glosario de terminología islámica pensamiento

Fatwa sobre la matanza de los hijos
por Shaykh Dr. Abdalqadir As-Sufi

Allah, el Todopoderoso, dice en el Surat at-Tauba (9:112):



“Los que se vuelven después del error, los que adoran, los que alaban, los que ayunan, los que se inclinan, los que se postran, los que ordenan lo reconocido como bueno y los que impiden lo reprobable y los que guardan los límites de Allah. Da buenas noticias a los creyentes”.

El ritmo acelerado de la puesta en práctica del programa kafir, para la eliminación de los musulmanes de la superficie de la tierra, es un hecho evidente que, sin apelar a ninguna teoría de la conspiración, constatamos a diario en todo el mundo. A pesar de ello, nuestra gente comienza a tomar conciencia de la trampa que se nos ha preparado y del callejón sin salida en que nos han metido a la fuerza. Llamo callejón sin salida al hecho de que se nos fuerce a tomar una entre dos posiciones, ambas completamente inaceptables.

Mientras, por un lado, se nos acusa de terror o se nos pone en el disparadero de tener que confirmar a la desesperada el programa terrorista; por otro lado, sólo se nos ofrece un papel pasivo que en la práctica nos esclaviza, forzándonos a dar el bayat a los kuffar, manifestando una protesta activa en la que el Iman ha sido sustituido por la Tolerancia. Cada día recibimos noticias terribles de matanzas de musulmanes. Desde Kosovo hasta el Karakorum. Aparte de este genocidio, debemos tener siempre presente, los horrorosos actos suicidas, causados por la extrema desesperación social que se amalgama al sufrimiento inflingido por las maquinaciones de una política despiadada. Al tiempo que la confusión aumenta, los acontecimientos demuestran, cada vez más, que el terrorismo es un imperativo categórico intrínseco de la profunda crisis del capitalismo en su fase terminal. La conexión, entre el acto de terror y el mecanismo del sistema capitalista, aparece, cada vez más clara, según se despliega la dialéctica terrorista. Hace tiempo que nos planteamos la pregunta determinante: ¿quién se beneficia del terrorismo? Y, en su respuesta, nos hemos visto forzados a reconocer que, los beneficiarios del terror, son aquéllos que quieren implantar en el mundo la servidumbre general de las masas, incluyendo las suyas propias; aunque sea a costa de la abolición de la contextura de libertades cívicas que occidente ostenta como su gran logro.

En la reciente investigación del Gobierno norteamericano acerca del fallo de su sistema de seguridad, incapaz de anticipar la destrucción de las Torres Gemelas de Nueva York, se ha traslucido, a través de las preguntas planteadas, algo significativo. Cuando la misma pregunta se ha hecho a una serie de testigos de alto rango: “¿Opina usted que, sin la destrucción del WTC, no hubiéramos declarado la guerra contra Afganistán?” La respuesta unánime, ha sido que, los EEUU, no habrían invadido Afganistán si no se hubiera producido el bombardeo terrorista de las dos torres, lo cual quiere decir, por viceversa, que sin el pretexto de la explosión, no hubiera habido invasión. En otras palabras, parece que existe una relación simbiótica entre la invasión de Afganistán y la necesidad de un requisito previo. Lo cual nos obliga a deducir, por muy incómodo que esto sea para nosotros, que dada la miserable condición en que se encuentran las masas árabes y bereberes, no es difícil reclutar de entre esas masas descaminadas, un puñado de gente desquiciada para inducirla a la realización de actos que, en realidad son autodestructivos, pero que se les presentan como apoteósicos. Aunque, para su desgracia, el piloto suicida no sea un fénix surgiendo triunfante de sus cenizas, sino más bien un pato achicharrado por culpa de quien lo arrojó al fuego.

Por mucho que nos cueste, nos vemos obligados a referirnos de nuevo a la situación de Palestina. Nos hemos abstenido durante años, de emitir ningún juicio sobre aquella situación debido a que las fuerzas tiránicas de Israel son tan repugnantes en sus actos de salvajismo y de genocidio, que lo que hizo Hitler en Lidice aniquilando a todo un pueblo como pago de crímenes ajenos, los israelitas lo están haciendo a diario, pueblo tras pueblo, dentro de Palestina. Por mucho que nos pese, no podemos obviar el hecho de que se ha llegado a un punto en que, las acciones de las víctimas, sobrepasan en horror a las de sus amos. Y peor aún es la amarga realidad que debemos aceptar. Nos referimos al hecho de que, si bien no podemos esperar otra cosa de los israelitas, de los palestinos, que declaran a gritos su Islam, deberíamos esperar otro comportamiento, y por tanto deben sus actos ser juzgados según el discernimiento superior propio del Mumin.

Este asunto es de suma importancia y hondura porque afecta a la situación de pobres familias musulmanas y, también, porque sitúa a toda la Ummah musulmana, bajo chantaje. Ceder a esta extorsión implica avalar, lo que ellos entienden, por comportamiento islámico; lo cual abrogaría la Shari‘ah Islámica, tal y como se ha entendido durante mil quinientos años. Y puesto que lo que están haciendo en Palestina pone en peligro nuestra supervivencia y la integridad del Din, no podemos permanecer silenciosos. Allah, glorificado sea, ha dicho en el Surat al-Anfal (8:24-25):



“¡Vosotros que creéis! Responded a Allah y al Mensajero cuando os llamen a lo que os da vida, y sabed que Allah está en medio del hombre y su corazón y que seréis reunidos para volver a Él.
Y guardaos de una prueba que no sólo afligirá a los que de vosotros sean injustos.
Y sabed que Allah es Fuerte en el castigo”.

Esta advertencia divina nos permite contemplar con frialdad los asuntos internos del pueblo que vive en este desdichado territorio. Debemos plantearnos la pregunta: ¿cuál es el móvil que tienen los que envían a morir a sus hijos? ¿Es el deseo de derrotar a Israel? Porque el suicidio como medio de ataque es un extraño camino hacia la victoria, dado que tiene una consecuencia estadística inevitable, y esta es que, de modo fatal al final no quede ningún palestino. Y aún más extraño es que si lo que están haciendo es en nombre del futuro de su pueblo, su país no puede tener ningún futuro después de atarse con correas a una carga de Goma 2 para autoinmolarse.

Desgraciadamente, detrás de estos sacrificios, hay un móvil político al que hay que enfrentarse por mucho que nos cueste. El terror del ismailismo político se basa en el principio de que sacrificando a hijo tras hijo, familia tras familia, se consigue la lealtad política de la familia en toda su extensión tribal.

El futuro político de Palestina tiene, consecuentemente, dos posibles salidas. La primera es que, los judíos, destrozados y exhaustos, se rindan y hagan la paz con los líderes de la política del terror que, de inmediato, se transformarían en el poder gubernamental de Palestina. Esto significaría que los palestinos contarían con un liderazgo minoritario, incólume que, empezaría a gobernar sobre las familias responsables de sacrificar a sus hijos en el altar de su ambición política y, la otra posibilidad es que las fuerzas políticas mundiales externas a Palestina, cansadas también, y finalmente conscientes de que el asesinato masivo, perpetrado por Israel, está dando mala fama al humanismo, concedan a los palestinos el estado por el que han luchado, y, repitiendo el experimento de Iraq, apliquen el mismo método a los palestinos. Lo que significa, en pocas palabras, aceptar un préstamo masivo del Banco Mundial, convenir una constitución que diga que “todas las religiones son iguales” y, aclamar a una mujer cristiana como presidente. Umar Ibrahim Vadillo en “La desviación esotérica del Islam,” (que puede obtenerse en www.madinahmedia.com), un análisis arrollador de mil páginas de las etapas que nos han conducido al desastre presente, trata extensamente del asunto en la parte del libro titulada “La cuestión palestina” (p.543), dice:

“La caída de Palestina fue consecuencia directa de la caída del Califato. Indirectamente, todos los que actuaron contra el Califato otomano fueron responsables del desastre de Palestina. El arabismo, que irónicamente se transformó en el enunciado central de la liberación palestina, fue uno de los instrumentos británicos para minar el Califato. Mientras la gran mayoría de los árabes permanecían fieles al Califato, un movimiento de reforma islamo-árabe, formado por agrupaciones y alianzas de todo tipo, desde las puramente nacionalistas hasta las religioso-reformistas, adoptaron una postura contra el Califato. El nacionalismo árabe fue funesto para Palestina, y dio pretexto a la prolongación de la ocupación israelita. Los susodichos reformistas entendieron mal el nacionalismo, siendo aventajados tácticamente por el modo en que los británicos manipularon la causa nacionalista […] El nacionalismo nunca fue una solución para la causa Palestina. La incapacidad árabe para comprender que el enemigo es el capitalismo, y la incompetencia para mantener o regresar al modelo islámico, son más responsables de la creación de Israel que el movimiento sionista”.

“Los Hermanos Musulmanes, que han abogado más que nadie por la causa del nacionalismo palestino, deben admitir su parte de responsabilidad en el fracaso de esta causa. Los musulmanes que culpan al sionismo de lo ocurrido en Palestina, deben inculparse a sí mismos. El nacionalismo fue la trampa en la que cayeron los modernos movimientos reformistas. De una manera tácita, adoptaron el capitalismo o, lo que es peor, lo islamizaron. Hablando como musulmanes, la causa palestina no es una cuestión nacionalista, la cuestión básica es que, toda la Ummah musulmana, obedezca el mandato de Allah de erradicar la usura y con ella el capitalismo. Los Hermanos Musulmanes no sólo han malentendido esta cuestión llevando al desastre a varios millones de palestinos, sino que han sido los propulsores de la catástrofe que supone la “islamización del capitalismo.” Los Hermanos Musulmanes han propulsado activamente el fenómeno de los bancos islámicos y han apoyado la reforma de la Shari‘ah para acomodarla al capitalismo. En último término, a Hassan al-Banna corresponde la responsabilidad de la fundación de una de las organizaciones más perniciosas de la historia del Islam; que, fracaso tras fracaso, ha llevado a la muerte a miles de sus seguidores, con un solo logro en su palmarés: los bancos islámicos”.

Como Umar Ibrahim Vadillo explica extensamente, las desgraciadas opiniones políticas de los árabes modernos nacen de una pésima interpretación de la aparición del modernismo, es decir, del avasallamiento de las estructuras políticas por obra del proceso técnico. Esta mala interpretación por parte de los árabes, procede, a su vez, de un error decisivo en la ‘aqida, que procede de la admisión de un conjunto de doctrinas erróneas emitidas por un grupo de falsos jurisconsultos o ulemas, ansiosos de unirse cuanto antes, al abrazo de la técnica aun a expensas del Din. La abrogación del fiqh que conlleva este error en la ‘aqida ha tenido como consecuencia que la jurisprudencia musulmana haya sido substituida por unos supuestos principios islámicos. Unos principios que, a su vez, se plasmaron rápidamente en democracia, derechos humanos y banca. Esto nos debería llevar a una reflexión sobre porqué, en el centro de todo este artefacto, se encuentra la extraña obsesión de los kuffar por la práctica ritualizada de la democracia.

Los intelectuales árabes, con sus cerebros imbuidos del adobo de la política de “personalidades”, fueron totalmente incapaces de darse cuenta de la altura himaláyica de las realidades sociales que se alzaban ante ellos. ¿Cuál fue el Everest de la política moderna? La escarpadura insuperable del sistema democrático consiste en una realidad bidimensional. La primera dimensión es el gobierno. Un gobierno democrático que cedió a la banca el poder de controlar en su totalidad la emisión de dinero, privando de mando, con esto, al marco político. La segunda dimensión es que, para montar el teatro de la representación política, fue necesario elaborar un censo con el que cotejar los votos; un censo, cuya verdadera función en realidad no era otra que la recopilación de los datos personales de los futuros deudores, necesarios para la imposición fiscal, la economía crediticia y los préstamos hipotecarios.

Hoy día, hemos llegado al final de este proceso y nos hallamos al final de una época. Esta consumación no se ha producido ni por aterramiento de dos rascacielos en Nueva York, ni tampoco por la eliminación atómica de Hiroshima y Nagasaki. El síncope final llegó con la caída del Califato, como el Profesor Vadillo ha demostrado exhaustivamente en su libro. Este desplome fue acompañado de la desbandada ratonil de los árabes hacia el nacionalismo –bebiendo el vinazo de la autodeterminación marxista— que llevó a cada uno de nuestros pobres hermanos, como podemos ver ahora, al mezquino agujero de su propia nación, y en el permanecen aislados de los demás, mientras los desesperados palestinos tratan, a su vez, de escarbar su propio agujero. Así hemos llegado al fondo del pozo negro de la lucha nacionalista.

Nosotros, la Ummah musulmana, hemos contemplado con horror la imagen de un pobre niño palestino, oligofrénico, envuelto en la chaqueta desmedida, que iba a ser su sudario. Hemos visto como se desvestía lentamente y como desconectaba las cargas de Goma 2, que rodeaban su escaso cuerpo.

Es un acontecimiento que no hemos podido contemplar sin que nos abrumen tanto la vergüenza como la rabia. Los hombres responsables de este desconsuelo son unos criminales. Si en lugar de anarquía existiera en Palestina un gobierno musulmán, los responsables del caso, se verían ante el Qadi. Y, sin duda, desde el punto de vista jurídico del Islam, serían condenados a muerte.

La gravedad de los hechos exige la mayor sensatez.

En este caso, una vez fallada la sentencia, habría que dilucidar si tendrían o no derecho a hacer dos rakats antes de ser ejecutados.

Cuando el jefe de la tribu rebelde de los Ibn Saud fue llevado a Estambul por el gobernador egipcio, el Sultán ordenó que, antes de enjuiciarle por su rebelión, el Sheij al-Islam le juzgase por su ‘aqida. El fallo del gran Sheij al-Islam hanafi fue que Ibn Saud era Zindiq en alto grado y que debía cortársele la cabeza sin concederle el derecho a los dos rakats previos a su ejecución. Su cabeza fue expuesta después en los muros de Topkapi. Y son sus nietos los que han acabado siendo los financieros y empresarios de nuestro actual derrumbamiento. Lo más grave de la situación palestina no es el ensañamiento cruel de los israelitas, sino más bien el Shirk de los desnortados ulemas que han aprobado, basándose en su opinión personal, la matanza de los inocentes.

Todo lo que nos llega procedente de los dirigentes palestinos es espantoso. Desde la matanza de los niños y la matanza de hijos e hijas, hasta los actuales gritos demenciales de guerra contra los Estados Unidos y sus aliados. ¿Cómo pueden ser los Estados Unidos enemigos nuestros cuando en esa tierra hay millones de musulmanes? Se está dando realidad a la entidad nacional por encima de la realidad política de un gran país que camina inexorablemente hacia el Din del Islam. Por otro lado, no debe sorprendernos que, la mayoría de los musulmanes norteamericanos pertenezcan a la antigua población esclava y a los grupos inmigrantes hispanos. Es la causa de los musulmanes norteamericanos, la que tenemos que defender y no esa guerra esquizofrénica que manda a lanzar piedras contra el fuego de los tanques blindados, a sus propios hijos. Allah, el Exaltado, en su Libro Luminoso, Surat al-An’am (6:137) dice:



“Asímismo hay muchos idólatras a los que los asociados que ellos atribuyen, les hacen que les parezca bueno matar a sus propios hijos, para así destruirlos y confundirlos en su Práctica de Adoración.

Si Allah quisiera no lo harían. ¡Déjalos pues a ellos y lo que inventan!”.
El punto al que se ha llegado en Palestina debe ser confrontado no sólo por nosotros sino por ellos también. Es insostenible. Los palestinos deben hacer tauba, ya que son ellos los causantes de lo que les ha ocurrido. Islam no puede ser dirigido ni por un comité secreto ni por un comité secular como la OLP. Los palestinos deben volverse hacia Islam. Deben purificar su ‘ibada. Deben abstenerse de utilizar palabras que sirven para glorificar a Allah, como si fueran eslogans políticos. Deben recitar en sus mezquitas después de Fajr o ‘Isha el Du’a Nasiri, que Allah inspiró a Su siervo salih Sheij Ibn Nasir (ver el texto árabe en la web www.shaykhabdalqadir.com). Deben abandonar la causa nacionalista palestina y deben preocuparse por su supervivencia. Ningún palestino debe seguir muriendo. Los hombres deben casarse con las viudas que haya entre ellos y aceptar el generoso don de Allah de poder tener hasta cuatro esposas. Sus familias deben crecer, y los ulemas correctamente formados deben enseñar a los niños el Din, pero no como se enseña ahora.

En Palestina, lo mismo que a nivel mundial, el terror es sólo una solución aparente a la irresoluble ecuación kaffir. Una victoria militar es imposible, pero una victoria demográfica es fácil. Que nadie diga que no puede costear esas familias, porque es precisamente reconociendo que Allah es el Proveedor y que Él los alimentará, como el Islam volverá a Palestina. En cuanto al enemigo, Allah ha dicho en el Surat al-A’raf (7:34):



“Para cada comunidad hay un plazo y cuando éste llegue, no se les atrasará ni se les adelantará una sola hora”.
Mirad cómo nos guía Allah en Su Libro Glorioso. Surat as-Saffat (37:99-109):



“Y dijo: Me voy hacia mi Señor, Él me guiará.
¡Señor mío! Concédeme una descendencia de justos.
Y le anunciamos un niño que habría de tener buen juicio.
Y cuando éste alcanzó la edad de acompañarlo en sus tareas, le dijo: ¡Hijo mío! He visto en sueños que te sacrificaba, considera tu parecer. Dijo: ¡Padre! Haz lo que se te ordena y si Allah quiere, encontrarás en mí a uno de los pacientes.
Y cuando ambos lo habían aceptado con sumisión, lo tumbó boca abajo.
Le gritamos: ¡Ibrahim!
Ya has confirmado la visión que tuviste. Realmente así es como recompensamos a los que hacen el bien.
Ésta es, de verdad, la prueba evidente.
Y lo rescatamos poniendo en su lugar una magnífica ofrenda.
Y dejamos su memoria para la posteridad.
Paz para Ibrahim”.

La generosidad y el perdón de Allah, glorificado sea, van más allá de lo que el musulmán está preparado a hacer por obediencia a Él, en este caso expresamente. Mirad también a lo que sigue, con respecto a esta liberación divina de la necesidad de sacrificar un hijo. Surat as-Saffat (37:110-113).



“Así es como recompensamos a los que hacen el bien.
El fue uno de nuestros siervos creyentes.
Y le anunciamos a Ishaq, profeta de entre los justos.
Y lo bendijimos a él y a Ishaq. Entre su descendencia hubo quien hizo el bien y hubo quien fue claramente injusto consigo mismo”.

Los que están mandando a morir a sus hijos deben ver que después de Sayyiduna Ibrahim, que Allah esté complacido con él, a quien Allah libera de la dolorosa necesidad de sacrificar a su hijo, tal sacrificio queda abrogado para siempre. Allah, el Todopoderoso, ha dicho en el Surat al-Fatir (35:43):



“¿Acáso esperan que les ocurra algo distinto a lo que fue la constante de los que les precedieron?
No encontrarás nada que pueda cambiar la práctica constante de Allah ni encontrarás nada que la altere”.

Una vez que hemos señalado a los kuffar como enemigos de Allah, estamos obligados por nuestra parte a la más estricta obediencia de lo que Él ha ordenado y de lo que nuestro amado Mensajero, que Allah le bendiga y le conceda la paz, ha ordenado. Al hacer esto, la causa palestina se desvanece al tiempo que aparece la Mezquita Al-Aqsa como propiedad de todos los musulmanes, de este modo, la cuestión palestina deja de existir y se transforma en una cuestión que concierne por entero a la comunidad mundial de musulmanes.

El pueblo palestino debe volver a descubrir quién fue el Mensajero, que Allah le bendiga y le dé paz. Deben leer el Ash-Shifa de Qadi ‘Iyad y desprenderse de todos esos libros publicados por aquellos desafortunados ulemas del Líbano y de Egipto que, sin notarlo, aceptaron la Millah judeo-cristiana.

Un beduino se acercó al Mensajero, que Allah le bendiga y le conceda paz, y le dijo desafiante: “Nosotros no besamos a los niños”. Él respondió, que Allah le bendiga y le conceda paz, “Si es así, nada puedo hacer por vosotros, ya que Allah os ha quitado la misericordia del corazón”.

Al estudiar nuestro fiqh, en materias sobre las que no cabe ninguna discusión. Es preciso confirmar que el Zakat no puede ser recogido en forma de papel moneda, sino que deber ser pagado en dinares musulmanes o en especias. Cuando este requisito se cumpla, entonces y sólo entonces, podremos rogar a nuestros hermanos y hermanas palestinos que se pongan bajo la protección de las aleyas del Surat at-Tauba (9:102-104):



“Y hay otros que reconocen sus faltas y juntan una obra buena a otra mala. Puede que Allah se vuelva sobre ellos, es cierto que Allah es Perdonador, Compasivo.
Exígeles que de dádivas de sus riquezas, y con ellas las limpiarás y las purificarás.
Y pide por ellos, pues realmente tus oraciones son para ellos una garantía.
Y Allah es Quien oye y Quien sabe.
¿Es que no saben que Allah acepta la vuelta, en arrepentimiento, de Sus siervos y que toma en cuenta lo que se da con generosidad y que Allah es Quien se vuelve con Su favor y es el Compasivo?”


Traducido por Hayy ‘Abdalbasir ad-Darqawi

 
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