glosario de terminología islámica pensamiento

El Terremoto de Allah en Pakistán
Destruye la Democracia Política
por Shaykh Dr. Abdalqadir As-Sufi

Allah el Excelso declara en la Sura al-Hajj:


“No han apreciado a Allah en Su verdadera magnitud.
Realmente Allah es Fuerte, Irresistible”. (22: 72)

Con un intervalo de unas pocas semanas, la humanidad ha sido golpeada con dos desastres naturales. En América, los ateos y la población cristiana baptista lo definieron como un desastre natural; los mushriks de entre ellos atribuyeron la causa a su falso dios, la Madre Naturaleza. En el subcontinente indio, la población musulmana, que no podía negar la autoría Divina de la tragedia, a la hora de emitir declaraciones públicas no pudo reconocer la verdadera naturaleza de la acción de Allah.

Iluminado por la luz del Tawhid, el musulmán que reflexiona no puede evitar profundizar en la naturaleza de la catástrofe, no sólo en lo que respecta a sus causas e inevitabilidad, sino también en la inexorable exactitud del momento en el que ocurre el desastre. Uno de los Nombres de Allah, ensalzado sea, es el Paciente. La paciencia es uno de Sus Atributos Divinos. Y mientras que nuestra paciencia, en tanto que atributo que es tomado prestado, indica tolerancia con el retraso en la acción, Su Paciencia abarca la cuestión de Su preparación para la acción. Shayj al-Akbar Muhiyyuddin ibn al-‘Arabi nos recuerda que Allah gobierna el universo desde dentro del universo, es decir, Su mandato, lejos de ser interruptor, lejos de ser una intervención en los asuntos, es parte de una red inconmensurable y sumamente intricada de procesos que, a pesar de funcionar por sí solos, lo hacen estando totalmente sometidos al conjunto de leyes físicas que requiere un incidente determinado.

Vamos a examinar el terremoto de Cachemira estudiando lo que le precedió a lo largo de caminos diferentes y antes de que todos esos elementos se juntaran en ese instante terrible de temblor y de castigo.

Vamos a examinar el proceso temporal que condujo a la tragedia desde el punto de vista de un conjunto de sucesos transformativo y en constante despliegue que, en cualquier momento, pudo haber seguido una dirección diferente si los hombres hubiesen asumido la responsabilidad de lo que Allah les había encomendado.

En la Surat al-Ahzab, Allah el Excelso declara:


“Es cierto que ofrecimos la encomienda a los cielos, la tierra y las montañas,
pero no quisieron asumirla estremecidos por ello.
Sin embargo, el hombre la asumió.
Realmente él es injusto consigo mismo e ignorante.
Y fue así para que Allah castigara
a los hipócritas y a las hipócritas, y a los asociadores y a las asociadoras
y se volviera con Su perdón sobre los creyentes y las creyentes.
Allah es siempre Perdonador, Compasivo”. (33: 72-73)

Lo que vamos a ver, es que en cada momento de la existencia vivida, el individuo, —no el Gobierno ni el Partido— sino cada individuo aislado puede, en cada instante, cambiar el curso de los sucesos humanos, sucesos que se reconocen como formando parte de ése otro Suceso que es la acción de Allah en el universo.

Cuando el subcontinente indio se hallaba bajo el dominio islámico liderado por el Sultán Mogol Aurangzeb, firme defensor de la shari’at islámica, India era un país seguro e inmensamente rico. Los rapaces comerciantes-piratas ingleses establecieron en Calcuta, territorio de hindúes, una capital comercial desde la que comenzaron a despojar al Dawlet de su asombrosa riqueza. Los comerciantes-usureros llegaron a ser una multitud, y como su expropiación de la riqueza era un hecho continuado, necesitaron una presencia militar inglesa que pudiera defenderlos. La opresión de esa fuerza de ocupación hizo que los musulmanes se rebelaran. La situación que condujo al Levantamiento no se habría dado si la nación musulmana de la India hubiese seguido el camino del gran Aurangzeb. Ignorando las advertencias del Corán, empezaron a luchar entre ellos, un patrón de comportamiento que iba a repetirse a cada nuevo paso de la desintegración y desgracia de su legado islámico. El obsceno acontecimiento del asesinato de los hijos del Mogol y más tarde el de su padre, Bahadur Shah II, puso fin a la práctica de la compasiva shari’at islámica y con ello llegó el final terrible y brutal de esa gran civilización islámica que se había extendido por toda Asia Central, llegando e incluso atravesando las puertas de China.

En Inglaterra, la Reina Victoria, una bastarda de los Hanover, era declarada Emperatriz de la India por su Primer Ministro judío. La capital comercial hindú iba a ser sustituida por Delhi, la antigua capital mogola. Esta elección iba a ser, en ese momento y en el futuro, la declaración de la victoria sobre el dominio islámico por parte de las hordas kafir y mushrik, Inglaterra primero y luego la India hinduista. Dos grupos principales de ‘ulama abandonaron Delhi y establecieron sus bases en dos pueblos: Deoband y Barelwi. Lo que salió de estos dos lugares fueron dos escuelas de fiqh cada vez más diferentes, hasta el punto de llegar a estar en conflicto evidente. Lo que debe ser entendido es que, antes de la caída del ‘Amr islámico, el Sultán en el poder representaba una práctica continuada del fiqh islámico. Lo que ahora salía de estos dos pueblos era un ejercicio académico que carecía de ‘Amr y, en consecuencia y por definición, incapaz de establecer el Din. La realidad es que cuando existía el ‘Amr, había unidad bajo el estandarte hanafi del gran “Fataawa’Al-Amgheeri”, esos seis volúmenes que atestiguan un Islam vivo. Para lograr la restauración del fiqh, la del Din del Islam, lo que era necesario era la restauración del poder islámico en Delhi.

Como resultado de esta dicotomía, y una vez desprovistos del ‘Amr islámico, podemos constatar que entre estos grupos no sólo existe una divergencia cada mayor sino que, de forma bastante apreciable, uno defiende falsas doctrinas con respecto a la shari’at y el otro hace lo mismo con respecto a la haqiqa.

Permítaseme explicarlo con detalle. Los Deobandi, conscientes de que se les había robado el poder político, fueron llevados por una parte de su movimiento a hacer concesiones y establecer acuerdos con los kuffar británicos en el poder. De esta manera, la mitad del movimiento se hundía cada vez más en su búsqueda de la aprobación por parte de Inglaterra, siendo el resultado que abrazase el modernismo. Esto a su vez produjo la sumisión a las prácticas bancarias usureras y el consiguiente empobrecimiento de la India.

La parte restante del movimiento Deobandi, se vió cada vez más atraída por las doctrinas wahhabis cuyo objetivo es endurecer los corazones de los hombres con una doctrina dual en vez de con la unidad del Din. Al abandonar la doctrina islámica aceptada del Tawhid, decidieron enseñar un solo aspecto de la misma –Tanzih– la exaltación de Allah sobre todas las formas. Esto es perfectamente correcto, pero carece de sentido si no se reconoce también el Tasbih que permite afirmar cómo nosotros tomamos prestados Sus Atributos en una especie de modo metafórico contenido en el tiempo y que ha sido explicado con toda lucidez por Al-‘Ash’ari y Maturidi.

El resultado de la rendición de este grupo de los Deobandi es que, hoy en día, la Gran Mezquita de Delhi alberga en su recinto la sede oficial de los wahhabi y su Imam es también pro-wahhabi. Los wahhabi se han infiltrado desde India hasta Sudáfrica y desde allí han sembrado las semillas del suicidio a lo largo de Gambia, Malawi y Zanzíbar. Dondequiera que este grupo ha proliferado, incluida Inglaterra, se les puede ver no sólo defendiendo sino incluso a veces activando las doctrinas del terrorismo. Apoyan y justifican abiertamente la acción del suicida demostrando con esto que se han divorciado por completo del Din del Islam.

Allah el Excelso declara en la Surat al-Ha__:


“Quien piense que Allah no va a ayudarle es esta vida y en la Última
que eche una cuerda al cuello y se ahorque,
y que mire si con esa treta elimina lo que le mortificaba”. (22: 15)

Los Barelwi, privados también de la práctica compasiva de la shari’at, trataron con denuedo de preservar el elemento de la haqiqa, como si pudiera sobrevivir por sí sola sin la Ley. Mientras que el bando opuesto y cada vez más numeroso, los Deobandi, bajo la influencia del wahhabismo parecían primero menguar y luego denigrar la importancia del Mensajero, a quien Allah bendiga y conceda paz, los Barelwi comenzaron a ensalzarlo de tal manera que parecían olvidar que él, a quien Allah bendiga y conceda paz, pasaba las noches en vela haciendo súplicas a Allah, comportamiento que explicaba a una de sus esposas diciendo: “¿Acaso no debo ser un esclavo agradecido?”

Al hablar sobre ma’arifa, Sayyiduna ‘Ali, que Allah ennoblezca su rostro, dijo: “Yo no alcancé a Allah a través de Muhammad. Si hubiese llegado a Muhammad antes de alcanzar a Allah, me habría quedado con él; yo llegué a Allah por Allah”. La función del Shayj en el tasawwuf es guiar al murid hacia Allah. En ma’arifa, el éxito está con quien ha tenido éxito. Así pues, cuando se examinan las silsilas de las grandes tariqas sufíes del subcontinente indio, la cadena del legado ruhani de shayj a shayj, no es de padre a hijo sino de shayj a murid. Se puede ver que a lo largo de la silsila, el shayj que hereda el legado es de otra familia y a veces incluso de otro lugar. Confirmando este hecho, uno de nuestros shuyuj decía: “La excepción confirma la regla”.

Lo que encontramos ahora al examinar estas silsilas es que tras el colapso de la shari’at se produce un inevitable colapso de la haqiqa. Tras la caída de Delhi, esta pretendida transmisión espiritual aparece, de forma repentina, como siendo transmitida de padre a hijo. Dicho con otras palabras: ha dejado de ser el Contrato Divino y se ha transformado en un asunto de familia. Si se visitan las tumbas de los awliya en el subcontinente se verán pruebas de esta afirmación.

El punto que significó la creación de una tierra patria para los musulmanes demostró ser también el punto en el que este colapso de la enseñanza islámica alcanzaba su nadir. Con respecto a este tema es necesario mencionar dos cuestiones. Cada elemento de esta narración proporcionará pruebas evidentes: los factores determinantes ocurrieron por la abrogación de la responsabilidad por parte de los pueblos musulmanes. En primer lugar la gente, y más tarde el principio. Umar Ibrahim Vadillo en su estudio monumental titulado “La desviación Esotérica en el Islam” (disponible en info@madinahmedia.com) en el Apéndice 4: Fechas Políticas, dice: “1947: Nace Pakistán como una reserva india para los pueblos musulmanes de la India. Su primer líder es un ismailita laico: Yinnah, a menudo comparado con Ataturk. La Liga Musulmana Pan-India es el primer modelo exitoso de un partido político a la hora de manipular las masas musulmanas”.

Mientras que en el lado musulmán los protagonistas son ismailitas, shi’a, modernistas y qadiyyani, el poder imperial británico estaba representado por un Virrey que había desertado de su barco y abandonado a sus hombres durante la Segunda Guerra Mundial y que estaba casado con la hija del gran banquero judío que había “creado” el Banco de Egipto, Edwina Cassel. Actuando como amante adúltera de Nehru, ésta última representó un papel importante informando de antemano a los hindúes sobre cambios específicos en el mapa territorial.

El principio sobre el que se fundó Pakistán es peor aún que la gente involucrada en las acciones. Cada vez que en la historia moderna se establecía un tratado que zanjaba una guerra o terminaba una ocupación, éste se definía en relación con el pasado político de la zona en cuestión. La historicidad del terreno había sido siempre el factor determinante. Aquí fue donde el kafir Yinnah y la Liga Musulmana se sometieron a las doctrinas de un modernismo cuyas implicaciones políticas desconocían por completo. Ansiosos de crear una entidad que representase el principio de la democracia política, los Fundadores de Pakistán determinaron su existencia basándose en la existencia de zonas que presentaban una mayoría de población musulmana. Se iba a formar un Estado a partir de un enjambre de urnas, principio que luego tuvo que abandonarse para asegurar que Pakistán quedaría indefenso desde el punto de vista estratégico y la India contaría con las fronteras dominantes. Tras una serie de engaños descarados, el territorio de Cachemira, a pesar de su abrumadora mayoría de población musulmana, fue entregado a la India. En lo más profundo, el largo, lento y eruptivo poder que se desplazaba bajo la frágil corteza de la tierra, hizo estremecerse a las montañas, y en las frescas noches de Srinagar pudieron oírse extraños crujidos entre las colinas.

El intento despiadado de imponer la democracia política a un gobierno musulmán demostró ser un fracaso estrepitoso. Una y otra vez, el ejército de Pakistán tenía que intervenir para salvar al país de una forma de gobierno inadecuada. Al no haberse establecido la Ley islámica, no había un zakat ordenado con el que proteger al pobre, y la necesaria redistribución de la tierra que era la exigencia necesaria para pasar de la economía capitalista-usurera al Zamindar, el sistema justo y exitoso de los Mogoles, nunca tuvo lugar. El país comenzó a caer en la anarquía que sus fundadores hindúes y británicos habían planeado.

La doctrina adoptada para terminar con la amenaza que suponía el Islam en el Subcontinente fue la doctrina del Kemalismo. Bajo un programa de la OTAN, se eligió a un oficial enérgico, pero básicamente estúpido, para que fuera el autor de la des-islamización del pueblo paquistaní. Se le envió a Turquía. Aprendió la lengua. Fue iniciado en los círculos masónicos del ejército turco. Se le enseñó el método kemalista: asesinar a los ‘ulama más prestigiosos. Cerrar las madrasas islámicas por decreto gubernamental. Permitir la entrada al capital extranjero. Prometer paz en las fronteras. Sustituir un ejército-en-las-fronteras listo y dispuesto y una policía pasiva en el interior, por un ejército-en-las-fronteras pasivo y una policía activa (anti-terror) en el interior. Aprovechando un simple pretexto, el general sindi —que no debía lealtad alguna al Alto Mando Punyabi— se hizo con el poder con un coup d’état y luego procedió a la “democratización” utilizando la maquinaria política al uso. En una entrevista, sondearon al Presidente de los EE.UU. para ver si estaba bien informado de los acontecimientos mundiales. Al pedirle que identificara al presidente de Pakistán fingió estar en la más absoluta ignorancia. Es parte del trabajo. Mejor fingir ser políticamente ignorante que parecer conocer las maquinaciones políticas de los amos. Musharraf, el perro kemalista kafir, comenzó a hacer su trabajo de forma obediente. Insultó a su propio pueblo de todas las maneras posibles. Se burló de su propio e impotente Parlamento. Los peores individuos fueron colocados en puestos ministeriales, y esto sucedía en un país dotado de un genio espectacular. El perro ladraba a los paquistaníes y movía la cola ante los indios. De alguna manera tenía que entregar Cachemira a la India. Inició las conversaciones.

Mientras tanto, en lo más profundo, una turbulencia que Allah había estado preparando a lo largo de estos siglos que hemos estado estudiando, comenzaba a llegar al punto de tensión más crítico. La semana pasada, y en el momento justo, Allah hizo que la tierra temblase. Él, glorificado sea, no reconocía una Línea de Control entre las dos Cachemiras. Desde Islamabad y atravesando Cachemira, Allah hizo que la tierra temblara con un poder terrible y destructivo. Allah el Excelso dice en la Surat al-Qasas:


“Y dicen: ‘Si seguimos la guía junto a ti seremos arrancados de nuestra tierra’.
¿Acaso no hemos establecido para ellos un lugar inviolable
donde se hace acopio de frutos de toda clase
como sustento de Nuestra parte?
Y sin embargo, la mayoría de ellos no saben.
¡Cuántas ciudades destruimos por no haber reconocido
el favor en el que vivían!
Ahí están sus moradas,
sólo unas pocas volvieron a ser habitadas después de ellos
y fuimos Nosotros los herederos”. (28: 57-58
)

Es una advertencia terrible. ¿Qué ha revelado el desastre? Ha mostrado que la democracia política es una fantasía que carece de contenido político, de un sistema de poder, de un gobierno que vigile y cuide a todo un pueblo. La democracia política ha menguado la riqueza de la gente y entregado sus productos básicos a la explotación extranjera. Y no es que haya entregado el poder significativo a una persona o a un sistema político, sino que lo ha dado a una fuerza totalmente diferente, a un sistema económico de riqueza global que se ha convertido en algo inaccesible, oculto tras ese cortafuegos que se llama la democracia política. Toda la riqueza de la nación está al servicio de poderes e instituciones extranjeras, y quien en su día fuera el gran Ejército Pakistaní deambula ahora a los pies de los Himalayas buscando un terrorista árabe que había sido iniciado en su camino de destrucción por los Servicios Secretos Pakistaníes y que seguramente ha muerto hace bastante tiempo.

Cuando el terremoto de Allah desató su poder, el perro Musharraf, su miserable gobierno y sus arruinados servicios sociales demostraron ser totalmente inútiles a la hora de salvar o rescatar. Todos los medios de comunicación del mundo estaban de acuerdo —ha sido declarado abiertamente por la CNN, la BBC, Sky y France 2— en que no había nadie al mando. Vuelvo a repetirlo. Pido al Alto Mando del noble Ejército Pakistaní que escuche con atención algo con lo que todo el mundo está de acuerdo: ¡Nadie está al mando en Pakistán! Musharraf no es el sirviente del pueblo paquistaní —y por supuesto que no es el líder del pueblo pakistaní. Allah ha mostrado con un mandato fortísimo Su ira contra los musulmanes de la zona, contra aquellos responsables del bienestar, la seguridad y la protección de la gente común. ¡Nadie está al mando! Hay que hacer algo al respecto.

Todos los demócratas deben desear el derrocamiento del usurpador. Toda las personas cultas deben querer que en lugar del tirano haya un hombre honesto, juicioso y preocupado por los demás. El terremoto no es el desastre. El terremoto es la metáfora de Allah —una metáfora que Él nos ha enseñado con Sus acciones a lo largo de los siglos, y que Él, glorificado sea, ha explicado en el Corán.

El asunto es quién va a asumir la responsabilidad. El asunto pertenece a aquel que teme a Allah y tiene pánico de que se le pregunte por qué no asumió la responsabilidad. Yo no puedo sino creer que entre la gente del Punjab y entre la gente de Cachemira hay personas dispuestas a arrebatarle al usurpador las riendas del poder y restaurar la legitimidad, restaurar el orden cívico y restaurar un Islam activo. Hoy es Niyyat. Mañana es acción.

Allah el Excelso ha dicho en la Surat az-Zumar:


“No han apreciado a Allah en Su verdadera magnitud,
cuando la tierra entera esté en Su puño el Día del Levantamiento
y los cielos plegados en Su mano derecha:
¡Gloria a Él y sea exaltado por encima de lo que asocian!
Se soplará en el cuerno y quienes haya en los cielos y en la tierra
quedarán fulminados con la excepción de quien Él quiera,
luego soplará en él otra vez y quedarán en pie a la espera.
Y brillará la tierra con la luz de tu Señor,
se colocará el Libro, se hará venir a los profetas y a los testigos
y se juzgará entre ellos sin que sufran injusticia.
Cada alma será retribuida según sus obras,
y Él es el que mejor conoce lo que hacen”. (39: 64-67)

 
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