es bastante
abstracta, puesto que está inmersa en una compleja red de
operaciones comerciales corporativas a escala mundial. Está
en las unidades de almacenamiento informático del sistema
bancario, cada uno de ellos con módulos de hasta cinco copias
de seguridad. Los campesinos urbanos británicos no tienen
la menor idea de lo que pasa con la riqueza del país, tal
es el grado de embrutecimiento y atontamiento que produce la dieta
cotidiana de la cultura de los famosos.
El factor más preocupante de la guerra de Iraq, peor aún
que la masacre de soldados escoceses, es que al comprometernos con
ella, impulsados por este individuo, Inglaterra se definió
como servidora, no de los Estados Unidos de América, sino
de una rama pequeña y fanáticamente fascista del Partido
Republicano. Esta rama está formada por la combinación
más siniestra que hay en el mundo de nuestros días:
el cristianismo evangélico imperialista unido en matrimonio
con la, prácticamente enajenada, élite bancaria judía.
El elemento cristiano procede clara y obviamente de la sección
mercantilista de la élite en el poder. Representan el pináculo
de la oligarquía del petróleo. Están conectados
con los magnates del petróleo que ahora poseen la riqueza
rusa y contra los que Putin lucha heroicamente con una anticuada
filosofía nacionalista. La otra sección de este grupo
extremista está formada por judíos fanáticos
que combinan su brillante control del sistema bancario con la retórica
enfebrecida del anhelo sionista que considera a Israel como su base
primordial. Este grupo, únicos responsables de esta guerra,
representan tan poco a las masas inocentes y pasmadas por los medios
de comunicación de los EE.UU., como la solitaria y ebria
figura de Anthony Blair representa a Inglaterra. Una de las características
de este gobierno, ha sido considerar al parlamento como un ámbito
privado para el empleo, en el que sólo se busca estatus y
promoción, eludiendo así la responsabilidad cívica
que era tradicional en esa institución. Nuestra opinión
sobre esta guerra es idéntica a la de nuestro Jefe Supremo
de las Fuerzas Armadas que con gran valentía ha denunciado
que la operación en su conjunto es un fraude absoluto.
La aburrida retórica que predica cuánto mejor estamos
sin Saddam, muestra el desprecio con el que la oligarquía
del petróleo trata a las masas. Fuimos nosotros los que armamos
a Saddam en la guerra Irán-Iraq. Cuando nuestra Conferencia
sobre el Fiqh Maliki celebrada en los Emiratos Arabes Unidos fue
secuestrada para permitir que el portavoz del régimen iraquí
pidiera ayuda, uno de los ministros iraquíes nos dijo: “Las
armas no representan problema alguno. ¡Todo lo que necesitamos
viene de Inglaterra!” Todo el mundo pudo ver las imágenes
de Rumsfeld humillándose ante el dictador. Pero a su vez,
esa cortina de humo ocultaba una realidad aún más
penosa: la guerra marcaba el fin histórico de la soberanía
del Estado nacional. La incesante sangría actual, es el resultado
que produce no dejar que la gente solucione sus propios problemas.
Otra dimensión de Blair como atrocidad histórica,
es que encarna uno de los elementos inaceptables en el gobierno
parlamentario. Blair es un cobarde abyecto. Los políticos
no mueren en el campo de batalla, dejan que otros lo hagan. Sin
sentir la menor vergüenza, envía a los hombres a morir
en una batalla que él jamás podría soportar.
El coronel de un regimiento escocés nos dijo: “¡Si
pudierais oír lo que mis hombres dicen de él!”
Blair es personalmente responsable de la muerte de decenas de miles
de hombres, mujeres y niños musulmanes, lo mismo que de muchos
militares británicos. Es inconcebible que un musulmán
pueda contribuir a la reelección de este hombre que jamás
sobreviviría al juicio de un Tribunal Islámico convocado
legalmente y compuesto de Qadis Malikis y Hanafis.
La cuestión no es decir que no hay alternativa. Parte de
la profunda crisis de Inglaterra, es que el Partido de la tradición
inglesa y del gobierno de Churchill, está en manos de un
judío, inmigrante ilegal de Rumania. Es irrelevante afirmar
que el resultado es inevitable. Tampoco nos interesa que otro partido
obtenga la victoria. Dada la crisis en la que está sumida
el país, es vital debilitar al gobierno lo más posible.
Ciertamente, si no hubiera otro motivo para perjudicar a Blair,
tenemos el asunto de los Carnets de Identidad. Los Carnets de Identidad
han sido siempre contemplados como el primer paso en el largo proceso
de repatriación de la población musulmana de Inglaterra.
Y el perro Musharaf ya está listo para menear el rabo cuando
llegue la orden.
La primera cuestión es que Blair debe ser castigado con un
rechazo considerable. Cada padre y madre, cada hijo e hija, cada
uno de los abuelos, deben utilizar el voto para asestar un golpe
contundente en nombre de todos esos niños iraquíes
que han fallecido. En los próximos cuatro años, Allah
producirá el desenredo definitivo de la dictadura de Blair.
La democracia parlamentaria nos dio el gobierno de Thatcher que
vino a rescatarnos del gobierno laborista. La democracia parlamentaria
nos dio al gobierno de Blair que vino a salvarnos del gobierno conservador.
¡Por fin tenemos la ecuación matemática completa
de la democracia parlamentaria! Sigue siendo tal y como la definió
Bernard Shaw: “¡Todos, gobernados por ninguno!”
La segunda cuestión es, en consecuencia, una que desgraciadamente
no puede solventarse mediante el proceso parlamentario. En estos
momentos, los que habitan Westminster son siervos pagados por amos
ocultos, y estos amos aseguran por todos los medios que no ocupen
su escaño hasta no haber pasado con éxito un examen
riguroso con un único objetivo. ¿Cuál es el
objetivo? Garantizar que el parlamentario jamás osará
sugerir que la posesión de la riqueza de Gran Bretaña
debe ir a las manos del pueblo británico. La riqueza es poder.
Nuestra riqueza está en los bancos. Lo que se deduce, es
que la Elite Económica es la que gobierna. El Parlamento
no tiene poder, y en consecuencia no tiene riqueza. Lo único
que tiene el Parlamento, es nuestro dinero de bolsillo con el que
trata de pagar la educación de nuestros hijos y contener
el número creciente de asesinos de mujeres y niños.
En esta última década, pero siempre a partir de Thatcher,
ha habido un continuo desmantelamiento de las instituciones políticas
en funcionamiento que servían para mantener la continuidad
del constitucionalismo británico. Ahora que todos los grandes
y antiguos puestos que definían la ley de Inglaterra están
en manos de judíos, --que tienen una sofisticada comprensión
del nuevo poder mundial, tal y como se ha descrito anteriormente,
y al mismo tiempo un desprecio absoluto por la tradición
histórica británica—estamos participando en
la abolición de aquélla entidad conocida con el nombre
del Reino Unido. Desaparecidos el Presidente de la Cámara
de los Lores, el Fiscal del Tribunal Supremo, La Cámara de
los Lores, y con una Monarquía a punto de echarse al monte,
estamos siendo testigos, sin la menor protesta, del desmantelamiento
de lo que una vez fue una nación-Estado antigua, histórica
y extraordinariamente libre.
¡Un último recuerdo de este proceso! El comienzo del
gobierno aristocrático en un sistema que sustituyó
a la Monarquía Personal, único defensor de la gente
común, tuvo lugar cuando la Casa de Cecil tomó el
poder en el reinado de la Reina Elizabeth II. Los Cecils, junto
con un pequeño grupo de otras grandes familias, fueron el
gobierno vigente de la época hasta llegar al esplendor imperial
de la Era Victoriana. Cuando el gobierno de Blair puso fin a la
Cámara de los Lores hereditaria, la persona que lo superó
en astucia evitando así una muerte inmediata, fue Lord Cranbourne,
cuyo apellido es Cecil. Se nos dijo que los pares no tenían
derecho a gobernar basados en el mero accidente del nacimiento.
Esto es, por supuesto, una estupidez, puesto que el nacimiento no
es un accidente en absoluto. Es un hecho determinado. Lo que sí
no es un accidente, es que la nueva Elite Económica haya
excluido la cuestión hereditaria como tema de estudio científico,
y esto a pesar de la petición firmada por cuarenta premios
Nobel que afirman que la eugenesia debería volver a formar
parte de los estudios científicos. Hay una experimento científico
pendiente con el que demostrar que Inglaterra estaría mejor
gobernada por Lord Cranbourne que por Mr. Blair, ese ganador de
la lotería parlamentaria. Lo dicho no sirve para defender
a la Cámara de los Lores, sino para mostrar que el sistema
actual es mucho peor. La lotería de las modernas elecciones
tiene una sola certeza matemática: que su sistema corrupto
y defectuoso ha de producir, de forma ineludible y tanto en Europa
como en los EE.UU., una crisis social, la anarquía cívica
y el colapso definitivo de una costumbre (etos) que ha demostrado
tolerar el capitalismo bancario durante demasiado tiempo.
¡Votad! Hombres y mujeres musulmanes, preparaos para cumplir
con vuestro inevitable destino: ser los gobernantes de una nueva
civilización basada en la adoración a Allah y el amor
por Su Mensajero, a quien Allah bendiga y conceda paz. La Europa
del futuro será una civilización musulmana. La nuestra
ya es la primera, dominante y, de hecho, única religión
en activo de toda Europa.
Pedimos a Allah que en estos tiempos los musulmanes no luchen entre
sí, que se den buen consejo, que se abstengan de ser atraídos
por el plan kafir de dar una Reforma al Islam, es decir, hacer con
nosotros lo mismo que hicieron de forma tan brillante con la Iglesia
Católica. Oh Allah, haznos estar orgullosos de nuestro Din
y danos un espíritu generoso para ofrecérselo a los
ciudadanos británicos y poder así salvarlos de Blair,
del gobierno parlamentario y del vacío moral que supone la
sociedad atea actual. Amin.
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