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Irak es un territorio
por Shaykh Dr.
Abdalqadir As-Sufi
Es
un hecho conocido que las monarquías europeas y el sistema
monárquico han sido los causantes del estallido de la primera
guerra mundial. Y esto, a pesar de que sabemos que ninguno de los
monarcas en cuestión tuvo bajo su control los acontecimientos,
sino que éstos se hallaron en manos de políticos y
de generales poco capaces.
La Segunda Guerra Mundial que en apariencia comenzó para
salvar a Polonia de la invasión alemana, terminó otorgando
Polonia a su otro invasor, Rusia. Entre la gran mayoría ignorante,
se difundió la versión de que se hacía la guerra
contra la tiranía y la dictadura, en nombre de la democracia.
Gracias a la contribución enorme de Rusia, que ostentaba
la peor dictadura de la historia, y que había eliminado decenas
de millones de sus propios ciudadanos en nombre del socialismo,
Alemania fue derrotada. La mitad oriental de Europa fue entregada
al dominio de Rusia, mientras que la mitad occidental se adentraba
en la barbarie intelectual de una época de estricta doctrina
socialista.
Sin embargo, por debajo de la absurda dialéctica de izquierdas
y derechas, una evolución mucho más profunda estaba
creciendo, totalmente a las espaldas de las masas y de los llamados
intelectuales.
En este sentido, más de un estudioso de la historia social,
ha observado en esta época, como el médico observa
la erupción cutánea que indica una dolencia orgánica,
la proliferación ininterrumpida y la presencia invasora de
pequeñas entidades bancarias en todas las calles y ciudades
de Europa.
Para finales del siglo veinte, es de dominio público, incluso
entre las masas controladas por los medios de comunicación,
la falta obvia de todo discurso político y, por supuesto,
de una oposición auténtica entre derechas e izquierdas.
En este final de siglo el modelo bancario y el sistema de mercado
consiguen desprenderse de todas las restricciones creadas por los
gobiernos nacionales, por medio de un nuevo discurso metafísico
de su propia invención: el discurso de los valores de mercado
y de las disciplinas necesarias para luchar contra la inflación.
Al mismo tiempo que, para las mayorías populares, el mundo
sigue aún organizado en un conjunto de naciones, progresivamente
articuladas en instituciones políticas supranacionales como
la ONU, la OMS, etc.
Las religiones, por otro lado, quedan prácticamente abolidas.
El Papa, obligado a someterse a tiros, acaba vencido y colocando
su desesperanzada petición en un nicho del Muro de las Lamentaciones
de Jerusalén.Una simple muestra de lo impaciente que llega
a ser la nueva minoría que gobierna el mundo con las estructuras
democráticas que ella misma ha sometido a su obediencia es
la elección presidencial norteamericana del actual titular.
Cuando se vio que la votación no podía comprobarse
y que era ilegal, lejos de organizar una nueva votación,
según la lógica y sus propios principios democráticos
exigían, las fuerzas que realmente gobiernan el país
intervinieron. Al final, en la autoproclamada democracia
más grande del mundo , el presidente fue nombrado
con el voto del juez jefe del Tribunal Supremo, un funcionario elegido
para tal cargo por el padre del nuevo presidente. En las aguas claras
de los primeros días de su nombramiento, pudo verse que el
gobierno bipartito y bicameral no era sino la punta del iceberg;
la gran masa del gobierno verdadero se ocultaba bajo las aguas,
determinando el futuro movimiento de los acontecimientos.Está
claro que el poder se ha escapado de las manos de las instituciones
estatales del gobierno nacional, las cuales no son capaces de controlar
la riqueza que es el verdadero poder que determina los destinos
de los hombres en la historia.
Una vez que la soberanía nacional queda incapacitada, se
sigue que las muchas instituciones internacionales pierden a su
vez gran parte de su valor, llegando incluso a ser un estorbo para
la autoridad que gobierna de hecho. Autoridad oculta a la vista
y protegida por las diligentes y engañosas nubes de los medios
de comunicación.Dada la naturaleza de largo desarrollo del
subsistema que predomina sobre el anticuado mundo político,
ha sido inevitable que la nueva forma de poder aparezca desprovista
tanto de espontaneidad como de dinámica interna. Ya que es
una remodelación del estructuralismo político al que
viene a sustituir. Es posible incluso que la propia complejidad
bizantina de la nueva organización mundial capitalista, pues
está bien claro que no es sino esto, se muestre históricamente
incapaz de dominio mundial, salvo por un tiempo sumamente corto.
Pues se trata de un sistema fatalmente defectuoso, en el que si
bien sus componentes obedecen las reglas del método lógico,
su fuerza motriz se muestra ilógica y extremadamente voluble.
Me refiero aquí al sistema financiero y a su místico
aparato macro y micro-económico.La oligarquía que
dicta ahora los acontecimientos es una hidra de tres cabezas: el
sistema de los medios de comunicación, el sistema de mercado
de materias primas y el sistema financiero; siendo el último
de los tres el más destartalado. El componente financiero
no es sino un edificio gótico tambaleante, con una red de
corredores que conectan entre sí a todos los bancos; los
bancos nacionales, los bancos mundiales, las bolsas de valores y
los mercados de futuros.
A la vez, hay que tener en cuenta que la tríada está
desgarrada por los conflictos internos y por las opuestas ambiciones.
Los medios de comunicación se desvirtúan diariamente
en manos de la fantasía de gran espectáculo y de algunos
liberales que se resisten a desaparecer con uñas y dientes.
Los magnates de las materias primas luchan entre sí por las
concesiones, como los antiguos duques de Europa batallaban para
conquistar sus principados. Lo más peligroso es que entre
ellos están los representantes de ese complejo militar-industrial
del que el presidente Eisenhower dijo que llegaría a destruir
su magnífica democracia. En cuanto a la fuerza que gobierna
la tríada, las finanzas, como hemos indicado más arriba,
están condenadas a la disfunción y al hundimiento
inevitable.
El sistema financiero, por su propia naturaleza, no es sólo
una metafísica matemática que al aplicarse puede arruinar
países enteros y adquirir una riqueza casi ilimitada. Es
también, a la postre, un método puesto en funcionamiento
por una pequeña oligarquía de personas monstruosamente
ricas, algo más de trescientas, que en la actualidad posee
ya la mitad de la riqueza mundial. Personas que, es necesario decirlo,
no vacilan en poner en peligro la vida del planeta para satisfacer
su codicia desvergonzada, una codicia que raya en la locura. Pero
no están locos, sino que son como el personaje de Pirandello
Enrique IV. Al final de la obra, después de su inevitable
crimen, cuando sus amigos objetan que ha estado loco y que no sabía
lo que hacía, Enrique IV responde: No lo entendéis.
Yo sabía lo que estaba haciendo, pero no podía detenerme.
¡ Ésta es mi locura!
No es simple casualidad que los nombres de esta pequeña oligarquía
no aparezcan en los medios de difusión, ni sean conocidos
por las grandes masas, ocupadas en otros menesteres. Alguna vez,
como en el caso del asesinato en Montecarlo del banquero Safra,
un caso aún sin resolver, el velo que oculta al pequeño
grupo oligárquico se levanta por un momento. ¡Uno de
los diez hombres más ricos del mundo y nadie había
oído nunca hablar de él! Sin embargo, varios antiguos
presidentes, primeros ministros de Israel y estrellas de la pantalla
asistieron a su funeral, y el Rabino Jefe de Francia fue transportado
en el avión privado de Safra al juicio del aparente asesino
para ofrecer una oración especial por la víctima.
A la postre, nadie ha llegado a saber qué pasó realmente
y el velo del anonimato ha vuelto ha caer sobre la élite
de poder.
*
* *
Ahora,
la oligarquía ha decidido la conquista militar de Irak por
dos motivos. Uno, porque la conquista de Irak supondrá una
gran victoria para el grupo de los dueños de las materias
primas. Dos, porque también otorgará al complejo militar-industrial
una posición aún más poderosa en el mundo.
Sin olvidar, a la vez, que es un movimiento necesario para que la
moneda escogida por el sistema, el dólar norteamericano,
supere su situación cada día más vulnerable.
Hay que se conscientes de tres cosas. Primero, que la identidad
del antagonista, volvamos a repetirlo, ya no es la antigua entidad
soberana, y también antigua colonia británica, llamada
Estados Unidos de América. Aunque la oligarquía opere
y se mueva libremente a lo largo del país, tanto en los distritos
financieros como en grandes propiedades celosamente vigiladas, sin
embargo, allá donde realmente vive la mayoría de la
gente no impera sino el temor y el miedo a la pobreza. Las drogas,
el desenfreno sexual y una generación desalterada que dispara
sobre sí misma y sobre sus profesores constituyen el verdadero
Estado de la Unión, un estado en el que la población
penitenciaria es equivalente a la población del Estado de
Israel. Segundo, conviene hacer notar que los medios de difusión
son los que están aportando machaconamente los motivos, y
el mantra, que justifican la invasión. Así como la
Inquisición se abrió camino a través de Europa
torturando y quemando en nombre de la Trinidad, del mismo modo los
medios de difusión y los portavoces de la actual oligarquía
están proporcionando las tres palabras sobre las que la guerra
debe desplegarse: Armamentos de Destrucción Masiva. Han logrado
definir el mundo con estas tres palabras. No sólo constituyen
estas tres palabras el terror del mundo, sino que se hallan en manos
de quien se nos dice que es el Hombre Malo. Lo han logrado tan bien,
que de nada sirve recordar que, en nuestra época, los únicos
que han utilizado Armamentos de Destrucción Masiva han sido
los Estados Unidos de América cuando arrojaron la bomba atómica
sobre Hiroshima y Nagasaki. La bomba, inventada por un judío,
Einstein, fue científicamente madurada por otro judío,
Oppeinheimer, y fue arrojada por orden de un cristiano; aunque a
Harry Truman nadie le llamó Hombre Malo, sino más
bien Hombre Bueno. Tercero, la causa primera o la causa motriz o,
al menos, el fondo de la guerra que se propone ha sido el fenómeno
llamado terrorismo. Dado que este terrorismo ha sido públicamente
definido por miembros superiores de la administración actual
norteamericana bajo la etiqueta de fundamentalismo islámico,
es muy importante entender Tal Cosa, antes de seguir con el tema
de la inevitable guerra de Irak.
*
* *
Puesto
que la presente manifestación del terrorismo ha recibido
ya una identidad con un perfil deliberado, y puesto que esa identidad
comprende los tipos que la practican, una determinada ideología
y un contenido amenazante, todo ello requiere aclaración.
Si bien hace una corta y fea aparición en la historia de
los musulmanes y no, hay que decirlo, en la historia del Islam ya
que carece de los medios históricos o espirituales para formar
parte del propio Din del Islam-, el terrorismo es un fenómeno
del estado capitalista moderno. Es importante que veamos esto, porque
no hay ningún aspecto de la presente ola de terrorismo que
no pueda ser incluida dentro de su definición clásica
y de sus manifestaciones en el desarrollo de la estructura estatal
capitalista.
El terrorismo clásico es un fenómeno que surge, se
autodefine y se autopromociona, con bastante éxito hay que
añadir, durante el reinado de los últimos tres zares
de Rusia. Sin la documentación y la crítica de dos
grandes escritores rusos, Turgueniev y Dostoievsky, la memoria de
los hechos terroristas, del carácter terrorista y de la comunidad
terrorista habrían quedado relegados a los índices
de los libros sobre la Rusia pre-revolucionaria. Turgueniev puso
de relieve la dicotomía existente entre los envilecidos marginados
sociales y los grandes ideales que pretendían hacer realidad
por medio de sus actos. Dostoievski, que conocía este mundo
más íntimamente, ahondó más en él.
Dostoievski distinguió dos aspectos en el terrorismo, el
segundo de los cuales es una verdad ineludible y asombrosa. Primero
hizo un esbozo genial de la vida de los terroristas modernos, en
el que aparecen algunas características. La mayor parte de
ellos actuaban solos o dentro de la estructura de mando de una pequeña
célula. Así por ejemplo, uno de sus terroristas de
provincia, cuando finalmente llega a conocer a un colega, le susurra
con excitación, No somos los únicos, ¿verdad?
Se percató de que lo que motivaba a los que se preparaban
para poner en práctica aquellos actos sangrientos no era
una causa más noble sino el cumplimiento del acta terrorista.
También vio que sus operaciones más terribles fueron
las primeras y que después, como grupo, sus componentes se
desperdigaron y los incidentes disminuyeron. Todo ello es corroborado
por la secuencia moderna: la destrucción espectacular de
dos rascacielos, la matanza de miles, el bombardeo de un club nocturno,
la matanza de cientos, y finalmente el cretino con dinamita escondida
en el zapato. Con todo, lo que debemos comprender sobre todo es
la segunda intuición del profundo genio religioso de Dostoievski.
Lo que Dostoievski vio y no debemos olvidar que deseaba tanto
o más que los terroristas el final de la autocracia- fue
una contradicción tan profunda que le colocó cara
a cara frente al nihilismo. Un nihilismo que era la condición
inevitable del hombre que vivía bajo el capitalismo. Lo que
Dostoievski descubrió fue que el terrorista, lejos de hallarse
en oposición dialéctica con la tiranía estatal,
era un producto del estado tiránico necesario para transformar
su tiranía en tiranía absoluta; que la instigación,
propagación y persecución final de la clase terrorista
era producida por el mismo estado tiránico.
Para captar la naturaleza íntegra de la fase final de la
que no hay salida política es necesario comprenderla a fondo.
Dostoievski no dijo que los terroristas eran una invención,
una teoría de la conspiración transformada en práctica
de la conspiración y luego utilizada para oprimir a las masas.
Lo que hizo fue demostrar que el estado capitalista había
llegado a un punto nadir tal, a tal devaluación de los valores,
que la gente comenzó desentenderse de toda lealtad y conexión
humana. Entonces, en sentido figurado, aquellos fragmentos de metal
limados y separados de las masa de hierro de la sociedad, al volverse
contra la sociedad en un marco en el que se vulneraban todas las
leyes de la vida, proporcionaban así un movimiento dinámico
de supervivencia a la misma masa de hierro estatal contra la que
se volvían. Los fragmentos de hierro, bajo la influencia
de dos polaridades que los mantenían en suspenso, de dos
imanes, eran lanzados de nuevo a la masa de metal de la sociedad.
De modo que, en el cumplimiento de la fase terrorista de una sociedad
capitalista, el terrorismo, sus actos y las personas que los ejecutan
no son sino servidores hipnotizados y obedientes del estado mismo
que se han propuesto desvariadamente destruir.
Esto nos permite decir, y hay que volver a decirlo, que si bien
el terrorismo no es un producto secreto del estado capitalista,
tampoco hace la guerra al estado capitalista. Lo que ocurre es que
el terrorismo no es exterior, sino interior al estado capitalista
y, por lo tanto, utiliza la moneda, las armas y los métodos
del estado capitalista. En su realidad histórica es indistinguible
del estado punitivo que dice atacar. Nos vemos obligados a reconocer,
como consecuencia de nuestro análisis, que el terrorismo
actual corresponde a la definición clásica de Dostoievski.
A continuación, lo que debemos analizar es la situación
histórica que ha llevado a calificar el término clásico
con el adjetivo de islámico.
En la época de Salajuddin, una secta extremista chiíta,
que se pretendía descendiente de Ismael, no pudiendo convencer
a los musulmanes de sus doctrinas peregrinas, inició un poderoso
movimiento terrorista, con el propósito de imponerlas por
la fuerza. Todo ello tomó lugar en el Líbano y en
parte de lo que es hoy Palestina. Atentaron contra del Califa y
aterrorizaron también a los jefes cristianos. El grupo, dirigido
desde un castillo situado en una montaña, tenía un
jefe conocido como el Viejo de la Montaña. Además
de provocar incendios y raptos, enviaron asesinos por todo el mundo
musulmán. Cuando estos asesinos perdían la vida, recibían
sepultura como mártires en cementerios especiales que se
utilizaban como centros de meditación, en los que los futuros
asesinos se fortalecían para realizar su tarea. Los funerales
de los héroes asesinos llegaron a ser claves en la vida social
ismaelita. La secta ismaelita desarrolló después una
metodología dialéctica: cuando el método terrorista
alcanzó su clímax sin obtener el triunfo, optaron
por el método opuesto, revelando a los musulmanes el secreto
de que no estaban obligados a ayunar ni a rezar, y que esotéricamente
todas las religiones eran una. Tanto la comunicad islámica
como la chiíta juzgaron que la secta ismaelita era zindiq
y que se hallaba fuera del Islam.
A la luz de lo anterior, se puede ver una vinculación directa
entre el movimiento suicida palestino y la herejía ismaelita.
También ellos tienen lugares dedicados a los mártires
y exaltan a los ejecutores suicidas. En los funerales, no pronuncian
la Shahada del Islam, como es la norma, sino que se reducen a gritar
Allahu Akbar!
La primera forma ismaelita del erróneamente llamado terrorismo
islámico se conecta extrañamente con la segunda forma,
también erróneamente llamada islámica. Extrañamente,
porque aparece en la Arabia del régimen saudita que no ha
hecho nada por ayudar a los palestinos, trágicamente castigados.
Este rama importante del terrorismo es sin duda el resultado del
régimen anti-islámico establecido por la monarquía
de la familia de Ibn Saud, producto a su vez de los oficios de Churchill.
El wahabismo nace en la tribu de Najdi de la familia Ibn Saud que
se estrena rebelándose contra el Califa islámico a
quien habían jurado lealtad. Saud fue capturado por las fuerzas
musulmanas del gobernador de Egipto y enviado a Estambul, donde
fue juzgado no por rebeldía sino como zindiq; y como tal
decapitado sin derecho a la oración previa.
El wahabismo se declaró defensor de la Unicidad de Dios,
a la vez que se opuso al Mensajero de Allah, que Allah le conceda
paz. Este odio al Mensajero, de origen tribal, también abarcó
a los Awliya de Allah y, por extensión, a los movimientos
sufíes que eran la fuerza vital espiritual de la comunidad
islámica.
El movimiento wahabí es la cara política oficial del
falsa monarquía entronizada por los británicos. Desde
el momento que la nueva oligarquía mundial aparece, los magnates
de las materias primas se hacen con el control de la Península
Arábiga. La primera biografía de Ibn Abdalwahabb se
hace por encargo de la compañía americana de petróleo
ARAMCO. Según las apariencias, la oligarquía estima
que el puritano y desagradable wahabismo es el medio ideal para
sofocar el Islam allá donde se encuentre. En consecuencia,
establecen una Oficina de información y espionaje llamada
Rabita, cuya función es localizar y registrar todas y cada
una de la mezquitas del mundo; así como toda enseñanza
islámica y todo maestro musulmán. El rey saudita crea
una universidad, fuera del precinto de la bendita ciudad de Medina,
llamada Universidad de Medina. Una universidad que representará
en el movimiento anti-islámico el papel realizado por Wittenberg
en el movimiento anti-católico de Lutero. El trabajo misionero
del movimiento monoteísta y puritano wahabita va a ser realizado
por un grupo llamado Tablighi Jamaat, ayudado por los países
europeos y americanos a extenderse por doquier, cuyo papel fundamental
es garantizar a los kuffar que no se producirá ningún
Jihad.
Con el paso de los años, según la riqueza corrompe
a la familia saudita y el pueblo se empobrece bajo sus doctrinas,
el movimiento anti-islámico wahabbita se vuelve agrio y pasa
a una fase militante que la decadente monarquía saudita no
puede combatir. Así, la universidad de Medina se transforma
en la fábrica de producción de agentes fundamentalistas
alucinados por el sueño de ser los restauradores de la religión
a su pureza primigenia; y su movimiento misionero, a través
de nómadas fanáticos, se vuelve fuente de reclutamiento.
De este modo, poco a poco, grupos de radicales comenzaron a zumbar
y a formarse, fermentando con un anti-sionismo entusiasta incapaz
de ver que la cuestión palestina no era la tierra sino el
dinero. El verdadero jefe de este nuevo terrorismo no era, de hecho,
la absurda y patética figura de bin Laden, sino más
bien la arcaica cabeza de los Hermanos Musulmanes, Sheij Qardawi;
persona que no sólo desconocía el papel que representa
la oligarquía financiera, sino lo que es una tarjeta de crédito.
Bin Laden corresponde al modelo arquetípico del terrorista
dostoievskiano. Procedente de una familia que se enriquece bajo
el régimen saudita, lleva una existencia rota y sin padre,
en busca de la ocasión que le permita hacer ostentación,
al estilo de Tony Blair, de la virilidad de la que carece. La idea
de que sea la cabeza de un movimiento islámico genuino no
podía ser más absurda. Se sabe que carece de toda
educación islámica -Arabia difícilmente podía
habérsela proporcionado- y que está desprovisto también
de un carácter formado por una organización sufí;
o ni siquiera formado por la Harvard School of Business Management.
Según se adentra uno en el detalle de sus actividades, aquellas
ambigüedades insolubles a las que hacíamos mención
más arriba comienzan a aparecer; no formando un patrón
inquietante, sino más bien en series contradictorias emparejadas.
En cierto momento de su andadura, se hace con los fundamentos del
wahabismo. Desarraigado y crispado, aparece en Afganistán.
Antes o después, se vuelve agente de la CIA. Más tarde,
se dice que hace uso de sumas fabulosas de dinero para la realización
de actos terroristas. No sabemos todavía cuál es la
cuantía de la fortuna de la familia Bin Laden, el gasto en
terrorismo, ni de qué dispone realmente nuestra figura criminal.
Los números parecen detenerse allá donde termina el
margen de credibilidad de cada narración. El régimen
talibán mismo parecía extrañamente perplejo
ante la presencia de Bin Laden. Cuando les avisamos ante testigos
que si no lo entregaban traería la destrucción a su
país, respondieron entre dientes que era un huésped,
aunque con poca convicción. Cuando se les sugirió
que debe expulsarse al huésped que trae la destrucción
a la casa de su anfitrión, se callaron. No nos quedó
más que proponer que fuese repatriado a Arabia, país
que curiosamente no ha sido alcanzado por sus actividades.
En verdad, aunque hubiesen tenido que saber más, la actitud
terrorista exaltó en grado extremo a los ulama de la
zona. Se produce un conjunto de acontecimientos mal entendidos y
de los que sabemos poco. Todos ellos están conectados con
la región afgano-pakistaní. El más importante
de ellos es la sincronía entre las aventuras de Bin Laden,
el régimen de los talibanes y el golpe de estado, según
sabemos ya orquestado por los Estados Unidos, realizado por el desvergonzado
rebelde kemalista Muharaf y su familia qadiani. El único
espectacular golpe de la red terrorista está envuelto en
dudas y contradicciones. ¿Pensaron los secuestradores que
se trataba de un secuestro típico y que acabarían
aterrizando en algún sitio, sin saber que las órdenes
eran navegar con el piloto automático y que la precisa conducción
de los aviones hasta su blanco, precisión de otro modo inexplicable,
se haría del propio sótano de las torres? Es algo
que ni se sabe ni está libre de dudas. Dos cosas surgen en
el momento en que la nación conmocionada reúne los
primeros datos. Una, casi todos los secuestradores eran producto
del wahabismo saudí. Dos, su comportamiento no tenía
nada que ver con la acusación de que se trataba de fanáticos
islámicos. Un hombre que cree luchar en el camino de Allah
y cuya recompensa es el Jardín, difícilmente pasaría
sus últimas noches con prostitutas y tomando combinados de
wodka. Según comenzaron a detener a otros acusados de pertenecer
a la misma banda, se puso en evidencia el bajo coeficiente mental
y la vileza de todos ellos. Uno de los últimos, el musulmán
inglés que transportaba Semtex en el zapato, no era sino
un pobre cretino. No podía ser que tipos de aquel calibre
tuvieran al mundo en vilo.
No hay duda de que las acciones de los terroristas han fortalecido
enormemente la evolución in avanti del dominio mundial capitalista.
Tampoco la hay de que los terroristas, voluntaria o involuntariamente,
no son sino sus obedientes servidores. Es igualmente cierto que
no son ni pueden ser terroristas islámicos, sino más
bien una anónima chusma sin cabeza y sin adhesión
conocida a nada que sea el Islam histórico. El Islam es la
última religión divina, es luminoso y no puede ser
derrotado. Y mucho menos por una gente cuyas acciones no tienen
nada que ver con él . Aunque tampoco puedan serles atribuidas
a ellos mismos, siendo como son un puñado de pobres víctimas
extraviadas en esa tierra de nadie, la última fase de kufur,
llamada capitalismo.
Ahora, a la luz de todo lo anterior, podemos examinar la cuestión
de Irak. Irak es un territorio. La gran llanura de Mesopotamia surcada
por los ríos Eúfrates y Tigris está dividida
en dos partes. El norte es el antiguo reino de Asiria. El sur es
el antiguo reino de Babilonia. Los musulmanes árabes llamaron
al primero al-Jazira h, la Isla, y al segundo, al-Iraq, el acantilado
o costa. También llamaron a la llanura aluvial, As-Sawad,
la Tierra Negra, ya que rezumaba petróleo.
Los musulmanes se apoderaron del territorio justo cien años
después de la Héjira. Kufra y Basora fueron ciudades
hermanas bajo el califato omeya. Los abasidas fundaron la ciudad
de Bagdad e hicieron de ella su capital. Después del califa
Harun ar-Rashid , la sede del califato fue llevada a Samarra. Por
el espacio de los reinados de siete califas, Bagdad no fue sino
una ciudad provinciana. En el año 217 (892 DC) se hizo de
ella de nuevo la capital. En el 656 (1258 DC) el dominio abasida
cedió ante la invasión de los grandes mogoles.
La vida de Basora fue turbulenta. Cerca de la ciudad, en el 36 (656
DC), Syyiduna Ali entabló la Batalla del Camello, en la que
Talha y Zubayr fueron matados. En el 257 (871 DC), tomó lugar
la gran rebelión de Zanj. La fuerzas contrarias a los abasidas
quemaron por completo la Gran Mezquita y saquearon durante tres
días. Alrededor del año 1336 DC, los mogoles abrazaron
el Islam y, en 1393 DC, Timur arrebató Bagdad al sultán
Ahmad Jalayir. Por órdenes de Timur, el vino de toda la ciudad
que los árabes habían estado bebiendo fue arrojado
al río. No es deseable que vuelva a ocurrir. Uno de los acontecimientos
más significativos de la Provincia en la etapa otomana es
que Mosul fue declarado waqf por el gran sultán Abdulhamid
II, que Allah esté complacido con él, cuando vio que
la zona había comenzado a producir petróleo. La transformación
de Irak en nación fue un concepto completamente nuevo introducido
por los conquistadores cristianos en la Primera Guerra Mundial;
siendo Churchill el que recortó un territorio con dos provincias
distintas del califato otomano.
19 de diciembre de 1940
Un director del Fondo Nacional Judío; Yossef Weltz, afirmó
que para crear el estado judío, no había otro
medio que desplazar a los árabes de los estados vecinos,
a todos los árabes.
31 de mayo de 1941
Los británicos ponen punto final a su ofensiva contra gobierno
nacionalista iraquí de Rashid Ali Al-Gaylani, quien comienza
a organizar un movimiento de resistencia guerrillera.
22 de marzo de 1945
Iraq entra a formar de la Liga Árabe en el Cairo. La Liga
Árabe o los Estados Unidos de Arabia que es como se llamó
en cierto momento. En ella, el Rey Gazi constituía una amenaza
porque éste albanés, deseoso de la restauración
del Califato, representaba en su persona la tradición otomana
opuesta al racismo.16 de octubre de 1946
El hombre de paja de los británicos, Nouri Said, pasa a ser
Primer Ministro . En 1945, este hombre había conseguido escapar
de las fuerzas de Gaylani.
15 de mayo de 1948
Iraq declara al guerra a Israel, junto con los demás países
árabes.15 de julio de 1958
Nouri Said se escapa de Bagdad disfrazado de mujer. Es capturado
y su cuerpo es hecho pedazos en un acto de fervor por la chusma
árabe al son de la Marsellesa. El general Abdalkarim Kassem
declara la Repúclica. El rey Faisal Faruq es asesinado.
19 de julio de 1961
Con el dominio creciente de la oligarquía de los magnates
de la materias primas, Kuwait es declarado país independiente,
a pesar de las declaraciones insistentes de Iraq indicando que forma
parte de su territorio.
17 de julio de 1968
El partido Baas toma el poder en Irak. Sus dos dirigentes, Ahmad
Asan Al-Bakr y Saddam Hussein, se reúnen en Bagdad con el
fundador cristiano del partido Michel Aflak. Éste había
fundado el partido sobre la base del nacionalismo árabe y
en nombre del socialismo. Y con la función de defender al
pan-arabismo laico frente a Europa.
El factor dominante en la actual situación de Iraq no es
la intención inmediata que tiene la oligarquía de
ocupar estas tierras estratégicas y ricas, sino más
bien el elemento de fondo que hizo de Iraq un estado nación.
Con otras palabras, la intoxicación árabe con kufr.
El anhelo árabe por el hacer realidad el mito de la nación.
El modo en que la Hermandad Musulmana se metió corriendo
en el agujero de lagarto de la modernidad. De la misma manera que
el imperialismo británico se desplomó ante el sistema
financiero mundial afincado en los Estados Unidos, los pueblos árabes
arrojaron a un lado, con un abandono que rayó en lo indecente,
la herencia islámica, el conocimiento islámico, y
por encima de todo el gobierno islámico.
Cuando los mogoles entraron en Bagdad, la gente se desplomaba de
miedo. En una ocasión, un soldado mogol derribó a
un árabe en tierra, a la vez que se percataba de haber olvidado
su espada. Quitando la bota del cuello del árabe, ordenó
a éste que se quedara donde estaba hasta que él volviese.
Cuando lo hizo, el mogol comprobó con repugnancia que el
árabe seguía donde lo había dejado temblando
de miedo. Sin ningún remordimiento, le cortó la cabeza.
Tal era el estado en que se encontraban los árabes en la
época de la liberadora invasión mogol. Según
se puede ver en la tabla cronológica que hemos ofrecido,
las fuerzas kafir abrazaban el Islam muy poco tiempo después.
No sólo eso, sino que fue desde la capital mogol de Samarcanda
y desde sus grandes ciudades de Bujara y Tirmidh , de donde llegó
la renovación de Islam.
Hoy en día, toda la región del Golfo es una zona ulcerada
por el capitalismo avanzado, la ignorancia moral y una gran pobreza,
que convive junto a una élite desorbitadamente rica cuyo
sueño es enviar a sus hijos a las capitales de kufur. La
traición y la hipocresía de los dirigentes árabes
con respecto al Islam no podría ser mayor. Así por
ejemplo, en el caso de las conferencias sobre fiqh de la Escuela
de Medina iniciadas por mí y desarrolladas a lo largo de
varios años, gracias a las cuales las comunidades musulmanas
europeas han mostrado al descubierto las asombrosas falsedades puestas
en circulación en nombre del Islam por los árabes.
Me refiero particularmente al modo entusiasta como los árabes
han apoyado el banco islámico y el sistema bancario
en general, un sistema que implica la abolición del Islam.
En una ocasión en que, el Juez Superior de los Emiratos Árabes
Unidos, Sheij Al-Mubarak, expresó el deseo de organizar la
que había de ser nuestra próxima conferencia, reunimos
a los ulama más importantes del mundo, incluido el
gran Sultán del Fiqh, el jurista tunecino Sheij Shadili An-Nayfar.
El segundo día de las conferencias, el gobernante de los
Emiratos, a pesar de que sólo el día anterior había
hecho una declaración pública de su intención
de gobernar ateniéndose a la sharia islámica,
ordenó a todos los grandes ulama que mantuvieran la
boca callada, y puso la conferencia en manos de una serie de delegados
traídos en avión desde Bagdad. La conferencia fue
transformada así en un instrumento de propaganda con el objeto
de coaligar la fuerza de los musulmanes en defensa de Saddam Hussein
y de Irak frente al malvado enemigo iraní. Una de aquellos
siniestros delegados de Bagdad llegó a declarar que no eran
necesarias armas, ya que los Estados Unidos y Gran Bretaña
habían aportado todo el armamento necesario para la destrucción
de la fuerza militar iraní.
El siguiente capítulo de esta lamentable comedia fue que
el mismo gobernante entregase su país y sus fuerzas aéreas
para participar en la destrucción del régimen iraquí
en la llamada Guerra del Golfo.
Ahora, una década más tarde, los dirigentes nacionales
árabes se agitan conmocionados para ver cómo podrán
salvar el régimen de Saddam, ya que, a pesar de su frivolidad
nata, se dan cuenta que los próximos serán ellos.
La tiranía laica del régimen anti-islámico
de Saddat, que se hizo con el poder en un baño de sangre
de sabios islámicos, es la aliada natural de los estados
árabes también anti-islámicos. Ahora bien,
la fuerza más anti-islámica no se halla en Washington,
ni en Tel Aviv, se halla en Riyadh. ¡De allí,
dijo el Mensajero de Allah, que Allah le conceda paz, vendrá
shaytan! Y lo dijo señalando hacia el Najd, la provincia
de la que procede la familia de Saud. Una vez en Bagdad, los Estados
Unidos, escudados tras su pretendido derecho a defenderse de los
ataques de la impredecibles fuerzas del anárquico terrorismo,
no tendrá más remedio que invadir Arabia, apoderarse
del Najd, cerrar la Universidad de Medina, y confiscar los archivos
de la Rabita.
Estamos siendo testigos del modo como Allah castiga a las naciones
árabes por no ser parte de una sola nación musulmana,
por encima de las razas. Allah, que sea Suya toda gloria, declara
en el Sura Hud:
Esto
forma parte de lo que sobre las ciudades
Te contamos,
Algunas de ellas siguen en pie,
Y otras fueron arrasadas.
Y no es que fuéramos injustos con ellos,
Sino que ellos fueron injustos consigo mismos;
Y sus dioses, lo que adoraban fuera de Allah,
No les sirvieron de nada
Cuando el mandato de su Señor llegó;
No hicieron sino causarles más ruina.
Así es como tu Señor reprende
cuando castiga a una ciudad que es injusta.
Es cierto que su castigo es doloroso y severo.
(11: 100-102)
Estamos
siendo testigos del poder y de la majestad de Allah. Con un solo
acto hará una doble llamada. Por un lado llamará a
los pueblos árabes a que se aparten de la desviación,
regresen a la verdadera guía y se aparten del uso del papel
moneda haram y del uso de las instituciones financieras que han
sido maldecidas por Allah y por Su Mensajero, que Allah le conceda
la paz, en la famosa aleya contra la usura. Por otro, atrapará
a las fuerzas de kufur, tan pobres de carácter y de educación,
en la red de las tierras musulmanas, hasta que al fin no tengan
más remedio que someterse a Allah y abrazar Su din por completo.
Lo mismo que Allah hizo entrar a las orgullosas y viriles hordas
del dirigente mogol en el Islam, e hizo de sus hijos grandes emperadores
mogoles islámicos, así las sexualmente ambiguas fuerzas
norteamericanas se verán finalmente sin otra esperanza de
salvación que la Puerta del Islam.
A la postre, los pueblos árabes se apartarán también
de kufur, de la usura, del nacionalismo y del terror, para volverse
en Tawba hacia su Señor el Misericordioso. En esta importante
materia, la alabanza pertenece a Allah y no hay más victorioso
que Allah.
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