glosario de terminología islámica pensamiento

Iraq: Campo de Exterminio de los Kuffar
por Shaykh Dr. Abdalqadir As-Sufi

Allah el Excelso ha anunciado en la Surat al-Hud (11-112-115):


“Y por cierto que a todos les pagará tu Señor por sus obras.
Él conoce perfectamente lo que hacen.

Así pues, sé recto tal y como te he mandado,
en compañía de los que se han vuelto atrás de su error junto a ti,
y no vayáis más allá de los límites,
pues en verdad Él conoce perfectamente lo que hacéis.

Y no os inclinéis del lado de los que son injustos
pues en ese caso el Fuego os alcanzaría y no tendríais fuera de Allah
a quien os protegiera ni seríais auxiliados después.

Y establece el salat en los dos extremos del día y en las primeras horas de la noche,
es cierto que las bondades anulan las maldades.
Esto es un recuerdo para los que recapacitan.

Y sé paciente pues en verdad Allah
no deja que se pierda la recompensa de los que hacen el bien”.

Hasta ahora ha sido prácticamente imposible analizar con detalle los terribles acontecimientos que tienen lugar en Iraq. El humo de las bombas y la sangre de las víctimas han oscurecido la visión. A pesar de que Iraq es una pesadilla para sus gentes, parece sumir en la inconsciencia no sólo a los que lo visitan sino también a quienes lo estudian. En cualquier caso, el mundo exterior que ya comienza a despertar y la incesante cadena de acontecimientos, nos permiten por fin hacer una evaluación realista del significado de la tragedia iraquí.

Un respetado comentarista de los sucesos de Oriente Medio, Robert Fisk, ha publicado un extenso volumen sobre Palestina. El autor goza de una cierta reputación de simpatía hacia los palestinos y de valentía por atreverse a criticar a los israelitas. En la portada del libro se explica que se trata de un estudio profundo del conflicto entre lo que el autor define como “árabes, cristianos y judíos”. El libro está impregnado de ese mismo humo y sangre, pero su noble indignación ante la miríada de injusticias cometidas carece de sentido porque, como obediente estudiante de la geo-política occidental, contempla el asunto como un conflicto entre los Fellahiin, es decir, los campesinos árabes iletrados, y la presencia invasora de dos religiones de la antigüedad.

Quizás deba perdonarse a este autor bien intencionado su incapacidad a la hora de reconocer la presencia del Islam en el conflicto palestino. Nosotros mismos buscamos, casi en vano, algún signo de Islam en este conflicto. Nuestro distinguido ‘alim, el Mufti de Jerusalén de la actualidad, no sólo es una voz solitaria sino también ignorada por todas las facciones en contienda. Jamás se ha planteado su asistencia a esas interminables conferencias llamadas Mapas de Ruta para evitar el uso embarazoso de ese término tan inaccesible: la paz.

El liderazgo del pueblo palestino, con su fantasía kafir de la nacionalidad, perdió el territorio que tenía; y cuando por fin decidió utilizar las armas enterradas fue para volverlas contra su propio pueblo. Aparte del deprimente Acuerdo de Camp David, la única vez que se vió a este liderazgo actuar con eficacia fue cuando volaron a París a toda prisa para obligar a la viuda de Arafat a que entregase los códigos de las cuentas del banco suizo.

Frente a este liderazgo, y con una mayor representación ante las masas, se encuentran esas organizaciones militares que han decido oponerse a Israel utilizando la doctrina del suicida y todo lo que conlleva el adoctrinamiento del pueblo mediante la aplicación de la antropología Ismailita. La doctrina Ismailita tiene dos aspectos: En primer lugar, el reclutamiento de nuevas víctimas suicidas. Esto se consigue creando Jardines Conmemorativos de los Mártires a donde se llevan los próximos suicidas para que mediten sobre las víctimas anteriores de este programa mortal. Esto, lo mismo que los desfiles rituales donde se muestran los soldados de la muerte y los videos previos al suicidio, lo ve el mundo entero.

El segundo paso, –y esta es su única política, el límite último de la visión del programa ismailita– es involucrar a la mayoría de la comunidad con la conexión inevitable de una familia con otra, de un mártir con otro. El pueblo no puede permitirse la oposición al conflicto, ¡sus propios hijos han dado sus vidas por ello! El aspecto que permanece oculto en este ethos del espanto y el horror, es que las masas y los mártires están atrapados en un círculo mortal en el que los líderes, con su cobardía, son, en la lógica inexorable de los acontecimientos, ¡los únicos supervivientes!

Para entender el Iraq de hoy en día, tenemos que empezar con la masacre cotidiana y aceptada que tiene lugar en Palestina. Debe notarse que, para comenzar a estudiar la cuestión Palestina, hemos tenido que proceder a la deconstrucción de un experto mediático para así observar que la indignación y la compasión sentidas por éste quedan invalidadas por su suposición básica y errónea. Uno de los elementos más extraños y vitales de la situación actual que debe ser comprendido, es que no sólo las masas musulmanas sino más aún nuestro liderazgo político, tienden a creer la interpretación mediática de los acontecimientos, y lo que es todavía más peligroso, tienden a utilizar el vocabulario político que suministra la Elite del Poder a los medios de comunicación. Es evidente que no es algo diseñado por el Presidente de los EE.UU., personaje que sus propios medios de comunicación presentan como alguien abatido que se pretende, sin conseguirlo, programar su iPod. Las decisiones son tomadas por los círculos privados de la élite bancaria-militar-de los recursos naturales, que se reúnen para preparar sus estrategias más inmediatas en fincas bien protegidas donde estudian con todo detalle los informes que les proporcionan sus grupos de expertos.

Este método casi improvisado con el que la Elite de Poder define sus tácticas, carece hasta tal punto de objetivos a largo plazo, que justifica la existencia de un temor genuino por el futuro de la humanidad. A esta realidad cotidiana de las directrices políticas, previa al establecimiento de los programas de gobierno, sería absurdo calificarla de Teoría de la Conspiración puesto que, honestamente hablando, todas las clases políticas saben de sobra que así es cómo funcionan las cosas y además porque cada vez con más frecuencia, algún escandalizado sirviente del sistema filtra a los medios de comunicación cuestiones que, humanamente hablando, son demasiado para él o para ella.

Nuestra nación musulmana no debe fiarse de estos, así llamados, expertos; y que no nos quepa la menor duda de que no hay nadie más alejado de la realidad de la vida musulmana en el mundo entero que esos que aparecen como expertos en la política de los territorios musulmanes, algo que para ellos está escandalosamente vinculado a sus propias e inventadas tesis de lo que llaman terrorismo y califican de islámico.

Lo primero que, como musulmanes, debemos reconocer, es la amarga realidad que subyace en esta tragedia: por mucho que la opinión actual culpe a los invasores, los habitantes de Iraq NO son las víctimas. El pueblo iraquí es el culpable.

Allah el Excelso ha dicho en Hud (11: 116-117):



“¿Por qué no hubo entre las generaciones que os precedieron
gente de arrestos y discernimiento que hubieran impedido la corrupción en la tierra,
de la que sólo unos pocos de los que de ellos salvamos estuvieron libres,
mientras que los injustos siguieron la vida fácil
en la que se habían corrompido siendo de los que hacen el mal?

Y tu Señor no iba a destruir una ciudad a causa de ninguna injusticia
mientras sus habitantes fueran de los que ponen orden”.

El crimen perpetrado por el pueblo iraquí no ha surgido de algo propio a la gente de esas tierras, sino porque que participaron en el abandono casi total del Din del Islam que asoló a los pueblos árabes a comienzos del siglo pasado, cuando fueron embriagados por el entusiasmo que les proporcionaban una tecnología y una riqueza entregada por una nueva elite de banqueros judíos que ya ejercía su dominio sobre los imperialistas cristianos, llegando incluso, en algunos casos, a ser los gobernantes del imperio.

La avanzadilla del sionismo en Palestina estuvo basada en el Banco Rothschild. La familia banquera de los Sassoon había obtenido su primera riqueza en Bagdad. En 1860, los Sassoons habían comprado títulos nobiliarios en Londres y en 1867 el heredero de la fortuna de los Sassoons se casaba con Aline Rothschild. El banquero que fundó el Banco de Egipto, Sir Ernest Cassel, casaba a su hija con Mountbatten y era nombrada Virreina de la India. Sir Evelyn Baring, del Banco Barings, elevado al título de Lord Cromer, era un agente británico y el Cónsul General de Egipto entre los años 1883 al 1907. Cromer fue quien nombró Shaij al-Azhar a su amigo Muhammad ‘Abduh. Cuando éste tomó posesión de su cargo, lo primero que hizo fue proclamar que los intereses del Banco de la Oficina de Correos eran halal. Es preciso mencionar aquí la importante investigación y análisis que sobre Baring y ‘Abduh ha hecho Umar Ibrahim Vadillo en su libro “La Desviación Esotérica en el Islam” (Madinah Press, info@madinahmedia.com).

En Alejandría podemos ver a los banqueros “Oppenheim, Chabert et Cie.”, y por supuesto, las grandes familias banqueras del Dawlet Osmanli extendieron sus tentáculos por Egipto, Siria e Iraq propiciando lo que, con la llegada de su hombre a Estambul, Mustafa Kemal, y la partición de la zona del Oriente Medio en unidades nacionales inventadas e impotentes, iba a ser la verdadera invasión de los banqueros. Los Camondo, Abraham-Behor, los Oppenheims, Emile e Isaac Pereire, Théodor Tubini del Crédit Générale Ottomane, Théodor Baltazzi del Banque de Constantinople y Alfred André de El Cairo.

No hay duda de que los acuerdos políticos tomados tras la Primera Guerra Mundial con respecto a Oriente Medio fueron experimentados por los árabes como el más puro imperialismo; pero fue en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial cuando los intelectuales árabes, encandilados por la retórica y las utopías del campo socialista, comenzaron a poner fin a sus fantasías de autogobierno y de poder político. Una parte importante de la tragedia que iba a afectar al pueblo árabe se debió a su apasionada imposición de la política de las personalidades en un mundo que comenzaba a estar dominado por las estructuras corporativas, la distribución centralizada, las inversiones especulativas y los mercados de divisas.

El alejamiento definitivo de los árabes del Din del Islam tuvo lugar en los años cincuenta bajo la influencia malévola de Nasser. Pero 1947 fue la fecha de aparición de la planta venenosa que iba a extenderse por todo Iraq. En 1932, un cristiano ortodoxo profesor de historia, Michel Aflak, comenzó a desarrollar la compleja doctrina de un nacionalismo árabe cuya culminación sería un mundo árabe unificado que se extendería desde el Golfo hasta el Atlántico y que estaría basado en una doctrina socialista que rechazaba el comunismo pero también el Islam; esta era la condición más relevante –Islam acabaría siendo el factor unificador de tipo cultural de un mundo pan-árabe regido por doctrinas socialistas.

Dicho con otras palabras: lo que Aflak planeaba era una “Reforma” islámica similar a la que Lutero había aplicado al catolicismo. Para comprenderlo es preciso saber lo que esto significa: En el cristianismo, el poder Papal era absoluto y la riqueza estaba en manos de las grandes órdenes monásticas. Tras Lutero, los bancos mercantiles holandeses y alemanes toman el poder y nace el Estado Laico. Aflak completaba lo que Mustafa Kamal había comenzado. Entre los años 1941 y 1947 fundó el Partido Ba’ath que ya desde su fundación no era sirio sino pan-árabe.

La batalla que perdió la Hermandad Musulmana frente a su antiguo protegido, el General Nasser, sigue perdiéndose en nuestros días, exactamente cincuenta años después, ante Mubarak, la marioneta de los americanos. Diciéndolo en términos vulgares, pero términos que definen a la perfección el malentendido que ha costado la vida a decenas de miles de jóvenes musulmanes, el fracaso de la Hermandad Musulmana desde el principio ha sido su error a la hora de someterse al Din del Islam tal y como había sido entendido desde la época de los Julafa Rashidun hasta el Sultán Abdulhamid II, que Allah esté complacido con él. Esta equivocación fue la aceptación de las desviaciones modernistas de ‘Abduh, Rashid Reda y Al-Afghani, el agente provocador shi’a. Esa falsa ‘aqida, llevada hacia un callejón sin salida político por Sayyid Qutb, fue lo que motivó que los Ijuan al-Muslimun fracasaran totalmente a la hora de comprender las dos dinámicas del Islam que aseguran el ejercicio de un poder triunfante: Las leyes del Zakat y su recaudación por un lado, y por el otro, la dinámica del comercio y los mercados que permiten el funcionamiento exitoso de la Elite Islámica de Poder.

Las arengas de Aflak en 1956 llamaban a la unión política entre Egipto y Siria. Es dudoso que la gente de hoy en día pueda darse cuenta de hasta qué punto los árabes eran presa de la seducción socialista del nacionalismo árabe de Nasser; pero éstos tampoco deberían olvidar la manifiesta disposición de Nasser para negociar con Ben Gurion. Mientras Nasser actuaba en el escenario mundial envuelto en un halo de gloria, los poderes bancarios trabajaban con denuedo diseñando el marco político que iba a garantizar su ordeño continuado de los recursos locales. El 24 de Febrero de 1955 –y esta fecha es quizás la más indicada para señalar la causa y el comienzo de la tragedia iraquí– se firmó un tratado bastante complejo llamado el Pacto de Bagdad.

A primera vista era un acuerdo defensivo entre Turquía e Iraq, pero distaba mucho de ser un acuerdo bilateral. Lo que hizo el Pacto fue poner en marcha una gran operación diplomática y militar, dirigida por Gran Bretaña, cuya intención era formar un teórico bloque defensivo que, desde Turquía hasta Pakistán, se alzaría frente a la Unión Soviética. Nouri Said, el Primer Ministro iraquí, sabía que al firmar el tratado con los poderes occidentales aparecería como traidor a la nación árabe. Nasser era consciente de que el único objetivo del Pacto de Bagdad era que, al mismo tiempo que se formaba un cerco en torno a la Unión Soviética, el Oriente Medio y todos los territorios de los árabes se convertían en estados vasallos. El 20 de Octubre de 1955, Siria y Egipto firmaban un acuerdo militar para equilibrar el Pacto de Bagdad.

A las 19.30 horas del día 26 de Julio de 1956 y ante 250.000 personas congregadas en Alejandría, Nasser anunció la nacionalización del Canal de Suez. El 13 de Septiembre de 1956, en plena crisis de Suez, Israel empezó a colaborar con Francia para conseguir la Bomba Judía. La Crisis de Suez propició una alianza militar activa que por tierra, mar y aire, lanzaba los ataques del Estado judío, Francia y Gran Bretaña. El 5 y 6 de Noviembre, Marshal Bulganin amenazó a los invasores con la Bomba Atómica. Esto, junto una proclamación de la ONU, significó el alto el fuego el día 7 de Noviembre.

El 22 de Febrero de 1958 se creó la República Árabe Unida, una alianza entre Siria y Egipto. El voto a favor de la unión fue del 99,99% en Egipto y el 99,98% en Siria. En Octubre de 1957 Aflak había tenido un encuentro con Nasser y el 14 de Enero de 1958 con Salah al-Bitarm, el Ministro de Exteriores Ba’athista de Siria. El 8 de Marzo de 1958, el Yemen pasó a formar parte de la Unión Árabe. El 15 de Julio de 1958 Bagdad estaba en plena conmoción. En un alzamiento nacionalista, la Monarquía, debilitada por una serie de revueltas comunistas, se vió derrocada por las fuerzas militares nacionalistas. El Primer Ministro, Nouri Saeed, disfrazado de mujer, huyó por las calles de Bagdad. Reconocido por la multitud, fue tirado al suelo y su cuerpo despedazado por la chusma que cantaba la Marsellesa. El General Abdalkarim Kaseem y el Coronel Abdussalam Arif proclamaron la Revolución – ¡Era justo el 14 de Julio! El Rey Faisal había sido asesinado durante la toma del palacio, lo mismo que su familia y seguidores más allegados. Kaseem declaró su apoyo a la unidad Árabe.

El 19 de Junio de 1961 Kuwait fue declarado Estado independiente a pesar de las protestas de Iraq que declaraba que Kuwait formaba parte de su territorio nacional. El 11 de Abril de 1961, se erigía la ultra moderna Torre del Cairo como símbolo de la modernización de Egipto. La CIA había donado tres millones de dólares para la construcción de la Torre. El 5 de Octubre de 1961 los cimientos humanistas y socialistas del arabismo comenzaron a desmoronarse. Nasser se vió obligado a proclamar la secesión de Siria de la República Árabe Unida. A finales del año 1962, el Yemen se dividía en una guerra civil. El 9 de Febrero de 1963, en un golpe de Estado, el General Kaseem moría fusilado mientras el General Arif, que había quedado relegado por sus simpatías Nasseritas, tomaba el poder. Los oficiales Nasseritas y los Ba'athistas tenían ahora el gobierno. Al ser el Ba’ath el único partido organizado, estableció su objetivo primordial: la eliminación del comunismo. Las noticias del golpe de Estado fueron recibidas con deleite en los Ministerios de Exteriores de Occidente.

El Cairo, 17 de Abril: A instancias del General Arif, Nasser vuelve a relanzar la Unión Arabe. 22 de Julio de 1963: Nasser declara que quiere la unión con Siria pero no con los fascistas del partido Ba’ath. Los Nasseritas y los Ba’athistas se enfrentan cada vez con mayor violencia. 18 de Julio de 1963: Los Nasseritas intentan tomar el poder pero todo acaba en un baño de sangre con más de 500 muertos en Damasco. 18 de Noviembre de 1963: la crisis violenta de Siria se traspasa a Iraq produciendo el resultado contrario. Los Ba’athistas que apoyaban al presidente Arif pronto se vieron desconectados del Partido Ba’ath, su laicismo y su modernismo. El general Abdarrahman Arif, hermano del Presidente, fue el encargado de desmantelar la Guardia Nacional y derrocar al Gobierno. Y así fue como la fantasía Nasserita del humanismo, los hermanos árabes unidos, desató la guerra civil en los tres países vecinos a su dictadura. 1967: el 10 de Junio se firma el alto el fuego de la Batalla de los Seis Días. 20.000 soldados egipcios murieron en la batalla, 700 tanques fueron destruidos y la fuerza aérea aniquilada. El Desierto del Najeb, Gaza, el West Bank y Jerusalén estaban ahora en manos de los judíos. El General de Gaulle envió a Nasser una carta personal en la que decía que su situación era similar a la que había sufrido Francia durante la ocupación nazi en el año 1940.

17 de Julio de 1968: con la ayuda de los militares de derechas, cambia el equilibrio interno de poder en Iraq, debilitando a los Nasseritas y los Ba’athistas de Siria. Decididos a renovar los conceptos fundacionales del Partido, Ahmad Hasan al-Bakr y Saddam Hussein toman el poder. Inmediatamente después, Michel Aflak vuela a Bagdad para reunirse con ellos. 28 de Septiembre de 1970: Nasser muere a las 18,15 hrs. Se hizo un entierro musulmán al que asistieron las masas de El Cairo.

Y así fue como, tras la muerte del renombrado Presidente Nasser, Saddam Hussein se convirtió en el hombre más poderoso de Oriente Medio. Lo importante es comprender qué había sucedido tras la implantación de la dictadura Saddamita en Iraq. Podríamos decir que en los primeros años de su gobierno, las naciones de Oriente Medio mostraban una repulsiva pero innegable armonía materialista. Lo que proporcionó este breve ínterin fueron tres sistemas de poder en actuación cuyo único objetivo era la producción de petróleo para el sistema capitalista occidental: la dictadura del Shah en Irán, el reinado de la Casa de los Saud en Arabia y la dictadura de Saddam en Iraq. Los líderes occidentales, esto es, americanos y europeos, comían en las Mesas Reservadas de los tres Estados. Les compraban petróleo y les vendían armas.

El lobby anti-armas de los EE.UU. tiene un lema que dice: “Si tienes armas, acabarás usándolas”. Lo que los EE.UU. no han podido reconocer en su propio terreno tampoco lo supieron ver en Iraq. Basándose en los protocolos comerciales establecidos con los EE.UU. y los contratos de armamento con Europa y la Gran Bretaña, era de esperar el momento en el que Saddam no se conformaría con disparar un rifle desde el balcón de su casa. Cuando Hitler estaba reconstruyendo Alemania y devolviendo al pueblo el orgullo perdido, la colaboración era posible y la admiración comprensible. Pero cuando creó la formidable maquinaria bélica que era la Wehrmacht llegó el momento en el que la agresión era de esperar. Recuérdese que las advertencias de Churchill en aquella época eran las de una voz en el desierto.

Durante veinticinco años, el Estado iraquí actuó con el apoyo decidido de los gobiernos occidentales y, especialmente, con el del Papa de Roma. Durante esa época las cosas eran muy diferentes a como la gente parece ahora imaginar, cuando contemplan la escena de los campos excavados llenos de cráneos humanos. Con los comunistas fuera de la escena, lo único que amenazaba a Saddam era el Islam. En ese momento, la única amenaza frente al ateismo Ba’athista era la intelligentsia musulmana. La primera carnicería perpetrada por Saddam Hussein fue contra una comunidad significativa de ‘ulama musulmanes, un grupo extraordinario de eruditos Hanafi que hoy ya no tienen parangón. Fueron eliminados por completo. Sus discípulos fueron torturados y asesinados.

Esta época de persecución de los intelectuales musulmanes fue la de la construcción del Estado laico, esto es ateo, que el Ba’athismo y Occidente le exigían. Esto debe entenderse con toda claridad. Es la única realidad política y espiritual que permite comprender la situación actual. Veinticinco años son dos generaciones en las que crear una nueva clase de ateos cuya única vinculación con el Islam es el ayuno cívico del Ramadán, los contratos matrimoniales y los funerales. Todos los usos sociales, las relaciones con la autoridad y las transacciones comerciales, son una creación nueva que no nada tiene que ver con la gran historia del Islam y la poderosa tradición islámica del país de Abu Hanifa, Imam _unaid y Mulay Abdalqadir al-_ilani. Durante esta época, que puede definirse como la fecundación de una sociedad Saddamita, atea y brutal, los musulmanes eran testigos de la abolición del Din del Islam. Las palabras de Hasan al-Basri eran proféticas al describir este periodo: “Islam está yendo a los libros y los musulmanes a las tumbas”.

La amargura contenida en ese periodo solo puede ser entendida cuando constatamos que en ese tiempo no hubo líder árabe que hiciese más por el pueblo kurdo, en lo que ayudarles y establecerles se refiere, que Saddam Hussein. En lo que respecta a los shi’a, Saddam los consideraba campesinos incultos que habitaban en las ciudades del sur y los pobladores primitivos de las zonas pantanosas. Era una sub-clase encerrada en sí mismos y conocedora de su situación. En el centro de la sociedad iraquí surgió una nueva elite tecnocrática compuesta únicamente de ateos Sadamitas y de cristianos que juntos servían al gran dragón del oleoducto que rodeaba sus costas y lo separaba del resto del mundo.

La aparición en escena de un nuevo personaje cambió el panorama. Jamás debe ser infravalorado el impacto que causó la desaparición del Shah de Persia. Fue una doble conmoción. El fin del régimen del Shah significó la destrucción del antiguo Pacto de Bagdad. El otro efecto fue incluso más devastador. Cuando el nuevo régimen shi’a se apoderó de Irán, y en su fervor tomaron como rehenes al personal de la embajada americana, el mundo atestiguó por primera vez que esa nación, que en su propia imaginación era tan poderosa, era en realidad impotente. No fue un detalle casual que los rostros encapuchados de los rehenes fueran una copia fiel de lo que hacen las fuerzas israelitas con los palestinos apresados. Saddam, él mismo un revolucionario, no dudaba que la emergente Revolución Iraní tendría como primer objetivo expansivo la recuperación de toda la zona de Iraq que contiene las ciudades sagradas de los shi’a, Karbala y Najaf.

En la visión que los EE.UU. tenían de Irán, se consideraba que una invasión de este país no tendría respuesta. Cuando los primeros tanques avanzaron hacia Irán, el equilibrio interno del Estado iraquí fue destrozado. Los musulmanes habían sido aplastados. Ahora los shi’a eran el enemigo a destruir. En ese momento comenzó el genocidio de los shi’a que iba a continuar hasta nuestros días. Irónicamente, la decisión que obligó a Jomeini a firmar un tratado de paz con Iraq fue lo que iba a asegurar el genocidio definitivo y vengativo de la población shi’a de Iraq. De haber seguido luchando, esta pesadilla no habría tenido lugar.

Una vez finalizada la guerra contra Irán, Saddam se puso como objetivo la antigua reclamación de su país con respecto a Kuwait. Como todos los modernistas árabes, Saddam fue incapaz de reconocer que ni la creación del Estado de Kuwait ni su deseada invasión eran realidades políticas que correspondían a la forma en la que él entendía la política. Kuwait no fue la creación de un edicto imperial, sino el resultado de la política de mercado de las grandes corporaciones petroleras. Pero la invasión de Kuwait no era el tipo de OPA que iba a aceptar la nueva Elite del Poder. El fin de la primera Guerra del Golfo significó el tercer genocidio y la tercera desestabilización del Estado de Iraq. El vergonzoso engaño de Bush senior con respecto a los kurdos, su alzamiento solitario, fue confrontado con la furia implacable de las ametralladoras y los gases letales en las montañas peladas que eran el hogar del gran pueblo turco.

De la segunda invasión de Iraq se conoce todo en nuestros días. Muchas cosas han surgido a partir de ésta, pero una de las más importantes es constatar el papel jugado por esas democracias que eligen a unos candidatos que se supone les representan; dada la naturaleza de la democracia política, el poder se confiere a una persona que rige con poder absoluto sus estructuras de gobierno pero que, al mismo tiempo, recibe documentos y órdenes directas que no llegan a los Parlamentos ni a las Cámaras y que proceden directamente de las reuniones y consultas entre la Elite del Poder, sus consejeros y sus grupos de expertos.

A la luz de los sucesos precedentes, tenemos que fijarnos ahora en la situación actual tal y como la definen las fuerzas de ocupación. Presentemos en primer lugar la visión de los invasores con respecto a lo que tienen que enfrentarse, que es la traducción que nos brindan los medios de comunicación de lo que está sucediendo “en el terreno”. Según ellos, el Estado de Iraq consiste de, y al consistir de tenía que dividirse en, tres comunidades separadas.

1. Los Kurdos
2. Los Sunnnitas
3. Los Shi’a

Para nosotros, como musulmanes, esto debe ser considerado un ultraje. Incluso para esos pobres imbéciles que hay todavía imaginan que existe algún tipo de aplicación de los principios democráticos, esta división debería ser igualmente ofensiva. Hagamos un paralelismo entre esta división y la de un posible electorado en los EE.UU. El censo resultante sería el siguiente:

IRAQ USA
Kurdos Negros
Sunnitas Protestantes
Shi’a Judíos


Si se toma esta propuesta como la estructura fundacional de una sociedad se verá que es sencillamente imposible. Es también la receta garantizada para provocar una guerra civil.

En el núcleo de esta doctrina política hay algo que debería molestarnos profundamente, algo que debemos confrontar activamente, con decisión y a voz en grito. No existe tal cosa como el Islam sunní. El uso de ese término en el pasado por nuestros ‘ulama era en un contexto que ya no es relevante en nuestros días. Allah ha llamado al Din “Islam”. Allah no nos ha descrito como musulmanes sunnitas ni tampoco lo ha definido como Islam sunní. Allah lo llamó el Din del Islam y estaba complacido con ello.

Por otro lado, Allah, glorificado sea, no hace referencia en absoluto al Islam shi’a en todo el Corán. Ellos eligieron separarse –salirse. Nosotros lamentamos esa elección, pero insistimos en afirmar que lo que tienen no es Islam. Nuestra responsabilidad es hacerles da’wa. Lo que les separa de nosotros es que se han apartado del Rasul, a quien Allah bendiga y conceda paz, debido a su posterior elección de elevar a Sayyiduna ‘Ali, a quien Allah ennoblezca su rostro, y el culto de la venida del Mahdi cuya naturaleza deja sin sentido la necesidad de tener la Revelación coránica y la vida y el ejemplo del Mensajero, a quien Allah bendiga y conceda paz. La creencia en el Mahdi abroga la necesidad que tiene el musulmán de corregir las cosas en su época y establecer el bien. La espera por el Mahdi es una religión falsa que elimina la responsabilidad existencial del musulmán de cambiar el presente. La diferencia fundamental, sin embargo, que es lo que hace que el shi’ismo no sea una secta del Islam sino una religión nueva y aparte, es la política. Los shi’a rechazan el ‘Amr. Rechazan la Jilafa. Posponen el hecho de ser gobernados lo que hace, por implicación, que se vean a sí mismos como una sub-clase perseguida que espera la bendita liberación que proporcionará la intervención metafísica en la forma de un Gobernante que vendrá al fin de los tiempos, el Mahdi. Sus mullahs son una clase sacerdotal cuyos dirigentes se autodenominan Signos de Allah. Ellos, y sólo ellos, son los que pueden negociar los dictámenes de los Doce Imams Invisibles.

Tenemos que recordar quiénes somos, puesto que un musulmán joven no estaría equivocado al pensar que parece que lo hemos olvidado. Contrario a los análisis de los medios de comunicación, no tenemos clérigos, sacerdotes o rectores, tal y como les gusta a los ateos franceses llamar a nuestros Imams. El Islam es una estructura de poder y a nuestro líder se le da el bayat, o juramento de fidelidad –una práctica iniciada por el Mensajero durante su vida, a quien Allah bendiga y conceda paz. El resultado lógico de todo esto es el Gobierno Personal. En esas montañas se llama Emir, en aquellas islas Sultán, al otro lado de ese continente, Padishahs. Y en una configuración mayor que abarca varios contenientes, Jilafa. Todos éstos, incluidos los reinos, indican el principio subyacente del gobierno personal, la monarquía y el Califato, formas que han sido la práctica de la especie humana, tal y como prueban los documentos más antiguos desde el inicio de la época civilizada. El Gobierno Personal es parte de la fitra de la humanidad y una práctica confirmada en el Islam. Sin éste puede que haya musulmanes, pero no puede haber Islam.

Volvamos de momento a esa división tripartita que definen los conquistadores: Ya hemos mencionado la primera afrenta que consiste en llamarnos sunnitas; ante esto es preciso insistir que si hay musulmanes, éstos no pueden ser separados en un grupo racial y un grupo que definitivamente no es islámico. Lo que se deduce en consecuencia es una nueva afrenta contra los kurdos en este caso. La mayoría de los kurdos que viven en Iraq son musulmanes, a pesar de que aún queda un remanente de comunistas y un grupo aún menor de paganos. Esto significa que el terrible engaño político que se presenta al mundo por las fuerzas de ocupación, define a Iraq como un país musulmán con tres lealtades diferentes que les divide de forma irreconciliable. Lo que se ofrece entonces, es la escandalosa fantasía humanista de que todos pueden unirse bajo un sistema político que les niega el acceso al poder, dado que el poder está investido por la riqueza, y porque también, cuando acepten su estatus de ciudadanos en el Censo Nacional Iraquí, descubrirán que su papel es el de deudores de miles de millones de una moneda que, al menos en nuestros días, carece de valor alguno en los mercados de divisas.

Permítasenos ahora proponer la división del pueblo iraquí en tres grupos según nuestro estudio de la sabiduría coránica y de nuestra shari’at. Allah el Excelso dice en la Surat al-Ma’ida (5: 46):


“Quien no juzgue según lo que Allah ha hecho descender...
Esos son los incrédulos”.

La primera comunidad en el Estado de Iraq son los kafirun. Son los ateos, los Ba’athistas y los cristianos.

Allah el Excelso dice en la Surat al-Ma’ida (5: 47):


“Quien no juzgue según lo que Allah ha hecho descender...
Esos son los injustos”.

La segunda comunidad en el Estado de Iraq son los Dhalimun. Los Terroristas.

Allah el Excelso dice en la Surat al-Ma’ida (5: 49):


Quien no juzgue según lo que Allah ha hecho descender...
Esos son los descarriados”.

La tercera comunidad en el Estado de Iraq son los fasiqun. Los shi’a.

No cabe duda de que Allah ha infligido un castigo terrible al pueblo iraquí; y esto se debe al terrible delito que ha cometido, algo que para nosotros es lo peor que se puede hacer. El pueblo iraquí, que había sido bendecido por el Imam Abu Hanifa, Imam _unaid y Mulay Abdalqadir y que había sido bendecido con el gran regalo del Islam, acabó por rechazarlo y permitir que sus propias familias fueran masacradas cuando trataron de aferrarse a él. Luego, ese mismo pueblo iraquí se enriqueció, llegó a ser más rico que todos los demás árabes, y siguieron a un gobernante kafir. La maldad y corrupción de Saddam, y la de su régimen, eran de sobra conocidas por el pueblo iraquí generación tras generación. Y no lo derrocaron, de hecho se convirtieron en sus obedientes verdugos y torturadores. Todos pudimos ver las imágenes de sus soldados pateando hasta la muerte a los que se habían rebelado. Hemos visto los campos sembrados de cráneos. Saddam no los mató. El pueblo iraquí fue quien los mató. Se hartó en el banquete y ahora le han presentado la factura. Si se someten a la farsa de la democracia política que ahora ha sido puesta en marcha, no para su liberación sino para aumentar su degradación y para una nueva forma de empobrecimiento, entonces sí que son malas noticias; malas no sólo para ellos, sino también para toda la humanidad.

Allah el Excelso dice en la Surat al-Baqara (2: 158-159):



“A los que oculten las evidencias y la guía que hemos hecho descender,
después de haberlas hecho claras para los hombres en el Libro,
Allah los maldecirá y los maldecirán todos los maldecidores.
Salvo los que se vuelvan atrás, rectifiquen y lo pongan en claro;
a ésos les devolveré Mi favor,
pues Yo soy el que se vuelve sobre el siervo, el Compasivo.

La maldición de Allah, la de los ángeles y la de los hombres, a la vez,
caerá sobre los que se hayan negado a creer y hayan muerto siendo incrédulos.
Estos serán inmortales en el Fuego
y no se les aliviará el castigo ni se les concederá ningún aplazamiento.

Vuestro dios es un Dios Único, no hay dios sino Él, el Misericordioso, el Compasivo.”

 
glosario de terminología islámica pensamiento