glosario de terminología islámica pensamiento
Un Mensaje para los Musulmanes de Inglaterra
por Shaykh Dr. Abdalqadir As-Sufi

Allah el Excelso dice en la Sura Al-Jaziyya:



“Allah creó los cielos y la tierra con la verdad.
Y para recompensar a cada alma por lo que adquirió
sin ser tratada injustamente.
¿Has visto a quien toma por dios a su pasión
y Allah lo extravía en virtud de un conocimiento,
sella su oído y su corazón y pone un velo sobre su vista?
¿Quién lo guiará fuera de Allah?
¿Es que no vais a recapacitar?
Y dicen: Sólo existe esta vida nuestra de aquí,
morimos y vivimos y no es sino el tiempo lo que acaba con nosotros.
Pero no tienen conocimiento de eso,
no hacen sino conjeturas".(45: 21-23)

Querida Comunidad Musulmana de Inglaterra con todos sus hombres, mujeres y niños –esto es, todos aquellos que confirman que Allah es Uno sin asociado, y que nuestro Maestro, a quien Allah bendiga y conceda paz, es el Sello de los Mensajeros que le precedieron, los nombrados y los que no lo son.

Me veo obligado a enviaros este mensaje por la preocupación que siento por vosotros. La situación en la que os encontráis tiene dos aspectos: uno, la comprensible desunión que existe entre nosotros causada, por un lado, por la creación de estructuras masónicas en el seno de las mezquitas, Comités de Mezquita, Tesoreros y Presidente, y por el otro, por el daño heredado que sufre el Islam de nuestros días y que ha sido causado por el desastre de la expulsión del Califa de Estambul y la adopción del wahhabismo por parte de las grandes empresas petrolíferas como medio de acabar con la forma de gobierno islámico.

El segundo aspecto, es el contexto histórico más amplio de las Islas Británicas. Inglaterra es una entidad quebrantada que ha experimentado heridas terribles a lo largo de los siglos. Al norte de sus fronteras, en Escocia, había una continuidad monárquica de Rey y Pueblo que duró hasta la Unión de los Reinos. Al sur de la frontera, y según Shakespeare, Inglaterra era el escenario de la usurpación y la ilegitimidad cuyas crónicas se encuentran en las Obras Históricas. Es una historia terrible de desheredamiento y usurpación, esto es, la Guerra de las Rosas que culminan con el poder Tudor ilegítimo, seguido del la también ilegítima Reina Isabel I. Cuando se restaura la legitimidad en el Reino Unido con un monarca escocés, su primogénito es decapitado y su nieto enviado al exilio por un golpe de Estado que marcó el fin del gobierno personal.

Todo lo que siguió a continuación no fue más que la evolución del capitalismo mercantilista bajo la autoridad de los Hanovers. En el siglo XIX, Inglaterra era una nación paralizada por una pobreza degradante que reducía a las masas a una condición infrahumana. Esta atrocidad fue ferozmente denunciada por los grandes hombres que lucharon por la justicia social, como por ejemplo, Charles Dickens y Thomas Carlyle. Desde el fin de la monarquía reinante en 1688 hasta la muerte de Churchill en 1965, Inglaterra había sido gobernada por la aristocracia terrateniente.

En 1920, el mayor teórico político del siglo pasado en Inglaterra, Hilaire Belloc, reconocía que el Parlamento, en cuanto institución, es decir la institución que la aristocracia terrateniente había creado como oligarquía en el gobierno, había dejado de existir. Belloc decía: “Mi tesis es que la cooperación, la organización de muchos seres humanos considerada como clase dirigente, ya no es algo que forme parte de la visión de los gobernados. Para ellos la nobleza ya no significa nada. Lo que queda de esa clase social pasa a formar parte de a una visión general de riqueza excesiva, injusta e incluso maligna”. Belloc reconocía que el resultado de esta situación era que “La naturaleza del Estado ha sufrido una transformación.”

Belloc continúa diciendo: “La visión pública en general contempla la Cámara de los Comunes como un todo indivisible, y lo que ve no es agradable en absoluto. Y por muy honesta que sea la persona en cuestión, es vista como un político, y este título tiene hoy en día un significado del que es imposible librarse.”

Belloc resume el tema con una definición: “Las instituciones moribundas no pueden recuperarse. (…) La reforma de la Cámara de los Comunes desde el interior, es impensable. Jamás ha habido en la historia un órgano de gobierno totalmente corrompido que se haya reformado y restaurado. Esto es tan imposible en el cuerpo político como en el cuerpo físico del ser humano. Y hemos visto también que la reforma mecánica desde el exterior –cambios en el método de elecciones o similares— no puede eliminar la debilidad fatal del Parlamento moderno que consiste en una oligarquía que ya no es aristocrática.”

Este análisis del estado del Parlamento en 1920 por el mejor de los pensadores políticos de Inglaterra se veía confirmado por Lord Boothby quien, al valorar el Parlamento de 1939, lo calificaba de “El peor Parlamento de la historia de Westminster". Churchill y la Segunda Guerra Mundial proporcionaron un noble y último movimiento a la sinfonía del gobierno oligárquico. Lo que siguió a continuación ha sido un declive inimaginable. Mediante un acuerdo tras las bambalinas, el corrupto Partido Conservador, junto a monetaristas no elegidos por nadie, rechazaron a su líder legítimo, Rab Butler, y pusieron como dirigente del país a una tendera impenitente, Margaret Thatcher. Desde Thatcher hasta Blair, lo que hemos contemplado es la disección minuciosa del gobierno parlamentario hasta tal punto, que lo que tenemos ahora frente a nosotros es el cuerpo político listo para ser enterrado.

Si se quiere comprender el camino recorrido desde el gobierno oligárquico de la aristocracia hasta llegar a un gobierno que ya no está al servicio del pueblo británico, sino al de los peores y más ocultos elementos de las finanzas mundiales, sólo es necesario fijarse en algunas declaraciones del parlamentario más destacado, Churchill.

En 1897, hablando de la invasión de Afganistán, Churchill declaraba: “Desde el punto de vista económico es una ruina. Moralmente, es perversa. Militarmente, es una cuestión sin resolver y desde el punto de vista político es una metedura de pata”. Y luego añadía: “…no hay duda de que somos una gente extremadamente cruel”.

Con respecto a la magistratura decía: “La consideración que el público tiene sobre la forma en que se trata al delito y a los delincuentes, es una de las pruebas más exactas del grado de civilización de cualquier país. El reconocimiento imparcial y desapasionado de los derechos del acusado frente al Estado, la incesante preocupación por la verdad por parte de los que se encargan de sentenciar el castigo y el convencimiento de que, si se puede encontrar, hay un tesoro en el corazón de todo ser humano, son los símbolos que, en el trato que se le da al delito y a los delincuentes, miden e indican la fortaleza de una nación y son la prueba de las virtudes que contiene”.

Más tarde, en 1945, Churchill pronunció un discurso que causó una gran indignación en esa época. Y sin embargo, este fue el hombre que al desatarse la Guerra de los Boer vaticinó la Primera Guerra Mundial, y que al término de ésta predijo la llegada inevitable de la Segunda Guerra Mundial. Y ahora también podemos decir que hace medio siglo previó la inevitable desaparición del liberalismo y el radicalismo que harían surgir al régimen de Blair al que Churchill definía como “El totalitarismo y la adoración abyecta del Estado”.

Dijo: “Ningún gobierno socialista que dirija la vida y la industria del país puede permitirse manifestaciones orales libres, duras e incluso violentas de descontento público. Acabaría regresando a una especie de Gestapo que sin duda tendría un carácter muy humano al principio. Esto cortaría la opinión justo en el brote; detendría el criticismo cuando éste levantase la cabeza y concentraría todo el poder en el partido dominante y sus líderes, que se alzarían como cimas elevadas por encima de sus enormes burocracias plagadas de funcionarios públicos que ni funcionan ni son públicos”.

Este breve análisis de nuestra historia demuestra que hemos llegado a las últimas bazas que juega esa institución de gobierno llamada Parlamento. No es tampoco accidental que un Líder, que tiene una psicología gravemente defectuosa y a quien el adjetivo “inadecuado” le define de forma exacta, tenga bajo sus órdenes a dos personajes poco dignos de confianza e igualmente inadecuados, cuyas elevadas tareas serían la defensa de la Constitución y la protección de la magistratura. Estoy hablando del Fiscal General, Lord Goldsmith, hombre de dudosa procedencia, que ya llegado a mentir sobre sí mismo con ocasión de la guerra contra Iraq; y por otra parte, el inexperto Ministro de Hacienda, Lord Falconer, cuyo logro más deslumbrante ha sido encubrir el despilfarro de mil millones de libras esterlinas propiciado por Blair para la construcción de la famosa Cúpula del nuevo milenio. Esto sin mencionar siquiera el desmantelamiento sistemático de la estructura interna del Parlamento que, en tiempos de la aristocracia, había florecido durante más de trescientos años.

Cuando seamos capaces de ver la situación de Inglaterra con toda claridad, y cuando reconozcamos con pesar que el país se encuentra al borde de la anarquía, nos veremos obligados a asumir que nuestro deber de ciudadanos británicos es el de jugar un papel vital en la recuperación de Inglaterra, una tarea para la cual debemos prepararnos desde ahora.

El verdadero Terror presente en Inglaterra, mucho peor que ese terror importado que los musulmanes deploran más que nadie, es el que recogen las estadísticas que muestran la violencia imperante en nuestros días. En primer lugar, está el número creciente de mujeres que son violadas. Hace pocos días, cinco mujeres fueron violadas por una banda en la ciudad de Northampton. Un joven negro fue asesinado, quienes lo hicieron son conocidos pero nadie es llevado a los tribunales. En Liverpool, abrieron la cabeza con un hacha a otro joven negro. A todo esto se puede añadir la trágica lista de chicas jóvenes que son brutalmente asaltadas y asesinadas, una situación tan repetida, que el público británico parece haberlo aceptado entumecido en lo que ya parece ser una constante mensual.

Según la definición clásica, del terror tiene que hacerse responsable al Gobierno. Ellos son los culpables en todos y cada uno de los casos. Y no es un mero hecho accidental el que una reciente Primer Ministro, personalmente responsable de la última fase de la destrucción de la Constitución Inglesa, tenga un hijo que es un terrorista confeso y condenado. El hijo de Margaret Thatcher, Mark Thatcher, confesó ante un tribunal de Sudáfrica haber participado activamente en un golpe de Estado en un país africano que, de haberse realizado, habría sin duda causando la muerte de al menos varios centenares de personas. Mark Thatcher fue declarado culpable y expulsado del país.

Sabemos que tenemos que actuar desde el interior de nuestra propia Comunidad, especialmente ahora que hemos reconocido que el desfasado sistema de la democracia parlamentaria no tiene salida y ya ha comenzado su triste andadura, ese camino bien conocido históricamente que lleva al totalitarismo –detenciones sin juicio previo, caza de brujas y calumnias por parte de los medios de comunicación, intromisiones en la práctica de la religión, persecución de los intelectuales de la oposición, el fracaso a la hora de detener la creciente criminalidad y el volverse hacia los jóvenes de la nación como si fueran el enemigo, redefiniéndolos como vulgares y gamberros.

¿Cuál es entonces nuestra tarea? El primer paso es la integración y unificación de esa parte importante de la ciudadanía británica, la Comunidad Musulmana, una Comunidad que representa de forma significativa al grupo religioso más numeroso de toda la nación.

¿Cómo podemos conseguirlo? Ibn Taymiyya nos ha dicho que cuando haya una crisis, los musulmanes deben volver siempre a la Primera Comunidad y descubrir la purificación que proporciona ese modelo. Siguiendo su consejo, declararíamos en consecuencia algo que él hubiese sin duda confirmado: que mientras la religión shi’a elige a sus líderes entre sus Imams, en Islam no es este el caso. Nuestros líderes deben ser los mejores, los más fuertes y, de acuerdo con una Sunna ensalzada, los más nobles de las generaciones más jóvenes. Siguiendo el modelo de los Salaf, el liderazgo puede darse por nombramiento, selección y elección.

La tarea del liderazgo no es hacer declaraciones, sino imponer a la Comunidad una práctica correcta de los Fara’id. Considero esto una tarea de la nueva generación porque tenemos entre ellos a hombres y mujeres de calidad y educación elevadas que quieren el Din y son conscientes del fracaso de la sociedad atea. Desde un punto de vista estructural podríamos compararlo a la creación de un Sindicato de Musulmanes. Uno de los miembros directores de la Organización del Trabajo Internacional me dijo en Ginebra, que esa entidad sería legal desde el punto de vista de la ley del trabajo, ya que un sindicato exige la existencia de un factor común que vincule a sus miembros, sin que éste sea necesariamente el tipo de trabajo que realizan. Esto podría ser además el inicio del sistema de bienestar social sobre el que se basa nuestro Din.

El primer paso en esta dirección sería que el Líder de los Musulmanes ordenase la institución del pilar obligatorio del zakat. Sin la existencia de este pilar no hay Islam, ya que éste, junto con los otros cuatro, son lo que representan al Islam. Ahora bien, el zakat no es un acto de caridad; aparece definido en el Corán como una sadaqa con una única condición. En el Corán hay una palabra sobre la que se basa lo que Allah ha ordenado con respecto al zakat: “¡Cójase!”.

Allah el Excelso declara en la Surat at-Tawba:



“Coge el zakat de sus riquezas
y con ello los limpiarás y los purificarás.
Y pide por ellos,
pues realmente tus oraciones son para ellos una garantía.
Y Allah es Quien oye y Quien sabe”. (9-104)

Esto nos demuestra que no hay liderazgo sin zakat. Lo contrario también es verdad, no puede haber zakat sin liderazgo. La tarea primordial del Líder debe ser, y tenemos que asumir que ha sido elegido por votación colectiva o por un Consejo Directivo, recaudar el zakat. El Consejo, en colaboración con las mezquitas de los diferentes barrios, debe nombrar a los Recaudadores del Zakat según las condiciones conocidas para éstos. Una vez que el zakat ha sido recaudado debe ser distribuido inmediatamente entre las categorías de beneficiarios que por todos conocidas. El zakat es para los pobres y para el bienestar social de los musulmanes. No hay zakat para un tsunami –es para la gente que vive en el lugar donde ha sido recaudado.

Esta acción, y solo ésta, es la que garantizará de forma contundente que ningún grupo ignorante, inculto y socialmente marginado caerá por error en un terrorismo que actúa en nombre de un Islam que jamás han comprendido.

Esta cuestión fundamental, que es nada más y nada menos que la restauración del Islam, tiene otro componente necesario y liberador. Nuestros mejores ‘ulama han sabido desde hace tiempo, aunque se han mostrado tímidamente reticentes a la hora de proclamarlo, que el zakat no se puede pagar con un dinero de papel que sólo vale el peso del papel que está impreso.

El zakat tiene que pagarse con el Dinar de Oro y el Dirham de Plata. Los aspectos técnicos de esta cuestión, viable como modelo económico y como política realista, han sido estudiados y dilucidados de forma experta, tanto en la teoría como en la práctica, por Umar Ibrahim Vadillo. Desde el punto de vista político, y gracias a su incesante trabajo, tanto el antiguo Primer Ministro de Turquía como el Dr. Mahathir de Malasia y el Rey Hasan II de Marruecos, que Allah tenga misericordia de él, han confirmado la necesidad de volver a implementar un zakat que es recaudado. El Rey Hasan II, prometió en lo que iba a ser el último Ramadán de su vida, nombrar a una comisión que restaurase el zakat pagado en oro y plata en el Reino de Marruecos.

Esta acción, cuando tenga lugar y se vea que está ocurriendo, marcará el inicio de un Da’wa a escala nacional que verá cómo el resto de la población británica seguirá los pasos de sus conciudadanos musulmanes. Entre ellos, y de forma conmovedora, veremos a los miembros supervivientes de las familias que han perdido a uno de sus hijos a manos de los criminales o los violadores. Y puede que lo que al principio les atraiga hacia nosotros es que, como musulmanes que somos, exigimos la ejecución de los que cometen crímenes tan espantosos.

Les ruego que acepten este mensaje como una primera indicación, no sólo para la consolidación de una presencia islámica en Inglaterra, ni tampoco como la forma de abrir el Din del Islam a nuestros conciudadanos, sino también como un camino hacia una forma de gobierno reconstruida que sustituya al fracasado sistema parlamentario. Lo que proponemos, insha’llah, no sólo rescatará a Inglaterra de la anarquía que ya ha empezado ante nuestros ojos, sino que también brindará una oportunidad a la supervivencia de la monarquía, no como meros Títeres Reales, sino con la Restauración del gobierno personal que sin duda estará muy lejos del actual gobierno absolutista que es ejercido por un político incapaz que fue elegido para representar el Mínimo Común Denominador de la población nacional.


 
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