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Reflexión Sobre un Acontecimiento Reciente
Shaykh
Dr. Abdalqadir As-Sufi
Los ataques terroristas contra dos ciudades de los EE.UU., un suceso
horrible sin la menor duda, están superados, en la escala
de las tragedias de la humanidad, por los bombardeos sobre la ciudad
de Bagdag, la devastación de Vietnam y de Cambodia, y ello
sin mencionar siquiera los primeros logros de la Democracia: Dresden,
Hiroshima y Nagasaki. No obstante, las características de
estos sucesos, y las de sus protagonistas, hace que se distingan
de los demás acontecimientos destructivos del siglo XX. Lo
ocurrido ha sido definido correctamente como terrorismo, pero el
gobierno de los EE.UU. lo ha redefinido en última instancia
como un acto de guerra. En el discurso histórico, un acto
de guerra es algo que tiene lugar entre dos entidades soberanas.
Lo que parece suceder es que, si partimos de la realidad política
de que el Estado Mundial basado en América está todavía
en expansión, éste ha decido responder de forma unilateral
llevado por su propio empuje. Esto significa que la respuesta al
acto de terrorismo sirve ahora para justificar la necesidad de ampliar,
con una nueva conquista, la adquisición de nuevos territorios
ricos en minerales y otros recursos. Lo que se deduce, es que lejos
de ser un ataque destinado a debilitar al enemigo, lo que ha hecho
es reforzar aún más el poder del todavía naciente
Estado Mundial. En consecuencia, hay que contemplar lo sucedido
desde dos puntos de vista diferentes. En primer lugar debemos saber
qué significa para la Comunidad Musulmana y para nuestro
futuro. Y en segundo lugar, qué es lo que estos acontecimientos
indican respecto al proceso continuado de una supremacía
kafir que está basada en una trama financiera en la que todos
estamos esclavizados.
Conforme
se despeja el escenario parece claro que la conexión entre
el terrorismo y la acción de guerra es la conexión
entre el Afganistán de los Taliban y el grupo terrorista
de Bin Laden. Pero la imagen no está completa hasta que no
se añada a este modelo una entidad soberana aunque inestable:
Paquistán. Para empezar, me gustaría personalizar
nuestro examen para así contar con una nueva luz que ayude
a la comprensión de lo ocurrido. A ello seguirá luego
una interpretación de carácter más general.
La Organización Murabitun para el Dawa Mundial, de la que
me enorgullezco ser el fundador, convocó unas Conferencias
en Pretoria, Sudáfrica, a finales del año 2000. De
forma apropiada por los temas a tratar, el invitado de honor era
su Eminencia el Mufti de Jerusalén. Un detalle significativo
es que el régimen de Arabia Saudita intentó impedir
su salida para asistir a la Conferencia. Esto le obligó a
volar a los Emiratos Arabes Unidos para luego continuar su viaje
desde allí. La llegada del Mufti a Pretoria concidió
con la noticia de la provocación de Sharon y su entrada en
el recinto de la Mezquita Al-Aqsa con doscientos hombres armados.
Debemos mencionar aquí que el rey de Jordania había
declarado públicamente que si los EE.UU. hubiesen presionado
a Israel para que aceptase ciertas concesiones en la reunión
de Camp David, se habría conseguido una paz en la zona que
habría atenuado lo que él mismo definió como
“el vacío que propicia el terrorismo”. En consecuencia
podemos afirmar que el escenario previo a los terribles ataques
contra los EE.UU. ha sido una atmósfera enfebrecida e iracunda
que predecía el caos. Otra de las delegaciones invitadas
fue la formada por un grupo selecto de los Taliban. Nuestra impresión
anterior a las Conferencias era que la ‘aqida de estos ‘ulamas
era preocupantemente defectuosa. Es puritana y misógina,
algo que jamás ha sido ni podrá ser un elemento de
la sociedad musulmana por el amor y el respeto debido a las mujeres
que surge de la práctica del Mensajero, a quien Allah bendiga
y conceda paz. Nuestra experiencia demuestra que una forma de gobierno
puritana que enfatiza la corrección de la moral individual,
tiende a crear una sociedad en la que los hombres carecen de mandato
o disponibilidad con respecto a sus riquezas. Habíamos invitado
a los Taliban a las Conferencias confiando en que sus encuentros
con los ulama Maliki, Shafi’i y Hanafi les influyeran a adoptar
una visión más moderada. Lo que queríamos en
concreto, es que explicaran su fracaso a la hora de establecer un
Zakat halal, es decir, un Zakat recogido con autoridad y pagado
con una moneda halal de dinares islámicos de oro y dirhams
de plata al no poder aceptarse una Zakat pagado con papel moneda.
Nuestra intención era mostrar a la delegación Taliban
que la brutal disciplina aplicada a sus propias mujeres era un mal
sustituto para lo que se considera, hablando desde el punto de vista
Islámico, el abandono de parte del Din, al rechazar de forma
evidente el Fard del Zakat; sin este Fard, no tenían derecho
a definir su Estado como Islámico. Lo primero que debemos
destacar de nuestras reuniones en Pretoria es que la figura central
de la delegación no era un afgano, sino un alto funcionario
del gobierno paquistaní. Irónicamente, fue el más
capaz a la hora de comprender la gravedad del asunto: que el tema
del Zakat no se había contemplado en absoluto. En reuniones
celebradas en privado, la delegación Taliban justificó
su postura basándose en la necesidad de ser reconocidos por
otros países Musulmanes. Pero este tema hizo que de forma
inevitable, y causando un extremo malestar, se hablase de la actividad
de Bin Laden en el territorio de Afganistán. En un alarde
de inteligencia, Bin Laden se había casado con una mujer
de la familia del Emir y, según nuestras informaciones, Bin
Laden le había construido el palacio presidencial de Kandahar.
Conforme aumentaba la intensidad de las discusiones, se hizo patente
que el Emir les había obligado a aceptar la presencia de
Bin Laden en el país. Ese fue el momento en el que les advertimos,
y tenemos testigos que lo corroboran, que si no expulsaban a Bin
Laden de Afganistán no sólo dejarían de tener
el apoyo del mundo exterior, sino que incluso llegaría el
momento en el que una acción de Bin Laden provocaría
la caída del régimen Taliban e incluso la ocupación
del país. En aquellos momentos no podíamos imaginar
la forma espectacular en la que se realizarían nuestras advertencias.
Nuestra postura definitiva era que si Bin Laden era un sincero combatiente
por la causa del Islam, sacrificaría su propia vida e incluso
se entregaría al enemigo, antes que ser responsable de la
caída de lo que él mismo calificaba como puro Emirato
Islámico. Ahora bien, ya ha sido demostrado en una serie
de libros serios y analíticos sobradamente documentados,
que los Talibanes son la creación de los servicios de inteligencia
militares paquistanos trabajando en estrecha colaboración,
como siempre, con sus aliados americanos. Se sabe también
que el mismo Bin Laden había sido entrenado por la CIA para
actuar en la guerra contra Rusia. No es un mero accidente que los
dos Estados que reconocen a los Taliban sean los regímenes-marioneta
controlados por los EE.UU.: los gobernantes wahhabis de Arabistán
y el pobre Paquistán, un Estado devastado por la injerencia
de los EE.UU., la corrupción de su élite enriquecida
y el peso insostenible de una inmensa población de refugiados.
Debe quedar claro con ésto que el Enemigo, ese Otro inaceptable
que amenaza, como ahora se nos dice, a la Civilización y
a la Democracia, no es otro que el sistema de poder de los EE.UU,
cuyo motor fundamental es la economía. El hecho de que los
Talibanes sean una respuesta pragmática a las necesidades
Kissingerianas de control sobre ciertos territorios, no clarifica
en absoluto esta extraña criatura que ahora ha sido elevada
al papel, teatralmente extraordinario, del Maligno, ese Otro tan
opuesto al dulce, tolerante y sonriente rostro de la Democracia.
Lo primero que debe decirse sobre Bin Laden es que nadie puede acusarle
de invocar el nombre de Allah o de manifestar su amor por el Rasul,
a quien Allah bendiga y conceda paz. Bin Laden no es un ‘alim
y podemos constatar que sabe muy poco del Fiqh Islámico.
Le gusta ser fotografiado delante de una pared llena de libros.
Como esos libros han sido probablemente adquiridos en Arabistán,
el baluarte del wahhabismo, es imposible que haya podido formarse
la visión de nuestro Din que es compartida por los millones
de musulmanes que siguen a los grandes Imames de nuestro Fiqh. Es
significativo constatar que Bin Laden jamás ha levantado
la voz ni alzado la mano contra el régimen monárquico
de Arabistán. Lo cierto es que no es más que el hijo
mutante del wahhabismo. El wahhabismo es conocido en el mundo musulmán
como un movimiento de traidores incultos que propagan una doctrina
que ha sido definida por algunos ‘ulama de la India, no ya
como una secta desviada del Islam, sino como una secta ortodoxa
del judaísmo. La riqueza de los wahhabis está en los
bancos de los EE.UU. La riqueza de Bin Laden también procede
de las mismas fuentes haram. Bin Laden no tiene una doctrina islámica.
Representa una ideología cuya única forma de expresión
es una fantástica retórica anti-americana. El wahhabismo
es la raíz, las rama y la flor envenenada del terrorismo
imperante en nuestros días. Al ser una negación total
del Islam, hecho demostrado por los ‘ulama del Maghrib y del
subcontinente Indio, ha servido los propósitos de la industria
petroquímica, y sus falsas doctrinas se han propagado desde
Arabistán al resto del mundo con la intención de poner
fin al fenómeno histórico de un Islam basado en el
Fiqh y reemplazarlo con un unitarismo judaico desprovisto de amor
por el Mensajero, a quien Allah bendiga y conceda paz, financiado
y controlado desde Riad. Yo mismo he sido testigo directo de la
subversión wahhabi contra el Islam, de su propagación
de conflictos y calumnias entre los musulmanes de Inglaterra, España,
Alemania, las Bahamas, los desiertos meridionales del Maghreb, Albania,
y los remotos desiertos de Méjico. El insidioso movimiento
Reformasi de Malasia e Indonesia, engendrado por el wahhabismo,
indicaba la preparación de un Islam post-terrorista basado
en algo que llaman principios islámicos pero que en realidad
no son más que racionalismo, tolerancia y Democracia, --dicho
con otras palabras, la doctrina de la ONU y de la UNESCO- una doctrina
inmersa en el sistema bancario haram pero con el adjetivo “islámico”
añadido a todas y cada una de las instituciones sociales
y económicas kafir. Bien pudiera ser que la cuestión
política a la que se enfrenta la fuerza kafir mundial es
si serán capaces de mostrar algún tipo de “tolerancia”
hacia el Islam genuino y dejar de decirnos de una vez por todas
qué es nuestra religión. Ya hemos confirmado que el
atacar un edificio que alberga un mágico sistema de riqueza
que carece de realidad física y que no es más que
una serie de impulsos electrónicos en los archivos digitales
de los ordenadores, lejos de atacar o debilitar al sistema más
bien lo fortalece. Si alguien tiene que pagar, económicamente
hablando, por el desastre, serán los ya exhaustos pobres
del mundo entero. Ha sido el materialismo atacando al materialismo.
Examinemos ahora lo ocurrido dentro de su contexto histórico.Una
vez que haya remitido el shock y el disgusto provocado por este
execrable incidente, es fundamental estudiar la naturaleza de la
respuesta de los medios de comunicación kafir, esto es, en
los EE.UU. y la U.E. Como ya hemos identificado en este texto, el
suceso es un acto evidente de nihilismo. El nihilismo surge de un
cuerpo político que no está sano. Siempre está
precedido de una serie de sucesos y condiciones mensurables. El
modelo histórico más vívido del nihilismo podemos
encontrarlo en la sociedad rusa anterior a la Revolución.
El semillero del nihilismo ruso estaba formado por una clase semi-educada,
carente de concesiones o poderes algunos, que no veía el
medio de salir de su degradación social, que no veía
la aplicación de la justicia ni tampoco confiaba en una élite
a todas luces indiferente.
Este es el mundo que refleja “Los Demonios”, la novela
de Dostoevsky. Los terroristas de su novela encuentran en la conspiración
del terror, intensificada por el miedo y la persecución de
la policía secreta, una razón para vivir que la absoluta
crueldad de su sociedad rehúsa proporcionales. La contradición
presente en el corazón de esa sociedad se manifiesta cuando
la policía secreta, que ha infiltrado un grupo anarquista,
acata las órdenes de asesinar a su propio jefe de policía.
El significado que contienen estas páginas, es que la realidad
del nihilismo consiste en ser el mecanismo suicida y autodestructor
de la élite todopoderosa. El más grande de los filósofos
europeos, Nietzsche, mostró que ésta es la época
hacia la que vamos. Identificó también el síntoma
primordial que indica la presencia del nihilismo: lo que él
llamaba el “resentimiento”. Expresado con sencillez,
se trata de una doctrina social que dice: “Ellos son malos,
¡en consecuencia nosotros somos buenos!” Esto se demuestra
de forma apabullante en la comprensible respuesta psicópatica
de los judíos modernos a su propio trauma: el genocidio de
millones de los suyos. La resolución de este fracaso moral
es lo que ha preparado el escenario en el que se representan todas
las tragedias de la segunda mitad del siglo veinte. El Estado de
Israel se estableció bajo este estandarte, y su fundación
significó la destrucción de pueblos enteros y la degradación
de toda una gente, la mayoría de los cuales han pasado toda
su vida en unos campos de refugiados que han sido descritos por
la Comisión de las Naciones Unidas como campos de concentración.
En el así llamado conflicto de Oriente Medio, el nihilismo
y sus energías han alcanzado la masa crítica. Todo
el mundo sabe de sobra que el pueblo Palestino ha alcanzado un punto
sin retorno. Cuando los palestinos luchaban, sus acciones se calificaban
de terroristas. Cuando los israelitas asesinaban a los jóvenes
que tenían en los puntos de mira de sus rifles y torturaban
sistemáticamente a los prisioneros con total impunidad, el
territorio de Israel-Palestina se convertía en una vertedero
tóxico del más absoluto nihilismo. Este es el escenario
en el que la frenética retórica de la venganza y la
resistencia ha encontrado a sus reclutas más dispuestos.
En este mismo sentido, el grupo de Bin Laden marca también
el punto crítico del Arabismo. El conflicto Palestino-Israelí
es, por su propia naturaleza, un conflicto racista -y para completar
la irracionalidad, un conflicto entre gentes que pertenecen a la
misma raza. Cuando en nuestras Conferencias de Pretoria el Mufti
de Jerusalén declaraba que el tema de Al-Aqsa no era una
cuestión palestina sino musulmana, los representantes de
la OLP, que se habían presentado en las Conferencias con
el vano intento de aislar al Mufti del resto de los ‘ulama,
inclinaron la cabeza avergonzados. ¿Cuáles son entonces
los resultados de este sangriento e inútil suceso? Lo que
si ha revelado a los analistas kuffar más inteligentes e
imparciales es que, de alguna manera, se trata de un monstruo creado
por ellos mismos. Y debería advertírseles sobre el
uso de la elevada retórica que habla de Civilización
y Democracia y del dínico imperialismo de la OTAN. Esta organización
no une América y Europa. Es una institución que existe
para demostrar la hegemonía americana sobre Europa. Vivimos
bajo el poder de un Imperio. Pero a pesar de su impresionante fortaleza
tecnológico-militar, no es este el modus operandi de su poder.
El poder de este sistema está basado en el funcionamiento
lógico, pero racionalmente indefendible, de su sistema económico,
compuesto en parte de papel y ahora de información numérica
digital que viaja por el mundo entero en un turno continuado de
24 horas. La Democracia no es lo que declara su retórica.
Es un instrumento para el endeudamiento de las masas emancipadas
y la forma de impedir al gobierno político el acceso a ese
poder económico. Esto significa que el control absoluto está
en manos de una élite financiera que no ha sido elegida ni
rinde cuentas a nadie. Nos referimos por supuesto a los mega-bancos
y a las grandes corporaciones usureras de inversiones cada una de
las cuales gestiona y gobierna los destinos de miles de millones
de dólares. En lo que respecta a la Civilización,
es este un término que la gente civilizada jamás se
aplica a si misma, de la misma manera que las mujeres hermosas no
necesitan llamarse bellas. Uno de los efectos inmediatos de esta
crisis es, aunque molesto, ciertamente comprensible.
Los musulmanes que ahora viajen por el mundo deben esperar un trato
extremadamente incivilizado en los lugares de partida y de destino.
Debemos mencionar aunque sólo sea de pasada, que en Inglaterra
la policía advertía a los musulmanes que, en el caso
de ataques vengativos en su contra, la policía estaría
lista a intervenir. Desgraciadamente esta política sabia
y tranquilizadora no encuentraba eco en el debilitado liderazgo
del gobierno británico. Desde el jefe de la OTAN actual,
escogido sin duda para el puesto por lo incomprensible de sus declaraciones,
hasta el Secretario del Interior británico, que está
totalmente ciego, no hay el menor indicio de sabiduría en
el gobierno de Inglaterra. Tras los altercados de Oldham, Inglaterra,
de los que fueron culpados los musulmanes pero que en realidad habían
sido instigados por la siniestra Liga Anti-nazi, los líderes
locales llamaron al Ministerio del Interior para decir: “Vengan
y vean lo que ocurre”. Absurda petición que les ha
hecho constatar que el ministro responsable es incapaz de ver nada
en absoluto. Por lo que respecta al primer Ministro, su ineptitud
constituye ya una hito nacional. Esto significa que, lamentablemente,
ya no existe una voz que llame a la prudencia, y prudencia fue precisamente
lo que recomendaba el Príncipe de Gales Maquiavelo dijo que
un reino o una república colapsan bien por la falta de armamento
o por la falta de sabiduría. El comercio principal de los
Estados Unidos es su participación en la ilícita industria
mundial de las drogas cuyos beneficios de miles de millones son
un sostén fundamental del sistema bancario. Los negros americanos
pueden presumir de que su país alberga una población
de reclusos mayor que la de Togo. Y con cada vez mayor frecuencia,
los niños toman las armas y disparan contra sus profesores
y su propios compañeros. En cierta manera, y aunque parezca
contradecir la opinión actual, los americanos ya estaban
preparados para este acontecimiento. Sus defensan fueron violadas
y sus grandes ciudades recibieron una destrucción que venía
de los cielos. La diferencia es que en la película los atacantes
eran marcianos. Quizás sea esto lo que les sorprende. Ahora
se trata de gente que mata a otra gente --¿pero acaso no
es ésto la Democracia?
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