glosario de terminología islámica pensamiento

Irak es un territorio
por Shaykh Dr. Abdalqadir As-Sufi

Es un hecho conocido que las monarquías europeas y el sistema monárquico han sido los causantes del estallido de la primera guerra mundial. Y esto, a pesar de que sabemos que ninguno de los monarcas en cuestión tuvo bajo su control los acontecimientos, sino que éstos se hallaron en manos de políticos y de generales poco capaces.

La Segunda Guerra Mundial que en apariencia comenzó para salvar a Polonia de la invasión alemana, terminó otorgando Polonia a su otro invasor, Rusia. Entre la gran mayoría ignorante, se difundió la versión de que se hacía la guerra contra la tiranía y la dictadura, en nombre de la democracia. Gracias a la contribución enorme de Rusia, que ostentaba la peor dictadura de la historia, y que había eliminado decenas de millones de sus propios ciudadanos en nombre del socialismo, Alemania fue derrotada. La mitad oriental de Europa fue entregada al dominio de Rusia, mientras que la mitad occidental se adentraba en la barbarie intelectual de una época de estricta doctrina socialista.

Sin embargo, por debajo de la absurda dialéctica de izquierdas y derechas, una evolución mucho más profunda estaba creciendo, totalmente a las espaldas de las masas y de los llamados intelectuales.

En este sentido, más de un estudioso de la historia social, ha observado en esta época, como el médico observa la erupción cutánea que indica una dolencia orgánica, la proliferación ininterrumpida y la presencia invasora de pequeñas entidades bancarias en todas las calles y ciudades de Europa.

Para finales del siglo veinte, es de dominio público, incluso entre las masas controladas por los medios de comunicación, la falta obvia de todo discurso político y, por supuesto, de una oposición auténtica entre derechas e izquierdas.

En este final de siglo el modelo bancario y el sistema de mercado consiguen desprenderse de todas las restricciones creadas por los gobiernos nacionales, por medio de un nuevo discurso metafísico de su propia invención: el discurso de los valores de mercado y de las disciplinas necesarias para luchar contra la inflación. Al mismo tiempo que, para las mayorías populares, el mundo sigue aún organizado en un conjunto de naciones, progresivamente articuladas en instituciones políticas supranacionales como la ONU, la OMS, etc.

Las religiones, por otro lado, quedan prácticamente abolidas. El Papa, obligado a someterse a tiros, acaba vencido y colocando su desesperanzada petición en un nicho del Muro de las Lamentaciones de Jerusalén.Una simple muestra de lo impaciente que llega a ser la nueva minoría que gobierna el mundo con las estructuras democráticas que ella misma ha sometido a su obediencia es la elección presidencial norteamericana del actual titular. Cuando se vio que la votación no podía comprobarse y que era ilegal, lejos de organizar una nueva votación, según la lógica y sus propios principios democráticos exigían, las fuerzas que realmente gobiernan el país intervinieron. Al final, en la autoproclamada ‘ democracia más grande del mundo ’ , el presidente fue nombrado con el voto del juez jefe del Tribunal Supremo, un funcionario elegido para tal cargo por el padre del nuevo presidente. En las aguas claras de los primeros días de su nombramiento, pudo verse que el gobierno bipartito y bicameral no era sino la punta del iceberg; la gran masa del gobierno verdadero se ocultaba bajo las aguas, determinando el futuro movimiento de los acontecimientos.Está claro que el poder se ha escapado de las manos de las instituciones estatales del gobierno nacional, las cuales no son capaces de controlar la riqueza que es el verdadero poder que determina los destinos de los hombres en la historia.

Una vez que la soberanía nacional queda incapacitada, se sigue que las muchas instituciones internacionales pierden a su vez gran parte de su valor, llegando incluso a ser un estorbo para la autoridad que gobierna de hecho. Autoridad oculta a la vista y protegida por las diligentes y engañosas nubes de los medios de comunicación.Dada la naturaleza de largo desarrollo del subsistema que predomina sobre el anticuado mundo político, ha sido inevitable que la nueva forma de poder aparezca desprovista tanto de espontaneidad como de dinámica interna. Ya que es una remodelación del estructuralismo político al que viene a sustituir. Es posible incluso que la propia complejidad bizantina de la nueva organización mundial capitalista, pues está bien claro que no es sino esto, se muestre históricamente incapaz de dominio mundial, salvo por un tiempo sumamente corto. Pues se trata de un sistema fatalmente defectuoso, en el que si bien sus componentes obedecen las reglas del método lógico, su fuerza motriz se muestra ilógica y extremadamente voluble. Me refiero aquí al sistema financiero y a su místico aparato macro y micro-económico.La oligarquía que dicta ahora los acontecimientos es una hidra de tres cabezas: el sistema de los medios de comunicación, el sistema de mercado de materias primas y el sistema financiero; siendo el último de los tres el más destartalado. El componente financiero no es sino un edificio gótico tambaleante, con una red de corredores que conectan entre sí a todos los bancos; los bancos nacionales, los bancos mundiales, las bolsas de valores y los mercados de futuros.

A la vez, hay que tener en cuenta que la tríada está desgarrada por los conflictos internos y por las opuestas ambiciones. Los medios de comunicación se desvirtúan diariamente en manos de la fantasía de gran espectáculo y de algunos liberales que se resisten a desaparecer con uñas y dientes. Los magnates de las materias primas luchan entre sí por las concesiones, como los antiguos duques de Europa batallaban para conquistar sus principados. Lo más peligroso es que entre ellos están los representantes de ese complejo militar-industrial del que el presidente Eisenhower dijo que llegaría a destruir su magnífica democracia. En cuanto a la fuerza que gobierna la tríada, las finanzas, como hemos indicado más arriba, están condenadas a la disfunción y al hundimiento inevitable.

El sistema financiero, por su propia naturaleza, no es sólo una metafísica matemática que al aplicarse puede arruinar países enteros y adquirir una riqueza casi ilimitada. Es también, a la postre, un método puesto en funcionamiento por una pequeña oligarquía de personas monstruosamente ricas, algo más de trescientas, que en la actualidad posee ya la mitad de la riqueza mundial. Personas que, es necesario decirlo, no vacilan en poner en peligro la vida del planeta para satisfacer su codicia desvergonzada, una codicia que raya en la locura. Pero no están locos, sino que son como el personaje de Pirandello Enrique IV. Al final de la obra, después de su inevitable crimen, cuando sus amigos objetan que ha estado loco y que no sabía lo que hacía, Enrique IV responde: “No lo entendéis. Yo sabía lo que estaba haciendo, pero no podía detenerme. ¡ Ésta es mi locura!

No es simple casualidad que los nombres de esta pequeña oligarquía no aparezcan en los medios de difusión, ni sean conocidos por las grandes masas, ocupadas en otros menesteres. Alguna vez, como en el caso del asesinato en Montecarlo del banquero Safra, un caso aún sin resolver, el velo que oculta al pequeño grupo oligárquico se levanta por un momento. ¡Uno de los diez hombres más ricos del mundo y nadie había oído nunca hablar de él! Sin embargo, varios antiguos presidentes, primeros ministros de Israel y estrellas de la pantalla asistieron a su funeral, y el Rabino Jefe de Francia fue transportado en el avión privado de Safra al juicio del aparente asesino para ofrecer una oración especial por la víctima. A la postre, nadie ha llegado a saber qué pasó realmente y el velo del anonimato ha vuelto ha caer sobre la élite de poder.

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Ahora, la oligarquía ha decidido la conquista militar de Irak por dos motivos. Uno, porque la conquista de Irak supondrá una gran victoria para el grupo de los dueños de las materias primas. Dos, porque también otorgará al complejo militar-industrial una posición aún más poderosa en el mundo. Sin olvidar, a la vez, que es un movimiento necesario para que la moneda escogida por el sistema, el dólar norteamericano, supere su situación cada día más vulnerable.

Hay que se conscientes de tres cosas. Primero, que la identidad del antagonista, volvamos a repetirlo, ya no es la antigua entidad soberana, y también antigua colonia británica, llamada Estados Unidos de América. Aunque la oligarquía opere y se mueva libremente a lo largo del país, tanto en los distritos financieros como en grandes propiedades celosamente vigiladas, sin embargo, allá donde realmente vive la mayoría de la gente no impera sino el temor y el miedo a la pobreza. Las drogas, el desenfreno sexual y una generación desalterada que dispara sobre sí misma y sobre sus profesores constituyen el verdadero Estado de la Unión, un estado en el que la población penitenciaria es equivalente a la población del Estado de Israel. Segundo, conviene hacer notar que los medios de difusión son los que están aportando machaconamente los motivos, y el mantra, que justifican la invasión. Así como la Inquisición se abrió camino a través de Europa torturando y quemando en nombre de la Trinidad, del mismo modo los medios de difusión y los portavoces de la actual oligarquía están proporcionando las tres palabras sobre las que la guerra debe desplegarse: Armamentos de Destrucción Masiva. Han logrado definir el mundo con estas tres palabras. No sólo constituyen estas tres palabras el terror del mundo, sino que se hallan en manos de quien se nos dice que es el Hombre Malo. Lo han logrado tan bien, que de nada sirve recordar que, en nuestra época, los únicos que han utilizado Armamentos de Destrucción Masiva han sido los Estados Unidos de América cuando arrojaron la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki. La bomba, inventada por un judío, Einstein, fue científicamente madurada por otro judío, Oppeinheimer, y fue arrojada por orden de un cristiano; aunque a Harry Truman nadie le llamó Hombre Malo, sino más bien Hombre Bueno. Tercero, la causa primera o la causa motriz o, al menos, el fondo de la guerra que se propone ha sido el fenómeno llamado terrorismo. Dado que este terrorismo ha sido públicamente definido por miembros superiores de la administración actual norteamericana bajo la etiqueta de fundamentalismo islámico, es muy importante entender Tal Cosa, antes de seguir con el tema de la inevitable guerra de Irak.

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Puesto que la presente manifestación del terrorismo ha recibido ya una identidad con un perfil deliberado, y puesto que esa identidad comprende los tipos que la practican, una determinada ideología y un contenido amenazante, todo ello requiere aclaración.

Si bien hace una corta y fea aparición en la historia de los musulmanes y no, hay que decirlo, en la historia del Islam –ya que carece de los medios históricos o espirituales para formar parte del propio Din del Islam-, el terrorismo es un fenómeno del estado capitalista moderno. Es importante que veamos esto, porque no hay ningún aspecto de la presente ola de terrorismo que no pueda ser incluida dentro de su definición clásica y de sus manifestaciones en el desarrollo de la estructura estatal capitalista.

El terrorismo clásico es un fenómeno que surge, se autodefine y se autopromociona, con bastante éxito hay que añadir, durante el reinado de los últimos tres zares de Rusia. Sin la documentación y la crítica de dos grandes escritores rusos, Turgueniev y Dostoievsky, la memoria de los hechos terroristas, del carácter terrorista y de la comunidad terrorista habrían quedado relegados a los índices de los libros sobre la Rusia pre-revolucionaria. Turgueniev puso de relieve la dicotomía existente entre los envilecidos marginados sociales y los grandes ideales que pretendían hacer realidad por medio de sus actos. Dostoievski, que conocía este mundo más íntimamente, ahondó más en él. Dostoievski distinguió dos aspectos en el terrorismo, el segundo de los cuales es una verdad ineludible y asombrosa. Primero hizo un esbozo genial de la vida de los terroristas modernos, en el que aparecen algunas características. La mayor parte de ellos actuaban solos o dentro de la estructura de mando de una pequeña célula. Así por ejemplo, uno de sus terroristas de provincia, cuando finalmente llega a conocer a un colega, le susurra con excitación, “No somos los únicos, ¿verdad?” Se percató de que lo que motivaba a los que se preparaban para poner en práctica aquellos actos sangrientos no era una causa más noble sino el cumplimiento del acta terrorista. También vio que sus operaciones más terribles fueron las primeras y que después, como grupo, sus componentes se desperdigaron y los incidentes disminuyeron. Todo ello es corroborado por la secuencia moderna: la destrucción espectacular de dos rascacielos, la matanza de miles, el bombardeo de un club nocturno, la matanza de cientos, y finalmente el cretino con dinamita escondida en el zapato. Con todo, lo que debemos comprender sobre todo es la segunda intuición del profundo genio religioso de Dostoievski. Lo que Dostoievski vio –y no debemos olvidar que deseaba tanto o más que los terroristas el final de la autocracia- fue una contradicción tan profunda que le colocó cara a cara frente al nihilismo. Un nihilismo que era la condición inevitable del hombre que vivía bajo el capitalismo. Lo que Dostoievski descubrió fue que el terrorista, lejos de hallarse en oposición dialéctica con la tiranía estatal, era un producto del estado tiránico necesario para transformar su tiranía en tiranía absoluta; que la instigación, propagación y persecución final de la clase terrorista era producida por el mismo estado tiránico.

Para captar la naturaleza íntegra de la fase final de la que no hay salida política es necesario comprenderla a fondo. Dostoievski no dijo que los terroristas eran una invención, una teoría de la conspiración transformada en práctica de la conspiración y luego utilizada para oprimir a las masas. Lo que hizo fue demostrar que el estado capitalista había llegado a un punto nadir tal, a tal devaluación de los valores, que la gente comenzó desentenderse de toda lealtad y conexión humana. Entonces, en sentido figurado, aquellos fragmentos de metal limados y separados de las masa de hierro de la sociedad, al volverse contra la sociedad en un marco en el que se vulneraban todas las leyes de la vida, proporcionaban así un movimiento dinámico de supervivencia a la misma masa de hierro estatal contra la que se volvían. Los fragmentos de hierro, bajo la influencia de dos polaridades que los mantenían en suspenso, de dos imanes, eran lanzados de nuevo a la masa de metal de la sociedad. De modo que, en el cumplimiento de la fase terrorista de una sociedad capitalista, el terrorismo, sus actos y las personas que los ejecutan no son sino servidores hipnotizados y obedientes del estado mismo que se han propuesto desvariadamente destruir.

Esto nos permite decir, y hay que volver a decirlo, que si bien el terrorismo no es un producto secreto del estado capitalista, tampoco hace la guerra al estado capitalista. Lo que ocurre es que el terrorismo no es exterior, sino interior al estado capitalista y, por lo tanto, utiliza la moneda, las armas y los métodos del estado capitalista. En su realidad histórica es indistinguible del estado punitivo que dice atacar. Nos vemos obligados a reconocer, como consecuencia de nuestro análisis, que el terrorismo actual corresponde a la definición clásica de Dostoievski. A continuación, lo que debemos analizar es la situación histórica que ha llevado a calificar el término clásico con el adjetivo de islámico.

En la época de Salajuddin, una secta extremista chiíta, que se pretendía descendiente de Ismael, no pudiendo convencer a los musulmanes de sus doctrinas peregrinas, inició un poderoso movimiento terrorista, con el propósito de imponerlas por la fuerza. Todo ello tomó lugar en el Líbano y en parte de lo que es hoy Palestina. Atentaron contra del Califa y aterrorizaron también a los jefes cristianos. El grupo, dirigido desde un castillo situado en una montaña, tenía un jefe conocido como el Viejo de la Montaña. Además de provocar incendios y raptos, enviaron asesinos por todo el mundo musulmán. Cuando estos asesinos perdían la vida, recibían sepultura como mártires en cementerios especiales que se utilizaban como centros de meditación, en los que los futuros asesinos se fortalecían para realizar su tarea. Los funerales de los héroes asesinos llegaron a ser claves en la vida social ismaelita. La secta ismaelita desarrolló después una metodología dialéctica: cuando el método terrorista alcanzó su clímax sin obtener el triunfo, optaron por el método opuesto, revelando a los musulmanes el secreto de que no estaban obligados a ayunar ni a rezar, y que esotéricamente todas las religiones eran una. Tanto la comunicad islámica como la chiíta juzgaron que la secta ismaelita era zindiq y que se hallaba fuera del Islam.

A la luz de lo anterior, se puede ver una vinculación directa entre el movimiento suicida palestino y la herejía ismaelita. También ellos tienen lugares dedicados a los mártires y exaltan a los ejecutores suicidas. En los funerales, no pronuncian la Shahada del Islam, como es la norma, sino que se reducen a gritar ‘Allahu Akbar!’

La primera forma ismaelita del erróneamente llamado terrorismo islámico se conecta extrañamente con la segunda forma, también erróneamente llamada islámica. Extrañamente, porque aparece en la Arabia del régimen saudita que no ha hecho nada por ayudar a los palestinos, trágicamente castigados. Este rama importante del terrorismo es sin duda el resultado del régimen anti-islámico establecido por la monarquía de la familia de Ibn Saud, producto a su vez de los oficios de Churchill.

El wahabismo nace en la tribu de Najdi de la familia Ibn Saud que se estrena rebelándose contra el Califa islámico a quien habían jurado lealtad. Saud fue capturado por las fuerzas musulmanas del gobernador de Egipto y enviado a Estambul, donde fue juzgado no por rebeldía sino como zindiq; y como tal decapitado sin derecho a la oración previa.

El wahabismo se declaró defensor de la Unicidad de Dios, a la vez que se opuso al Mensajero de Allah, que Allah le conceda paz. Este odio al Mensajero, de origen tribal, también abarcó a los Awliya de Allah y, por extensión, a los movimientos sufíes que eran la fuerza vital espiritual de la comunidad islámica.

El movimiento wahabí es la cara política oficial del falsa monarquía entronizada por los británicos. Desde el momento que la nueva oligarquía mundial aparece, los magnates de las materias primas se hacen con el control de la Península Arábiga. La primera biografía de Ibn Abdalwahabb se hace por encargo de la compañía americana de petróleo ARAMCO. Según las apariencias, la oligarquía estima que el puritano y desagradable wahabismo es el medio ideal para sofocar el Islam allá donde se encuentre. En consecuencia, establecen una Oficina de información y espionaje llamada Rabita, cuya función es localizar y registrar todas y cada una de la mezquitas del mundo; así como toda enseñanza islámica y todo maestro musulmán. El rey saudita crea una universidad, fuera del precinto de la bendita ciudad de Medina, llamada Universidad de Medina. Una universidad que representará en el movimiento anti-islámico el papel realizado por Wittenberg en el movimiento anti-católico de Lutero. El trabajo misionero del movimiento monoteísta y puritano wahabita va a ser realizado por un grupo llamado Tablighi Jamaat, ayudado por los países europeos y americanos a extenderse por doquier, cuyo papel fundamental es garantizar a los kuffar que no se producirá ningún Jihad.

Con el paso de los años, según la riqueza corrompe a la familia saudita y el pueblo se empobrece bajo sus doctrinas, el movimiento anti-islámico wahabbita se vuelve agrio y pasa a una fase militante que la decadente monarquía saudita no puede combatir. Así, la universidad de Medina se transforma en la fábrica de producción de agentes fundamentalistas alucinados por el sueño de ser los restauradores de la religión a su pureza primigenia; y su movimiento misionero, a través de nómadas fanáticos, se vuelve fuente de reclutamiento.

De este modo, poco a poco, grupos de radicales comenzaron a zumbar y a formarse, fermentando con un anti-sionismo entusiasta incapaz de ver que la cuestión palestina no era la tierra sino el dinero. El verdadero jefe de este nuevo terrorismo no era, de hecho, la absurda y patética figura de bin Laden, sino más bien la arcaica cabeza de los Hermanos Musulmanes, Sheij Qardawi; persona que no sólo desconocía el papel que representa la oligarquía financiera, sino lo que es una tarjeta de crédito.

Bin Laden corresponde al modelo arquetípico del terrorista dostoievskiano. Procedente de una familia que se enriquece bajo el régimen saudita, lleva una existencia rota y sin padre, en busca de la ocasión que le permita hacer ostentación, al estilo de Tony Blair, de la virilidad de la que carece. La idea de que sea la cabeza de un movimiento islámico genuino no podía ser más absurda. Se sabe que carece de toda educación islámica -Arabia difícilmente podía habérsela proporcionado- y que está desprovisto también de un carácter formado por una organización sufí; o ni siquiera formado por la Harvard School of Business Management. Según se adentra uno en el detalle de sus actividades, aquellas ambigüedades insolubles a las que hacíamos mención más arriba comienzan a aparecer; no formando un patrón inquietante, sino más bien en series contradictorias emparejadas. En cierto momento de su andadura, se hace con los fundamentos del wahabismo. Desarraigado y crispado, aparece en Afganistán. Antes o después, se vuelve agente de la CIA. Más tarde, se dice que hace uso de sumas fabulosas de dinero para la realización de actos terroristas. No sabemos todavía cuál es la cuantía de la fortuna de la familia Bin Laden, el gasto en terrorismo, ni de qué dispone realmente nuestra figura criminal. Los números parecen detenerse allá donde termina el margen de credibilidad de cada narración. El régimen talibán mismo parecía extrañamente perplejo ante la presencia de Bin Laden. Cuando les avisamos ante testigos que si no lo entregaban traería la destrucción a su país, respondieron entre dientes que era un huésped, aunque con poca convicción. Cuando se les sugirió que debe expulsarse al huésped que trae la destrucción a la casa de su anfitrión, se callaron. No nos quedó más que proponer que fuese repatriado a Arabia, país que curiosamente no ha sido alcanzado por sus actividades.

En verdad, aunque hubiesen tenido que saber más, la actitud terrorista exaltó en grado extremo a los ‘ulama de la zona. Se produce un conjunto de acontecimientos mal entendidos y de los que sabemos poco. Todos ellos están conectados con la región afgano-pakistaní. El más importante de ellos es la sincronía entre las aventuras de Bin Laden, el régimen de los talibanes y el golpe de estado, según sabemos ya orquestado por los Estados Unidos, realizado por el desvergonzado rebelde kemalista Muharaf y su familia qadiani. El único espectacular golpe de la red terrorista está envuelto en dudas y contradicciones. ¿Pensaron los secuestradores que se trataba de un secuestro típico y que acabarían aterrizando en algún sitio, sin saber que las órdenes eran navegar con el piloto automático y que la precisa conducción de los aviones hasta su blanco, precisión de otro modo inexplicable, se haría del propio sótano de las torres? Es algo que ni se sabe ni está libre de dudas. Dos cosas surgen en el momento en que la nación conmocionada reúne los primeros datos. Una, casi todos los secuestradores eran producto del wahabismo saudí. Dos, su comportamiento no tenía nada que ver con la acusación de que se trataba de fanáticos islámicos. Un hombre que cree luchar en el camino de Allah y cuya recompensa es el Jardín, difícilmente pasaría sus últimas noches con prostitutas y tomando combinados de wodka. Según comenzaron a detener a otros acusados de pertenecer a la misma banda, se puso en evidencia el bajo coeficiente mental y la vileza de todos ellos. Uno de los últimos, el musulmán inglés que transportaba Semtex en el zapato, no era sino un pobre cretino. No podía ser que tipos de aquel calibre tuvieran al mundo en vilo.

No hay duda de que las acciones de los terroristas han fortalecido enormemente la evolución in avanti del dominio mundial capitalista. Tampoco la hay de que los terroristas, voluntaria o involuntariamente, no son sino sus obedientes servidores. Es igualmente cierto que no son ni pueden ser terroristas islámicos, sino más bien una anónima chusma sin cabeza y sin adhesión conocida a nada que sea el Islam histórico. El Islam es la última religión divina, es luminoso y no puede ser derrotado. Y mucho menos por una gente cuyas acciones no tienen nada que ver con él . Aunque tampoco puedan serles atribuidas a ellos mismos, siendo como son un puñado de pobres víctimas extraviadas en esa tierra de nadie, la última fase de kufur, llamada capitalismo.

Ahora, a la luz de todo lo anterior, podemos examinar la cuestión de Irak. Irak es un territorio. La gran llanura de Mesopotamia surcada por los ríos Eúfrates y Tigris está dividida en dos partes. El norte es el antiguo reino de Asiria. El sur es el antiguo reino de Babilonia. Los musulmanes árabes llamaron al primero al-Jazira h, la Isla, y al segundo, al-Iraq, el acantilado o costa. También llamaron a la llanura aluvial, As-Sawad, la Tierra Negra, ya que rezumaba petróleo.

Los musulmanes se apoderaron del territorio justo cien años después de la Héjira. Kufra y Basora fueron ciudades hermanas bajo el califato omeya. Los abasidas fundaron la ciudad de Bagdad e hicieron de ella su capital. Después del califa Harun ar-Rashid , la sede del califato fue llevada a Samarra. Por el espacio de los reinados de siete califas, Bagdad no fue sino una ciudad provinciana. En el año 217 (892 DC) se hizo de ella de nuevo la capital. En el 656 (1258 DC) el dominio abasida cedió ante la invasión de los grandes mogoles.
La vida de Basora fue turbulenta. Cerca de la ciudad, en el 36 (656 DC), Syyiduna Ali entabló la Batalla del Camello, en la que Talha y Zubayr fueron matados. En el 257 (871 DC), tomó lugar la gran rebelión de Zanj. La fuerzas contrarias a los abasidas quemaron por completo la Gran Mezquita y saquearon durante tres días. Alrededor del año 1336 DC, los mogoles abrazaron el Islam y, en 1393 DC, Timur arrebató Bagdad al sultán Ahmad Jalayir. Por órdenes de Timur, el vino de toda la ciudad que los árabes habían estado bebiendo fue arrojado al río. No es deseable que vuelva a ocurrir. Uno de los acontecimientos más significativos de la Provincia en la etapa otomana es que Mosul fue declarado waqf por el gran sultán Abdulhamid II, que Allah esté complacido con él, cuando vio que la zona había comenzado a producir petróleo. La transformación de Irak en nación fue un concepto completamente nuevo introducido por los conquistadores cristianos en la Primera Guerra Mundial; siendo Churchill el que recortó un territorio con dos provincias distintas del califato otomano.

19 de diciembre de 1940
Un director del Fondo Nacional Judío; Yossef Weltz, afirmó que para crear el estado judío, “no había otro medio que desplazar a los árabes de los estados vecinos, a todos los árabes.”
31 de mayo de 1941
Los británicos ponen punto final a su ofensiva contra gobierno nacionalista iraquí de Rashid Ali Al-Gaylani, quien comienza a organizar un movimiento de resistencia guerrillera.
22 de marzo de 1945
Iraq entra a formar de la Liga Árabe en el Cairo. La Liga Árabe o los Estados Unidos de Arabia que es como se llamó en cierto momento. En ella, el Rey Gazi constituía una amenaza porque éste albanés, deseoso de la restauración del Califato, representaba en su persona la tradición otomana opuesta al racismo.16 de octubre de 1946
El hombre de paja de los británicos, Nouri Said, pasa a ser Primer Ministro . En 1945, este hombre había conseguido escapar de las fuerzas de Gaylani.
15 de mayo de 1948
Iraq declara al guerra a Israel, junto con los demás países árabes.15 de julio de 1958
Nouri Said se escapa de Bagdad disfrazado de mujer. Es capturado y su cuerpo es hecho pedazos en un acto de fervor por la chusma árabe al son de la Marsellesa. El general Abdalkarim Kassem declara la Repúclica. El rey Faisal Faruq es asesinado.
19 de julio de 1961
Con el dominio creciente de la oligarquía de los magnates de la materias primas, Kuwait es declarado país independiente, a pesar de las declaraciones insistentes de Iraq indicando que forma parte de su territorio.
17 de julio de 1968
El partido Baas toma el poder en Irak. Sus dos dirigentes, Ahmad Asan Al-Bakr y Saddam Hussein, se reúnen en Bagdad con el fundador cristiano del partido Michel Aflak. Éste había fundado el partido sobre la base del nacionalismo árabe y en nombre del socialismo. Y con la función de defender al pan-arabismo laico frente a Europa.

El factor dominante en la actual situación de Iraq no es la intención inmediata que tiene la oligarquía de ocupar estas tierras estratégicas y ricas, sino más bien el elemento de fondo que hizo de Iraq un estado nación. Con otras palabras, la intoxicación árabe con kufr. El anhelo árabe por el hacer realidad el mito de la nación. El modo en que la Hermandad Musulmana se metió corriendo en el agujero de lagarto de la modernidad. De la misma manera que el imperialismo británico se desplomó ante el sistema financiero mundial afincado en los Estados Unidos, los pueblos árabes arrojaron a un lado, con un abandono que rayó en lo indecente, la herencia islámica, el conocimiento islámico, y por encima de todo el gobierno islámico.

Cuando los mogoles entraron en Bagdad, la gente se desplomaba de miedo. En una ocasión, un soldado mogol derribó a un árabe en tierra, a la vez que se percataba de haber olvidado su espada. Quitando la bota del cuello del árabe, ordenó a éste que se quedara donde estaba hasta que él volviese. Cuando lo hizo, el mogol comprobó con repugnancia que el árabe seguía donde lo había dejado temblando de miedo. Sin ningún remordimiento, le cortó la cabeza. Tal era el estado en que se encontraban los árabes en la época de la liberadora invasión mogol. Según se puede ver en la tabla cronológica que hemos ofrecido, las fuerzas kafir abrazaban el Islam muy poco tiempo después. No sólo eso, sino que fue desde la capital mogol de Samarcanda y desde sus grandes ciudades de Bujara y Tirmidh , de donde llegó la renovación de Islam.

Hoy en día, toda la región del Golfo es una zona ulcerada por el capitalismo avanzado, la ignorancia moral y una gran pobreza, que convive junto a una élite desorbitadamente rica cuyo sueño es enviar a sus hijos a las capitales de kufur. La traición y la hipocresía de los dirigentes árabes con respecto al Islam no podría ser mayor. Así por ejemplo, en el caso de las conferencias sobre fiqh de la Escuela de Medina iniciadas por mí y desarrolladas a lo largo de varios años, gracias a las cuales las comunidades musulmanas europeas han mostrado al descubierto las asombrosas falsedades puestas en circulación en nombre del Islam por los árabes. Me refiero particularmente al modo entusiasta como los árabes han apoyado el “banco islámico” y el sistema bancario en general, un sistema que implica la abolición del Islam.

En una ocasión en que, el Juez Superior de los Emiratos Árabes Unidos, Sheij Al-Mubarak, expresó el deseo de organizar la que había de ser nuestra próxima conferencia, reunimos a los ‘ulama más importantes del mundo, incluido el gran Sultán del Fiqh, el jurista tunecino Sheij Shadili An-Nayfar. El segundo día de las conferencias, el gobernante de los Emiratos, a pesar de que sólo el día anterior había hecho una declaración pública de su intención de gobernar ateniéndose a la shari’a islámica, ordenó a todos los grandes ‘ulama que mantuvieran la boca callada, y puso la conferencia en manos de una serie de delegados traídos en avión desde Bagdad. La conferencia fue transformada así en un instrumento de propaganda con el objeto de coaligar la fuerza de los musulmanes en defensa de Saddam Hussein y de Irak frente al malvado enemigo iraní. Una de aquellos siniestros delegados de Bagdad llegó a declarar que no eran necesarias armas, ya que los Estados Unidos y Gran Bretaña habían aportado todo el armamento necesario para la destrucción de la fuerza militar iraní.

El siguiente capítulo de esta lamentable comedia fue que el mismo gobernante entregase su país y sus fuerzas aéreas para participar en la destrucción del régimen iraquí en la llamada Guerra del Golfo.

Ahora, una década más tarde, los dirigentes nacionales árabes se agitan conmocionados para ver cómo podrán salvar el régimen de Saddam, ya que, a pesar de su frivolidad nata, se dan cuenta que los próximos serán ellos.

La tiranía laica del régimen anti-islámico de Saddat, que se hizo con el poder en un baño de sangre de sabios islámicos, es la aliada natural de los estados árabes también anti-islámicos. Ahora bien, la fuerza más anti-islámica no se halla en Washington, ni en Tel Aviv, se halla en Riyadh. “¡De allí,” dijo el Mensajero de Allah, que Allah le conceda paz, “vendrá shaytan!” Y lo dijo señalando hacia el Najd, la provincia de la que procede la familia de Saud. Una vez en Bagdad, los Estados Unidos, escudados tras su pretendido derecho a defenderse de los ataques de la impredecibles fuerzas del anárquico terrorismo, no tendrá más remedio que invadir Arabia, apoderarse del Najd, cerrar la Universidad de Medina, y confiscar los archivos de la Rabita.

Estamos siendo testigos del modo como Allah castiga a las naciones árabes por no ser parte de una sola nación musulmana, por encima de las razas. Allah, que sea Suya toda gloria, declara en el Sura Hud:

Esto forma parte de lo que sobre las ciudades
Te contamos,
Algunas de ellas siguen en pie,
Y otras fueron arrasadas.

Y no es que fuéramos injustos con ellos,
Sino que ellos fueron injustos consigo mismos;
Y sus dioses, lo que adoraban fuera de Allah,
No les sirvieron de nada
Cuando el mandato de su Señor llegó;
No hicieron sino causarles más ruina.
Así es como tu Señor reprende
cuando castiga a una ciudad que es injusta.
Es cierto que su castigo es doloroso y severo.

(11: 100-102)

Estamos siendo testigos del poder y de la majestad de Allah. Con un solo acto hará una doble llamada. Por un lado llamará a los pueblos árabes a que se aparten de la desviación, regresen a la verdadera guía y se aparten del uso del papel moneda haram y del uso de las instituciones financieras que han sido maldecidas por Allah y por Su Mensajero, que Allah le conceda la paz, en la famosa aleya contra la usura. Por otro, atrapará a las fuerzas de kufur, tan pobres de carácter y de educación, en la red de las tierras musulmanas, hasta que al fin no tengan más remedio que someterse a Allah y abrazar Su din por completo.

Lo mismo que Allah hizo entrar a las orgullosas y viriles hordas del dirigente mogol en el Islam, e hizo de sus hijos grandes emperadores mogoles islámicos, así las sexualmente ambiguas fuerzas norteamericanas se verán finalmente sin otra esperanza de salvación que la Puerta del Islam.

A la postre, los pueblos árabes se apartarán también de kufur, de la usura, del nacionalismo y del terror, para volverse en Tawba hacia su Señor el Misericordioso. En esta importante materia, la alabanza pertenece a Allah y no hay más victorioso que Allah.

 
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