glosario de terminología islámica pensamiento

Kufar en crisis
por Shaykh Dr. Abdalqadir As-Sufi

Allah, el Todopoderoso, ha dicho en Surat Al-‘Imran (3:137-141):


 
“Antes que vosotros, ya se siguió un mismo modo de actuar (de Allah con los pueblos que no quisieron creer); así pues, recorred la tierra y mirad cómo acabaron los que negaron la verdad.

Esto es una aclaración para los hombres y una guía y una advertencia para los que tienen taqwa (los que temen a Allah).

No desfallezcáis ni os apenéis porque, si sois creyentes, seréis superiores.

Si sufrís una herida, ellos también sufrieron una herida similar. Así es como alternamos los días entre los hombres para que Allah sepa quienes son los que creen y tome a algunos de entre vosotros para morir dando testimonio.
Allah no ama a los injustos.
Y para que Allah limpie las malas acciones de los que creen y aniquile a los que se niegan a creer”.

Los kuffar están en crisis. No por su despreciable comportamiento en cualquier parte del mundo, incluyendo el Turquestán Oriental e Iraq, sino por su profunda incapacidad para comprender la verdadera naturaleza del poder. De ello procede no sólo el fracaso de su manera de gobernar, sino también su incapacidad para hacer que el marco político estructuralista funcione dondequiera que lo imponen.

A lo largo del siglo pasado, toda una generación,, fue educada para llamar “imperativos de la evolución”, a lo que, en realidad, no eran sino, los trágicos accidentes de una forma de gobierno personal que era injusto y estaba pasado de moda. En el pasado siglo se hizo creer a las masas, que los presentes sistemas de gobierno no solamente son justos sino que, además, son el modo por el cual las masas se gobiernan a sí mismas.
En el principio del siglo XXI, que vivimos todos, podemos ver como los sistemas de gobierno estructuralista, basados en la selección del personal por medio de elecciones mayoritarias, no son los que, en realidad, determinan los acontecimientos. Sin embargo, las mayorías, manipuladas por los medios de comunicación, siguen sin tomar conciencia de su verdadera posición política. La distancia entre lo que la mayoría estadística quisiera que pasara y la necesidad por parte de la élite gobernante de hacer exactamente, sin explicación ninguna, lo contrario, es la realidad política fundamental de nuestro tiempo.

En el núcleo central de la llamada sociedad moderna, se presentan dos dualismos determinantes de la actual crisis actual. El primero es la desconexión que se da entre la estructura y su personal. Nos referimos a que el sistema estatal, desde Tailandia hasta Togo, se mantiene como entelequia mediante la renovación periódica de su clase gobernante. El pueblo elige a los gobernantes. Los gobernantes, a su vez, debido a la deformación política propia de la clase gobernante, se muestran incapaces de satisfacer las necesidades inmediatas de la gente. Las masas entonces vuelven a elegir, entre los miembros de la oposición, al nuevo personal que va a encargarse del asunto. Estos fracasan también. Este fracaso se produce, bien por su insuficiencia sicológica en el dominio de los acontecimientos, bien por su incapacidad en la comprensión de los problemas críticos que se les presentan. En ambos casos, las masas, es decir, el electorado, rechaza a determinados individuos y por extensión a sus partidos, con la esperanza de que el partido aparentemente opuesto se muestre más competente. La eficacia del estupendo adoctrinamiento recibido les impide ver que los jefes de los partidos, hasta donde alcanza la memoria, vienen acusándose mutuamente de incapacidad, de una manera cíclica. En este sentido, el papel de los políticos es el de cargar con las culpas, y a veces con las balas de los contendientes, para que el sistema estructuralista continúe satisfecho con una nueva remesa de gestores sociales. Dicho de otro modo, los que critican a Bush, a Blair y a Sadam, lo hacen desde la peculiar oscuridad de su condición de meros productos históricos ciegos.
La segunda desconexión; la falla oculta del paisaje kaffir, es la del dualismo que se da entre el sistema político y el sistema financiero. Desde la mitad delsiglo pasado, después de lo que De Gaulle definió la Segunda Guerra de los Treinta Años, ha existido una separación sistemática e intencionada entre el sistema político y el sistema financiero. El principio subyacente bajo todos los sistemas hasta entonces había sido el de que era el estado el que emitía y controlaba su moneda y, por lo tanto, el que decidía su propio destino financiero. La iconografía de este principio era la acuñación del rostro o el símbolo del estado en una de las caras de la moneda.
 
Desde 1950 en adelante, los oligarcas que habían propiciado y respaldado la larga guerra, comenzaron a canjear las fichas que habían ganado. Fue un movimiento genial sobre el tablero, coronado por el éxito. Su argumentación sonó de maravilla: “la tarea del gobierno es la de gobernar, pero no los mercados, que deben ser libres para poder ajustar y desarrollar sus propios procesos libres de la intervención estatal”. Con un solo movimiento sobre el tablero de juego colocaron al gobernante político en el conflicto de que actuara dentro del sistema democrático, es decir, respetando las reglas del juego, suponía entrar en un callejón sin salida. De una sola jugada, el poder político fue despojado de su verdadera fuerza motora: el dinero. La política se transformó en una empresa de servicios, los magnates de las finanzas pasaron a ser los tasadores del valor de la moneda. A la hora de asignar al estado político un presupuesto y, en muchos casos, los mismos financieros, pasaron también a decidir, de forma detallada, cómo debía ser gastado este presupuesto.

Por poner un ejemplo, fue el sistema financiero el que impuso al sistema político global, que en cada compra realizada por el ciudadano, había que añadir un porcentaje progresivo sobre el precio para garantizar al sistema bancario la estabilidad cotidiana que lo protege de las amplias crisis específicas del sistema monetario. A finales de siglo, en parte gracias a las asombrosas ganancias inesperadas que supuso para los banqueros la introducción del mercado bursátil por ordenador abierto durante 24 horas, el sistema monetario se había hecho ya con el control totalitario de todos los acontecimientos mundiales.
 
Sin embargo, aunque, hasta ahora, hayamos definido la sociedad kaffir como una sociedad marcada por las dos fallas graves estructurales de su sistema, la verdadera falla que encierra, no ha sido expuesta todavía. Se trata de una realidad que, inevitablemente, hará que se desplome el sistema doblemente defectuoso que se apoya sobre ella. Me refiero a la falla congénita del propio sistema financiero. Una falla tan asombrosa, que uno se siente tentado de explicarla a la gente como resultado de una magia. Aunque no está, por supuesto, basada en magia alguna, sino en la ansiedad por contraer deudas que vuelve al hombre ciego. La falla oculta en el sistema financiero es la siguiente: a pesar de que en la actualidad, el sistema, se ha hecho con el control completo de las riquezas del mundo, es decir, de todo aquello que sale de la tierra, es un control que sólo está respaldado por una pseudo-riqueza que el mismo sistema ha creado, es decir, el sistema mundial constituido por unas monedas “nacionales” completamente desprovisto de valor. En pocas palabras, el capital formado por las monedas en metálico, los billetes y las transferencias de números que sólo existen como señales electrónicas que van de ordenador a ordenador. Todas ellas sin realidad sustancial ni valor alguno.

Los grandes sistemas financieros del pasado, basados en el empleo del metal oro, crearon las grandes civilizaciones. El sistema financiero presente, basado en números electrónicos y en las tarjetas de crédito de plástico de los sistemas mundiales de crédito, ha destruido, en esta época, nuestra capacidad de continuar la tarea de estas civilizaciones pasadas y nos han hundido en la actual zona de desastre biológico y ecológico que llamamos vida moderna.
 
Allah, el Todopoderoso, dice en el Surat al- An’am (6:5-7):


 
“No hay signo de su Señor que les llegue, del que no se aparten.
Y cuando les ha llegado la verdad, la han negado. Ya tendrán noticias de aquello de lo que se burlaban.

¿Es que no ven cómo hemos destruido generaciones enteras anteriores a ellos, a las que les dimos una posición en la tierra que no os hemos dado a vosotros?
Enviábamos sobre ellos el cielo con abundantes lluvias y hacíamos correr ríos bajo sus pies, pero los destruimos a causa de sus transgresiones e hicimos surgir después de ellos otras generaciones”.

Para entender la crisis de los kuffar, es necesario observar ahora con detalle dos zonas en las que actúa. La primera, los Estados Unidos. Para poder contemplar este extenso país, es necesario tener en mente el análisis que hemos hecho del actual sistema político, y también, que, éste, es un sistema cuyas faltas la gente comienza a considerar irremediables.

Examinemos algunos aspectos del estado de esta realidad política mitológica que el gobierno norteamericano se propone imponer por todo el mundo, tanto si gusta como si no. Aunque de hecho, hayan conseguido ya este objetivo, con la excepción de algunos “países canallas” o, como ellos prefieren decir, “países malvados”. Los datos que vamos a presentar proceden del libro “Political Fictions”, publicado por Knopf y escrito por Joan Didion, la única pluma norteamericana seria hoy día. Didion presenta una cita tomada del Washington Post, el sábado anterior a las elecciones presidenciales del 2000, que dice: “La apatía es la causa mayoritaria por la que un número aproximado de 100 millones de norteamericanos no votarán el próximo martes”. La investigación del Post enumeraba los siguientes datos circunstanciados:

- El 35% de los no votantes, es decir, el 17% de todos los norteamericanos de edad adulta, presentaban diversas clases de apatía: “no tienen ningún sentido de responsabilidad civil”, “no les interesa la política”, “no les preocupa estar al tanto de las cuestiones públicas”.

- El 14% de los no votantes estaban clasificados como “desconectados”, es decir, el grupo que, “no puede acudir a las urnas por causa de la edad o incapacidad”, o “por cambio de dirección y no haberse empadronado todavía”, es decir, gente, funcionalmente, incapaces de votar.

- El 51% de los demás abstencionistas, aproximadamente una cuarta parte de los norteamericanos de edad adulta, estaban considerados como “alienados”, “asqueados por los políticos y por el proceso político”, o “desencantados”, es decir, “gentes resentidas por la práctica política”.
 
Didion hace notar sin embargo que:

- El 70% de los no votantes se habían registrado de hecho, lo cual significa ser más bien poco apático que mucho.
 
Es decir que lo que sugiere Didion, es que lo que hay, es un rechazo activo del sistema político.

- El 89% de los no votantes y el 76% de los votantes, según esta encuesta, estaba en conjunto de acuerdo en que: “La mayoría de los candidatos políticos están dispuestos a decir lo que sea con tal de ser elegidos”.

- El 78% de los no votantes y el 70% de los votantes, estaban de acuerdo en que “los candidatos estaban más preocupados por luchar los unos contra los otros que por resolver los problemas de la nación”.

- El 70% de los no votantes y también de los votantes consideraban que “las campañas electorales eran más teatro o diversión que algo que pudiera tomarse en serio”.
 
Tanto el partido Republicano como el Demócrata buscan conseguir el voto de un mismo sector de la población, que definen como: “acaudalado, educado, interracial, suburbano, con dominio de la tecnología de la comunicación y del crédito y moderado”. Ambos, pues, reconocen públicamente, que se reparten a medias el mismo grupo electoral de clase media-alta, que es el grupo votante más influyente en esta era informática. Eso quiere decir, también, que ambos partidos han prescindido de la base tradicional formada por los económicamente modestos. Así indica Didion en una de sus citas: cómo un estratega republicano ha declarado con acierto al Washington Post en 1998: “A nadie le importa lo que piensa el adulto medio, esto es algo que no tiene nada que ver con las elecciones”.


Didion cita también la declaración de un analista político, hecha, al parecer, “con entusiasmo genuino”, en la que se informa de que “el 53% de los votantes en las elecciones del 2000, por primera vez en la historia de norteamérica, tenían ingresos superiores a los 50.000 dólares; el 43% eran suburbanos, el 74% habían recibido alguna educación superior; el 42% eran licenciados universitarios y el 70% habían invertido en la Bolsa”.
 
A continuación, Didion comenta con pesar:

“Que estos datos desdibujan el perfil democrático del país en su conjunto, y señalan que la mitad de los ciudadanos mantienen SÓLO UNA RELACIÓN DE VASALLAJE CON EL GOBIERNO bajo el que viven, que la democracia que pretendemos diseminar por todo el mundo no es en nuestro país sino una mera utopía. Y que, frente a la cuestión prioritaria de seguir manteniendo el proceso en manos de los que vienen controlándolo, todo lo demás carece de importancia”.

Sobre el telón de fondo de los escándalos de Clinton, Didion, con perspicacia, toma la temperatura moral del país:

“En este país, la edad media de la primera relación sexual viene siendo, desde hace algún tiempo, los dieciséis años. Teniendo en cuenta que la edad media del primer matrimonio, es a los veinticinco años para las mujeres y a los veintisiete para los hombres, se deduce que los norteamericanos mantienen relaciones sexuales fuera del matrimonio durante una media de nueve a once años. De cada diez matrimonios, seis acaban en divorcio; un porcentaje importante de los divorciados lo hacen después de actividad sexual extramarital. En la fecha del censo de 1990, había en este país 4.1 millones de hogares encabezados por parejas no casadas. Más del treinta y cinco por ciento de estos hogares incluían niños”.

Joan Didion confirma y demuestra con esto que, los miembros activos de la clase política, viven totalmente separados del pueblo, dado que, éste ya no es necesario para el proceso político. Los políticos constituyen, según ella, “una entelequia, una clase que se ha creado a sí misma y cuyo único referente es ella misma; entre ellos han formado un nuevo tipo de élite ejecutiva”, cuya función es la de orquestar la práctica política de modo que “se produzca el intercambio de poder, sin afectar al status quo presente en los Estados Unidos”.En resumen, termina diciendo:

“Cuando hablamos del proceso político, nos referimos, cada vez más, no al “proceso democrático”, o al mecanismo general que permite a los ciudadanos tener una voz en los asuntos estatales, sino a todo lo contrario: a un mecanismo tan especializado que el acceso a él se halla limitado cautelarmente a sus propios profesionales, que son, no sólo los que dirigen la política, sino también los que informan sobre ella, los que organizan las encuestas, los que las citan, los que preguntan y los que responden a sus propias preguntas en los shows dominicales, los asesores de los medios de comunicación, los columnistas, los asesores de programación, los que ofrecen entrevistas extraoficiales y los que acuden a ellas que, juntos, forman parte de ese puñado de iniciados que inventan, año tras año, la narrativa de la vida pública”.

Allah, el Altísimo, ha dicho en el Surat al-A’raf (7:95-101):



“Si la gente de las ciudades hubieran creído y se hubieran guardado, les habríamos abierto las bendiciones del cielo y de la tierra.
Sin embargo negaron la verdad y los castigamos a causa de lo que adquirieron.

¿Acáso la gente de las ciudades está a salvo de que les llegue Nuestro castigo de noche, mientras duermen?
¿O están a salvo esas mismas gentes de que Nuestro castigo les llegue por la mañana mientras juegan?
¿Es que están a salvo de las astucias de Allah?
Sólo la gente perdida se siente a salvo de la astucia de Allah.

¿Acáso a los que han heredado la tierra después de otros que hubo en ella, no les sirve de guía saber que, si quisiéramos, los agarraríamos también a causa de sus transgresiones, sellando sus corazones para que no escucharan?

Esas son las ciudades parte de cuyas noticias te contamos.
Les llegaron sus mensajeros con las evidencias, pero no iban a creer en lo que antes habían tachado de mentira.
Así es como Allah sella los corazones de los incrédulos.
En la mayor parte de ellos no encontramos compromiso alguno, sólo que se habían pervertido”.

Los comienzos de los Estados Unidos fueron mezquinos y su breve historia miserable. Porque no nacieron de los altos principios morales que proclaman, sino del resultado de una aventura azarosa protagonizada por un pequeño grupo de hombres ambiciosos que renegando de su juramento de fidelidad a su rey obtuvieron su éxito del apoyo económico de Francia, que los consideró una buena carta en su juego contra el enriquecimiento creciente de Inglaterra.

Los Estados Unidos se cimentaron sobre un genocidio, sustentado por la esclavitud y el establecimiento de un rígido sistema penitenciario. Las llamadas naciones indias norteamericanas fueron sistemáticamente eliminadas en un genocidio por el que nunca han dado cumplida satisfacción, si bien no dejan de exigir a Alemania e incluso a Suiza que paguen por su participación en el reciente genocidio de los judíos. Los que quedan de los verdaderos norteamericanos viven en reservas cerradas, destruidos por el diabetes crónico, que es una secuela de la dieta de harina blanca y azúcar gratuitos que distribuye el estado. La situación inquietante de los negros en los Estados Unidos sigue siendo relevante para el futuro de África. En la actualidad no existe la libertad política, puesto que no lleva aparejada la libertad económica. Los negros norteamericanos de hoy siguen empobrecidos y morando en viviendas protegidas y en guetos infrahumanos. En el Sur, se ven forzados por la pobreza a vivir en chabolas que no ofrecen protección contra los elementos. Es un pueblo al que se le mantiene hundido mediante el suministro constante de drogas duras y de la industria de música hip-hop financiada por los judíos. La sufrida nación negra de América ha sido siempre receptora de los malos tratos que ahora sufren los prisioneros iraquíes. El sistema penitenciario norteamericano es una fábrica de sodomía y de degradación cotidiana. Se trata de un vasto sistema de campo de concentración, compuesto casi en su totalidad de gente negra, una estructura organizada que ahora toman por modelo las pequeñas prisiones de Iraq. La población penitenciaria de los Estados Unidos alcanza, en número, al de la población de Israel o de Togo.

Allah, el Altísimo, ha dicho en el Surat al-Hayy (22:40-47):


“Y si niegan la verdad. Ya lo hicieron antes que ellos la gente de Nuh, Ad y Zamud.
Así como la gente de Ibrahim y la gente de Lut.
Y los compañeros de Madyan. Y también Musa fue tachado de mentiroso.
Consentí por un tiempo a los que se negaban a creer pero luego los sorprendí. Y cómo fue Mi reprobación.

¡Cuántas ciudades que eran injustas hemos destruido quedando en ruinas sobre sus cimientos! ¡Y cuántos pozos quedaron desiertos y cuántos elevados palacios!

¿Es que no van por la tierra teniendo corazones con los que comprender y oídos con los que escuchar?
Y es verdad que no son los ojos los que están ciegos sino que son los corazones que están en los pechos los que están ciegos.
Te apremian con el castigo, pero Allah no falta a Su promesa.
Es cierto que un día junto a tu Señor es como mil años con los que contáis.

A cuántas ciudades que eran injustas dejamos seguir para luego castigarlas.
Hacia Mí se ha de volver.

Di: ¡Hombres! Yo sólo soy para vosotros un claro advertidor”.

Observemos ahora de cerca la realidad social del ciudadano norteamericano ordinario.

1. Su identidad es la de deudor de hipoteca.
2. Vive capitidisminuido por un sistema fiscal federal punitivo, al que se añade un conjunto omnicomprensivo de impuestos sobre la venta.
3. Es bastante probable que ya esté divorciado, o que viva soltero, o en relación de pareja que le proporciona poca o ninguna seguridad legal y social, particularmente si se trata de una mujer. El hogar medio norteamericano es un hogar no sólo destruido, sino las más de la veces de nómada.
4. Se le enseña a buscar múltiples parejas para así poder “explorar su sexualidad”. La usurpación de toda posibilidad de independencia económica requiere su reemplazo por la concesión de una independencia sexual completa.
5. Como resultado de esto, se permite la sexualidad en todas sus combinaciones, con lo cual el límite de lo prohibido se ha llevado hasta el abuso y asesinato de niños. Estos terribles crímenes son el resultado del creciente humanismo ateo. El Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo que: “la idiosincrasia del Hijo de Adán era tal que si se le prohibía comer boñiga de camello, diría ¡No se nos hubiera prohibido de no haber algo bueno en ello!”.
6. Su ocio se ve anegado por 100 canales de televisión aproximadamente, que sumergen al televidente en un mundo de fantasía ineludible. Por poner un ejemplo, el “Action Channel” transmite una ración cotidiana de violencia y degradación carcelarias que hace que los norteamericanos crean que la realidad es así. De modo que cuando la gente norteamericana copia este comportamiento en las prisiones iraquíes, permanece impertérrita. Incluso algunos ciudadanos, entre los que se hallan varios senadores, se muestran desconcertados ante el escándalo y dicen: “Pero si no es más que lo que se merecen”.
7. Parte de la vida diaria norteamericana no es sólo un número creciente de niños raptados y violados, sino también la cantidad de tiroteos fortuitos en los “drive in”, a todo lo largo del país. A lo que hay que añadir las matanzas de condiscípulos y maestros a manos de adolescentes alienados. Los semanales ofrecen frecuentemente programas especiales sobre ello, tratando en vano de responder a la pregunta, “¿por qué?”.
8. Una nación en estado de  anarquía y armada de revólveres, conlleva la muerte de miles de ciudadanos inocentes. Su homicidio se apoya en un “Derecho Constitucional”, es decir, el derecho a llevar un revólver.
9. Según su desafortunada Constitución, existe un impuesto sobre la fortuna, pero no sobre el lucro; mientras que, por sistema, las clases bajas se ven obligadas a entregar al estado una parte importante de sus sueldos.
10. Los ciudadanos norteamericanos no saben el nombre de ningún propietario de los bancos nacionales y federales, pero son capaces de dar el nombre de cualquier protagonista imaginario de las telenovelas.

Echemos una mirada ahora a la situación interna de Iraq, donde un cobarde ejército de ocupación, que dispara a todo lo que se mueve, se halla atascado en medio de la anarquía de la guerra civil que su misma presencia ha creado. Cosa que no es de extrañar si se piensa en la situación social de la que proceden y la circunstancia en la que actúan. En la época de la gran Dawla islámica otomana, Iraq se hallaba dividida para su gobierno en tres provincias. El gran Sultán Abdalhamid Jan II, cuando se descubrió petróleo en Mosul, lo declaró Waqf en beneficio de los musulmanes. Sin embargo, el dictador dönme Mustafa Kemal, entregó Mosul a los ingleses como parte del trato que le permitiría servirlos como gobernante de Turquía. Bajo el mandato inglés, se instauró una monarquía títere en Iraq, en 1932.

Más tarde, en 1945, como resultado del descaecer inglés, esta monarquía se desplomó, cuando pasó al gobierno militar que se impuso desde 1958 a 1968. En este período, el partido Ba’ath fue creado por el socialista cristiano libanés Michel Aflak, con el fin de diseminar el secularismo por todo el mundo árabe. Más tarde, llegó la dictadura de Saddam, dirigente del partido Ba’ath, que se estableció en primer lugar matando a los principales jurisconsultos y Ulama. En esta situación, la parte Shia apenas fue tocada. Mientras tanto, Saddam, favoreció a los cristianos, a los laicos y a los ateos, para constituir con ellos, la clase media de especialistas y técnicos. En 1980, Saddam invadió Irán por motivos en los que se mezclaron probablemente tanto el miedo de que se produjera una sublevación Shia revolucionaria en Iraq, como su confianza creciente en su fuerte alianza técnica y económica con los poderes occidentales.

Para 1990, ya se había consolidado una generación de ateos del partido Ba’ath, brutal y rica, pero de educación exclusivamente técnica. A estas alturas, una comunidad de jurisconsultos islámicos dentro de Iraq, ya no existe, y los seguidores de la fracción Shia, su comunidad y sus hombres de conocimiento, son terriblemente perseguidos.
Entre la primera y la segunda Guerra del Golfo, la población iraquí permaneció dividida en tres grupos:

a) Los kurdos y los turcos del norte, financiados de siempre por los Estados Unidos para mantener una “espina clavada en el costado de Turquía”, y para mantener abierta lo que llaman “la puerta hacia el petróleo de Mosul”.
b) El Ba’ath, ateo-cristiano, técnico y rico de Bagdad y las grandes ciudades.
c) La religión Shia radicalmente perseguida en sus ciudades y en el sur.

No debemos olvidar que Iraq fue el hijo secular legítimo de la industria petrolífera y de la banca mundial basadas ambas en el dólar. La actual tragicomedia se está cobrando a diario, vidas de los tres grupos. La pretensión política de que se está logrando una democracia para Iraq no merece ni el desprecio. La realidad demográfica, de la mayoría Shia, nunca logrará el permiso para materializarse como realidad democrática.

Nuestro análisis nos ha mostrado la vacuidad del discurso usual de la clase política, y lo aislada que vive esta clase del resto de la gente. También nos ha hecho ver que aquellos que logran hacerse con la dirección del sistema político suelen ser figuras superficiales, taradas por graves deficiencias psicológicas. Esto lo conlleva la misma naturaleza del sistema y sólo puede ir a peor. Como George Bernard Shaw definió la democracia en su obra de teatro Geneva: “Anybody chosen by everybody!” (Un cualquiera, elegido por todos y cada uno).

La presencia de los “Muchachos” de Norteamérica perdidos en Iraq y Afganistán no presenta el aspecto de la marcha palmaria de una conquista imperial, más bien, parece fruto de una estrategia tomada a la deseperada y con prisas, puesta en práctica bajo la presión repentina de la historia. Es una acción llevada a cabo no sólo por la incompetencia de la clase política, sino también por la arteria de la clase financiera que, dejando el centro de la escena a los políticos, se esconde en la sombra de los bastidores. ¡Qué bien les vendría tener una buena teoría de la conspiración para ponerla en práctica, pero sus mismas acciones precipitadas, sirven a propósito para encerrar a la fuerza, aún más dentro de las rígidas estructuras de los estados nación modernos que ellos mismos han cultivado astutamente para ocultar la red global del sistema bancario.
 
Allah, el Altísimo, ha dicho en el Surat ar-Rum (30:8):



“¿Es que no han ido por la tierra y han visto cómo acabaron los que les precedieron?
Eran más fuertes que ellos en poderío y cultivaron la tierra y florecieron en ella más de lo que ellos han florecido y vinieron a ellos sus mensajeros con las pruebas claras.
Pero Allah no fue injusto con ellos en nada sino que fueron ellos los injustos consigo mismos”.

En vista de la crisis actual de los kuffar, y a la luz del hecho de que estamos bajo su gobierno, y ante la evidencia del hecho de que ahora sabemos que su gobierno no tiene poder, y a la luz del hecho que también sabemos que la moneda de sus gobernantes, es igualmente falsa, lo importante para nosotros, dadas las circunstancias, es, no sólo sobrevivir, sino renacer presentándonos con un Din al Haqq eficaz. Esto quiere decir que debemos acuñar una moneda auténtica para poder comerciar con ella en todo el mundo, renovando el carácter de hombres y mujeres, y restableciendo el sano equilibrio en el trato entre el hombre y la mujer, que los ateos liberales han hecho saltar por los aires, a costa de poner en peligro las vidas y la seguridad de sus propios hijos.

Los medios para conseguir todo esto son dos: una ‘ibada revivificada y un Tawhid puro. ¿Qué significa la revivificación de la ‘ibada? Significa la eliminación inexorable de todos los intentos modernistas contra el Islam a través de una Reforma de tipo cristiano como la que destruyó a la Iglesia Católica. Significa la supresión de todo el trabajo de erudición posterior al colapso del gobierno legítimo del Califato, que abarca todas las facetas de la vida. Lo cual trae consigo el fin del modernismo, el fin de la elisión del Zakat, el fin del conflicto Deobandi y Berelvi, el fin de la Tablighi Yama’at financiada por los kaffir, el fin de las doctrinas Zindiq que propagan los wahabis. Significa un orden y control de las mezquitas reducido a lo indispensable, la supresión de todos los comités de mezquitas y de cualquier interferencia en su funcionamiento. Significa reprobar a los Imames asalariados, y significa establecer la autoridad de unos nuevos fuqaha educados en el Umm al-Madhhab del ‘Amal de Ahl al-Madinah. Todo esto supone también la prohibición de que nuestros Qadis se distingan por sus ropas, según fue la práctica de la Escuela de Medina. Finalmente y principalmente, supone acabar con los intentos sediciosos de someternos a la fuerza al diálogo con judíos, cristianos y ateos. Sabemos muy bien, que en este asunto, debemos seguir los claros mandatos de Allah, glorificado sea, en el Corán. No hay debate. No hay discusión. No existe en absoluto ninguna reforma posible de nuestro Din, que, sobre esto, es tan claro, y no permitimos que los kuffar cuestionen el Corán, por la sencilla razón que nuestro Divino Creador nos ha dado claras instrucciones al respecto, y si ellos no las siguen, los pone en contra nuestra.

El hecho de que los kuffar –los que encubren la Verdad- por su terror a la Verdad, hayan calificado a la nación musulmana de sospechosa, peligrosa y amenazante, no quiere decir que nos despertemos servilmente para convencerlos de que somos buenos siervos del kufr y el capitalismo. Jamás debemos seguir el camino rastrero que llevó al mismísimo Papa de Roma hasta Jerusalén para poner su Divina Instancia en un nicho del Muro de las Lamentaciones. Tomando el camino errático que le llevó al muro equivocado, no nos cabe duda de que la petición que hizo también fue errónea. Aunque el peligro más grande que corremos en nuestras circunstancias es que gente nuestra, poco instruida, sucumba ante la doctrina masónica y atea de la Tolérance. Sin embargo, más urgente que evitar esto, es la necesidad que tenemos de hacer conocer a nuestra Nación Musulmana Mundial los límites necesarios de nuestra ‘aqida, de nuestra ‘ibada, de nuestro fiqh y de nuestro Tasawuf.

Debemos arrojar fuera de los muros occidentales, del Dar al-Islam, a los Zindiq wahhabis, que han transgredido los límites del Islam con su guerra al Mensajero, que Allah le bendiga y le dé paz, y por la manera inaceptable como lo han empequeñecido. Por el lado oriental, debemos explicar claramente la religión Shia como algo fuera del Islam, porque, con su doctrina de los Doce Imames Perfectos, empequeñece el poder del Allah. No es posible entrar en el Din del Amor, que es el núcleo del Tasawuf, a no ser que se ame al Rasul, que Allah le bendiga y salve, y a no ser que se ame a los Sahaba, que Allah esté complacido con todos ellos, porque no sólo son la Comunidad del Amor, sino que son la prueba del éxito de la fundación de la Medina, como el Lugar del Din.

No se puede contemporizar con los wahhabis, que deben ser expulsados del poder, por completo. Un Da`wa cortés, pero tenaz, debe ser hecho a la religión Shia, recordándoles que, dando tanto valor a la razón y a sus usos, como le dan, nos vemos obligados a prescindir de ella para poder aceptar su muy irrazonable metafísica. Es nuestro deber hacerles ver que constituyen un fenómeno histórico medieval, y que, en las tierras que ahora son Shia, en los primeros tiempos, se siguió a los grandes fuqaha de la Escuela de Medina, seguidores todos de Imam Malik, que Allah esté complacido con él.

No debe sorprender que ante la evidente crisis de los kuffar, más gente que nunca entre en el Din del Islam. Nuestro deber es, por tanto, renovar el Din del Islam, para que puedan beberlo de la más pura de las copas.

Allah, el Exaltado, ha dicho en el Surat al- A’raf (7:127):



“Dijo Musa a su gente: Buscad ayuda en Allah y tened paciencia, pues es cierto que la tierra pertenece a Allah y la heredarán aquellos de Sus siervos que Él quiera.
Y el buen fin es el de los que temen a Allah”.


 
 
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