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"Mudos y Ciegos"
por
Shayj
Dr. Abdalqadir As-Sufi
7/06/2009
Los
medios de comunicación nos dijeron que el Presidente de los
EE.UU. iba a dar un mensaje al mundo musulmán. En él
pensaba decirnos que los EE.UU. no han declarado la guerra al Islam,
o cosas por el estilo.
Es importante aclarar las cosas. Empecemos por el principio. En
primer lugar, el Presidente actual de los EE.UU. se impuso a la
gente mediante un sistema estructuralista y sofisticado que, de
forma muy inteligente, hacía parecer que la persona predeterminada
para dicho puesto surgía de la nada, barría al resto
de los candidatos de la competición y emergía con
un mandato matemático fuerte y contundente. Esta misma gente
había invadido Iraq con sólo tres palabras: “Armas
de Destrucción Masiva”. Era mentira, pero se desencadenó
la guerra. El liderazgo de las masas americanas sólo necesitó
una palabra: “Cambio”. De nuevo otra mentira. Parte
del escenario utilizado para entronizar al hombre de la elite financiera
fue que uno de sus logros era ser un gran orador y, el otro, que
era "negro" y la realización del sueño de
Martin Luther King.
Pero la verdad es que, como orador, Obama es un fracaso deprimente.
Peor aún que la aburrida monotonía de su lenguaje
y sus metáforas extintas, peor que su discurso entrecortado
al más puro estilo del sargento chusquero, es ese terrible
meneo del dedo índice propio del profesor de escuela mal
formado. Carente de profundidad y sinceridad, su discurso se parece
al del encargado de un supermercado cuando comunica a los empleados
los artículos que se han agotado.
Una vez establecido que le falta elocuencia y está alejado
de la retórica, nos vemos obligados a añadir que carece
de la capacidad de valorar cosa alguna. Su perro, sus chistes, las
muertes de los soldados americanos… todo se dice con esa misma
cadencia monótona de altavoz de aeropuerto.
Resumiendo: no es un orador. No es una voz. Es mudo.
La pésima actuación del títere nos hace pensar
en los que manejan los hilos. Parecen estar convencidos de nuestra
absoluta estupidez. ¡Creen que estamos ciegos!
A este mítico gobernante del consorcio americano se le filma
una y otra vez tocado con el bonete judío junto al Muro de
las Lamentaciones, o con aspecto de extremo sufrimiento en el sombrío
monumento que recuerda la masacre de millones durante el régimen
Nazi, ese centro del culto humanista que ha sustituido la históricamente
revelada religión del judaísmo; y ahora, para honrar
el Islam, aparece en Egipto, una dictadura apadrinada por los EE.UU.,
con sus cárceles llenas de intelectuales musulmanes sometidos
a torturas y donde el partido político de los Ijuan al-Muslimin
tienen prohibidas sus actividades en la vida pública. Con
sus servicios secretos trabajando activamente para desestabilizar
al gran Estado Islámico de Paquistán y con su ejército
viviendo en Afganistán –donde las variopintas necesidades
sexuales de los soldados se satisfacen con la población local–
tenía que dar un mensaje al mundo Musulmán.
El mensaje de los EE.UU. se proclama cada día desde Guantánamo
(todavía en pleno funcionamiento) hasta Gilgit. Cientos de
hombres, mujeres y niños musulmanes son asesinados cada día
con sus instrumentos de alta tecnología de muerte y tortura:
bombarderos teledirigidos, fuego de artillería y la nueva
cárcel de Wagram en Afganistán especializada en asesinatos
y torturas.
A pesar de la dicotomía fundamental que existe entre mensaje
y acontecimiento, hablar de paz y ordenar la masacre, es posible
todavía detectar buenas intenciones a pesar de las pruebas
en su contra.
Vamos a profundizar para identificar esta obvia anomalía.
Para empezar, el Presidente de los EE.UU. no desciende de un esclavo
americano ni es la culminación del Sueño Negro Americano.
Es el hijo de un burgués que salió de Kenia como emigrante.
Es el hijo de un musulmán y estudió en una Madrasah
cuando era niño. Sin embargo, antes de la pubertad abandonó
la religión de su progenitor del mismo modo que su madre
abandonó el cuerpo de su padre. Eso es una herida; pero las
heridas hacen al hombre, siempre y cuando éste no las niegue.
La separación no puede negarse. Decir que el Islam y el Cristianismo
son una misma cosa es una mentira manifiesta, del mismo modo que
pretender que tu padre y tu madre no se separaron es otra mentira
evidente. Y por mucho que se esté de acuerdo, desde el punto
de vista humano, con que el niño vaya con la madre, lo que
es terrible es que éste niegue su legado, el legado de su
padre. ¿Cómo puede un traidor hablar bien de lo que
ha traicionado?
Vamos a profundizar un poco más.
El mensaje parece decir que los EE.UU. no están en guerra
con Islam. Esta frase no tiene sentido. Los EE.UU. es una nación-Estado.
El Islam es una religión revelada. Para postular dos opuestos
tienen que ser equiparables.
Los EE.UU. están en guerra con Afganistán y Paquistán.
Del mismo modo, Islam está en guerra con las religiones falsas.
Kufr.
La realidad es más bien la siguiente: los EE.UU. están
en guerra consigo mismos. Así es como lo percibía
William Faulkner, el escritor americano más destacado: los
colonos americanos hicieron la guerra y perpetraron un genocidio
contra las naciones indoamericanas: Navajo, Hopi, Algonquin, etc.
Luego suscribieron tratados con ellas, después las encerraron
en reservas y por último rompieron los tratados. Más
adelante, los colonizadores liberaron a sus esclavos, les negaron
la condición de ciudadanos, los persiguieron, los ahorcaron
y ahora los encierran en guetos y cárceles enormes. América
es un Estado fracasado atrapado en una guerra civil inacabada. Su
único y auténtico aliado es Israel, puesto que ambos
tienen raíces racistas y ambos tienen en su interior una
comunidad negada y perseguida. Ambos suscriben la doctrina de las
reservas. Y una cosa es cierta: los Navajos serán libres
antes que los Palestinos.
Islam no está en guerra con los EE.UU.; ya he demostrado
que es algo imposible. De hecho, los EE.UU. es la zona del mundo
que registra más entradas en el Islam. Islam está
en guerra con kufr y, en consecuencia, Islam está
en guerra con el capitalismo.
Aclaremos las cosas, porque es evidente que el pobre Presidente
de los EE.UU. no lo sabe.
Islam es Din al-Fitr.
Islam es la religión de la naturaleza.
Islam está en contra del incremento en la transacción
(interés).
Dado que las "cosas" naturales –los objetos que
constituyen la riqueza– son limitados, exigir un incremento
implica una extensión lógica de las "cosas"
superior a lo que hay en la naturaleza que es limitada.
El capitalismo, enfrentándose a la razón, ha convertido
a la usura en su motor principal. Esto significa que el capitalismo
está llevando a la extinción a la raza humana y el
nexo social.
Islam, la religión de la naturaleza, confirma las órdenes
de lo Divino: la unidad y la armonía del mundo creado, no
sólo de las entidades, sino de las relaciones entre éstas.
Esto se llama rububiyya. Esta es la armonía que
el capitalismo destruye.
El aire está envenenado. Su temperatura está subiendo
y amenaza el equilibrio de la naturaleza.
El mar está envenenado. Nos han dicho esta misma semana que
dentro de 50 años ya no habrá peces en los océanos.
La tierra está envenenada. Contaminada, emponzoñada
y estéril.
La causa de todo ello es la práctica del capitalismo.
En consecuencia, Islam está en guerra con el capitalismo,
sus instrumentos, sus instituciones y sus dirigentes. Hoy en día,
todos somos sus víctimas.
El Islam no es cultura ni civilización; son sus subproductos
beneficiosos.
Una posdata para los que escriben los discursos del Presidente:
él NO citó el Corán en su discurso. Para nosotros
el Corán es el mensaje en árabe que ha sido revelado
por la Divinidad. Cuando se transmiten sus significados en otros
lenguajes hay que especificarlo a no ser que, por supuesto, quiera
negarse de forma deliberada. En su caso particular, lo que el Presidente
necesita con toda urgencia es descubrir sus significados y dar paso
a la posibilidad de volver al Din de su padre.
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