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SOBRE
EL TERRORISMO
por Shayj Dr. Abdalqadir As-Sufi
Primera Parte
El
ateismo-humanismo que ha dominado al mundo durante los últimos
doscientos años, ha entrado ahora en su fase final, la de
un colapso total e inevitable. El historiador alemán Ernst
Nolte, identificó los trastornos del siglo XX como siendo
una guerra civil europea que él dató desde 1914 hasta
1945. Este periodo está caracterizado por la actuación
sonambulesca de tres programas. En el primer estadio, la Primera
Guerra Mundial, contemplamos el suicidio en masa de toda una generación
de hombres europeos en la increíble carnicería de
la guerra de las trincheras. Durante cuatro años la gente
contempló horrorizada los grupos de hombres que corrían,
oleada tras oleada, hacia un muro de balas y metralla, cayendo amontonados
unos sobre otros en el barro de Flandes, impelidos por un aparente
y entusiasta deseo de inmolarse. Los estadios posteriores que dominaron
la mitad del siglo, contemplaron esta vez dos programas masivos
de genocidio, llevados a cabo con ese extraño entusiasmo
con el que, el humanismo sin dios alguno, decide eliminar a los
suyos. Paralelo al, estadísticamente impresionante, genocidio
de judíos y gitanos de Occidente, el logro aún más
impresionante del Oriente, vio el genocidio en masa de toda una
clase social. Una vez identificado como judío o burgués,
la eliminación de la persona era una mera cuestión
organizativa.
En esta época, tuvieron lugar dos cambios profundos en la
sociedad humanista. El final de la Primera Guerra Mundial, vio el
desmantelamiento absoluto del sistema monárquico europeo,
un proceso que había sido iniciado por los ingleses y definido
por los franceses. Así fue cómo el siglo XX se convirtió
en la arena de un Darvinismo social que postulaba que el hombre
había evolucionado de ser gobernado por monarcas ungidos
por la divinidad, a ese nuevo gran logro histórico que era
el Gobierno del Pueblo. El Mariscal Foch había reconocido
con amargura que las guerras de los reyes tenían pocas bajas
porque estaban lideradas desde el mismo frente de la formación
por los monarcas, mientras que las guerras de los políticos
causaban auténticas masacres al estar alentadas desde atrás
por los políticos de la democracia. Hay un hecho que no puede
enfatizarse lo bastante: cuanto más elevada era la retórica
política sobre la gloria de la democracia, --la definitiva
consecución de la independencia humana-- más avanzaba
el Estado moderno hacia un totalitarismo que eclipsaba y sobrepasaba
el control estatal de la era fascista-comunista. A partir de la
segunda mitad del siglo XX, ya no hay calle o carretera que no esté
vigilada por cámaras de vídeo. No hay metro cuadrado
que no esté reflejado en las fotografías de los satélites.
Mientras que el Canciller Hitler se presentaba ante el público
del Ostaria Bavaria de Munich con dos guardaespaldas y unos pocos
amigos, cincuenta años más tarde no hay dirigente
europeo que se exponga ante la gente sin un amplio anillo de seguridad
con el que asegurar su protección. El Estado sabe cuánto
gasta el individuo, cuánto debe e incluso cuánto quiere
gastar. Además de la documentación y control absoluto
del individuo por el Estado, existe ahora un doble proceso de chequeo
que ejerce el sistema bancario y que está basado en el perfil
y la práctica económica de cada individuo.
Si retrocedemos la mirada hacia los últimos cien años,
los logros más destacados de esta anti-civilización,
son sin duda los triples genocidios de la Primera Guerra Mundial,
los campos de concentración, y los Gulag. De hecho, el filósofo
Giorgio Agamben afirma con contundencia, que el módulo que
sirve de icono para la sociedad de nuestros días, es el campo
de concentración. Para los cristianos, la monarquía
investida por la autoridad Divina finalizó con la decapitación
de Charles I. No obstante, sólo fue eliminada totalmente
del ámbito político y social de Inglaterra en 1688,
con el derrocamiento del legítimo gobernante James II y la
decisión, por parte de la aristocracia, de poner en su lugar
a un rey títere importado de Holanda. Todos los libros de
texto de Inglaterra enseñan a los alumnos que ese fue el
año de la Revolución Gloriosa, muy celebrada por haber
sido incruenta. Pero la realidad, es que fue justo lo contrario,
ya que su última convulsión histórica produjo
la brutal destrucción del sistema de clanes de las Highlands
escocesas y la espantosa y genocida Limpieza de las Highlands. Ese
fue el primer paso del nuevo Estado mercantilista y ateo que, cien
años más tarde, iba a propiciar el nuevo genocidio
de las Hambrunas Irlandesas de las patatas. La única e inevitable
realidad de la filosofía humanista, con su mito del Estado
democrático, es que una parte del demos tiene que ser eliminada
de la faz de la tierra.
Este, cada vez más esclerótico, sistema social, cada
año más sobrecargado de leyes y rigideces inhumanas,
está llegando a su condición final, necrológica.
Primero eliminó a su propia élite, luego a una raza
y luego a una clase social. Ese proceso permitió, podría
incluso decirse que ese genocidio allanó el camino, para
la nueva estructura de poder emergente de la oligarquía financiera.
La prueba de este argumento reside en la indiscutible realidad en
la que nos encontramos ahora—un sistema económico mundial
que tiene dos características principales: la presencia del
judentum y la burguesía.
A fin de alcanzar y rematar el estadio final, que en sus alucinaciones
llegan a llamar el fin de la historia, queda todavía otro
genocidio. Y sin embargo, esta última fase, nombre que podríamos
dar esta atrición actual, y que se convertirá en el
control y esclavitud de toda una gente, ya no será por la
raza o por la clase social, sino por la religión. La sociedad
ateo-humanista, armada con sus armas de destrucción masiva
y un inconmensurable poder tecnológico, ha decido declarar
la guerra al Islam.
Si nos basamos en el pensamiento dialéctico de los humanistas,
y según la forma en la que se comportaron en el último
siglo, antes de eliminar a los Musulmanes tienen que describirnos
de tal manera, que sus masas humanistas acaben por confirmar el
diagnóstico necesario y desapasionado que exige nuestra desaparición.
El instrumento elegido para calificar al musulmán de factor
inaceptable, en una sociedad cuyo principio fundamental es la negación
de la adoración Divina, es definirlos como gente comprometida
doctrinalmente con actos de terror y de violencia suicida e irracional.
Teniendo como fondo este escenario, nos vemos obligados a examinar
la aparición de una cultura suicida que se propaga a partir
de Oriente Medio, además de los ataques legislativos en contra
de la educación y los modos sociales de las comunidades musulmanas,
perpetrados por las así llamadas democracias. Esto proporciona
dos dinámicas sociales que deben ser examinadas desde la
posición de nuestra Comunidad Musulmana Mundial: en primer
lugar, el mecanismo y la función del programa terrorista,
en el que supuestamente somos nosotros contra ellos. En segundo
lugar, el encasillamiento estatal, la imposición y el esclavizamiento
social impulsados por los ateistas sobre la práctica civil
musulmana.
Segunda
parte
El
término “terrorismo” ha sido adoptado por los
kuffar y posicionado en el mismo centro de su discurso político.
Debe recordarse que este discurso no es un diálogo, sino
más bien un monólogo. No hay debate. A los medios
de comunicación no sólo se les entrega la perspectiva
analítica, sino también el vocabulario que deben utilizar.
Para ocultar el genocidio de los musulmanes que comenzaba en Bosnia,
tuvo que ser renombrado como “limpieza étnica”.
En esa época, estando en Ginebra con el Dr. Izetbegovic,
comenzamos a oír este término que tanto él
como su equipo rechazaban con violencia. El Dr. Izetbegovic llegó
a decirme: “¡Esto es para que les sea más fácil
matarnos!” En cada una de las informaciones sobre Iraq, los
incidentes terroristas se definen como procedentes del “Triángulo
Sunnita”. Pero en Iraq no hay un Triángulo Sunnita,
por la sencilla razón de que no hay un Islam Sunnita, a no
ser unos pocos centenares de musulmanes heroicos que han logrado
pasar desapercibidos ocultando su Din. El régimen de Iraq
es obra del libanés socialista cristiano Michel Aflaq. Su
objetivo era la creación de un partido que llevaría
a los Estados del Oriente Medio hacia un patrón moderno,
laico y democrático. Hasta justo antes de la Primera Guerra
del Golfo, el dictador iraquí recibía un telegrama
anual de felicitación enviado por el Papa. La Iglesia Católica
vio que el Partido Baath era el medio para la desislamización
de Iraq y, en consecuencia, del Oriente Medio. Al tomar el poder,
la primera acción de Saddam fue la eliminación de
todos los renombrados, y bastante reconocidos, ‘ulama musulmanes
sunnitas. La persecución del dictador contra los shi’a,
no comenzó hasta que se produjo la revolución islámica
shi’a de Irán. Bajo su régimen, los únicos
grupos que pudieron acceder a posiciones relevantes de la élite
tecnocrática, fueron los cristianos y los ateos. La gente
que está ahora involucrada en el terror de Iraq, son esos
cristianos y ateos que han perdido sus puestos. Su llamada a una
guerra sunni-shi’a, es una mera continuación del programa
ateo del régimen anterior; lo que no debemos olvidar, es
que ese régimen fue el regalo que dio a los árabes
el sistema de poder occidental.
Dentro del programa de secularización mucho más amplio
que había sido practicado primero por los Estados europeos
y más tarde por los americanos, el análisis más
inclusivo de estos asuntos, nos obliga a retroceder y estudiar las
estructuras establecidas por los kuffar en el mundo post-Dawlet
Osmanli. Esta perspectiva más amplia, data el comienzo del
genocidio de los musulmanes a partir de los datos demográficos
evidentes que muestran el genocidio de seis millones de musulmanes
cuando se produjo la ruptura de las siguientes provincias del Dawlet
Osmanli: Bulgaria, Macedonia y Grecia.
Así pues, para comprender la situación actual de nuestra
comunidad musulmana mundial, es importante reconocer la existencia
de un ciclo continuado de programas genocidas perpetrado por los
humanistas ateos, a menudo realizados bajo la bandera de la cruz
cristiana. Cualquier intento que se ha hecho para permitir que estos
hechos asombrosos salgan a la luz, ha sido confrontado con declaraciones
escandalosas que nos acusan de querer crear un conflicto religioso.
Veamos lo que dice Justin McCarthy en su libro “Muerte y Exilio”
cuyo tema central es el genocidio de los musulmanes otomanos desde
1821 a 1922:
“A
los otomanos no se les ha reconocido el mérito por su única
y prolongada tradición de tolerancia religiosa. Lo más
irónico, es que tuvieron que pagar un alto precio por ello.
Los extranjeros utilizaron la excusa de la protección de
la que gozaban las millets y las hermandades cristianas como pretextos
para intervenir en los asuntos internos de los otomanos. Los miembros
de las millets cristianas utilizaron este sentimiento de separación
religiosa para crear un nacionalismo anti-otomano”.
En
1861, el historiador George Finlay, al escribir sobre la Guerra
Griega de Independencia que comenzó en 1821, indicaba que
antes de haber pasado dos meses, habían sido asesinados,
sin misericordia ni remordimiento alguno, más de 20.000 musulmanes,
incluidos hombres, mujeres y niños. Dice también,
que la población cristiana había atacado y asesinado
a la población musulmana en todas y cada una de las zonas
de la península.
“Las
torres y las casas de campo de los musulmanes fueron quemadas
y sus propiedades destruidas. (...) Del 26 de Marzo al Domingo
de Resurrección, que ese año fue el 22 de Abril,
se supone que murieron a sangre fría unos 15.000 musulmanes,
y fueron arrasadas cerca de 3.000 granjas o residencias de los
turcos”.
Germanos,
el Arzobispo Griego Ortodoxo, fue quien lanzó el grito del
alzamiento: “¡Paz para los cristianos! ¡Muerte
a los musulmanes!” En Missolonghi, la mayoría de los
musulmanes fueron rápidamente asesinados, pero las mujeres
turcas fueron tomadas como esclavas de las familias griegas más
ricas. Los musulmanes de Vrachroi fueron torturados hasta morir.
Los judíos eran matados tan alegremente como los musulmanes.
Las poblaciones turcas de pueblos y ciudades, eran agrupadas y obligadas
a salir hacia las afueras donde eran masacradas. Finlay sigue diciendo:
“En
Tripolitza y durante tres días, los desgraciados habitantes
musulmanes fueron entregados a la crueldad y la lascivia de una
pandilla de salvajes. No se respetó el sexo ni la edad.
Las mujeres y los niños fueron torturados antes de matarlos.
Tan enorme fue la matanza, que el rebelde griego Kolokotrones
dijo que, cuando entró en la ciudad, y desde la misma puerta
de la ciudadela en adelante, su caballo jamás llegó
a tocar el suelo. Su camino hacia el triunfo estaba alfombrado
de cadáveres. Pasados dos días, los pocos y aterrados
musulmanes que quedaban fueron agrupados, en una cantidad cercana
a las dos mil almas de diferente sexo y edad, pero principalmente
mujeres y niños; luego, fueron conducidos a un barranco
de las montañas vecinas donde se les sacrificó como
si fueran ganado”.
El
distinguido historiador contemporáneo, Justin McCarthy, expone
este tema en su importante libro, “Muerte y Exilio”,
un estudio sobre la limpieza étnica de los musulmanes otomanos
entre 1821 y 1922.
“En
cada una de las guerras de los siglos XIX y XX, los musulmanes
fueron masacrados y expulsados de sus hogares. Millones de musulmanes
murieron y millones fueron exiliados. La reducción del
territorio musulmán y las expulsiones, han sido acontecimientos
históricos frecuentes, y presentan una imagen histórica
de continuidad”.
Un
investigador británico, Cullen, al estudiar la situación
de los refugiados musulmanes dependientes de los Poderes Europeos,
declaraba en el Congreso de Berlín: “La única
conclusión a la que puedo llegar, es afirmar que los rusos
están implementado una política de exterminio de la
raza musulmana”. Desde el Cáucaso hasta Bulgaria, una
masacre sistemática y devastadora tuvo lugar en los años
1860 y 70. Al hablar de los asesinatos en masa de Bulgaria, McCarthy
escribe:
“Ejemplos
de las atrocidades infligidas a los turcos de Bulgaria, llenan
los textos de la literatura diplomática con detalles gráficos
de asesinatos en masa, violaciones y pillaje. Tras comentar el
expolio y los ultrajes nocturnos cometidos en un pueblo, un representante
británico comentaba: ‘Estos casos no son la excepción,
sino más bien la regla’. Los observadores europeos
(periodistas del Morning Post, Times y Daily Telegraph) vieron
en el pueblo de Oklani (Lagahanli) 120 cadáveres turcos
tirados en el suelo a plena luz del día; en este mismo
pueblo, las mujeres turcas habían sido encerradas en las
casas, violadas durante un periodo de diez días y luego
quemadas vivas. En algunos casos, los búlgaros eran admitidos
en el ejército ruso donde se les daban armas y uniformes
y eran utilizados para perseguir a los turcos”.
En
el informe del Ministerio de Asuntos Exteriores británico,
N.º 195-1184, de Calvert a Blunt, Philippopolus, 10 de Marzo de
1878, se dice:
“Cuando
los rusos tomaron Philibe, todas las casas turcas de la ciudad
fueron completamente saqueadas –incluidas las puertas y
los marcos de las ventanas. Las mezquitas fueron convertidas en
letrinas de uso público”.
En
el informe del Cónsul General Fawcett a Layard, Constantinopla,
9 de Julio de 1878, se recogen las palabras de Cullen, el representante
británico:
“Los
informes periódicos que recibo y que describen las crueldades
rusas y búlgaras, son lo más atroz que he oído
en toda esta espantosa guerra, a pesar de que, como usted bien
sabe, ya he visto demasiado. La única conclusión
a la que puedo llegar, es que los rusos están llevando
a cabo una política de exterminio de los musulmanes”.
La
investigación demográfica de McCarthy, terrorífica
e irrefutable, presenta las terribles estadísticas que hablan
de la muerte de millones de hombres, mujeres y niños musulmanes,
la destrucción de sus hogares y mezquitas, su ganado y su
forma de vida. El mismo McCarthy admite:
“Las
estadísticas no son indicadores precisos de la horrible
pérdida. Sólo sirven para esbozar la enormidad del
sufrimiento humano. (...) No obstante, las estadísticas
nos dan una muestra del alcance de las pérdidas musulmanas”.
Científico
escrupuloso y, tal y como explica con todo detalle, McCarthy siempre
tomó las estimaciones demográficas más bajas.
No obstante, aquí está la conclusión de lo
que él considera la estadística mínima indiscutible:
McCarthy reconoce e insiste, que si se hubiesen tomado las estadísticas
más elevadas, las cifras finales de mortalidad y migración
se habrían visto incrementadas en millones.
La segunda mitad del siglo XX ha sido testigo de un mundo incesantemente
apaleado con la, sin duda asombrosa y ahora recitada de memoria,
estadística de los seis millones de judíos asesinados.
Se han gastado enormes sumas de dinero, se ha humillado e insultado
a los alemanes, y se ha aporreado al resto del mundo con la culpa
de este horrible crimen, incluidas las familias europeas que murieron
para salvarlos. Y sin embargo, hasta la publicación en 1995
de “Muerte y Exilio”, la muerte de cinco millones y
medio de musulmanes, una estadística que nos hace remontarnos
en el tiempo hasta 1922, no había sido reconocida. Todavía
no existe un cálculo científico del genocidio ocurrido
en la antigua Yugoslavia y el interior de Albania, sin mencionar
siquiera el continuado horror de los asesinatos y violaciones perpetrados
por los rusos en el Cáucaso, y contemplados con la aprobación
y el silencio de los servicios de inteligencia americanos y europeos.
El libro de McCarthy, cuya lectura recomendamos con insistencia
a los intelectuales musulmanes, ha sido publicado por Darwin Press,
Inc., Princeton, New Jersey (ISBN 0-87850-094-4)
Nota: La mayor parte de las víctimas militares y parte de
las civiles no están incluidas.
Enmarcada en este escenario, la masacre de Srebrenica no puede ya
considerarse una aberración del mando militar ni de la ineptitud
de la ONU, sino más bien, la continuación de esta
misma política. Durante el tiempo que pasé, tanto
en Granada como en Estambul, con el General Alagic, el capaz y valiente
líder bosnio, me puso de manifiesto que la única razón
de la intervención de los EE.UU. en Bosnia, había
sido constatar que el ejército bosnio musulmán estaba
ganando la batalla. Con respecto al vergonzoso Acuerdo Dayton, le
hice una pregunta: “¿En las reuniones del Dayton, en
las que se firmó el acuerdo, cuántos mandos musulmanes
del ejército asistieron a las conferencias?”. El General
Alagic miró a sus compañeros dejando que las repercusiones
de la respuesta fueran sentidas por todos los presentes. ¡Ninguno
de los mandos militares había podido decir una palabra en
el, así llamado, proceso de paz!. La resistencia musulmana
que había combatido, muerto y visto a sus familias masacradas,
no pudo decir una sóla palabra sobre lo que iba a seguir
a continuación. El resultado es un calco perfecto de la política
que McCarthy había descrito en el periodo anterior –la
reducción de la población musulmana al estatus de
simple minoría y el sometimiento a la autoridad de un consejo
capaz de derogar las pocas decisiones que los musulmanes pudieran
tomar. Por encima de los musulmanes de Bosnia y hasta nuestros días,
existe un Gauleiter, cuyos primeros miembros eran judíos,
tal y como ahora ocurre en Iraq.
El General Alagic publicó un libro en el que denunciaba abiertamente
a los asesinos de su pueblo. El libro fue confiscado y el autor
acusado de fomentar la división étnica. Imaginemos
este mismo principio aplicado a la industria holucáustica
de la caza de nazis que hoy se practica en Europa. La ópera
cómica protagonizada por el Tribunal de Crímenes de
Guerra de la Haya, ha fracasado miserablemente a la hora de detener
a alguno de los principales criminales, sin mencionar siquiera la
gran cantidad de asesinos de sobra conocidos. Y sin embargo, el
General Alagic fue arrestado y acusado de crímenes de guerra.
Antes de su detención, y en su propio país, el judío
Gauleiter le había depuesto de su cargo de Alcalde de Sanski
Most, donde había sido elegido democráticamente. ¿Hay
alguien interesado en la democracia? Tras su detención, el
juicio fracasó, en parte por falta de pruebas y en parte
por el fundamentado temor de que los musulmanes bosnios, ahora tan
trágicamente apáticos, ya habían tenido suficiente.
La enormidad del horror de la Guerra de Bosnia no está recogido
en los informes que hablan de las atrocidades serbias. Lo que debe
ser entendido, es que las fuerzas de ocupación kafir en los
Balcanes, y esto también se refiere de forma dramática
a Kosovo, son parte del proceso de ultrajes perpetrados contra la
población musulmana. Mi propia esposa fue a Sarajevo, acompañada
por un grupo de mujeres murabitun; su objetivo era examinar la situación
de las mujeres en la postguerra, así como los daños
causados por la ruptura de los hogares, la tortura, las violaciones
y la pérdida de los hijos. Uno de los casos, entre otros
muchos que ocurrieron, es el siguiente:
REPUBLICA DE BOSNIA Y HERZAGOVINA
OFICINA DEL FISCAL MILITAR DEL DISTRITO
SARAJEVO
NÚMERO KTV-III 230/92
TRIBUNAL MILITAR DEL DISTRITO
Sarajevo
Según el Artículo 5 del Reglamento con efecto legal
de la oficina del fiscal militar del distrito (Official Gazette
de R B&H, n.º 12/92), artículo 45, párrafo 2,
ítem 2 de la Ley de Procesos Criminales, artículo
157, párrafo 1 y artículo 158, párrafo 1 de
la Ley de Procesos Criminales en relación con el artículo
517 de la Ley de Procesos Criminales aceptada como Ley de la República
por Reglamento con efecto legal que sustituye a la Ley de Procesos
Criminales (Official Gazette de R B&H, n.º 12/92) en el caso
de peligro de guerra o estado de guerra, y por medio del presente
documento hago saber:
DEMANDA DE JUICIO LEGAL
CONTRA: GENERAL MACKENZIE, jefe de las fuerzas de paz de la ONU
para la República de Bosnia y Herzegovina, con base en Sarajevo.
Durante su estancia en la República de Bosnia y Herzegovina,
y en calidad de jefe de las fuerzas de paz de la ONU, entró
en el territorio controlado por el agresor, e.d. las fuerzas serbo-chetnik,
donde existían campos de concentración y prisiones
para la población civil contrarios a la Convención
de Ginebra. Como jefe militar, se dirigió al campo de concentración
de mujeres de Sonja en Vogosca, campo dirigido por Vlaco Branislav,
del ejército serbio, y por el Jefe Miro Vukovic. En este
recinto permaneció una media hora.
Llegó al campo en un vehículo de transporte marcado
con el distintivo de las Naciones Unidas, y acompañado por
dos escoltas de las fuerzas pacificadoras. El general eligió
cuatro jóvenes musulmanas y se las llevó en su vehículo
para violarlas. Estas jóvenes habían sido capturadas
y traídas al campo de mujeres donde habían sido obligadas
a prostituirse, habían sido violadas y habían sufrido
otros tratos inhumanos. MacKenzie conocía la existencia de
ese campo y que contravenía las disposiciones sobre la protección
de civiles en caso de guerra. Conocía además los tratos
inhumanos infligidos en el campo, también contrarios a la
ley internacional. A pesar de todo, fue al campo de concentración
y se apoderó de las jóvenes que no tuvieron posibilidad
de defenderse. Aprovechándose de la situación de las
jóvenes mencionadas, abusó de ellas y las violó
para satisfacer su lujuria personal. Con esta acción contravino
la ley internacional, y la Convención de Ginebra y sus instrucciones
con respecto a la Protección de Civiles durante la Guerra.
En consecuencia, ha cometido un crimen de guerra contra la población
civil, Artículo 142 del Código Criminal de la SFR
de Yugoslavia, aceptada como Ley de la República por Reglamento
con efecto legal por el Código Criminal de la SFR de Yugoslavia
(Official Gazette de R B&H, n.º 2/92)
Firmado, el Fiscal Militar del Distrito
Bisic Mustafa
Con todas esas pruebas y con las víctimas capaces y dispuestas
a prestar declaración, era un caso irrefutable de violación
cometido por uno de los llamados pacificadores. La respuesta de
la OTAN a este suceso, el crimen del General-Mayor Lewis MacKenzie,
fue concederle la inmunidad y enviarlo a Canadá.
Para los musulmanes inteligentes, ya resulta evidente a estas alturas
que la categoría de los derechos humanos, es un simple apeadero
en el camino a la eliminación, y no una forma de justicia
más elevada. Mientras tanto, esperamos que las mujeres musulmanas
y los grupos feministas puedan identificar a este criminal, presentando
el caso en su comunidad de residencia, exigiendo el cese de esa
inmunidad totalitaria y su juicio inmediato.
No tenemos más remedio que admitir, por mucho que nos duela,
la existencia de una política sistemática que se remonta
a 1821 y que aún existe en nuestros días. Y es precisamente
ahora cuando el éxito y el horror de estas intrigas están
alcanzando su masa crítica. El suceso fundamental de este
programa organizado, esporádico, de localización diversa,
pero siempre siguiendo una política idéntica, fue,
nada más y nada menos, que el colapso del Califato y el desmembramiento
del Dawlet Osmanli. Esta es la razón de que uno de los capítulos
más terribles de esta masacre tuviese lugar en pleno territorio
musulmán, en Turquía, donde el dictador, probablemente
dönme, Mustafa Kemal, instauró un programa manifiesto
para la abolición del Din del Islam. Para dar cumplimiento
al programa de abolición del Califato de la secta dönme
herética-judía, de poner fin al Islam como religión
de ámbito mundial y de colocar a uno de los suyos en el trono
Califal, Kemal cometió un crimen casi único, puesto
que Stalin también lo había cometido: la eliminación
del lenguaje Osmanli y su forma de escritura, acabando así
con la historia intelectual y la consciencia de la cultura Osmanli.
Cerró las tekkes sufis y ejecutó a los shuyuj. Esto
fue una política que después iba a ser practicada
con asiduidad por el rey títere de Arabia entronizado por
los británicos.
Esta política continúa hoy en Paquistán. Siguiendo
instrucciones de los EE.UU., el dirigente paquistaní de nuestros
días, que subió el poder con un golpe de estado, rápidamente
reconocido como legítimo por la Unión Europea y los
EE.UU., ha ordenado el cierre de cientos de madrasas islámicas
y el encarcelamiento de cientos de ‘ulama, cuyo único
crimen era la enseñanza del Din del Islam. Esto nos permite
afirmar, que la política militante contra el Islam no ha
decrecido con los años, sino que incluso ha aumentado. En
Rusia, desde los tiempos de la Revolución hasta el colapso
del comunismo, los traslados masivos de musulmanes del Cáucaso
y Tataristán están de sobra documentados para nuestro
estudio. Tal y como demuestran las investigaciones de McCarthy,
los traslados masivos de población, son una actividad paralela
a los asesinatos en masa. Tras el colapso del comunismo, esta persecución
en los grandes Stans del Asia Central, apenas se ha visto alterada.
En Uzbekistán, cuyo presidente es un judío que cambió
su nombre al de “Islam”, la actividad primordial, y
casi exclusiva, de la policía es la persecución y
tortura de los musulmanes. En la vecina China comunista, el genocidio
de los Uighurs continúa día a día, observado
con total indiferencia por el Secretario General de la ONU, personaje
pacifista y de voz suave. Estos crímenes son perpetrados
en un escenario político de silencio y aceptación
totales.
En 1963, en la isla de Chipre tuvo lugar lo que iba a ser el “ensayo
general” de la OTAN para el genocidio de los Balcanes. A las
2.10 a.m. del sábado 21 de Diciembre del año 1963,
comenzó el planeado exterminio de los musulmanes de Chipre.
Cuando el general griego Ionnides depuso al Presidente Makarios,
y mientras que estos dos griegos luchaban por el control de Chipre,
se puso en marcha en las semanas siguientes un plan militar documentado
y preparado por la Guardia Nacional Greco-Chipriota. El objetivo
de este plan, era el exterminio de la población turca de
la isla. Cada pueblo y cada enclave musulmán tenía
que ser destruido. Lo más preocupante, era que el plan exigía
el adoctrinamiento y organización de la población
civil greco-chipriota para que participase en la matanza. Y así
fue cómo, de 1963 a 1974, tuvo lugar la persecución
y el asesinato de hombres, mujeres y niños musulmanes, en
ese escenario del alzamiento instigado por los griegos para garantizar
a Chipre la unión con Grecia. Pero el golpe de estado griego
en Chipre no tenía como único objetivo la unión
con Grecia, sino también la Solución Definitiva a
la presencia musulmana en la isla. El plan tenía el nombre
cifrado de Iphestos (volcán) 1974, y era definido como una
operación SEA (Seguridad Interior). No involucraba a Turquía
en absoluto, era un asunto interno. Los greco-chipriotas mataban
y los turco-chipriotas morían.
El Comandante Haralambos Hios de la Guardia Nacional, había
dado instrucciones a las siguientes unidades: los Batallones de
Infantería 256 y 276, los Batallones de Reserva 222, 261,
306, 316, 321, 366 y 391, el Batallón de Artillería
183, los Batallones Antitanques 173 y 190, el Batallón de
Comunicaciones 47 y otras fuerzas de reserva. Estos, a su vez, pasaron
las órdenes a las unidades bajo su mando especificando los
nombres de las zonas turcas que debían “limpiarse”.
Ya desde el comienzo, la operación genocida demostraba ser
llevada al unísono con el Alto Mando Militar de Atenas, el
cual, no debemos olvidarlo, era un miembro obediente de la OTAN.
Las órdenes empezaban diciendo: “Esta iniciativa para
iniciar las operaciones, está propiciada por el Estado Mayor
de la Guardia General, y cuenta con la aprobación del Gobierno
de Chipre y el Cuartel General de las Fuerza Armadas Griegas”.
En 1974, el Gobierno de Chipre era totalmente griego y en consecuencia
ilegal según las cláusulas de la Constitución
de 1960. Ilegal o no, se convirtió en el gobierno reconocido
de la isla. Y este gobierno, reconocido por la ONU y la OTAN, había
autorizado el genocidio de la quinta parte de su población.
El periodista del Mail, Tim Sebastian, en el número publicado
el domingo 25 de Febrero de 1996, y al comentar que los crímenes
de guerra en Bosnia estaban siendo ignorados, dijo que un funcionario
de los Estados Unidos le había dicho: “Las naciones
occidentales tienen que evitar a toda costa la palabra genocidio
–la palabra “G”—razón de que se llamara
limpieza étnica. No podía llamarse genocidio, porque
ello exigiría que debían actuar según los Estatutos
de las Naciones Unidas. Tenían que hacer algo para impedirlo.
El genocidio había sido precisamente el motivo para la constitución
de las Naciones Unidas”. La documentación más
exhaustiva sobre el planeado, y en parte ejecutado, intento de eliminación
de la población musulmana de Chipre, puede encontrarse en
“The Genocide Files” por Harry Scott Gibbons, Charles
Bravos, Publishers, London, (ISBN 0-9514464-28).
Tercera
Parte
Ahora
que ya hemos establecido una continuidad irrefutable de la práctica
y aplicación del genocidio sistemático de los musulmanes,
es cuando podemos al fin desvelar el verdadero significado de este
extraño ingenio, la Guerra Contra el Terror. Recordemos que
este genocidio continuado debe compararse con dos acontecimientos
catastróficos: el desmantelamiento del Dawlet Osmanli, la
única sociedad exitosa multiétnica y multicultural,
y la destrucción del Dawlet Mogol y el vergonzoso crimen
perpetrado por los británicos en la persona del último
Emperador Mogol, además del obsceno y pervertido asesinato
de sus hijos delante de un regimiento británico. A la luz
de la historia, tal y como ahora la entendemos, la partición
de la India puede considerarse como un intento casi exitoso de acabar
con el Islam en el subcontinente de una vez por todas. La verdad
es que hemos sido llevados a una situación intolerable. Nuestros
enemigos han establecido una dialéctica que nos obliga a
ser la tesis, a punto de ser destruidos, o la antítesis,
cómo suplantar lo anterior, produciendo una síntesis
que es, ni más ni menos, la abolición del Din del
Islam. Dicho con otras palabras, estamos atrapados entre el “terrorismo”
y la “tolerancia”, un escenario cuyo resultado es un
Islam reducido al papel de religión interior y privada, con
sus propias fiestas y formas de adoración; lo que le diferencia
de los cristianos, budistas y judeistas es la estética, puesto
que todos están en la misma lavadora. En la actualidad sólo
tenemos la versión del terror que presentan los medios de
comunicación. Para el musulmán inteligente, la tentación
es no creer en ello y recurrir a la teoría de la conspiración.
Pero éste es, una vez más, uno de los procedimientos
de la técnica kafir. Si mencionamos la palabra conspiración,
se nos reduce al mero estatus de categoría psiquiátrica.
Esta es la razón de que, por molesto que nos pueda parecer,
tenemos que examinar la cuestión del terrorismo con un desapego
absoluto. Tenemos que mirar con frialdad esta llamada programática
a la guerra contra el terrorismo.
La versión oficial, es que un cuerpo organizado de musulmanes
radicales, fundamentalistas, que más adelante serían
identificados como wahhabis, se habían puesto en pie de guerra.
Y sin embargo, no constituían una entidad que pudiera definirse
como comunidad cívica, esto es, hombres mujeres y niños,
cuya rama militar había decido dar ese paso. El escenario
había sido preparado para la Era del Terrorismo con el fenómeno
Bin Laden y sus actividades en Sudán y luego Afganistán.
Lo que se deduce, es que ya desde el principio de este asunto existe
una ambigüedad. Todo el mundo sabe que Bin Laden era un agente
entrenado por la CIA que operaba en Afganistán. Todo el mundo
sabe que pertenece a una familia adinerada del régimen Saudita,
que actúa casi como una pretendida realeza. Todo el mundo
sabe que el gobierno Sudanés expulsó a Bin Laden;
antes de la expulsión se lo habían ofrecido a los
EE.UU., pero lo rechazaron. Un corresponsal del periódico
francés Le Figaro, informó de cómo un agente
de la CIA local salía de la habitación de Bin Laden
en un hospital de los Emiratos Arabes Unidos. Esta extraña,
y sin embargo pública, relación de acontecimientos,
se vuelve confusa cuando Bin Laden regresa a Afganistán.
Ese es el momento en el que un grupo militar de bajo nivel, formado
por combatientes afganos y paquistaníes, los llamados Talibán,
aparecen en escena. Una vez más, lo que ya se sabe y goza
del reconocimiento público, es que los Talibán eran
la creación del ejército y el servicio de inteligencia
de Paquistán. Esto significa, por supuesto, que Musharraf
era un socio activo del proceso.
En esa fase es cuando toda una serie de hebras diferentes de la
doctrina islámica se encuentran representadas en las fuerzas
convergentes que existen en torno a los Talibán. Estas fuerzas
tienen dos elementos desviacionistas, aunque definitivamente islámicos.
Por un lado, está el movimiento de los ‘ulama conservadores
de la Escuela de Deoband. No todos los musulmanes de hoy en día
son conscientes de que los Deobandi, y los Berelvi, son dos grupos
islámicos que se formaron en dos pueblos fuera de Delhi,
tras el colapso del ‘Amr Mogol que forzó su abandono
de la capital para establecerse en esos dos lugares. Y así
fue cómo los ‘ulama Deobandi abandonaron, paso a paso,
el Din correcto instaurado y definido por el Sultán Aurangzeb
en su gran obra compiladora “Futuwa al-Amghiri”. Estos
‘ulama comenzaron a construir un fiqh sin ‘Amr, dejándolo
sin poder, pero deseando tenerlo. Mientras tanto, los ‘ulama
Berelvi experimentaron una regresión con respecto al poder
político, elevando en su lugar un poder espiritual que procedía
de los awliya ya fallecidos. Si miramos hacia atrás, podría
afirmarse que los Deobandi se sentirían atraídos por
la desviación modernista, tan desastrosamente casada con
el wahhabismo. Una mezcla vertiginosa y letal formada por un wahhabismo,
--que en ocasiones había declarado su enemistad al Rasul,
a quien Allah bendiga y conceda paz, lo que lo convertía
en un anti-Islam militante--, unida al celo reformista, que imitaba
al wahhabismo y que también vibraba con simpatía hacia
su cruel puritanismo. El modernismo fue quien abandonó las
estrictas reglas del _ihad, haciendo posible, de alguna manera,
que se asesinasen a civiles musulmanes al mismo tiempo que al enemigo
kafir.
Antes de continuar, debemos mencionar al Mullah Omar. Este individuo
se había autoproclamado Amir al-Muminin. No hizo intento
alguno por unificar a los musulmanes. No tomó bayats en público.
Casi no recibió delegaciones. Los castigos que impuso en
Afganistán iban de lo exagerado a lo indefendible. Ni llamó
al Islam ni recaudó el zakat. Cuando se vio claramente que
el resultado de sus políticas significaban la destrucción
de Afganistán, la mayoría de los ‘ulama exigieron
su expulsión del país.
A fin de poder arrojar alguna luz sobre ese tenebroso periodo, debe
mencionarse que los Talibán fueron invitados a enviar una
delegación a la 7.ª Conferencia Internacional de Fiqh celebrada
en Pretoria los días 29 y 30 de Septiembre del 2000. Los
musulmanes querían saber cuál era su postura. Enviaron
una delegación de tres personas: una pertenecía a
su Ministerio de Asuntos Exteriores, otra era un traductor y la
tercera, un miembro de los servicios de inteligencia paquistaníes.
Esgrimieron el argumento de que no podían expulsar a Bin
Laden porque era un invitado. Cuando se mencionó que no debía
defenderse a un invitado que podía causar la destrucción
del país, eludieron la cuestión. Yo les advertí
personalmente de que si seguían dando asilo a ese individuo,
su país sería invadido y destruido. Les llegué
a sugerir que si Bin Laden estaba tan comprometido con sus ideas,
lo mejor sería devolverlo a Arabistán. La única
conclusión que pudo obtenerse de esas reuniones fue que,
de alguna manera, la unión entre el Mullah Omar y Bin Laden
estaba fuera del alcance de los propios afganos. Conforme se desarrollaba
la situación, las complejidades empezaron a manifestarse.
Lo que ahora teníamos, era un Emir en apariencia y un líder
guerrillero también en apariencia. Parece también
que el Emir dependía económicamente de Bin Laden.
En un momento determinado, que no he podido identificar, a los paramilitares
de los Himalayas se les dio el nombre de Al-Qaeda. Todos los nombres
de ese liderazgo han surgido de los informes emitidos por el Departamento
de Estado de los EE.UU., que siguieron al suceso icónico
de la destrucción de las torres gemelas.
El primer shock para todo el mundo, incluidos los musulmanes, fue
que el grupo que destruyó las torres procedía casi
por entero de la Arabistán sometida al control Saudita. Este
es el momento en el que tenemos que comprender la extraña
ambigüedad utilizada por los medios de comunicación
cuando examinan el fenómeno Al-Qaeda / Redes de Terrorismo
Islámico. En este punto es cuando apareció en escena
un grupo lamentable y mal informado, la manada mediática
de especialistas y expertos en terrorismo, utilizando una jerga
que mezclaba de forma curiosa el vocabulario del Departamento de
Estado y el lenguaje sociológico de las universidades de
segunda clase. Sus peroratas en las principales cadenas de TV eran
diarias, sabiendo, al menos en apariencia, más de las situaciones
internas de las comunidades musulmanas del mundo, e incluso del
mismo Din, que todos nosotros juntos. En los pasos siguientes, han
guiado y han sido guiados, jadeantes, fomentando y propagando un
aparente discurso antiterrorista que es, en realidad, una política
anti-islámica bastante manifiesta.
Antes de formular la pregunta crucial, desde el punto de vista estratégico,
tenemos que reconocer un hecho sumamente extraño; los que
lean esto confirmarán sin duda la verdad de la cuestión.
Bin Laden, Al-Qaeda, los nombres de los terroristas fallecidos,
la Lista de los más Buscados... Excepto Ben Laden, a los
demás ninguno de nosotros los ha conocido o ha oído
jamás hablar de ellos en alguno de los círculos islámicos
del mundo entero. A pesar de ser dos mil millones, la realidad es
que nuestros líderes de las diferentes naciones son conocidos,
tanto de forma general como con todo detalle. Conocemos a todos
los grupos, conocemos a todos los dirigentes islámicos, conocemos
a los sufis correctamente guiados, a los sufis desviacionistas como
los Nazimis, conocemos a los Ijwan, a los modernistas, a la _amaat
al-Islamiyya; conocemos incluso a los Tablighi, esos destructores
del Din. En resumen, nos conocemos todos, y con nuestra credulidad,
que es una virtud, y nuestro consentimiento, que es un vicio, lo
vimos todo desplegado frente a nosotros. Y sin embargo, con la aparición
de estos individuos y su, casi mítica, proyección
de una organización, --que parecer seguir la descripción
científica de la física nuclear en la que el átomo
puede ser percibido bien como partículas o como ondas, pero
nunca como las dos cosas al mismo tiempo-- se nos ofrece una Al-Qaeda
que tiene una red central y también una red de células
autónomas.
Desde aquél primer y horrible acontecimiento, debe notarse
que nada ha ocurrido en realidad. Tras el suceso de New York, sólo
es posible registrar una ola cada vez menor de actos terroristas,
con la excepción de la bomba de Bali. Con respecto a este
tema, debo informar que he sido asegurado por dirigentes políticos
de Indonesia, que el atentado no fue obra de indonesios. En este
mismo sentido, los líderes sufis chechenos, que conocen de
sobra los movimientos de los activistas wahhabis, es decir, los
que arruinaron la victoria sufi de la Primera Guerra Chechena, afirman
de forma categórica que los chechenos no pusieron las bombas
en el metro de Moscú, sino que la autoría corresponde
a la versión actual de la KGB, que es, no lo olvidemos, el
sistema de poder que impera en la Rusia de nuestros días.
Todo lo que le queda a los expertos, es apuntar hacia ese desgraciado
inglés portador de una bomba en el zapato, que parece ser
un mero retrasado mental. Al tratar de mantener la, cada vez más
imaginada, amenaza de un futuro ataque terrorista, ha sido necesario
incrementar la ansiedad pública con la suspensión
de vuelos a los EE.UU.; irónicamente, ¡sólo
uno de los vuelos suspendidos afectaba a un avión americano!
Lo dicho hasta ahora nos conduce a una nueva dimensión de
la “Guerra contra el Terror”. En el interior de los
EE.UU., si dejamos a un lado las víctimas mortales y el sufrimiento
de las familias producido por la destrucción del World Trade
Center, y recuérdese que es una estadística muy inferior
a la de los muertos en Hiroshima y Nagasaki, el resultado real del
ataque terrorista ha sido una legislación asombrosa que ha
borrado doscientos años de la tan cacareada libertad civil
y las reglas de la sociedad abierta que han gobernado los EE.UU.
Sirvió también para introducir e instituir una persecución
policial pública y secreta del creciente número de
millones de musulmanes residentes en los EE.UU. No debe olvidarse
que Islam es la religión dominante en la comunidad negra
y en las prisiones del país, además de ser una religión
que aumenta su presencia en la comunidad Hispana. Esta es la razón
de que no podamos afirmar la existencia de una guerra contra los
EE.UU. o la Unión Europea; en esta última, por ejemplo,
Islam ya es la religión dominante.
Llegamos ahora a la cuestión crucial desde el punto de vista
estratégico. Una vez seguidas las reglas de nuestro fiqh,
y una vez identificado cuál es el tema que nos ocupa, tenemos
que hacernos una pregunta que sea como una palanca que levante el
asunto y señale hacia una dirección determinada que
nos conducirá a la resolución del asunto. La pregunta
que debemos formular es: ¿Quién se beneficia del acto
terrorista?
Esta era la pregunta que se hacía Dostoevsky cuando se enfrentaba
al terrorismo de los nihilistas que se oponían al régimen
del Zar. La respuesta que dio, fue que era una realidad que contenía
otra realidad. Los que estén interesados en la visión
clásica del terrorismo, pueden referirse a su obra maestra
sobre el tema, “Demonios”, en la traducción al
inglés de Pevear y Volokhonsky publicada por Vintage en 1994.
En la situación actual, no hay nada que convierta en desfasado
su ya clásico análisis que afirma que los terroristas,
son un grupo mixto de inadaptados y marginados sociales que siguen
la filosofía del nihilismo. Por este motivo, ni las vidas
de sus víctimas ni las suyas propias tienen importancia,
ya que la única transcendencia es la que confiere el acto
nihilista de la aniquilación. Esta verdad está a su
vez contenida en una realidad mayor: el acto nihilista no pertenece
a una fuerza de transformación o cambio social, sino que
está engendrada, está necesitada por y garantiza la
supervivencia del, Estado tiránico. Dostoevsky vió
que el régimen zarista, y la aparente anti-fuerza de los
nihilistas, eran una realidad compartida sin esperanzas de futuro.
Era una garantía de una mutua destrucción.
Lo que ahora nos encontramos son de nuevo dos grupos. Por un lado,
los políticos del sistema de poder oficial de los EE.UU.,
desde la impotente figura de sonrisa afectada que es su presidente,
un alcohólico sin reconstruir, hasta la cohorte de las altas
finanzas, la industria y las inversiones que se agrupan a su alrededor
como si hubiesen sido elegidos por una especie de agencia de reparto
cinematográfico viciosamente antisemita. En el otro, los
sombríos personajes de ese terrorismo mundial que, examinados
más de cerca, son un grupo igualmente dudoso y mal informado,
los detritus de un mundo árabe empobrecido y amargado que
ha dado la espalda al Din del Islam y al que se le ha negado la
entrada en el glorioso club del consumismo kafir. Ambos grupos representan
una realidad política que es la última fase del humanismo,
ese humanismo cuya especialidad es el genocidio de una parte de
su gente, ese humanismo que es ateo, anti-mujer y pro-usura.
Resumiendo; nos encontramos en una situación en la que los
kuffar han declarado abiertamente la guerra contra el Islam. Su
arma más poderosa en este momento, igual que ese bombardero
que es invisible cuando vuela bajo el alcance del radar, se abalanza
sobre nosotros por debajo del alcance de la inteligencia y la razón.
Lo llaman terrorismo. Los kuffar tienen toda la tecnología,
todas las armas y la sumisa coalición de los ejércitos
de los países endeudados. Lo que se deduce, es que aunque
ellos dominan el poder de la técnica, nuestra victoria no
puede basarse en los medios militares ni en el falso dinero kafir.
Debemos recordar que el Rasul, a quien Allah bendiga y conceda paz,
aceptó la entrada de un delincuente en el Islam, pero dejó
bien claro que no podía dejarle entrar con el dinero haram
que había obtenido. Todo lo que han conseguido los terrorista
isma’ilitas desviacionistas, ha sido comprado con dólares
de los EE.UU.
Tenemos que tomar un camino que vaya más allá del
“terror” y la “tolerancia”. Debemos rechazar
esta dialéctica que produce esa síntesis que nos reduce,
ni más ni menos, al papel de entrar en ese gran centro comercial
y ser los colegas consumidores de los kuffar.
Una vez que hayamos comprendido la situación que se ha esbozado
en este texto, entonces, y sólo entonces, estaremos listos
para mirar hacia el futuro y buscar la guía que nos conducirá
al éxito. Insha’llah, con el permiso de Allah, avanzaremos
hacia la siguiente fase, sus inquietudes, sus instrumentos, sus
obligaciones y sus límites. Para prepararnos, tomemos las
siguientes aleyas del Libro Protegido, en la Surat al-Fath:
“Realmente
Allah quedó complacido con los creyentes
cuando te juraron fidelidad bajo el árbol
y supo lo que había en sus corazones
e hizo descender sobre ellos el sosiego
y los recompensó con una victoria cercana.
Y muchos botines que habrían de conseguir.
Allah es Poderoso, Sabio.
Allah os ha prometido muchos botines que obtendréis
y os ha anticipado éstos.
Y alejó de vosotros la mano de los hombres
para que fuera un signo para los creyentes
y para guiaros a un camino recto.
Y otros que no habríais podido conseguir,
pero Allah os los tiene reservados.
Allah tiene poder sobre todas las cosas.
Y si os hubieran combatido los que se niegan a creer,
habrían dado la espalda y después no habrían
encontrado
quien les auxiliara ni les defendiera.
Es la constante de Allah que ya sucedió otras veces,
no encontrarás en la práctica de Allah ninguna alteración.
Los que se negaron a creer pusieron la arrogancia en su corazón,
la arrogancia de la ignorancia,
y Allah hizo descender Su sosiego sobre Su mensajero y sobre los creyentes,
y les infundió la palabra del temor de Él,
de la que ellos eran más merecedores y más dignos.
Allah conoce cada cosa.
Él es Quien envió a Su enviado
con la guía y la práctica de Adoración verdadera
para hacerla prevalecer sobre todas las demás;
Y Allah basta como Testigo.
Muhammad es el Mensajero de Allah,
los que están con él son duros con los incrédulos
y compasivos entre ellos,
los ves inclinados y postrados buscando favor de Allah y aceptación,
y en sus caras llevan la huella de la postración; así
son descritos en la Torá.
Y su descripción en el Inyil es que son como una semilla que
echa su brote,
lo fortalece, cobra grosor y toma forma completa sobre su tallo
maravillando a los sembradores.
Para con ellos indignar a los incrédulos.
Allah ha prometido a los que de ellos crean y practiquen las acciones
de bien
un perdón y una enorme recompensa”.
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