glosario de terminología islámica pensamiento

Es la Guerra
por
Shaykh Dr. Abdalqadir as-Sufi

Allah el Excelso ha dicho en Su Noble Corán (30: 38):



“Y lo que deis de más con usura
para que os revierta aumentado de la riqueza de la gente,
no crecerá junto a Allah.
Pero lo que deis como zakat buscando la faz de Allah...
A ésos se les multiplicará”
.

En la psicología existe un dibujo clásico que a primera vista parece tener la forma de un conejo pero que, fijándose con detenimiento, se transforma en un rostro humano. Para el psicólogo, lo importante es que no se pueden ver las dos cosas al mismo tiempo. Lo que se ve es un conejo o una cara.

Hace mucho tiempo y ya desde el principio, yo creía, junto con otros millones de musulmanes, que estaba viendo el conejo. No obstante, convencido de que todos estábamos sumidos en el engaño, parecía inevitable que el momento iba a llegar en el cual Allah nos daría la visión de cómo eran las cosas en realidad, desde otra perspectiva y visto con nuestros propios ojos. Sería una locura pretender que no estábamos confusos y asombrados. Por un lado estaba un sistema corrupto y usurero, pero en el otro, la Comunidad Musulmana Mundial, fragmentada en Naciones-Estado y monedas ilegítimas, no podía admitir la idea de un ÿihad bajo un liderazgo que no había recibido el Bayat ni había enarbolado la Bandera del Islam, sin mencionar tan siquiera que el ÿihad tiene reglas muy estrictas y que los actos de suicidio, incluso en un contexto paramilitar, están totalmente prohibidos.

Nuestra angustia creció aún más cuando los informes de los servicios secretos mostraron que quienes estaban detrás del terrorismo, tanto en la dirección como en la ejecución, procedían de la extracción social más baja y más dudosa, y que toda su retórica no mostraba la más mínima indicación de una identidad islámica sino que utilizaba el lenguaje de la política radical. La angustia se agravó cuando vimos que, a velocidad alarmante, esos actos aborrecibles daban lugar a una respuesta más despreciable todavía. En un periodo de tiempo mínimo y liderados por los EE.UU., Inglaterra y los Estados de la Unión Europea, se tiraban por la ventana los principios fundacionales de las leyes en los que se habían basado la sociedad europea en primer lugar y la americana después, desde la época de Henry VIII y François I. No eran acontecimientos islámicos, pero cuando se asentaba la polvareda producida por las explosiones, nosotros éramos el colectivo responsable de los crímenes, un colectivo al que ahora se podía castigar y oprimir porque, en el interior de nuestra Comunidad Musulmana Mundial de dos mil millones de personas, se ocultaban unos centenares de terroristas.

Lo único que veíamos en el papel era la silueta del conejo. Estábamos convencidos de que esta forma que percibíamos no era la realidad de los sucesos ni la de las personas. Nuestro conocimiento de las raíces clásicas del terrorismo moderno en la Rusia Zarista, nos había permitido hacer una observación. Incluía tres factores. Uno: los sucesos terroristas se manifestaban en primer lugar con un ataque de un salvajismo inusitado para luego, según el gráfico que mostraba su progreso, disminuir en intensidad y enormidad. Dos: como el terrorismo en sí era una manifestación de las contradicciones internas del Estado tiránico, el anti-terrorismo estatal encarnó la misma forma y el mismo carácter de la fuerza contra la que combatía. Tres: Lo que presagia la persecución exitosa del terrorismo es el derrocamiento del Estado anfitrión. El impulso de estas tres fuerzas motrices hacia un final ineludible ha sido analizado, tanto social como psicológicamente, en las obras maestras de Dostoevsky y Turgenev.

Cuando el paso del tiempo fue revelando que el modelo actual de terrorismo copiaba casi al detalle el modelo ruso original, más comenzó a evidenciarse –conforme los medios de comunicación empezaron a utilizar el mismo vocabulario analítico y los Estados mundiales comenzaron a desmantelar el gran legado legislativo del Renacimiento, algo que no ha sido confrontado por ninguno de los sectores más cultos– que se nos había utilizado para confirmar una ilusión.

Allah el Excelso dice en la Surat ar-Rum (30: 40-41):



“La corrupción se ha hecho patente en la tierra y en el mar
a causa de lo que las manos de los hombres han adquirido,
para hacerles probar parte de lo que hicieron
y para que puedan echarse atrás.

Di: ‘Id por la tierra y mirad cuál fue el fin de los que hubo antes.
La mayoría de ellos eran asociadores’”.

Lo que presentamos en este artículo, es que no existe el terrorismo como tal. No es el producto de unos grupúsculos islámicos aislados, minúsculos y desesperados. Ni tampoco es la puesta en escena de la política siniestra y secreta de los republicanos de los EE.UU.

Es una guerra. Y es evidente que no se trata de la guerra de un Estado soberano contra otro. El fin de la Guerra Fría supuso el fin de los conflictos entre los Estados. Y por supuesto que tampoco es la guerra de una coalición de Estados soberanos que lucha contra una misteriosa banda de nihilistas a los que se llama terroristas. Es algo totalmente nuevo.

Nos encontramos en una situación completamente nueva. Pero un cambio tan radical como el que ahora experimentamos no tiene lugar de la noche a la mañana. No ha sido iniciado con la destrucción planificada de dos rascacielos –a pesar de que toda esa violencia ha sido la primera herida en las carnes de un país que ha sembrado la destrucción desde Europa hasta Asia– del mismo modo que la guerra suicida de las trincheras en la Primera Guerra Mundial tampoco fuese el resultado del asesinato del archiduque Franz Ferdinand. Se necesitó la Guerra de los Cien Años para poner fin al sistema social del Feudalismo, y se necesitó la Guerra de los Treinta Años y el genio político de Enrique VIII para poner fin a la hegemonía política y económica del Catolicismo Romano.

Para entender lo que ahora contemplamos en la situación mundial de nuestros días debemos remontarnos a mediados del Siglo Veinte. El esclarecimiento del caso que estamos estudiando, se descubre en el tema central del famoso Discurso de Despedida del Presidente Eisenhower de 1961. En el núcleo mismo de su discurso podemos encontrar una resonancia clara del tema que nos ocupa y que anuncia la era que vivimos ahora. En este asunto no es un mero accidente que Eisenhower no fuese un político profesional, sino un gran soldado que había conseguido su posición gracias a sus éxitos militares. Veamos a continuación lo que era el tema central del último gobernante soberano de los EE.UU. antes del fin de la República; ese futuro que era el objeto de su advertencia se ha convertido en nuestra realidad actual:

“Hasta el último conflicto mundial, los Estados Unidos no tenían una industria armamentista. Si se les diese el tiempo necesario, los fabricantes americanos de rejas de arado podrían también fabricar espadas. Pero ahora ya no podemos arriesgar una improvisación de emergencia en lo que respecta a la defensa nacional; estamos obligados a crear una industria armamentista permanente y de enormes proporciones. Sumado a esto, tres millones y medio de hombres y mujeres están directamente relacionados con el aparato defensivo. Cada año gastamos en seguridad militar más dinero que los ingresos netos de todas las corporaciones norteamericanas”.

“Esta conjunción de un inmenso aparato militar y una gran industria armamentista es algo nuevo en la experiencia americana. La influencia total –económica, política e incluso espiritual– se deja notar en cada ciudad, en cada Estado, en cada casa y oficina del Gobierno Federal. La necesidad imperiosa de este nuevo desarrollo es justificable. No obstante, no podemos eludir sus graves repercusiones. Nuestro esfuerzo, recursos y medios de subsistencia están involucrados; se trata de la estructura misma de la sociedad”.

“En los consejos de Gobierno tenemos que protegernos de la adquisición de influencias no justificadas –deseadas o no– por parte del Complejo Militar-Industrial. El potencial para un desastroso alzamiento de un poder inadecuado existe y seguirá existiendo”.

“No podemos permitir que el peso de esta combinación ponga en peligro nuestras libertades ni el progreso democrático. No podemos dar nada por sentado. Sólo una ciudadanía alerta y cultivada será capaz de moldear el hermanamiento correcto de una enorme maquinaria militar e industrial con unos objetivos y métodos pacíficos que permitan el progreso de la libertad y la seguridad”.

El hombre que la emergente Elite de Poder había elegido para representarla en los sacrosantos salones del discurso político, el Senado y el Congreso, era Richard Nixon. Ya había sido posicionado en tiempos de Eisenhower, del mismo modo que su equivalente monetarista, Pompidou, había sido impuesto a De Gaulle para defender los intereses franceses. Recuerdo que en cierta ocasión, la autora teatral Lillian Hellman me decía que los Juicios de McCarthy no habían sido para purgar la amenaza comunista sino más bien, para crear un escenario sofisticado de patriotismo exacerbado con el que preparar el camino de la entronización de Nixon. Nixon perdió ante Kennedy cuando la Mafia entregó la Casa Blanca a este último.

Podríamos afirmar que Kennedy no era el hombre para ocupar el cargo presidencial. Su fracaso a la hora de entregar Cuba a sus amos oficiales, –el Complejo Militar-Industrial, junto con la Mafia, sus señores ocultos– le había colocado en una posición ante el Pentágono que le obligaba, según sus propias palabras, a “darles Vietnam”. Su asesinato puso en el limbo el nuevo programa de la Elite de Poder, pero al poco tiempo, los imperativos de la guerra pusieron por fin a Nixon en el poder. Con “su hombre” ahora al mando, los acontecimientos comenzaron a moverse con rapidez.

El suceso más importante en tiempos de la administración Nixon no fue el término de la Guerra de Vietnam ni la, extrañamente admirada, Apertura hacia China. Fue el conflicto que se nos presentó como teniendo lugar entre Chile y los EE.UU.

Un intelectual marxista de gran formación cultural, Salvador Allende, fue elegido Presidente del Estado soberano de Chile. En los términos de esa dialéctica, Allende vió que su tarea consistía en liberar la economía del país, y en realidad a todo el ámbito social, de la presencia imperialista americana.

Una de las corporaciones transnacionales más amenazadoras que dominaba la economía chilena era ITT, el gigante de las comunicaciones. Su presidente, Geneen, un judío polaco americano, fue a ver a Nixon y, tal y como sabemos por los archivos que salieron a la luz tras la caída de Nixon, le entregó un maletín lleno a rebosar de billetes de 100$ para activar la subversión de la economía chilena cuya culminación sería un Golpe de Estado. Este es el momento en el que tenemos que empezar a redefinir por igual el vocabulario de los acontecimientos y los elementos más relevantes de la narración de los sucesos.

La guerra estalló en Chile. Era la primera vez que en la era moderna se podría afirmar de forma categórica que no se trataba de una guerra entre dos Estados soberanos. Allende declaró la guerra. Pero a pesar de ser el Presidente de Chile no la declaró en nombre del pueblo chileno, sino en nombre de los desposeídos, los oprimidos y los trabajadores esclavizados. Por su parte y desde el Despacho Oval, Nixon declaraba la guerra abiertamente y se lo comunicaba a su embajador en Chile. Pero no actuaba en nombre del pueblo americano. Lo hacía en nombre de los intereses de las grandes corporaciones americanas que operaban en territorio chileno.

Debe recordarse que Allende hablaba con el lenguaje y la dialéctica del marxismo-leninismo, instrumentos deteriorados del ejercicio de la política, no solo por el colapso del comunismo soviético, sino también, y no en menor medida, por el trágico fracaso del gobierno de Allende. Su uso de este sistema trasnochado no sólo logró inhibirle en forma alguna sino que, debe admitirse a pesar nuestro, que le ayudó a comprender el gran tema candente de la época. Debe recordarse también que, a mediados del siglo veinte, la ONU no era un Consejo de Seguridad fascista sino más bien la Asamblea de las Naciones Unidas, un escenario activo donde se escuchaban las voces de las masas desposeídas del mundo entero.

El 4 de Diciembre de 1972, el Presidente Salvador Allende se dirigía a la Asamblea General de las Naciones Unidas en un discurso de extraordinaria importancia histórica.

“En la tercera reunión de la UNCTAD pude ya abordar el fenómeno de las corporaciones transnacionales. Mencioné el enorme crecimiento de su poder económico, de su influencia política y su acción corruptora. Este es el motivo que hace saltar la alarma con la que la opinión mundial debería reaccionar ante una realidad de estas características. El poder de estas corporaciones es tan enorme que trasciende todas las fronteras. Las inversiones extranjeras de las compañías de los EE.UU. se cifran en 32.000 millones de dólares. Entre los años 1950 a 1970 crecieron a razón de un 10% anual mientras las exportaciones de ese mismo país sólo aumentaron en un 5%. Se aprovechan de los países en vías de desarrollo obteniendo beneficios enormes y esquilmando sus recursos”.

“En sólo un año, estas compañías obtuvieron unos beneficios del Tercer Mundo que se han plasmado en transferencias a su favor por un total de 1.743 millones de dólares. De América Latina 1.013 millones, de África 280 millones, del Lejano Oriente 376 millones y de Oriente Medio 74 millones de dólares. Su influencia y radio de acción están alterando las prácticas comerciales tradicionales entre los Estados, la transferencia de recursos entre las naciones y las relaciones laborales”.

“Tenemos ante nosotros una confrontación directa entre las grandes corporaciones transnacionales y los Estados. Las corporaciones están interfiriendo en las decisiones fundamentales de los Estados, tanto las políticas como las económicas y las militares. Las corporaciones son organizaciones de ámbito global que no son controladas por, ni responsables ante, parlamento o institución alguna que represente el interés colectivo. Dicho con pocas palabras: la estructura política mundial está siendo socavada. Los comerciantes no tienen un país. El lugar donde residen no significa vinculación alguna; lo único que les interesa es dónde conseguir beneficios. Y esto no es algo que yo digo, son las palabras de Jefferson”.

El impacto que produjeron las palabras de Allende fue sobrecogedor. Cuando se sentó, la Asamblea estalló en un increíble número de vítores y aplausos. Cuando Allende se levantó como muestra de agradecimiento, todos los miembros de la Asamblea se levantaron al unísono, una y otra vez, confirmando con sus aplausos que se había establecido un hito que anunciaba la presencia de una nueva era.

Todo era diferente. La caída de Allende, y no la del Muro de Berlín, es lo que define el fin del idioma del comunismo como lenguaje de la lucha de las masas desposeídas del mundo. Significó el fin de la política comunista y anunció lo que podríamos calificar de nuevo ambiente y nueva valoración de la naturaleza de la lucha política. Cuando el brutal Golpe de Estado de Pinochet puso fin al gobierno de Allende, los tanques rodearon el Palacio Presidencial de la Moneda. Enfrentado a la derrota inevitable, Allende se suicidó teniendo a sus compañeros de testigos. Años más tarde, y como si quisiera solidarizarse con la lucha de Allende, su Secretario Político que era conocido con el nombre de La Paya, también se suicidó. Hablando del suicidio de Allende, los dirigentes comunistas de Chile dijeron: “Lo necesitábamos vivo. Con su muerte hemos perdido nuestro futuro”.

En vez del futurismo utópico de la política radical, había aparecido una enfermedad terminal. El pueblo chileno no había acudido a defender el Palacio de la Moneda. Lo cierto es que no habrían podido hacerlo. Fidel Castro, el experimentado marxista, les había advertido que no puedes ganar a no ser que tengas tu propio ejército. La política se estaba redefiniendo. Podría decirse que la Doctrina de la Revolución Perpetua era el último y lógico final de la Lucha Revolucionaria según las teorías de Trotsky. El perpetuo reciclado del suicidio se convirtió en la última baza lógica del movimiento anticapitalista del nuevo mundo. La antigua dialéctica política de izquierda / derecha se había disuelto en el centralismo globalizado de las, así llamadas, democracias políticas que se veían obligadas a someterse a la nueva Iglesia Católica del banquismo y su mística doctrina de las “Fuerzas de Mercado”.

La política se había atrofiado en un centrismo que la reducía a una supervisión minimalista de la salud, la educación y el orden público. Mientras tanto, el conflicto seguía presente en el mundo exterior. En el estadío siguiente de la Guerra, surgió el terrorismo como un campo de batalla en sí mismo. Mientras el suicidio seguía siendo un pilar fundamental que encarnaba la resistencia frente a la muerte, ahora comenzó a transformarse, pasando de la derrota al estilo Allende a ser una fuerza activa de violencia. Esto ha traído lo que ahora puede definirse como Terrorismo.

En este nuevo estadío de la Guerra contra el banquismo, podemos ya exponer los elementos que lo componen:

1. Propiedad centralizada de los bienes, sin limitación alguna, definida como doctrina de comercio liberal sin subvenciones.

2. Comercio mundial basado en monedas de papel en el que algunas se restringen y otras se definen como innegociables (Mali, etc).

3. Imposición global del IVA en todos los bienes transferidos dentro de los Estados nacionales.

4. Transformación de las fincas y granjas familiares en corporaciones agrícolas.

5. Guerras expansionistas para el beneficio único de los recursos y que son rediseñadas como excusas para la producción de módulos democráticos que separan la riqueza del gobierno.

En este nuevo nivel de la Guerra bancaria contra las masas, podemos incluir bajo el término “las masas” los elementos que constituyen su guerra contra el capitalismo:

1. Oposición militante al expolio de los recursos que dejan al país anfitrión totalmente empobrecido

a. El petróleo a escala mundial, concentrado en áreas tales como Asia Central y Oriente Medio.

b. Sangría de las reservas de oro mundiales con destino los EE.UU. desde donde el oro no puede ser exportado.

c. Café: importado para le élite tecnocrática; mientras tanto, los productores de café pasan hambre, sin educación ni prestaciones sanitarias.

d. Uranio: produce un tercio de la electricidad de Francia; mientras tanto, la población de Mali es devastada por el hambre y las enfermedades.

e. Plutonio: Una riqueza enorme se extrae de Lesotho, país donde un niño de diez años es sentenciado a diez años de cárcel por haber robado una hogaza de pan.

2. Oposición militante a la política despiadada que se aplica contra las poblaciones que abandonan sus hogares impelidos por el instinto natural de supervivencia.

3. Oposición militante a la permisibilidad que goza el Estado Israelí en su opresión totalitaria de los pueblos árabes.

4. Oposición militante, basada en la percepción de que el banquismo reconoce al Islam como su único y auténtico enemigo, a las deportaciones en masa, la tortura y desaparición, por todo el mundo, de hombres y mujeres calificados de terroristas y sujetos a la deportación trans-estatal que los convierte en no-personas.

En las décadas de la segunda mitad del Siglo Veinte, la Guerra comenzó a tomar la forma de una lucha entre terroristas y activistas callejeros contra las fuerza militares y policiales. Debe notarse que a pesar de haber mencionado en la lista anterior países tales como Francia, Israel y Mali esto ya no es una explicación relevante de los acontecimientos. Donde se dice Francia deberíamos decir Dessault, y donde se dice EE.UU. debería decirse Halliburton, Mobil Oil y Monsanto.

En consecuencia, en este nuevo estadío ya no deberíamos decir Alemania o Italia, sino que deberíamos identificar la encarnación de la Guerra en el terrorismo del grupo Baader-Meinhof en un país, y en el otro, las bombas colocadas en la estación ferroviaria. Los infames grupos de la RAF, y los grupos pro-Mussolini, además del terrorismo del IRA y el de la ETA, representan una resistencia esporádica al sistema capitalista que va incrementado su momento.

Y así fue cómo la Guerra pasó del primer nivel de “guerra falsa”, en la que los activistas de Geenpeace eran los héroes románticos, a un nuevo nivel propiciado por el acercamiento de dos ramas de la resistencia. Las incesantes matanzas de los palestinos y la brutalidad del régimen israelita que durante la Intifada tenía como objetivo los ojos de los niños –situación que obligó a los médicos palestinos a suplicar al resto del mundo que donaran ojos de cristal porque habían agotado sus existencias– comenzaron a encontrarse con las peleas callejeras de los así llamados Anti-Globalistas. Lo que se hizo patente a estos terroristas y activistas callejeros es que tenían un único enemigo. Los terroristas que pusieron las bombas en el Edificio Federal de Oklahoma consideraban que su enemigo era un Gobierno Federal cuyo órgano de dominación mundial, es decir, la esclavización de los pueblos americanos y asiáticos, era la World Trade Organisation. El combustible que alimenta el atropello despiadado de las legislaciones nacionales por parte de la WTO son los protocolos establecidos por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional que exigen la rendición de la soberanía para someterse a los imperativos económicos.

El ataque contra las torres del World Trade Center proporcionó a la Elite de Poder una oportunidad que no podía haber sido más provechosa. En palabras de uno de sus grupos de expertos: “¡Vamos a matar dos pájaros de un solo tiro!”. Inmediatamente después, el Presidente Americano mencionaba la palabra “Cruzada”.

La realidad es que la mejor manera de definir la verdadera identidad de todos los modernistas, ya se hayan autoproclamado Islámicos o sean así llamados por los EE.UU. y sus aliados, es la de los intelectuales modernistas árabes que se ven a sí mismos parte de la Guerra contra el Capitalismo Corporativo. Si son cultos, es evidente que han sido adiestrados, de Bin Laden para abajo, en el lenguaje y retórica de la guerra anti-globalista. El resto del grupo representan esa subclase que siempre ha sido utilizada en los asesinatos y la violencia política; no sólo una subclase sino también, como es el caso del individuo con la bomba en el zapato, los retrasados mentales.

Esta Guerra, cuya oscuridad se ilumina con las luces de muchas, muchas causas justas y olvidadas, tendrá al fin dos víctimas únicamente: La primera serán los EE.UU. en cuanto nación-Estado. Se ha demostrado imposible defender a los EE.UU. / Israel como nación-Estado base para las operaciones policiales de las corporaciones supra y transnacionales. Ni tampoco es posible, como ya sabe ahora todo el mundo, echar la culpa a los judíos. Parte de la ironía que define la situación actual de los EE.UU. es que malgastó los Años Reagan calumniando a todos los intelectuales judíos que se habían opuesto al papel jugado por América en el capitalismo mundial. Desde Lionel y Diana Trilling hasta Norman Mailer, se vieron obligados a abrazar de nuevo un judaísmo que habían abandonado hace mucho tiempo, con la nueva amenaza de que negar su procedencia era anti-patriótico, justo ahora cuando el Reaganismo veía el matrimonio de la República con el programa de dominio mundial de los banqueros.

La otra víctima de la Guerra es el desmantelamiento de la tradición legal que defendía el carácter sagrado del individuo frente al poder del Estado, tal y como defendía la Carta Magna, el Habeas Corpus, la No Detención sin Cargos, etc. El programa radical monetarista que convierte en deudor cada niño del mundo nada más nacer, no podía conseguirse sin la eliminación de ese excepcional respecto por la persona que había sido logrado, tras pagar un alto precio, por la civilización cristiana y de forma gloriosa por nuestra civilización islámica.

En todo esto, el papel de la Comunidad Musulmana Mundial es volver al Din. Allah el Excelso ha dicho en la Surat ar-Rum (30: 29-30):



“Mantén tu rostro sin apartarlo de la Adoración primigenia (Din),
como creyente puro y natural (hanif).
La marca original de Allah,
con la que ha marcado a los hombres al crearlos.
No se puede reemplazar la creación de Allah.
Esa es la forma de Adoración genuina,
sin embargo, la mayoría de los hombres no saben.
Vueltos hacia Él.
Y temedle, estableced el salat y no seáis de los que asocian”.

Esto significa que el rey Abdallah de Arabia debe abandonar la traición que supone el wahhabismo, volver a la tradición de su país y seguir la Escuela del ‘Amal del Ahl al-Madinah. Esto significa que el Rey Muhammad de Marruecos no debe vender un solo palacio a los que, al comprarlo, acabarán por derrocarlo. Y debe además cumplir la promesa pendiente de su gran padre, Hasan II, que Allah tenga misericordia de él por su defensa de Marruecos en una vida entera de guerra soterrada por parte de Francia cuyo objetivo era recuperar su antigua colonia. El rey Hassan, en el último año de su vida, prometió a una delegación de los Murabitun de Granada que le habían entregado como regalo un Dinar de Oro Islámico, que iba a reinstaurar la Recaudación del Zakat y que nombraría a un grupo de ‘ulama para ponerlo en práctica.

Esto significa la abdicación de esos dinosaurios que son los Ijwan al-Muslimun, la admisión de que su ‘aqida es defectuosa, que siguen las doctrinas occidentales y que desconocen por completo la dinámica de la economía moderna y la relevancia del Zakat como mandato divino que debe ser recaudado en Dinares de oro y Dirhams de plata. La acuñación y distribución del Dinar de Oro Islámico es lo que destruirá el poder imaginario del Dólar de Papel kafir y eliminará para siempre el totalitarismo de la época bancaria.

El 11/9 de 1973, Salvador Allende fue empujado hacia el suicidio.
El 11/9 del 2001, los anti-globalistas árabes se suicidaron estrellando sus aviones contra las Torres Gemelas del World Trade Center.

Esta es la Guerra, y no ha cesado de ocurrir en frente alguno. Pero más allá de su oscuridad, reside para nosotros la propagación de la Luz del Islam en el mundo entero, una gran recompensa y un gran perdón.
Allah el Excelso ha dicho en la Surat al-‘Araf (7: 158):



“Di: ¡Hombres! Es cierto que yo soy para vosotros el Mensajero de Allah,
a Quien pertenece la soberanía de los cielos y de la tierra.
No hay dios sino Él, da la vida y da la muerte;
Así que creed en Él y en Su Mensajero,
el Profeta iletrado que cree en Allah y en Sus palabras
y seguidle para que tal vez os guiéis”.

 
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