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"El Nombre Supremo
y los Perros del Kufr y el Shirk"
por
Shayj
Dr. Abdalqadir As-Sufi
13/01/2010
Allah
el Excelso declara en la Surat al-Isra’ (17-110):
“Di: Llamad a Allah o llamad al Misericordioso.
Como quiera que Le invoquéis,
Él tiene los Nombres más hermosos”.
Los perros ladran en Malasia.
En primer lugar, los Kafirun. El portavoz de los Católicos
Romanos de Malasia fue, como era de esperar, estúpido y astuto.
Vamos a recordar a este hipócrita algo que desconoce de su
propia religión: el lenguaje de la Iglesia Católica
estuvo desde sus principios bajo el Imperio Romano, el Latín.
El pequeño ex–Nazi, Papa de Roma, todavía celebra
la misa en latín. No obstante y debido a las prácticas
de los reformistas, el latín se le niega ahora al conjunto
principal de los católicos del mundo entero. Y así
fue cómo, pobres criaturas, han perdido su lengua sagrada.
Desesperados y enmudecidos se han vuelto hacia nosotros. No obstante,
el Nombre, el Nombre Supremo no es como otro nombre ni tan siquiera
un sustantivo. Es el indicador del Compasivo, del Misericordioso
tal y como ha sido revelado en Su Libro Puro, el Corán.
Cuando tras la Primera Guerra Mundial los franceses gobernaron en
el Líbano, los jesuitas de esa nación decidieron eliminar
el Islam y convertir a los ‘nativos’ al catolicismo.
Para ello ordenaron a su organización misionera del Vaticano
que publicara, nota bene, la literatura católica EN ARABE
sustituyendo la palabra ‘dios’ por el Nombre de Allah.
Esta fue la base de la actividad misionera en el Líbano que
llevó a muchos ignorantes e inocentes libaneses por un camino
que ha tenido como resultado la masacre casi cotidiana. En árabe
hay una palabra, un nombre para dios. Pero no lo usaron de forma
deliberada. El precio de su hipocresía ha sido muy alto y
todavía se está pagando con la guerra civil y con
tratados falaces que fracasan una y otra vez.
Los católicos de Malasia pueden invocar a Allah. Si tienen
la más mínima educación puede que incluso quieran
leer Su Libro.
El Nombre Supremo no les pertenece a ellos ni tampoco a nosotros.
Y nuestro deber como musulmanes es advertir a las madres católicas
que de ninguna manera envíen a sus hijos varones a las escuelas
católicas, a no ser que quieran verlos sodomizados y torturados
como los muchachos católicos de Irlanda, o que se hagan sacerdotes
y tomen ese camino tan poco natural.
En segundo lugar, los Mushrikun.
Por desgracia, la Clase Política es culpable de un Shirk
manifiesto: arrogarse el poder de Allah el Excelso. El Nombre Supremo
no les pertenece a ellos ni a nosotros.
La Clase Política del mundo entero está deshonrada
y es despreciada al haberse revelado que son los siervos del sistema
financiero en el poder.
Malasia está al borde de una crisis histórica. En
este momento, está entumecida bajo el dominio de una Clase
Política que tiene como fachada a una élite financiera
de unos pocos centenares.
Al describir este anquilosamiento político, tal y como se
mostró antes de que Julio César lo hiciera añicos
en la antigua democracia de Roma, el Profesor Christian Meier de
la Universidad de Munich escribe:
“Al no permitirse a nadie ganarse un hueco desde el que alcanzar
una posición de poder y elevarse por encima del igualitarismo
oligárquico básico, la mayor parte de las agitaciones
causadas por la individualidad, la imaginación y la independencia,
además de todos los intentos de reaccionar ante las situaciones
nuevas con medios también nuevos, eran observados con sospecha
y desconfianza; la mediocridad, la rigidez y la estrechez era lo
que primaba”.
Esto describe perfectamente la condición de Malasia bajo
el dominio de su pequeño grupo de oligarcas extremadamente
ricos. Con sus egoístas cotos familiares, sólo se
permite que no se oculten a las masas los miles de millones contratados
en el caso de los proyectos obligatoriamente filantrópicos.
Para que la Clase Política garantice el estancamiento de
los oligarcas, se ven obligados a enfrascarse en temas que, sin
significar amenaza alguna, permitan la ilusión de la crítica
y el diálogo. El uso católico del Nombre no es más
que una controversia preelectoral para recuperar el voto musulmán.
Los Malayos sólo pueden tomar dos caminos:
Uno: seguir con la ilusión de que los gobernantes oligárquicos
y su parlamento-títere podrán continuar de forma indefinida.
Este camino, desgraciadamente para las masas, obligará a
Malasia, un jugador de segunda división, a entrar en el desarrollo
imparable del capitalismo usurero mundial. Esto tendrá como
resultado la destrucción inevitable de los oligarcas nacidos
en Malasia, de su posición de poder y de la Constitución
política que los ampara. La riqueza y el poder oligárquicos
se reestructurarán bajo el poder de la hegemonía china
que surge de forma arrolladora. Es decir, una colonia de China.
Dos. La aparición de lo que llama el Dr. Meier ‘una
nueva situación con medios nuevos’. Dicho con otras
palabras, un nuevo Nomos, una nueva valoración de los valores.
Esto es algo que ya está firmemente arraigado en la gran
tradición islámica de Malasia. Iniciado por el Dr.
Mahathir Muhammad y sus históricas conversaciones con Hayˆyˆ
‘Umar Vadillo en las que reconocieron que el sistema usurero
está basado en el incremento presente en las transacciones
además de la eliminación de los instrumentos de intercambio
basados en valor real y su sustitución por monedas de números
abstractos.
Fieles a la gran tradición Maliki-Shafi’ita de Malasia,
el Estado de Kelantan con su Partido Islámico y el poderoso
programa de Hayy ‘Umar Vadillo, harán que regresen
el Dinar Islámico de oro y el Dirham de plata y con ello,
y en armonía con una actividad similar en Indonesia, se iniciará
una nueva era para el Islam y para la humanidad.
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