glosario de terminología islámica pensamiento

El Estado de la Umma
Shaykh Dr. Abdalqadir As-Sufi
febrero 2006

Allah, glorificado sea, ha declarado en la Surat al-Ahzab (33: 35-36):



“Es verdad que a los musulmanes y a las musulmanas, a los creyentes y a las creyentes,
a los obedientes y a las obedientes, a los veraces y a las veraces,
a los pacientes y a las pacientes, a los humildes y a las humildes,
a los que dan con franqueza y a las que dan con sinceridad,
a los que ayunan y a las que ayunan,
a los que guardan sus partes íntimas y a las que las guardan
y a los que recuerdan mucho a Allah y a las que recuerdan;
Allah les ha preparado un perdón y una enorme recompensa.
No corresponde a ningún creyente ni a ninguna creyente elegir
cuando Allah y Su Mensajero han decidido algún asunto.
Quien desobedezca a Allah y a Su Mensajero,
se habrá extraviado en un extravío indudable”.

La responsabilidad primordial de los musulmanes es adorar a Allah, glorificado sea, conforme a lo que Él ha decretado en Su Revelación Divina del Corán junto con la Sunna del Mensajero, a quien Allah bendiga y conceda paz, y su modelo fundacional, esto es, el ‘Amal de la Gente de Madinah al-Munawwara, la Ciudad Iluminada. Si los ateos materialistas, por mucho que pretendan ser cristianos o judíos, aprueban procedimientos que interfieren con la obligación de los musulmanes de glorificar a Allah, ensalzado sea, que es un mandato divino, corresponde a los musulmanes oponerse y eliminar el obstáculo que impide la práctica del Din al-Haqq.

Los musulmanes debemos ser conscientes de que los enemigos del Islam no pueden triunfar porque sus acciones se oponen a las leyes con las que ha sido establecida la existencia. Las leyes de la creación no son algo oculto. Son de sobra conocidas y fáciles de reconocer, no solo por los científicos, sino también por cualquier persona dotada de intelecto. El sistema económico de los kuffar devora la energía natural de la tierra con una ambición tan desatada, que la armonía del mundo natural, que está establecida con ese equilibrio perfecto que es la Rububiyya de Allah, acaba por ser destrozada. El kufr de los kuffar consiste en que, a pesar de saber que la explotación de los recursos minerales del planeta significa la destrucción del ecosistema, cubren esa realidad produciendo con ello su destrucción y la de todos los demás. El proyecto social de kufr es el suicidio en masa, pero como su propia naturaleza es el encubrimiento de la verdad, lo llaman sistema globalizado de paz y armonía regido por representantes libremente elegidos por medio del sufragio universal.

En 1901, HG. Wells, el pensador más destacado del ateismo materialista, escribió “Previsiones de los Efectos del Progreso Mecánico y Científico sobre la Vida y el Pensamiento Humanos”. En esta obra, Wells predecía lo siguiente: “Con esa multitud de criaturas imbéciles y despreciables, atemorizadas, impotentes e inútiles, infelices u odiosamente felices en su plena y miserable deshonra, débiles, grotescos, ineficaces, presas de apetitos irrefrenables, que crecen y se multiplican mediante la incontinencia y la estupidez, los hombres de la Nueva República tendrán poca compasión y menor benevolencia”. AN. Wilson comentaba: “Uno de los científicos que trabajó en el proyecto de la bomba arrojada sobre Hiroshima, Leo Szilard, dijo que la idea de la reacción nuclear en cadena se le ocurrió por primera vez al leer la obra de Wells “El Mundo Liberado” (1914) en la que se habla de bombas atómicas arrojadas en los años 1950 sobre ciudades del mundo entero y que matan a millones de personas”. Wilson continúa diciendo: “El que autorizó el bombardeo de Hiroshima no fue una especie de tirano napoleónico, sino un abogado de pueblo, el Presidente Harry S. Truman, cuyo rostro bien podía haber sido usado como imagen decorativa en la portada de una comedia suburbana de HG. Wells”.

Y así es como se nos dice que los repetidos actos genocidas, los asesinatos en masa, la destrucción de ciudades enteras, Hamburgo, Dresden, Guernica, la contaminación química del Agente Naranja en Vietnam y Camboya, la destrucción aparentemente gratuita de naciones enteras, Iraq y Afganistán, es necesaria para conseguir un mundo libre y listo para la democracia. Lo que se deduce de todo esto, es que el principio determinante de lo que sin duda alguna es la destrucción mutua sin paliativos, es el principio categórico en el que se basan todos los actos del horror. Lo que nos atañe a nosotros es saber qué es en realidad, puesto que en la definición oficial para las masas, es sorprendente constatar lo ambiguo y extraño que son sus condiciones necesarias.

La democracia declara que en un sufragio universal, los hombres y las mujeres de una entidad nacional definida de antemano, pueden elegir a los que van a regir sus asuntos. Y así es como, a pesar de que el líder elegido y su gobierno ejercen la autoridad durante un periodo de tiempo determinado en una zona también determinada, la Nación-Estado, la cuestión no termina ahí. Aparentemente, esta bendita perfección no se alcanza cuando el régimen está solamente en manos de un Presidente o bajo el gobierno de un solo partido. Para ellos, esta situación poco satisfactoria, incluye esos países gobernados por la monarquía, exceptuados aquellos cuyos monarcas están sometidos a un parlamento, como es el caso de Inglaterra. En la naturaleza de la fuerza motriz del torbellino democrático está que estos grupos sean reestructurados, debiendo ser considerados como algo transitorio. En la configuración definitiva, la única excepción a la forma de gobierno democrática serían la Ciudad del Vaticano para todos los cristianos (les guste o no), y Kerbala para las religiones Shi’a e Islámica definitivamente unificadas (les guste o no).

En la retórica de esta aparente urgencia del mundo unificado por otorgar a las masas su derecho a elegir sus dirigentes y su gobierno, hay una perspectiva histórica falsa diseñada para acallar a los que intenten rechazar esta idea tan sublime. Existe un escenario que ha sido ahora consagrado en todos los libros de texto desde Helsinki hasta La Paz, en las publicaciones de Historia desde Londres hasta Sydney y en cada uno de los Canales de Historia de la TV emitidos a escala mundial, que narra el cuento de los monarcas tiranos (Pedro el Grande que mató a su hijo, Enrique VIII que decapitó a dos de sus esposas) y los aún más terribles dictadores, Hitler y Mao, auténticos expertos en el genocidio. Debe decirse que la versión actual de la historia política, tal y como se difunde por los medios de comunicación, es una clara invención que olvida cínicamente el rechazo total de la cada vez menor clase de historiadores y la cada vez más inaccesible evidencia contenida en los archivos históricos de las Universidades elitistas.

Dicho con otras palabras: no es tan sencillo como parece. He tenido la directa y amarga experiencia de trabajar con los líderes de dos naciones musulmanas que intentaron conseguir la independencia tras el colapso del sistema comunista. El 30 de Septiembre de 1996, Ho_ajmed Noujaev, el entonces Primer Ministro en funciones, me nombró Cónsul Honorario de la República Chechena de Itchkeria. Debe recordarse que hubo dos guerras chechenas. En la primera luchó el pueblo checheno, unidos por los vínculos de lealtad a las Tariqas Sufíes que de forma tan exitosa les habían protegido bajo el régimen comunista hasta tal punto que un agente estalinista decía en sus informes a Moscú: “¡Cualquier hombre del mundo puede transformarse en un Hombre Soviético excepto el Sufi!”. La Primera Guerra Chechenia terminó con una ratificación de jure del estatus independiente de la República Chechenia. En esos días dramáticos y apremiantes, finalizada ya la lucha, surgió una súbita preocupación internacional que iba a manifestarse en el deseo de que la nueva República se estableciese sobre unos “serios principios democráticos”.

En aquella ocasión advertí a los líderes de la Lucha Independentista que si la paz iba a ser definida mediante un “proceso democrático”, la unidad que se había conseguido en el campo de batalla sería destruida, los líderes lucharían entre sí y el desorden resultante proporcionaría los motivos para una intervención exterior. Traté de decirles que la lógica de la guerra exigía que el bando victorioso determinase su futuro político y que, en caso de no hacerlo, le sería arrebatado de las manos. En una visita a París, pedí al Maître Jacques Vergès que nos ayudase urgentemente a esbozar un documento fundacional del nuevo Estado independiente. Este gran abogado, cuya vida ha sido una lucha continua para defender los principios legales del individuo, ofreció inmediatamente colaborar sin coste alguno.

Nos reunimos con Noujaev que empezó a reunir los documentos necesarios. Vergès prometió presentar el asunto al Ministro de Estado en su Ministerio de Asuntos Exteriores. Al final, y a pesar de todos nuestros esfuerzos, ocurrió lo peor; y ese peor, ya estaba planeado, organizado y tuvo éxito. Parte de la trama consistió en separar a Noujaev de Yanderbiyev y Aslan Masjadov; esto se logró relacionándole con un judío polaco cuyo trabajo era apartarle del conflicto político y ofrecerle una jubilación subvencionada en la industria petrolera de Azerbaiyán, donde al menos ha conseguido sobrevivir mientras el resto de los líderes, uno tras otro, han sido asesinados. Lo que siguió a continuación es de sobra conocido: la infiltración organizada por parte del Movimiento Wahhabi y su cohorte de mercenarios de la peor especie que no sólo ha producido la derrota sino también el asesinato inconcebible de niños inocentes.

Cuando se desató la guerra de Bosnia, volé a Ginebra para prestar mi apoyo al Presidente Izetbegovi_. Durante esa guerra ocurrieron dos incidentes que jamás podré olvidar. El primero tuvo lugar mientras estábamos sentados en la suite presidencial del hotel, tratando de comprender la historia terrorífica que asolaba la antigua provincia Osmanli. Mientras hablábamos, un joven soldado de caballería entró en la habitación trayendo noticias alarmantes de la zona en conflicto. Cuando terminó su relato, su rostro mostraba una expresión de asombro profundo. Por fin consiguió decir: “¡No lo entiendo! Es como si quisieran matarnos a todos”. Cuando por fin el completo y definitivo ultraje del Acuerdo de Paz Dayton se puso ante nosotros, comprendí que la exclamación del joven combatiente era una verdad política. El genocidio es el siervo necesario de una demografía aceptada, una verdad tan cierta para Bosnia como hoy lo es para Palestina. El Presidente Izetbegovi_ se encontraba en una situación intolerable. El sistema kafir mundial y su ejército de mercenarios, la OTAN, no estaban dispuestos a tolerar una República islámica en Europa. Era un hecho inconcebible.

Tal y como aprendimos en Ginebra, las naciones musulmanas no estaban dispuestas a entrar en la confrontación. Podía haber Ayuda, pero no rescate. La Organización de la Conferencia Islámica invitó al Presidente Izetbegovi_ a una Sesión Especial. El Primer Ministro de Turquía puso a su disposición su avión privado. Yo rogué al Presidente que no fuera. Le indiqué que estaba exhausto y que esto aumentaría aún más su condición cuando era tan necesario para el conflicto futuro. En cierto modo, y esto lo digo sin culparle, Izetbegovi_ creía en esas estructuras a pesar de que pronto iba a descubrir el daño que podían causarle. Cuando estudiábamos el mapa de los Balcanes, rogué al Presidente Izetbegovi_ que transformase la lucha en una de carácter islámico, en oposición a la liberación étnica o nacional. Señalé en el mapa Bosnia, Kosovo y Montenegro. Le supliqué que declarase la guerra en todos estos frentes de forma simultánea asegurándole que, si no lo hacía, serían elegidas una tras otra para su completa destrucción. Sus propios políticos fueron quienes le detuvieron. Su traicionero Secretario del Exterior, Haris Silajd_i_ conmocionó al mundo musulmán con una declaración infame: “Yo no soy un musulmán, soy un bosnio”.

En el último estadio del conflicto, tuvo lugar un incidente. He hablado de este tema con nuestro gran General Alagi_, pero a pesar incluso de consultar con sus colegas, no pudimos descubrir qué había pasado. Lo menciono, porque he observado que en las conclusiones vinculantes que ponen fin a un conflicto armado, hay un momento en el que los protagonistas se encuentran aislados con la fuerza de poder externa y dominante y, como continuación a ese encuentro, se ven de alguna manera sometidos a una nueva situación que no es en absoluto la doctrina radical y liberadora por la que habían luchado. Esto ha ocurrido con Arafat, Mandela, Makarios, Sukarno, Noujaev e Izetbegovi_.

El incidente que tuvo lugar en Bosnia fue breve, dramático y, hasta hoy en día, inexplicado. En un momento dado de la guerra, en el que hostilidades y negociaciones se sucedían entre ambos bandos, Izetbegovi_, sumido en una negociación y preocupado por el bienestar de su hija, se encontró de forma inexplicable en el interior de una zona armada del bando contrario, es decir, al otro lado de la línea del frente y en manos del enemigo. De forma tan extraña como había sido capturado fue más tarde puesto en libertad tras un periodo de tiempo bastante considerable durante el cual pudo conferenciar con el enemigo. Fue después de este suceso cuando el Presidente Izetbegovi_ abandonó su previa y bien conocida postura de un hombre cuya vida estaba dedicada a la creación de un Estado islámico y se convirtió en alguien dispuesto a volar a los EE.UU. para sentarse en un campamento militar, totalmente aislado del resto del mundo, y firmar un acuerdo con el que se creaba un Estado híbrido en el que la demografía garantizaba al mundo que no podría ser gobernado por una mayoría democrática musulmana.

Fue algún tiempo después, sentado en Estambul con el General Alagi_ y parte de Alto Mando bosnio, cuando formulé la siguiente pregunta. “General, en la preparación y firma posterior del Acuerdo Dayton, ¿podría Ud. decirme quién o cuántos generales, de los que habían luchado en la guerra, estaban sentados en la mesa de la paz?”. Se produjo un silencio abrumador. Los oficiales bosnios se miraron unos a otros y luego bajaron la cabeza. El general Alagi_ respondió: “Esa es la cuestión, ¡No había ninguno!”. El silencio se hizo interminable y luego añadió: “Esto significa que el asunto no ha terminado todavía”. Este es ese momento inolvidable que aún recuerdo en estos días.

Echemos ahora una mirada desapasionada a algunas de las “democracias” del mundo musulmán.

Túnez: Se define oficialmente como una Democracia Presidencial. El Presidente actual fue elegido por Bourguiba. Shayj Shadhili an-Nayfar, el Sultán de los ‘ulama de su época, declaró públicamente que Bourguiba era un kafir. El gobernante actual encarceló a miles de musulmanes, declaró ilegal la barba, controla a los ‘ulama, escribe los Jutbas y utiliza la tortura de forma generalizada. La unión Europea y los EE.UU. confirman su puesto.

Argelia: Los trágicos acontecimientos de Argelia fueron la primera indicación manifiesta de que la definición oficial de la democracia, como sumisión a la voluntad de la mayoría del electorado, es una burda patraña. Tras la elección de un Partido Islámico (mi aborrecimiento personal de este Partido no es relevante en este examen del significado y evaluación del proceso democrático), la respuesta del Estado ateo, producto directo de los modernistas islámicos Badisi, consistió en encarcelar a los dirigentes del partido victorioso e iniciar la masacre de la clase política y el inocente electorado. Los generales que controlaban el Estado ateo no eran meros “militares”, eran también los propietarios y los administradores del petróleo argelino. La persecución sistemática del electorado argelino fue bienvenida con grandes muestras de entusiasmo por el Estado Francés y con un silencio aquiescente por parte de los EE.UU.

Pakistán: Un gobierno democrático con un Primer Ministro legítimo. Podría decirse que representaba al país y su legado histórico, tanto el de las virtudes como el de los vicios. No obstante, iba a tener lugar una enorme operación trans-nacional que no podría conseguirse a no ser que Pakistán se convirtiese en vasallo del proyecto a punto de implantarse. La figura cuidadosamente dirigida y atildada del títere Musharraf recibió las órdenes pertinentes y tomó el poder en medio de una retórica altisonante sobre el derrocamiento de la corrupción. Las democracias necesitan idiotas al timón, pero no deja de ser embarazoso oírles decir, tal y como dijo Musharraf: “¿Quieren un referéndum? ¿Quieren elecciones? ¡Eso es fácil!”.
Egipto: Todo el mundo sabe lo de Egipto. Incluso los americanos lo saben. Con sus cárceles llenas a rebosar de opositores políticos, el chiste que circula por El Cairo es que para conseguir a alguien que se presentase como líder de la oposición en las elecciones presidenciales, Mubarak tuvo que prometerle que no le enviaría a la cárcel.

Y en los campos de exterminio de Iraq y Afganistán encontramos de nuevo esa extraña condición: “La transición hacia la democracia”.

Es evidente que el examen del término democracia demuestra que no es lo que afirma ser. La realidad es que la democracia tiene una serie de protocolos obligatorios que, a pesar de no ser secretos, jamás son cuestionados, como si fueran parte de la naturaleza. Por ejemplo, cuando Izetbegovi_ firmó el Acuerdo Dayton que garantizaba el estatus democrático de la inventada entidad política de Bosnia-Herzegovina, el primer párrafo que seguía a la definición del nombre, era que la mencionada entidad aceptaría un préstamo considerable del Banco Mundial. A continuación, el Acuerdo obligaba al nuevo Estado a imponer el IVA sobre todos los artículos, garantizando con ello la estabilidad cotidiana del sistema bancario.

El mal pernicioso de la democracia no está solo revelado en lo que dice, sino también en lo que olímpicamente deja de decir en su elevada retórica Jeffersoniana de los Derechos del Pueblo. El sistema democrático de las clases políticas, ateo y materialista por definición, a pesar de no negar las convicciones personales, elimina el control gubernamental sobre dos cosas: el sistema económico supra-nacional y el Complejo Militar-Industrial también supra-nacional, utilizando la definición crítica del Presidente Eisenhower.

La Guerra y la Riqueza siguen siendo los únicos ámbitos que pertenecen a una serie de grupos elitistas estrechamente conectados, algunos de forma permanente (como la OTAN) y otros ad-hoc (como la Comisión de Venezuela). Ningún sufragio universal ha otorgado el mando al enano sub-humano que preside el banco Mundial, o ninguno de los bancos mundiales.
Las fuerzas armadas no tratan con Senados o Asambleas, tienen sus propias jerarquías internas que carecen de juramentos de fidelidad, lo único que los guerreros de verdad pueden suscribir. El motivo es que las fuerzas armadas tienen otras lealtades con recompensas económicas muy considerables. Dicho con otras palabras: ahora son los gemelos siameses del sistema armamentista generador de riqueza, esto es, un Complejo Militar-Industrial. ¡La gente puede elegir con libertad! El único experto de nuestro Mundo Musulmán en la Ley Islámica que trata de la economía moderna, Umar Pasha, ha dicho que la gente no puede elegir su propia moneda.

En términos políticos, la dinámica de la existencia humana depende de la activación de la guerra y la riqueza. ‘Amr es la capacidad de mandar sobre la riqueza y declarar la guerra. El ‘Amr es lo que ordena que los recaudadores del zakat cojan el zakat según las reglas establecidas, y el ‘Amr es lo que ordena a la gente que salga en Ghazwat —estos dos hechos indican la presencia de un ‘Amir islámico. La naturaleza oculta de los que mandan, y el mandato en sí, es el kufr infernal bajo el que hoy vivimos.

Fijémonos ahora en tres países musulmanes sobre los que acaba de caer la maldición de la democracia.

Palestina: Bueno, ahora ya sabéis lo que pasa. Tras ver unos palestinos que con sus ataques suicidas han traído la vergüenza a la umma musulmana, tenemos que contemplar horrorizados cómo los miembros de ese supuesto Partido Islámico corren gritando por las calles destrozadas por los misiles cubriéndose con gorras de béisbol americanas y vistiendo la última moda de la democracia, un pañuelo con los colores nacionales al uso, como si de un georgiano o ucraniano se tratase. Reflexiona, oh juventud palestina, aunque sólo sea por un momento, sobre lo que significa la victoria que llaman la “elección del pueblo”. Se ha invertido la tradición islámica centenaria de la Preferencia, que es el sello de la Futuwwa. En el pasado, el Fateh era una persona de elevados principios y supremacía moral; ahora, los combatientes de Hamás tienen otra preferencia. Mientras que antes el padre estaba dispuesto a morir por salvar a su hijo, para que su causa y su descendencia perdurasen, ahora, por primera vez en la historia Islámica, los padres son los que envían a sus hijos a la muerte. La dimensión suicida es puro cinismo. Se ha demostrado que un 80% de los suicidios con bomba podrían haber conseguido su objetivo sin necesidad del suicida. La relevancia de la técnica suicida es que, como resultado de la muerte del joven, la familia queda atrapada en una vinculación con una causa política que jamás habría suscrito a no ser por la muerte de su hijo. Esta era la técnica Ismailita del terror y fue transmitida a los musulmanes de Palestina durante su periodo de interacción con el Líbano.

Seamos claros al respecto. No existe un mandato que prohíba combatir al enemigo. Ha habido épocas en la historia del Islam en las que grandes líderes han sembrado el terror, incluso entre los propios musulmanes, para llevar a cabo una purga, como fue el caso de Tamerlán y la Guerras de las Ta’ifs. Lo que no puede ser excusado ni aceptado, no digamos ya defendido, es el acto consciente del suicidio sea cual fuese el motivo. El conocido escritor francés, Henry de Montherlant, que se suicidó por cierto, dijo que el suicidio era el acto supremo de ateísmo cometido por el ser humano. En primer lugar, significa desesperar de la misericordia de Allah. En segundo lugar, es un acto de nihilismo que indica que la situación carece de esperanza. Significa declarar –y que Allah nos perdone por tan siquiera mencionarlo– que Allah no puede y no podrá, con todo Su Poder y Majestad, resolver la situación. En tercer lugar, y quizás igualmente ofensivo para los pueblos musulmanes, es la idea de que una nación liderada por Arafat, –quien según la ley islámica merecía la ejecución por sus insultos pronunciados en público, en la ciudad de Oxford, contra ‘A’isha, que Allah esté complacido con ella– y luego por las horribles personas que forman la Autoridad Palestina, una mafia según sus propias palabras, pueda de manera alguna presentarse ante el mundo como una lucha islámica. Estando en la ciudad de Madinah, me senté durante un día entero con un ‘alim mauritano; había rehusado moverme hasta que no me diera una definición oficial del yihad. Cuando por fin venció su reticencia a darme un juicio definitivo, dijo: “La primera condición del yihad es que se alce el Estandarte del Islam”.

Lo que significa esta profunda definición, es que por muy grande que sea la justificación, en términos humanos, para combatir la tiranía, la opresión o la invasión, estos motivos no pertenecen a la misma categoría que un yihad que puede ser iniciado por alguna de estas razones pero que solo puede expresarse de manera auténtica si asume la forma del deseo de establecer el Din del Islam. Luchar fi-sabilillah no es lo mismo que luchar bajo el lema kafir que proclama “los derechos del pueblo”.

El pueblo palestino no ha conseguido nada ni tampoco lo va a conseguir. La única batalla que luchó no fue contra Israel, sino contra sus propios compañeros palestinos en Jordania. Esta es la tragedia de Palestina. La gente ha votado ser gobernados por la gente que envía a sus hijos a la muerte.

Y sin embargo aún hay esperanza. Existe una solución. Consiste en extraer del pasado lo que se necesita para el presente. Palestina era una provincia del gran Dawlet Osmanli. El más noble de los Sultanes, Abdulhamid Jan II, fue obligado a exiliarse porque se negó a entregar Palestina a los judíos. La única resolución justa que puede aplicarse a la cuestión de Palestina es que el pueblo palestino elija nuevos líderes que no pertenezcan a la clase política y, siguiendo sus auspicios, ir con humildad a Estambul para decir a sus dirigentes: “Hemos fracasado. Nuestro sitio está con vosotros. Venir y tomar nuestro gobierno, nuestras deudas y nuestras necesidades. Protegednos y rescatadnos en el Nombre de Allah”. Esta acción cambiaría el curso de ese grande y maldito territorio que en su día produjo ‘ulama que iluminaron el mundo entero, desde Alepo hasta Basora.

Iraq. Se nos dice que estemos contentos. Ya tiene una constitución. Ya tiene un gobierno. Ya tiene incluso un acuerdo pendiente con el Banco Mundial y el FMI. ¿Qué más podría pedirse? Pero el meollo de la crisis iraquí no consiste en si tiene o no un gobierno democrático. El meollo de la cuestión es un asunto sin resolver. Dos acontecimientos que tuvieron lugar en la todavía existente guerra iraquí desvelaron este asunto. Dos ciudades iraquíes se rebelaron contra la fuerza invasora extranjera. En el alzamiento de Kerbala surgió una figura a la que se otorgó un respeto y preeminencia enormes. La creación de este personaje fue un acontecimiento mediático iniciado por la CNN pero que pronto fue asumido por esa nueva jauría de perros rabiosos, los Expertos en Asuntos Islámicos. Se trataba de un ‘alim shi’a que fue rápidamente elevado a una especie de rango papal. Cuando se mencionaba su nombre se hacía con una mezcla de temor y respeto: Su Eminencia el Ayatollah Sistani. El otro actor principal era otro Mullah presentado como el extremista y activista radical. En el drama que se desarrolló a continuación, Kerbala era repetidamente definida como “Ciudad Santa” y también “Uno de los grandes Santuarios del Islam”. Al término del cuidadosamente orquestado asedio de Kerbala, al líder militante que había estado matando al Ejército de Ocupación, se le permitió retirarse ordenadamente bajo el pretexto de que era una paz auspiciada por Su Eminencia el Ayatollah.

El segundo asedio fue el de Faluyah. Se declaró que era el escenario de la resistencia musulmana frente a las fuerzas de ocupación. Esta vez los medios de comunicación tuvieron que definir confusamente a sus habitantes como una mezcla de Sadamitas y lo que ellos llaman Sunnis. Es posible que la redefinición política más importante de la Guerra Iraquí sea la determinación de acabar el conflicto con un Islam dividido en dos sectas: los shi’as y lo que ellos llaman los sunnis. La aceptación pasiva de esta nomenclatura es quizás el suceso más pernicioso en la historia de los musulmanes modernos. Desde el punto de vista político, es evidente para todo musulmán pensante, que cuando el Islam se presente como algo viable bajo alguna de estas dos formas, el próximo paso de los kuffar sería decidir cuál de ellas podría asimilar más fácilmente para luego, con toda gentileza, tolerarla hasta poner fin a su existencia, tal y como antes ha hecho con la cristiandad Católica y la Reformada.

Un Papa de Roma, económica y militarmente impotente, y un Ayatollah paralelo en Kerbala, se ofrecen como la baza definitiva. La respuesta al alzamiento de Faluyah fue justo lo contrario del tratamiento que se dio a Kerbala. Con una absoluta indeferencia ante la presencia de hombres, mujeres y niños en el interior de la ciudad, y bajo la pretensión de que se había pedido a los inocentes que la abandonasen, el asalto tuvo lugar. El ataque fue devastador, con barrios enteros bombardeados y reducidos a ruinas. La toma de la ciudad fue torpe, brutal y con una asombrosa tasa de mortandad que los expertos han declarado excesiva.

En Enero de 1843, siguiendo las órdenes del Califa de todos los musulmanes, Serasker Sadullah Pasha sitió la ciudad de Kerbala con tres regimientos de infantería, uno de caballería y veinte cañones. El motivo había sido el intento deliberado de independizar el Iraq central del Dawlet Islámico para establecerlo en torno a las dos ciudades sagradas shi’a: Kerbala y Nayaf. El creciente poderío mercantil del Eje Irán-Iraq, necesitaba una fuerza teológica que impulsara su expansionismo materialista, de la misma manera que el expansionismo del norte en la Guerra de los Treinta Años utilizó una base teológica en aquella terrible confrontación. Fue a comienzos del siglo dieciocho, con un Bahrain Safávida reactivando las doctrinas shi’a, cuando la nueva religión comenzó a redefinirse. La dialéctica entre las dos escuelas principales shi’a dinamizó las exigencias del crecimiento político. Explicado de manera simplista, los Ajbaris derivaban su enseñanza del Ta’wil del Corán y de las palabras de los Imams Shi’a; los Usulis, por su parte, representaban la tendencia racionalista que suscribía cualquier reconsideración pragmática de su religión. La tentación es definir las dos escuelas de la siguiente manera: los Ajbaris dicen: Los Imams nos han dado permiso para practicar la Taqiyya. Los Usulis dicen: Eso no es racional. ¡Nosotros NO practicamos la Taqiya!

El conflicto interno en la religión Shi’a es mucho mayor que su lucha contra la religión Islámica; pero como ya he dicho, los cambios en el shi’ismo no fueron provocados por consideraciones espirituales, sino por la necesidad de suministrar un módulo para una economía en expansión. En los primeros días de la religión Shi’a, los musulmanes podían llegar a pensar que quizás era una secta del Islam. Pero en 1501 el Shah Isma’il se convirtió en el Shah de Irán e impuso el Shi’ismo en el país. Ordenó la denigración ritual de los Sahaba y de los awliyya musulmanes. Quemó mezquitas. Expropió las tierras de los musulmanes. A mediados del siglo XVI, bajo la hegemonía de los Safávidas, sus ‘ulama comenzaron a introducir cambios importantes en la práctica del Shi’ismo. El shayj ‘Ali al-Karaki (muerto en 1534) reinstauró el Yumu’a, que había sido declarado inválido durante la época de la Ocultación, y ordenó pedir bendiciones por la dinastía Safávida desde el mimbar. Impuso el Jaraj (impuesto) islámico, que antes se consideraba ilegal. Ordenó el abandono de la Taqiya, ahora que estaban bajo la protección de los Safávidas. E instauró la denigración pública de los dos primeros califas del Islam, que Allah nos perdone por decir estas palabras.

Cuando la religión Shi’a se separó del Din tal y como había sido establecido por el Mensajero, a quien Allah bendiga y conceda paz, la contradicción y la alteración fueron inevitables, produciendo finalmente algo que es lo opuesto de nuestro Din. Por ejemplo: en los años 1830, Sayyed Muhammad Nasirabadi, el mu_tahid principal de Lucknow, dijo que podía cobrarse interés a los judíos, cristianos, hindúes y musulmanes (es decir, no a los shi’a). Sayyed Muhammad confirmó que el interés podía cobrarse a los mushrik por consenso y que los sufíes debían considerarse como tales, además de impuros. La similitud de este juicio con el emitido por Muhammad ‘Abduh no es un hecho accidental; nos hace recordar que cuando pronunció sus famosos juicios sobre la banca y la usura, acababa de tomar café con Al-Afghani, el célebre iraní.

Fueron los invasores afganos los que con una furia purificadora pusieron fin a la dinastía Safávida. Hechos como éste nos hacen recordar que los destinos del territorio iraquí y los poderosos emiratos afganos son cosas que no pueden ser determinados por un puñado de jóvenes americanos graduados en geopolítica que utilizan un lenguaje apenas comprensible, incluso para ellos mismos, y que actúan bajo el patrocinio de un Presidente analfabeto y el Sumo Sacerdote del Banco Mundial que escupe a escondidas en su peine antes de acicalarse para las cámaras de los medios de comunicación mundiales.

Nosotros somos los únicos que, a nuestra manera y cuando elijamos hacerlo, podemos resolver el trágico dilema de Iraq; la solución tiene que estar relacionada con las acciones del Sultán Abdelhamid II cuyas órdenes a su Shayj al-Islam fueron que había que hacer da’wa a los shi’a y que el uso de la razón y el estudio de la historia los traería de nuevo al Din.

En lo que respecta a Afganistán, tenemos que enfrentarnos con los hechos cara a cara y no dejarnos intimidar por las declaraciones fascistas de un Presidente de los EE.UU. que ya no sabe donde pisa. Afganistán ha sido invadido de manera más abominable e implacable que la practicada por los rusos. Los Talibanes eran un ejército nacional. Su triste ignorancia demuestra que su forma de tratar a las mujeres era algo que podíamos, y de hecho debemos, poner en su sitio. En su breve periodo de gobierno, habían eliminado por completo el ciclo de producción y exportación de la heroína. No nos equivoquemos; esta fue una de las causas necesarias y acuciantes de la invasión americana. En menos de un año los invasores tuvieron de nuevo a la heroína en plena capacidad de producción y comercialización, algo que no podía haberse hecho sin una infraestructura militar.

Ahora es fundamental que nuestra gente envíe a ese país sociólogos que examinen la extensión y el daño causado por la creciente necesidad de una industria de la prostitución, teniendo en cuenta que en el ejército de los EE.UU. no se contemplan restricciones de género o edad a la hora de obtener el placer sexual.

Las noticias de que el gobierno, en pleno colapso pero aún sumiso, de Inglaterra va a enviar un contingente masivo a Afganistán ha tenido como respuesta la entumecida sumisión del país entero. Hay dos colectivos en ese país que deben oponerse activamente a esta decisión. Uno de ellos es el pueblo escocés, puesto que ya desde la Primera Guerra Afgana de mediados del siglo XIX, han sido los regimientos escoceses los elegidos para ser los Muertos Ilustres. Debería constatarse que en caso de declararse una guerra, la clase política no solo rechazaría la idea de que un Primer Ministro y su Gobierno fuesen a la línea del frente, como solían hacer los reyes y los príncipes, sino que incluso sonreirían cínicamente como si la sola idea fuese una gran impertinencia. Para que las tropas regresen a casa, los musulmanes británicos no deben salir a la calle en manifestaciones inútiles sino que deben aprovecharse de un Partido Conservador revitalizado y de su dirigente honesto, para convertirse en un grupo de presión activo que puede influir en el curso de los acontecimientos. Nuestra visión de la democracia nos permite utilizarla de manera positiva y estar preparados para actuar cuando lleguen los días inevitables de su colapso total.

Resumiendo la situación de Afganistán: el país ha sido invadido y un títere sin valor alguno ha sido entronizado por un Ejército de Ocupación; y lo mismo que Quisling en Noruega en tiempos de los nazis, tendrá un final semejante. Las así llamadas ONG y Organizaciones Humanitarias deben ser consideradas parte de ese aparato diseñado para destruir la históricamente poderosa estructura social del país y erradicar el Din del Islam. Los Talibanes cometieron un grave error en sus comienzos al someterse a un Emir indigno. Este a su vez, había sido seducido moral y económicamente por un antiguo agente de la CIA, un soñador desprovisto de cultura, Bin Laden. Los ‘ulama de Afganistán declararon su alejamiento respecto al emir Talibán, y su juicio era correcto. Los combatientes Talibanes son otra cuestión, y debemos rechazar con contundencia la idea de que son terroristas —son musulmanes jóvenes que necesitan nuestro liderazgo y nuestra protección.

La ahora acuciante necesidad de nuestros ‘ulama y nuestros shuyuj de la Qadiriyya a ambos lados del paso de Jaybar es enseñar que no se puede cooperar con los dos Presidentes títeres y sus ineficaces gobiernos. Enseñar que consideran a la fuerza de ocupación como brutal, inculta e indiferente ante el sufrimiento de nuestro pueblo. Los shuyuj Qadiri deben proclamar con voz clara la defensa de la supervivencia del Din del Islam en ese territorio. Deben declarar que la Fataawa ‘Aal-‘Amgheeri, y no la Constitución de Kabul, es el documento de gobierno bajo la autoridad Coránica que debe prevalecer en la región.
Allah el Excelso ha dicho en la Surat al-Ahzab (33: 41-44)
:



“¡Vosotros que creéis!
Recordad a Allah invocándolo mucho.
Y glorificadlo mañana y tarde.
Él es Quien os bendice, así como Sus ángeles,
para sacaros de las tinieblas a la luz.
Y con los creyentes es Compasivo.
El día en que se encuentren con Él,
el saludo que recibirán será: Paz.
Y les habrá preparado una generosa recompensa”.


 
glosario de terminología islámica pensamiento