glosario de terminología islámica pensamiento

 


Mensaje del día del ´Id

por Shaykh Dr. Abdalqadir As-Sufi


12/10/2007

Allah el Excelso dice en la sublime Surat an-Nahl (16:72-76):


“Y Allah os ha dado esposas, hijos y nietos y os provee con cosas buenas.
¿Es que van a creer en lo falso negando las bendiciones de Allah? Pero adoran, fuera de Allah,
a quienes no tienen poder para darles ninguna provisión
procedente del cielo ni de la tierra y nada pueden. Y no atribuyáis a nada semejanzas con Allah,
realmente Allah sabe y vosotros no sabéis. Allah pone como ejemplo a un siervo
que pertenece por completo a otro y no tiene ningún poder,
y a uno al que le hemos dado procedente de Nos una buena provisión
de la que gasta en secreto y públicamente. ¿Son iguales acaso? Las alabanzas pertenecen a Allah;
sin embargo la mayoría de ellos no saben. Y Allah pone el ejemplo de dos hombres, uno de ellos es mudo
y no tiene ninguna capacidad, siendo una carga para su amo;
donde quiera que lo manda no le trae nada bien. ¿Son iguales éste y aquel que ordena la justicia y está en el camino recto?”

 

El ‘Id nos llega en las mejores condiciones. Hemos cumplido con el ayuno prescrito y estamos enriquecidos por la obediencia. Hemos recordado la batalla de Badr. Hemos celebrado la Laylat al-Qadr y expresado nuestra gratitud por el descenso del Corán. Y ahora hemos llegado al ‘Id que alivia la carga física y nos deja hechidos con los beneficios Ruhani. Fijaros en las similitudes que existen con la celebración del Hayy. Cuando se cumple con el pilar del Hayy, se alivian las dificultades con el Mayor de los Alivios y el mumin queda libre para contemplar lo que ha conseguido en el Viaje Difícil.

En consecuencia, no hay un momento más apropiado que éste para poder reconocer el abismo infranqueable que existe entre los dos mil millones de musulmanes del mundo y las descarriadas legiones de los kuffar. Nuestra comprensión del Ramadán es la de un tiempo de espiritualidad renovada. Para los kuffar es un tiempo de violencia renovada en esos territorios musulmanes que han invadido y degradado. Bajo la clara luz espiritual del ‘Id, mejor que en ningún otro momento, podemos comprender que el kufr –es decir, el ateismo-humanismo– al ser una mentira, sólo puede configurar la realidad como una serie de mentiras.

La mayor mentira de los autoproclamados laicistas, es ese credo que postula que la democracia es el final predestinado y sentenciado de la historia, cuando la realidad es que se trata del fin sentenciado y destinado de ellos mismos.

El factor clave del engaño e hipocresía en lo que ellos llaman democracia, puede distinguirse con mayor claridad cuando se estudia la relación entre los políticos y sus guerras. Los políticos declaran las guerras y envían a la muerte a miles de jóvenes; y donde ellos mueren, la población civil es desvastada: casas y hogares, familias enteras de hombres, mujeres y niños. Y sin embargo, este no es el ultraje y la ofensa de la clase política. El verdadero ultraje consiste en que ni siquiera se dan cuenta de lo despreciables que son. Viven la fantasía de que pueden enviar a los hombres a su muerte y causar estragos en lugares remotos, mientras ellos permanecen a salvo y protegidos en sus casas. Añádase a esto que las masas votantes han sido llevadas a pensar que es algo absolutamente normal. Aquí reside el argumento definitivo que hace inaceptable el mito de que los gobernantes gobiernan según la voluntad de los gobernados.

El Parlamento británico, que había alardeado de una noble legislación en el pasado –con el imperativo del Habeas Corpus, el derecho a juicio, la protección ante la detención sin pruebas– comprueba ahora que son cosas que el Parlamento actual ha rescindido, eliminando cientos de años de civilización librepensadora. Y a la cabeza de esa chusma anónima, el gobierno del Primer Ministro, el Ministro del Interior antigramatical, una chica cualquiera secuestrada al azar del equipo de mecanógrafas de un Partido, un buen chico judío que debiendo gestionar una tienda de tejidos actúa como Secretario del Exterior… y tras ellos, una serie de ministros que han abandonado de las doctrinas del socialismo para ir a trabajar en un sedán de la casa Rover. ¡Y no deja de ser irónico que ni siquiera puedan conseguir piezas de respuesto para sus coches puesto que sus políticas globalizadoras han cerrado la fábrica de la Rover británica!

En la tribuna del Parlamento podemos ver a su Primer Ministro, un personaje verdaderamente extravagante que una criatura racional jamás aceptaría como líder de la nación. Tuerto, mirando de reojo con el otro para que no nos demos cuenta y con una extraña deformación en la boca. Cuando no frunce los labios como una dama de pantomima, deja caer la mandíbula como si fuera el tonto del pueblo. Cuando se levanta para hablar, este patético y encorsetado personaje, revela la lepra de su cobardía. Este individuo ocupó la Tribuna del Parlamento y leyó solemnemente la lista con los nombres de los jóvenes que habían muerto recientemente en los conflictos que había legislado como su destino final. Llegó incluso a decir que había llorado su pérdida. Nos dijo que se estaba orgulloso de ellos. Todos los políticos demócratas son hijos de Adolf Hitler. Cuando la esposa de un oficial nazi de alta graduación se quejó a Hitler de lo que parecía ser un número excesivo de bajas en el Frente Oriental, éste puso cara de asombro y dijo: “Pero, ¡para eso están!” Esta es la doctrina política de Brown y Bush.

Si propusiéramos lo siguiente, ¿qué posibilidades tendría de ser convertido en ley por un Parlamento democrático?: “En el caso de que este Parlamento o Senado declare una guerra, los miembros de la Cámara que hubiesen votado a favor de la misma estarán obligados a estar presentes en el frente de batalla durante el tiempo que dure dicha guerra”. Si se aprobase esta condición sería entonces, y sólo entonces, cuando podría decirse que hay un destello de razón, justicia y honestidad en los procedimientos del sistema democrático.

Una prueba más de la hipocresía del sistema político actual, ha sido la detención y el juicio posterior de cuatro individuos acusados de conspirar para el terror. Debe tenerse en cuenta que la forma legal de este acontecimiento es una copia exacta del procedimiento que indignó de tal manera a la intelligentsia rusa que en una generación se había embarcado en la ineludible tragedia de la Revolución Comunista. Fijémonos en los elementos arquetípicos de este suceso legal. En primer lugar, los acusados. Es evidente que proceden de una subclase sumida en la miseria. Marginados de la sociedad, y por mucho que se aferren a un vocabulario religioso para estructurar su agresión, aislados también con respecto a la comunidad musulmana. Sus conversaciones grabadas demuestran lo patéticos y descarriados que estaban.

Hay otro elemento perturbador que también es idéntico al módulo original terrorista de la época rusa. El acontecimiento no habría llegado a juicio de no ser por la presencia de un miembro de la policía que engañó a los jóvenes haciéndoles creer que era uno de ellos. Ahora bien, si tenemos en cuenta que estos individuos son jóvenes y prácticamente analfabetos, debe deducirse que quien incitó el planeamiento del acto terrorista en cuestión fue el propio policía. La única diferencia entre la, así llamada, actividad antiterrorista del Estado británico y la del Estado zarista, es que este último ocultaba la presencia del agent provocateur mientras la democracia corrupta de Inglaterra alardea del éxito de sus operaciones. En esta situación no puede haber justicia para los acusados. Las políticas de seguridad del Estado sufren el mayor de los descréditos. Y en este acontecimiento está presente ese transtorno social sin resolver que en una generación conducirá hacia la anarquía social en Inglaterra, de la misma manera que llevó a la Revolución Comunista en la Rusia de hace cien años.

Mientras se gastaban millones de libras esterlinas en la detención de estos individuos y las posteriores baladronadas para elevarlos al rango de terroristas, las calles de las principales ciudades de Inglaterra atestiguaban una serie de sangrientas masacres. Peleas callejeras provocadas por jóvenes cristianos de las Indias Orientales. Niños que disparaban a otros niños. Y luego, cuando el brillante David Cameron, líder de la oposición y quizás la última posibilidad de supervivencia de la democracia británica, daba un discurso sobre una nación post-Iraq y post-Brown, una inocente chica polaca, refugiada económica de la Unión Europea, moría en el centro de Londres en el fuego cruzado de la lucha entre dos bandas rivales. Muy pronto la cifra de muertos a manos de los terroristas callejeros cristianos será mayor que la de las víctimas producidas por la bombas del Metro londinés. Cuando cesan los actos terroristas, porque los acontecimientos sociales y políticos rebasan el motivo original del terrorismo, la sociedad desciende a continuación hacia una serie de actos delictivos que son los que atestiguamos en la actualidad. Para dar caza a un terrorismo en fase de desaparición, hacen falta enormes presupuestos y burocracia; el resultado es que las cada vez mayores contradiciones de la sociedad siguen sin ser atendidas ni confrontadas.

La contradicción que yace en el centro mismo de la sociedad moderna es la misma en Nueva Orleans, en Londres y en Johanesburgo. El sistema político democrático está diseñado para impedir que nada ocurra. La democracia moderna funciona basada en un presupuesto, y la realidad es que estos fondos proceden de los ciudadanos votantes. Es una suma insignificante que cada vez tiene más dificultades para acallar el malestar cívico. La riqueza, que es poder y siempre lo ha sido, está fuera del alcance del cuerpo legislativo. Esto se proclama abiertamente en su doctrina fundamental: “El Estado tiene que dejar en paz al Mercado”.

En Lesoto, un chiquillo de diez años es encarcelado por robar una hogaza de pan. Ahora mismo hay unos quince jóvenes en pisión con condenas de diez años por haber robado comida. Cada día, el oro, los diamantes y el platino se embarcan en aviones con destino los EE.UU. El enorme sufrimiento de la población negra de Nueva Orleans tiene que ser contrastado con los miles de millones que acumulan el Reino de las Materias Primas, el Reino Militar y el Reino Financiero de los EE.UU. Las bandas de jóvenes cristianos asesinos en las ciudades de Inglaterra tienen que ser conectadas directamente con la riqueza Corporativa y Bancaria que procede de esa isla aislada que llaman The City.

La conclusión de todo esto, es que con la luz del ayuno mensual nuestros intelectos se han aclarado; y lo que también está claro es que la sociedad actual no puede resucitar, no puede renovarse, no puede vivir a base de vampirizar la sangre de los niños inocentes de Iraq, sean musulmanes o shi’a, ni tampoco podrá conseguir un tardío imperio globalista basado en la masacre de toda una generación de jóvenes afganos musulmanes.

Los kuffar están históricamente en un camino de decadencia irreversible. Los sucesos y programas terroristas les han dado una penúltima ráfaga de vida. Los hombres musulmanes tienen que ser conscientes de ello. Cada acto terrorista da una nueva boqueada de vida a la agónica entidad kafir. El declive y posterior fin del terrorismo conducirá a la última y definitiva fase de la hegemonía kafir. Tendrá un carácter diferente y sus efectos serán más implacables tanto con ellos como con nosotros. Pronto llegaremos a lo que Rimbaud, el mayor poeta francés del siglo XIX, anunciaba cuando escribió: “¡Fijaros con atención! ¡La hora de los Asesinos!”.

El fin del terrorismo marcará en gran medida el fin del asesinato de mucha gente inocente que son matados para divulgar los crímenes del nexo social culpable. Cuando llegue la Hora de los Asesinos, el ataque será más sofisticado, más astuto y más específico. Mientras que antes mataban a los inocentes, ahora empezarán a asesinar a los que poseen la riqueza y a los que propagan los genocidios. Esto no significa que sea algo moral o incluso justo. Lo que significa es que se trata de la última fase, la última baza de una civilización que murió hace casi cien años en los Campos de Flandes de la Primera Guerra Mundial. Algunos datarían el fallecimiento con anterioridad al reconocer que la Guerra de los Boers fue el desastroso matrimonio de los judíos y los cristianos.

El terror y los asesinatos no son asunto nuestro. Seguirán siendo el asunto de los kuffar puesto que ellos son los autores. Nosotros tenemos bastante con las buenas noticias que proceden de Allah y el éxito pertenecerá a Su gente. La verdad del ‘Id está contenida en la aleya bendecida de la Surat an-Nahl donde Allah dice (16:114):

“Y comed de lo bueno y lícito que Allah os da como provisión
y agradeced los dones de Allah si es a Él a quien adoráis”.

 
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