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Kufar en crisis
por Shaykh Dr. Abdalqadir As-Sufi
Allah,
el Todopoderoso, ha dicho en Surat Al-‘Imran (3:137-141):

“Antes que vosotros, ya se siguió un mismo modo
de actuar (de Allah con los pueblos que no quisieron creer); así
pues, recorred la tierra y mirad cómo acabaron los que negaron
la verdad.
Esto es una aclaración para los hombres y una guía y
una advertencia para los que tienen taqwa (los que temen a Allah).
No desfallezcáis ni os apenéis porque, si sois creyentes,
seréis superiores.
Si sufrís una herida, ellos también sufrieron una herida
similar. Así es como alternamos los días entre los hombres
para que Allah sepa quienes son los que creen y tome a algunos de
entre vosotros para morir dando testimonio.
Allah no ama a los injustos.
Y para que Allah limpie las malas acciones de los que creen y aniquile
a los que se niegan a creer”. Los
kuffar están en crisis. No por su despreciable comportamiento
en cualquier parte del mundo, incluyendo el Turquestán Oriental
e Iraq, sino por su profunda incapacidad para comprender la verdadera
naturaleza del poder. De ello procede no sólo el fracaso
de su manera de gobernar, sino también su incapacidad para
hacer que el marco político estructuralista funcione dondequiera
que lo imponen.
A lo largo del siglo pasado, toda una generación,, fue educada
para llamar “imperativos de la evolución”, a
lo que, en realidad, no eran sino, los trágicos accidentes
de una forma de gobierno personal que era injusto y estaba pasado
de moda. En el pasado siglo se hizo creer a las masas, que los presentes
sistemas de gobierno no solamente son justos sino que, además,
son el modo por el cual las masas se gobiernan a sí mismas.
En el principio del siglo XXI, que vivimos todos, podemos ver como
los sistemas de gobierno estructuralista, basados en la selección
del personal por medio de elecciones mayoritarias, no son los que,
en realidad, determinan los acontecimientos. Sin embargo, las mayorías,
manipuladas por los medios de comunicación, siguen sin tomar
conciencia de su verdadera posición política. La distancia
entre lo que la mayoría estadística quisiera que pasara
y la necesidad por parte de la élite gobernante de hacer
exactamente, sin explicación ninguna, lo contrario, es la
realidad política fundamental de nuestro tiempo.
En el núcleo central de la llamada sociedad moderna, se presentan
dos dualismos determinantes de la actual crisis actual. El primero
es la desconexión que se da entre la estructura y su personal.
Nos referimos a que el sistema estatal, desde Tailandia hasta Togo,
se mantiene como entelequia mediante la renovación periódica
de su clase gobernante. El pueblo elige a los gobernantes. Los gobernantes,
a su vez, debido a la deformación política propia
de la clase gobernante, se muestran incapaces de satisfacer las
necesidades inmediatas de la gente. Las masas entonces vuelven a
elegir, entre los miembros de la oposición, al nuevo personal
que va a encargarse del asunto. Estos fracasan también. Este
fracaso se produce, bien por su insuficiencia sicológica
en el dominio de los acontecimientos, bien por su incapacidad en
la comprensión de los problemas críticos que se les
presentan. En ambos casos, las masas, es decir, el electorado, rechaza
a determinados individuos y por extensión a sus partidos,
con la esperanza de que el partido aparentemente opuesto se muestre
más competente. La eficacia del estupendo adoctrinamiento
recibido les impide ver que los jefes de los partidos, hasta donde
alcanza la memoria, vienen acusándose mutuamente de incapacidad,
de una manera cíclica. En este sentido, el papel de los políticos
es el de cargar con las culpas, y a veces con las balas de los contendientes,
para que el sistema estructuralista continúe satisfecho con
una nueva remesa de gestores sociales. Dicho de otro modo, los que
critican a Bush, a Blair y a Sadam, lo hacen desde la peculiar oscuridad
de su condición de meros productos históricos ciegos.
La segunda desconexión; la falla oculta del paisaje kaffir,
es la del dualismo que se da entre el sistema político y
el sistema financiero. Desde la mitad delsiglo pasado, después
de lo que De Gaulle definió la Segunda Guerra de los Treinta
Años, ha existido una separación sistemática
e intencionada entre el sistema político y el sistema financiero.
El principio subyacente bajo todos los sistemas hasta entonces había
sido el de que era el estado el que emitía y controlaba su
moneda y, por lo tanto, el que decidía su propio destino
financiero. La iconografía de este principio era la acuñación
del rostro o el símbolo del estado en una de las caras de
la moneda.
Desde 1950 en adelante, los oligarcas que habían propiciado
y respaldado la larga guerra, comenzaron a canjear las fichas que
habían ganado. Fue un movimiento genial sobre el tablero,
coronado por el éxito. Su argumentación sonó
de maravilla: “la tarea del gobierno es la de gobernar, pero
no los mercados, que deben ser libres para poder ajustar y desarrollar
sus propios procesos libres de la intervención estatal”.
Con un solo movimiento sobre el tablero de juego colocaron al gobernante
político en el conflicto de que actuara dentro del sistema
democrático, es decir, respetando las reglas del juego, suponía
entrar en un callejón sin salida. De una sola jugada, el
poder político fue despojado de su verdadera fuerza motora:
el dinero. La política se transformó en una empresa
de servicios, los magnates de las finanzas pasaron a ser los tasadores
del valor de la moneda. A la hora de asignar al estado político
un presupuesto y, en muchos casos, los mismos financieros, pasaron
también a decidir, de forma detallada, cómo debía
ser gastado este presupuesto.
Por poner un ejemplo, fue el sistema financiero el que impuso al
sistema político global, que en cada compra realizada por
el ciudadano, había que añadir un porcentaje progresivo
sobre el precio para garantizar al sistema bancario la estabilidad
cotidiana que lo protege de las amplias crisis específicas
del sistema monetario. A finales de siglo, en parte gracias a las
asombrosas ganancias inesperadas que supuso para los banqueros la
introducción del mercado bursátil por ordenador abierto
durante 24 horas, el sistema monetario se había hecho ya
con el control totalitario de todos los acontecimientos mundiales.
Sin embargo, aunque, hasta ahora, hayamos definido la sociedad kaffir
como una sociedad marcada por las dos fallas graves estructurales
de su sistema, la verdadera falla que encierra, no ha sido expuesta
todavía. Se trata de una realidad que, inevitablemente, hará
que se desplome el sistema doblemente defectuoso que se apoya sobre
ella. Me refiero a la falla congénita del propio sistema
financiero. Una falla tan asombrosa, que uno se siente tentado de
explicarla a la gente como resultado de una magia. Aunque no está,
por supuesto, basada en magia alguna, sino en la ansiedad por contraer
deudas que vuelve al hombre ciego. La falla oculta en el sistema
financiero es la siguiente: a pesar de que en la actualidad, el
sistema, se ha hecho con el control completo de las riquezas del
mundo, es decir, de todo aquello que sale de la tierra, es un control
que sólo está respaldado por una pseudo-riqueza que
el mismo sistema ha creado, es decir, el sistema mundial constituido
por unas monedas “nacionales” completamente desprovisto
de valor. En pocas palabras, el capital formado por las monedas
en metálico, los billetes y las transferencias de números
que sólo existen como señales electrónicas
que van de ordenador a ordenador. Todas ellas sin realidad sustancial
ni valor alguno.
Los grandes sistemas financieros del pasado, basados en el empleo
del metal oro, crearon las grandes civilizaciones. El sistema financiero
presente, basado en números electrónicos y en las
tarjetas de crédito de plástico de los sistemas mundiales
de crédito, ha destruido, en esta época, nuestra capacidad
de continuar la tarea de estas civilizaciones pasadas y nos han
hundido en la actual zona de desastre biológico y ecológico
que llamamos vida moderna.
Allah, el Todopoderoso, dice en el Surat al- An’am (6:5-7):

“No hay signo de su Señor que les llegue, del
que no se aparten.
Y cuando les ha llegado la verdad, la han negado. Ya tendrán
noticias de aquello de lo que se burlaban.
¿Es que no ven cómo hemos destruido generaciones enteras
anteriores a ellos, a las que les dimos una posición en la
tierra que no os hemos dado a vosotros?
Enviábamos sobre ellos el cielo con abundantes lluvias y hacíamos
correr ríos bajo sus pies, pero los destruimos a causa de sus
transgresiones e hicimos surgir después de ellos otras generaciones”.
Para entender la crisis de los kuffar, es necesario observar ahora
con detalle dos zonas en las que actúa. La primera, los Estados
Unidos. Para poder contemplar este extenso país, es necesario
tener en mente el análisis que hemos hecho del actual sistema
político, y también, que, éste, es un sistema
cuyas faltas la gente comienza a considerar irremediables.
Examinemos algunos aspectos del estado de esta realidad política
mitológica que el gobierno norteamericano se propone imponer
por todo el mundo, tanto si gusta como si no. Aunque de hecho, hayan
conseguido ya este objetivo, con la excepción de algunos
“países canallas” o, como ellos prefieren decir,
“países malvados”. Los datos que vamos a presentar
proceden del libro “Political Fictions”, publicado por
Knopf y escrito por Joan Didion, la única pluma norteamericana
seria hoy día. Didion presenta una cita tomada del Washington
Post, el sábado anterior a las elecciones presidenciales
del 2000, que dice: “La apatía es la causa mayoritaria
por la que un número aproximado de 100 millones de norteamericanos
no votarán el próximo martes”. La investigación
del Post enumeraba los siguientes datos circunstanciados:
- El 35% de los no votantes, es decir, el 17% de todos los norteamericanos
de edad adulta, presentaban diversas clases de apatía: “no
tienen ningún sentido de responsabilidad civil”, “no
les interesa la política”, “no les preocupa estar
al tanto de las cuestiones públicas”.
- El 14% de los no votantes estaban clasificados como “desconectados”,
es decir, el grupo que, “no puede acudir a las urnas por causa
de la edad o incapacidad”, o “por cambio de dirección
y no haberse empadronado todavía”, es decir, gente,
funcionalmente, incapaces de votar.
- El 51% de los demás abstencionistas, aproximadamente una
cuarta parte de los norteamericanos de edad adulta, estaban considerados
como “alienados”, “asqueados por los políticos
y por el proceso político”, o “desencantados”,
es decir, “gentes resentidas por la práctica política”.
Didion hace notar sin embargo que:
- El 70% de los no votantes se habían registrado de hecho,
lo cual significa ser más bien poco apático que mucho.
Es decir que lo que sugiere Didion, es que lo que hay, es un rechazo
activo del sistema político.
- El 89% de los no votantes y el 76% de los votantes, según
esta encuesta, estaba en conjunto de acuerdo en que: “La mayoría
de los candidatos políticos están dispuestos a decir
lo que sea con tal de ser elegidos”.
- El 78% de los no votantes y el 70% de los votantes, estaban de
acuerdo en que “los candidatos estaban más preocupados
por luchar los unos contra los otros que por resolver los problemas
de la nación”.
- El 70% de los no votantes y también de los votantes consideraban
que “las campañas electorales eran más teatro
o diversión que algo que pudiera tomarse en serio”.
Tanto el partido Republicano como el Demócrata buscan conseguir
el voto de un mismo sector de la población, que definen como:
“acaudalado, educado, interracial, suburbano, con dominio
de la tecnología de la comunicación y del crédito
y moderado”. Ambos, pues, reconocen públicamente, que
se reparten a medias el mismo grupo electoral de clase media-alta,
que es el grupo votante más influyente en esta era informática.
Eso quiere decir, también, que ambos partidos han prescindido
de la base tradicional formada por los económicamente modestos.
Así indica Didion en una de sus citas: cómo un estratega
republicano ha declarado con acierto al Washington Post en 1998:
“A nadie le importa lo que piensa el adulto medio, esto es
algo que no tiene nada que ver con las elecciones”.
Didion cita también la declaración de un analista
político, hecha, al parecer, “con entusiasmo genuino”,
en la que se informa de que “el 53% de los votantes en las
elecciones del 2000, por primera vez en la historia de norteamérica,
tenían ingresos superiores a los 50.000 dólares; el
43% eran suburbanos, el 74% habían recibido alguna educación
superior; el 42% eran licenciados universitarios y el 70% habían
invertido en la Bolsa”.
A continuación, Didion comenta con pesar:
“Que
estos datos desdibujan el perfil democrático del país
en su conjunto, y señalan que la mitad de los ciudadanos
mantienen SÓLO UNA RELACIÓN DE VASALLAJE CON EL GOBIERNO
bajo el que viven, que la democracia que pretendemos diseminar por
todo el mundo no es en nuestro país sino una mera utopía.
Y que, frente a la cuestión prioritaria de seguir manteniendo
el proceso en manos de los que vienen controlándolo, todo
lo demás carece de importancia”.
Sobre el telón de fondo de los escándalos de Clinton,
Didion, con perspicacia, toma la temperatura moral del país:
“En este país, la edad media de la primera relación
sexual viene siendo, desde hace algún tiempo, los dieciséis
años. Teniendo en cuenta que la edad media del primer matrimonio,
es a los veinticinco años para las mujeres y a los veintisiete
para los hombres, se deduce que los norteamericanos mantienen relaciones
sexuales fuera del matrimonio durante una media de nueve a once
años. De cada diez matrimonios, seis acaban en divorcio;
un porcentaje importante de los divorciados lo hacen después
de actividad sexual extramarital. En la fecha del censo de 1990,
había en este país 4.1 millones de hogares encabezados
por parejas no casadas. Más del treinta y cinco por ciento
de estos hogares incluían niños”.
Joan Didion confirma y demuestra con esto que, los miembros activos
de la clase política, viven totalmente separados del pueblo,
dado que, éste ya no es necesario para el proceso político.
Los políticos constituyen, según ella, “una
entelequia, una clase que se ha creado a sí misma y cuyo
único referente es ella misma; entre ellos han formado un
nuevo tipo de élite ejecutiva”, cuya función
es la de orquestar la práctica política de modo que
“se produzca el intercambio de poder, sin afectar al status
quo presente en los Estados Unidos”.En resumen, termina diciendo:
“Cuando hablamos del proceso político, nos referimos,
cada vez más, no al “proceso democrático”,
o al mecanismo general que permite a los ciudadanos tener una voz
en los asuntos estatales, sino a todo lo contrario: a un mecanismo
tan especializado que el acceso a él se halla limitado cautelarmente
a sus propios profesionales, que son, no sólo los que dirigen
la política, sino también los que informan sobre ella,
los que organizan las encuestas, los que las citan, los que preguntan
y los que responden a sus propias preguntas en los shows dominicales,
los asesores de los medios de comunicación, los columnistas,
los asesores de programación, los que ofrecen entrevistas
extraoficiales y los que acuden a ellas que, juntos, forman parte
de ese puñado de iniciados que inventan, año tras
año, la narrativa de la vida pública”.
Allah,
el Altísimo, ha dicho en el Surat al-A’raf (7:95-101):

“Si la gente de las ciudades hubieran creído y se hubieran
guardado, les habríamos abierto las bendiciones del cielo y
de la tierra.
Sin embargo negaron la verdad y los castigamos a causa de lo que adquirieron.
¿Acáso la gente de las ciudades está a salvo
de que les llegue Nuestro castigo de noche, mientras duermen?
¿O están a salvo esas mismas gentes de que Nuestro castigo
les llegue por la mañana mientras juegan?
¿Es que están a salvo de las astucias de Allah?
Sólo la gente perdida se siente a salvo de la astucia de Allah.
¿Acáso a los que han heredado la tierra después
de otros que hubo en ella, no les sirve de guía saber que,
si quisiéramos, los agarraríamos también a causa
de sus transgresiones, sellando sus corazones para que no escucharan?
Esas son las ciudades parte de cuyas noticias te contamos.
Les llegaron sus mensajeros con las evidencias, pero no iban a creer
en lo que antes habían tachado de mentira.
Así es como Allah sella los corazones de los incrédulos.
En la mayor parte de ellos no encontramos compromiso alguno, sólo
que se habían pervertido”.
Los comienzos de los Estados Unidos fueron mezquinos y su breve
historia miserable. Porque no nacieron de los altos principios morales
que proclaman, sino del resultado de una aventura azarosa protagonizada
por un pequeño grupo de hombres ambiciosos que renegando
de su juramento de fidelidad a su rey obtuvieron su éxito
del apoyo económico de Francia, que los consideró
una buena carta en su juego contra el enriquecimiento creciente
de Inglaterra.
Los Estados Unidos se cimentaron sobre un genocidio, sustentado
por la esclavitud y el establecimiento de un rígido sistema
penitenciario. Las llamadas naciones indias norteamericanas fueron
sistemáticamente eliminadas en un genocidio por el que nunca
han dado cumplida satisfacción, si bien no dejan de exigir
a Alemania e incluso a Suiza que paguen por su participación
en el reciente genocidio de los judíos. Los que quedan de
los verdaderos norteamericanos viven en reservas cerradas, destruidos
por el diabetes crónico, que es una secuela de la dieta de
harina blanca y azúcar gratuitos que distribuye el estado.
La situación inquietante de los negros en los Estados Unidos
sigue siendo relevante para el futuro de África. En la actualidad
no existe la libertad política, puesto que no lleva aparejada
la libertad económica. Los negros norteamericanos de hoy
siguen empobrecidos y morando en viviendas protegidas y en guetos
infrahumanos. En el Sur, se ven forzados por la pobreza a vivir
en chabolas que no ofrecen protección contra los elementos.
Es un pueblo al que se le mantiene hundido mediante el suministro
constante de drogas duras y de la industria de música hip-hop
financiada por los judíos. La sufrida nación negra
de América ha sido siempre receptora de los malos tratos
que ahora sufren los prisioneros iraquíes. El sistema penitenciario
norteamericano es una fábrica de sodomía y de degradación
cotidiana. Se trata de un vasto sistema de campo de concentración,
compuesto casi en su totalidad de gente negra, una estructura organizada
que ahora toman por modelo las pequeñas prisiones de Iraq.
La población penitenciaria de los Estados Unidos alcanza,
en número, al de la población de Israel o de Togo.
Allah, el Altísimo, ha dicho en el Surat al-Hayy (22:40-47):

“Y si niegan la verdad. Ya lo hicieron antes que ellos
la gente de Nuh, Ad y Zamud.
Así como la gente de Ibrahim y la gente de Lut.
Y los compañeros de Madyan. Y también Musa fue tachado
de mentiroso.
Consentí por un tiempo a los que se negaban a creer pero luego
los sorprendí. Y cómo fue Mi reprobación.
¡Cuántas ciudades que eran injustas hemos destruido quedando
en ruinas sobre sus cimientos! ¡Y cuántos pozos quedaron
desiertos y cuántos elevados palacios!
¿Es que no van por la tierra teniendo corazones con los que
comprender y oídos con los que escuchar?
Y es verdad que no son los ojos los que están ciegos sino que
son los corazones que están en los pechos los que están
ciegos.
Te apremian con el castigo, pero Allah no falta a Su promesa.
Es cierto que un día junto a tu Señor es como mil años
con los que contáis.
A cuántas ciudades que eran injustas dejamos seguir para luego
castigarlas.
Hacia Mí se ha de volver.
Di: ¡Hombres! Yo sólo soy para vosotros un claro advertidor”.
Observemos
ahora de cerca la realidad social del ciudadano norteamericano ordinario.
1. Su identidad es la de deudor de hipoteca.
2. Vive capitidisminuido por un sistema fiscal federal punitivo,
al que se añade un conjunto omnicomprensivo de impuestos
sobre la venta.
3. Es bastante probable que ya esté divorciado, o que viva
soltero, o en relación de pareja que le proporciona poca
o ninguna seguridad legal y social, particularmente si se trata
de una mujer. El hogar medio norteamericano es un hogar no sólo
destruido, sino las más de la veces de nómada.
4. Se le enseña a buscar múltiples parejas para así
poder “explorar su sexualidad”. La usurpación
de toda posibilidad de independencia económica requiere su
reemplazo por la concesión de una independencia sexual completa.
5. Como resultado de esto, se permite la sexualidad en todas sus
combinaciones, con lo cual el límite de lo prohibido se ha
llevado hasta el abuso y asesinato de niños. Estos terribles
crímenes son el resultado del creciente humanismo ateo. El
Mensajero de Allah, que Allah le bendiga y le conceda paz, dijo
que: “la idiosincrasia del Hijo de Adán era tal que
si se le prohibía comer boñiga de camello, diría
¡No se nos hubiera prohibido de no haber algo bueno en ello!”.
6. Su ocio se ve anegado por 100 canales de televisión aproximadamente,
que sumergen al televidente en un mundo de fantasía ineludible.
Por poner un ejemplo, el “Action Channel” transmite
una ración cotidiana de violencia y degradación carcelarias
que hace que los norteamericanos crean que la realidad es así.
De modo que cuando la gente norteamericana copia este comportamiento
en las prisiones iraquíes, permanece impertérrita.
Incluso algunos ciudadanos, entre los que se hallan varios senadores,
se muestran desconcertados ante el escándalo y dicen: “Pero
si no es más que lo que se merecen”.
7. Parte de la vida diaria norteamericana no es sólo un número
creciente de niños raptados y violados, sino también
la cantidad de tiroteos fortuitos en los “drive in”,
a todo lo largo del país. A lo que hay que añadir
las matanzas de condiscípulos y maestros a manos de adolescentes
alienados. Los semanales ofrecen frecuentemente programas especiales
sobre ello, tratando en vano de responder a la pregunta, “¿por
qué?”.
8. Una nación en estado de anarquía y armada
de revólveres, conlleva la muerte de miles de ciudadanos
inocentes. Su homicidio se apoya en un “Derecho Constitucional”,
es decir, el derecho a llevar un revólver.
9. Según su desafortunada Constitución, existe un
impuesto sobre la fortuna, pero no sobre el lucro; mientras que,
por sistema, las clases bajas se ven obligadas a entregar al estado
una parte importante de sus sueldos.
10. Los ciudadanos norteamericanos no saben el nombre de ningún
propietario de los bancos nacionales y federales, pero son capaces
de dar el nombre de cualquier protagonista imaginario de las telenovelas.
Echemos una mirada ahora a la situación interna de Iraq,
donde un cobarde ejército de ocupación, que dispara
a todo lo que se mueve, se halla atascado en medio de la anarquía
de la guerra civil que su misma presencia ha creado. Cosa que no
es de extrañar si se piensa en la situación social
de la que proceden y la circunstancia en la que actúan. En
la época de la gran Dawla islámica otomana, Iraq se
hallaba dividida para su gobierno en tres provincias. El gran Sultán
Abdalhamid Jan II, cuando se descubrió petróleo en
Mosul, lo declaró Waqf en beneficio de los musulmanes. Sin
embargo, el dictador dönme Mustafa Kemal, entregó Mosul
a los ingleses como parte del trato que le permitiría servirlos
como gobernante de Turquía. Bajo el mandato inglés,
se instauró una monarquía títere en Iraq, en
1932.
Más tarde, en 1945, como resultado del descaecer inglés,
esta monarquía se desplomó, cuando pasó al
gobierno militar que se impuso desde 1958 a 1968. En este período,
el partido Ba’ath fue creado por el socialista cristiano libanés
Michel Aflak, con el fin de diseminar el secularismo por todo el
mundo árabe. Más tarde, llegó la dictadura
de Saddam, dirigente del partido Ba’ath, que se estableció
en primer lugar matando a los principales jurisconsultos y Ulama.
En esta situación, la parte Shia apenas fue tocada. Mientras
tanto, Saddam, favoreció a los cristianos, a los laicos y
a los ateos, para constituir con ellos, la clase media de especialistas
y técnicos. En 1980, Saddam invadió Irán por
motivos en los que se mezclaron probablemente tanto el miedo de
que se produjera una sublevación Shia revolucionaria en Iraq,
como su confianza creciente en su fuerte alianza técnica
y económica con los poderes occidentales.
Para 1990, ya se había consolidado una generación
de ateos del partido Ba’ath, brutal y rica, pero de educación
exclusivamente técnica. A estas alturas, una comunidad de
jurisconsultos islámicos dentro de Iraq, ya no existe, y
los seguidores de la fracción Shia, su comunidad y sus hombres
de conocimiento, son terriblemente perseguidos.
Entre la primera y la segunda Guerra del Golfo, la población
iraquí permaneció dividida en tres grupos:
a) Los kurdos y los turcos del norte, financiados de siempre por
los Estados Unidos para mantener una “espina clavada en el
costado de Turquía”, y para mantener abierta lo que
llaman “la puerta hacia el petróleo de Mosul”.
b) El Ba’ath, ateo-cristiano, técnico y rico de Bagdad
y las grandes ciudades.
c) La religión Shia radicalmente perseguida en sus ciudades
y en el sur.
No debemos olvidar que Iraq fue el hijo secular legítimo
de la industria petrolífera y de la banca mundial basadas
ambas en el dólar. La actual tragicomedia se está
cobrando a diario, vidas de los tres grupos. La pretensión
política de que se está logrando una democracia para
Iraq no merece ni el desprecio. La realidad demográfica,
de la mayoría Shia, nunca logrará el permiso para
materializarse como realidad democrática.
Nuestro análisis nos ha mostrado la vacuidad del discurso
usual de la clase política, y lo aislada que vive esta clase
del resto de la gente. También nos ha hecho ver que aquellos
que logran hacerse con la dirección del sistema político
suelen ser figuras superficiales, taradas por graves deficiencias
psicológicas. Esto lo conlleva la misma naturaleza del sistema
y sólo puede ir a peor. Como George Bernard Shaw definió
la democracia en su obra de teatro Geneva: “Anybody chosen
by everybody!” (Un cualquiera, elegido por todos y cada uno).
La presencia de los “Muchachos” de Norteamérica
perdidos en Iraq y Afganistán no presenta el aspecto de la
marcha palmaria de una conquista imperial, más bien, parece
fruto de una estrategia tomada a la deseperada y con prisas, puesta
en práctica bajo la presión repentina de la historia.
Es una acción llevada a cabo no sólo por la incompetencia
de la clase política, sino también por la arteria
de la clase financiera que, dejando el centro de la escena a los
políticos, se esconde en la sombra de los bastidores. ¡Qué
bien les vendría tener una buena teoría de la conspiración
para ponerla en práctica, pero sus mismas acciones precipitadas,
sirven a propósito para encerrar a la fuerza, aún
más dentro de las rígidas estructuras de los estados
nación modernos que ellos mismos han cultivado astutamente
para ocultar la red global del sistema bancario.
Allah, el Altísimo, ha dicho en el Surat ar-Rum (30:8):

“¿Es que no han ido por la tierra y han visto
cómo acabaron los que les precedieron?
Eran más fuertes que ellos en poderío y cultivaron la
tierra y florecieron en ella más de lo que ellos han florecido
y vinieron a ellos sus mensajeros con las pruebas claras.
Pero Allah no fue injusto con ellos en nada sino que fueron ellos
los injustos consigo mismos”.
En
vista de la crisis actual de los kuffar, y a la luz del hecho de
que estamos bajo su gobierno, y ante la evidencia del hecho de que
ahora sabemos que su gobierno no tiene poder, y a la luz del hecho
que también sabemos que la moneda de sus gobernantes, es
igualmente falsa, lo importante para nosotros, dadas las circunstancias,
es, no sólo sobrevivir, sino renacer presentándonos
con un Din al Haqq eficaz. Esto quiere decir que debemos acuñar
una moneda auténtica para poder comerciar con ella en todo
el mundo, renovando el carácter de hombres y mujeres, y restableciendo
el sano equilibrio en el trato entre el hombre y la mujer, que los
ateos liberales han hecho saltar por los aires, a costa de poner
en peligro las vidas y la seguridad de sus propios hijos.
Los medios para conseguir todo esto son dos: una ‘ibada revivificada
y un Tawhid puro. ¿Qué significa la revivificación
de la ‘ibada? Significa la eliminación inexorable de
todos los intentos modernistas contra el Islam a través de
una Reforma de tipo cristiano como la que destruyó a la Iglesia
Católica. Significa la supresión de todo el trabajo
de erudición posterior al colapso del gobierno legítimo
del Califato, que abarca todas las facetas de la vida. Lo cual trae
consigo el fin del modernismo, el fin de la elisión del Zakat,
el fin del conflicto Deobandi y Berelvi, el fin de la Tablighi Yama’at
financiada por los kaffir, el fin de las doctrinas Zindiq que propagan
los wahabis. Significa un orden y control de las mezquitas reducido
a lo indispensable, la supresión de todos los comités
de mezquitas y de cualquier interferencia en su funcionamiento.
Significa reprobar a los Imames asalariados, y significa establecer
la autoridad de unos nuevos fuqaha educados en el Umm al-Madhhab
del ‘Amal de Ahl al-Madinah. Todo esto supone también
la prohibición de que nuestros Qadis se distingan por sus
ropas, según fue la práctica de la Escuela de Medina.
Finalmente y principalmente, supone acabar con los intentos sediciosos
de someternos a la fuerza al diálogo con judíos, cristianos
y ateos. Sabemos muy bien, que en este asunto, debemos seguir los
claros mandatos de Allah, glorificado sea, en el Corán. No
hay debate. No hay discusión. No existe en absoluto ninguna
reforma posible de nuestro Din, que, sobre esto, es tan claro, y
no permitimos que los kuffar cuestionen el Corán, por la
sencilla razón que nuestro Divino Creador nos ha dado claras
instrucciones al respecto, y si ellos no las siguen, los pone en
contra nuestra.
El hecho de que los kuffar –los que encubren la Verdad- por
su terror a la Verdad, hayan calificado a la nación musulmana
de sospechosa, peligrosa y amenazante, no quiere decir que nos despertemos
servilmente para convencerlos de que somos buenos siervos del kufr
y el capitalismo. Jamás debemos seguir el camino rastrero
que llevó al mismísimo Papa de Roma hasta Jerusalén
para poner su Divina Instancia en un nicho del Muro de las Lamentaciones.
Tomando el camino errático que le llevó al muro equivocado,
no nos cabe duda de que la petición que hizo también
fue errónea. Aunque el peligro más grande que corremos
en nuestras circunstancias es que gente nuestra, poco instruida,
sucumba ante la doctrina masónica y atea de la Tolérance.
Sin embargo, más urgente que evitar esto, es la necesidad
que tenemos de hacer conocer a nuestra Nación Musulmana Mundial
los límites necesarios de nuestra ‘aqida, de nuestra
‘ibada, de nuestro fiqh y de nuestro Tasawuf.
Debemos arrojar fuera de los muros occidentales, del Dar al-Islam,
a los Zindiq wahhabis, que han transgredido los límites del
Islam con su guerra al Mensajero, que Allah le bendiga y le dé
paz, y por la manera inaceptable como lo han empequeñecido.
Por el lado oriental, debemos explicar claramente la religión
Shia como algo fuera del Islam, porque, con su doctrina de los Doce
Imames Perfectos, empequeñece el poder del Allah. No es posible
entrar en el Din del Amor, que es el núcleo del Tasawuf,
a no ser que se ame al Rasul, que Allah le bendiga y salve, y a
no ser que se ame a los Sahaba, que Allah esté complacido
con todos ellos, porque no sólo son la Comunidad del Amor,
sino que son la prueba del éxito de la fundación de
la Medina, como el Lugar del Din.
No se puede contemporizar con los wahhabis, que deben ser expulsados
del poder, por completo. Un Da`wa cortés, pero tenaz, debe
ser hecho a la religión Shia, recordándoles que, dando
tanto valor a la razón y a sus usos, como le dan, nos vemos
obligados a prescindir de ella para poder aceptar su muy irrazonable
metafísica. Es nuestro deber hacerles ver que constituyen
un fenómeno histórico medieval, y que, en las tierras
que ahora son Shia, en los primeros tiempos, se siguió a
los grandes fuqaha de la Escuela de Medina, seguidores todos de
Imam Malik, que Allah esté complacido con él.
No debe sorprender que ante la evidente crisis de los kuffar, más
gente que nunca entre en el Din del Islam. Nuestro deber es, por
tanto, renovar el Din del Islam, para que puedan beberlo de la más
pura de las copas.
Allah, el Exaltado, ha dicho en el Surat al- A’raf (7:127):

“Dijo Musa a su gente: Buscad ayuda en Allah y tened paciencia,
pues es cierto que la tierra pertenece a Allah y la heredarán
aquellos de Sus siervos que Él quiera.
Y el buen fin es el de los que temen a Allah”.
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