glosario de terminología islámica pensamiento
SOBRE EL TERRORISMO
por Shayj Dr. Abdalqadir As-Sufi

Primera Parte

El ateismo-humanismo que ha dominado al mundo durante los últimos doscientos años, ha entrado ahora en su fase final, la de un colapso total e inevitable. El historiador alemán Ernst Nolte, identificó los trastornos del siglo XX como siendo una guerra civil europea que él dató desde 1914 hasta 1945. Este periodo está caracterizado por la actuación sonambulesca de tres programas. En el primer estadio, la Primera Guerra Mundial, contemplamos el suicidio en masa de toda una generación de hombres europeos en la increíble carnicería de la guerra de las trincheras. Durante cuatro años la gente contempló horrorizada los grupos de hombres que corrían, oleada tras oleada, hacia un muro de balas y metralla, cayendo amontonados unos sobre otros en el barro de Flandes, impelidos por un aparente y entusiasta deseo de inmolarse. Los estadios posteriores que dominaron la mitad del siglo, contemplaron esta vez dos programas masivos de genocidio, llevados a cabo con ese extraño entusiasmo con el que, el humanismo sin dios alguno, decide eliminar a los suyos. Paralelo al, estadísticamente impresionante, genocidio de judíos y gitanos de Occidente, el logro aún más impresionante del Oriente, vio el genocidio en masa de toda una clase social. Una vez identificado como judío o burgués, la eliminación de la persona era una mera cuestión organizativa.

En esta época, tuvieron lugar dos cambios profundos en la sociedad humanista. El final de la Primera Guerra Mundial, vio el desmantelamiento absoluto del sistema monárquico europeo, un proceso que había sido iniciado por los ingleses y definido por los franceses. Así fue cómo el siglo XX se convirtió en la arena de un Darvinismo social que postulaba que el hombre había evolucionado de ser gobernado por monarcas ungidos por la divinidad, a ese nuevo gran logro histórico que era el Gobierno del Pueblo. El Mariscal Foch había reconocido con amargura que las guerras de los reyes tenían pocas bajas porque estaban lideradas desde el mismo frente de la formación por los monarcas, mientras que las guerras de los políticos causaban auténticas masacres al estar alentadas desde atrás por los políticos de la democracia. Hay un hecho que no puede enfatizarse lo bastante: cuanto más elevada era la retórica política sobre la gloria de la democracia, --la definitiva consecución de la independencia humana-- más avanzaba el Estado moderno hacia un totalitarismo que eclipsaba y sobrepasaba el control estatal de la era fascista-comunista. A partir de la segunda mitad del siglo XX, ya no hay calle o carretera que no esté vigilada por cámaras de vídeo. No hay metro cuadrado que no esté reflejado en las fotografías de los satélites. Mientras que el Canciller Hitler se presentaba ante el público del Ostaria Bavaria de Munich con dos guardaespaldas y unos pocos amigos, cincuenta años más tarde no hay dirigente europeo que se exponga ante la gente sin un amplio anillo de seguridad con el que asegurar su protección. El Estado sabe cuánto gasta el individuo, cuánto debe e incluso cuánto quiere gastar. Además de la documentación y control absoluto del individuo por el Estado, existe ahora un doble proceso de chequeo que ejerce el sistema bancario y que está basado en el perfil y la práctica económica de cada individuo.

Si retrocedemos la mirada hacia los últimos cien años, los logros más destacados de esta anti-civilización, son sin duda los triples genocidios de la Primera Guerra Mundial, los campos de concentración, y los Gulag. De hecho, el filósofo Giorgio Agamben afirma con contundencia, que el módulo que sirve de icono para la sociedad de nuestros días, es el campo de concentración. Para los cristianos, la monarquía investida por la autoridad Divina finalizó con la decapitación de Charles I. No obstante, sólo fue eliminada totalmente del ámbito político y social de Inglaterra en 1688, con el derrocamiento del legítimo gobernante James II y la decisión, por parte de la aristocracia, de poner en su lugar a un rey títere importado de Holanda. Todos los libros de texto de Inglaterra enseñan a los alumnos que ese fue el año de la Revolución Gloriosa, muy celebrada por haber sido incruenta. Pero la realidad, es que fue justo lo contrario, ya que su última convulsión histórica produjo la brutal destrucción del sistema de clanes de las Highlands escocesas y la espantosa y genocida Limpieza de las Highlands. Ese fue el primer paso del nuevo Estado mercantilista y ateo que, cien años más tarde, iba a propiciar el nuevo genocidio de las Hambrunas Irlandesas de las patatas. La única e inevitable realidad de la filosofía humanista, con su mito del Estado democrático, es que una parte del demos tiene que ser eliminada de la faz de la tierra.

Este, cada vez más esclerótico, sistema social, cada año más sobrecargado de leyes y rigideces inhumanas, está llegando a su condición final, necrológica. Primero eliminó a su propia élite, luego a una raza y luego a una clase social. Ese proceso permitió, podría incluso decirse que ese genocidio allanó el camino, para la nueva estructura de poder emergente de la oligarquía financiera. La prueba de este argumento reside en la indiscutible realidad en la que nos encontramos ahora—un sistema económico mundial que tiene dos características principales: la presencia del judentum y la burguesía.

A fin de alcanzar y rematar el estadio final, que en sus alucinaciones llegan a llamar el fin de la historia, queda todavía otro genocidio. Y sin embargo, esta última fase, nombre que podríamos dar esta atrición actual, y que se convertirá en el control y esclavitud de toda una gente, ya no será por la raza o por la clase social, sino por la religión. La sociedad ateo-humanista, armada con sus armas de destrucción masiva y un inconmensurable poder tecnológico, ha decido declarar la guerra al Islam.

Si nos basamos en el pensamiento dialéctico de los humanistas, y según la forma en la que se comportaron en el último siglo, antes de eliminar a los Musulmanes tienen que describirnos de tal manera, que sus masas humanistas acaben por confirmar el diagnóstico necesario y desapasionado que exige nuestra desaparición. El instrumento elegido para calificar al musulmán de factor inaceptable, en una sociedad cuyo principio fundamental es la negación de la adoración Divina, es definirlos como gente comprometida doctrinalmente con actos de terror y de violencia suicida e irracional. Teniendo como fondo este escenario, nos vemos obligados a examinar la aparición de una cultura suicida que se propaga a partir de Oriente Medio, además de los ataques legislativos en contra de la educación y los modos sociales de las comunidades musulmanas, perpetrados por las así llamadas democracias. Esto proporciona dos dinámicas sociales que deben ser examinadas desde la posición de nuestra Comunidad Musulmana Mundial: en primer lugar, el mecanismo y la función del programa terrorista, en el que supuestamente somos nosotros contra ellos. En segundo lugar, el encasillamiento estatal, la imposición y el esclavizamiento social impulsados por los ateistas sobre la práctica civil musulmana.

Segunda parte

El término “terrorismo” ha sido adoptado por los kuffar y posicionado en el mismo centro de su discurso político. Debe recordarse que este discurso no es un diálogo, sino más bien un monólogo. No hay debate. A los medios de comunicación no sólo se les entrega la perspectiva analítica, sino también el vocabulario que deben utilizar. Para ocultar el genocidio de los musulmanes que comenzaba en Bosnia, tuvo que ser renombrado como “limpieza étnica”. En esa época, estando en Ginebra con el Dr. Izetbegovic, comenzamos a oír este término que tanto él como su equipo rechazaban con violencia. El Dr. Izetbegovic llegó a decirme: “¡Esto es para que les sea más fácil matarnos!” En cada una de las informaciones sobre Iraq, los incidentes terroristas se definen como procedentes del “Triángulo Sunnita”. Pero en Iraq no hay un Triángulo Sunnita, por la sencilla razón de que no hay un Islam Sunnita, a no ser unos pocos centenares de musulmanes heroicos que han logrado pasar desapercibidos ocultando su Din. El régimen de Iraq es obra del libanés socialista cristiano Michel Aflaq. Su objetivo era la creación de un partido que llevaría a los Estados del Oriente Medio hacia un patrón moderno, laico y democrático. Hasta justo antes de la Primera Guerra del Golfo, el dictador iraquí recibía un telegrama anual de felicitación enviado por el Papa. La Iglesia Católica vio que el Partido Baath era el medio para la desislamización de Iraq y, en consecuencia, del Oriente Medio. Al tomar el poder, la primera acción de Saddam fue la eliminación de todos los renombrados, y bastante reconocidos, ‘ulama musulmanes sunnitas. La persecución del dictador contra los shi’a, no comenzó hasta que se produjo la revolución islámica shi’a de Irán. Bajo su régimen, los únicos grupos que pudieron acceder a posiciones relevantes de la élite tecnocrática, fueron los cristianos y los ateos. La gente que está ahora involucrada en el terror de Iraq, son esos cristianos y ateos que han perdido sus puestos. Su llamada a una guerra sunni-shi’a, es una mera continuación del programa ateo del régimen anterior; lo que no debemos olvidar, es que ese régimen fue el regalo que dio a los árabes el sistema de poder occidental.

Dentro del programa de secularización mucho más amplio que había sido practicado primero por los Estados europeos y más tarde por los americanos, el análisis más inclusivo de estos asuntos, nos obliga a retroceder y estudiar las estructuras establecidas por los kuffar en el mundo post-Dawlet Osmanli. Esta perspectiva más amplia, data el comienzo del genocidio de los musulmanes a partir de los datos demográficos evidentes que muestran el genocidio de seis millones de musulmanes cuando se produjo la ruptura de las siguientes provincias del Dawlet Osmanli: Bulgaria, Macedonia y Grecia.

Así pues, para comprender la situación actual de nuestra comunidad musulmana mundial, es importante reconocer la existencia de un ciclo continuado de programas genocidas perpetrado por los humanistas ateos, a menudo realizados bajo la bandera de la cruz cristiana. Cualquier intento que se ha hecho para permitir que estos hechos asombrosos salgan a la luz, ha sido confrontado con declaraciones escandalosas que nos acusan de querer crear un conflicto religioso. Veamos lo que dice Justin McCarthy en su libro “Muerte y Exilio” cuyo tema central es el genocidio de los musulmanes otomanos desde 1821 a 1922:

“A los otomanos no se les ha reconocido el mérito por su única y prolongada tradición de tolerancia religiosa. Lo más irónico, es que tuvieron que pagar un alto precio por ello. Los extranjeros utilizaron la excusa de la protección de la que gozaban las millets y las hermandades cristianas como pretextos para intervenir en los asuntos internos de los otomanos. Los miembros de las millets cristianas utilizaron este sentimiento de separación religiosa para crear un nacionalismo anti-otomano”.

En 1861, el historiador George Finlay, al escribir sobre la Guerra Griega de Independencia que comenzó en 1821, indicaba que antes de haber pasado dos meses, habían sido asesinados, sin misericordia ni remordimiento alguno, más de 20.000 musulmanes, incluidos hombres, mujeres y niños. Dice también, que la población cristiana había atacado y asesinado a la población musulmana en todas y cada una de las zonas de la península.

“Las torres y las casas de campo de los musulmanes fueron quemadas y sus propiedades destruidas. (...) Del 26 de Marzo al Domingo de Resurrección, que ese año fue el 22 de Abril, se supone que murieron a sangre fría unos 15.000 musulmanes, y fueron arrasadas cerca de 3.000 granjas o residencias de los turcos”.

Germanos, el Arzobispo Griego Ortodoxo, fue quien lanzó el grito del alzamiento: “¡Paz para los cristianos! ¡Muerte a los musulmanes!” En Missolonghi, la mayoría de los musulmanes fueron rápidamente asesinados, pero las mujeres turcas fueron tomadas como esclavas de las familias griegas más ricas. Los musulmanes de Vrachroi fueron torturados hasta morir. Los judíos eran matados tan alegremente como los musulmanes. Las poblaciones turcas de pueblos y ciudades, eran agrupadas y obligadas a salir hacia las afueras donde eran masacradas. Finlay sigue diciendo:

“En Tripolitza y durante tres días, los desgraciados habitantes musulmanes fueron entregados a la crueldad y la lascivia de una pandilla de salvajes. No se respetó el sexo ni la edad. Las mujeres y los niños fueron torturados antes de matarlos. Tan enorme fue la matanza, que el rebelde griego Kolokotrones dijo que, cuando entró en la ciudad, y desde la misma puerta de la ciudadela en adelante, su caballo jamás llegó a tocar el suelo. Su camino hacia el triunfo estaba alfombrado de cadáveres. Pasados dos días, los pocos y aterrados musulmanes que quedaban fueron agrupados, en una cantidad cercana a las dos mil almas de diferente sexo y edad, pero principalmente mujeres y niños; luego, fueron conducidos a un barranco de las montañas vecinas donde se les sacrificó como si fueran ganado”.

El distinguido historiador contemporáneo, Justin McCarthy, expone este tema en su importante libro, “Muerte y Exilio”, un estudio sobre la limpieza étnica de los musulmanes otomanos entre 1821 y 1922.

“En cada una de las guerras de los siglos XIX y XX, los musulmanes fueron masacrados y expulsados de sus hogares. Millones de musulmanes murieron y millones fueron exiliados. La reducción del territorio musulmán y las expulsiones, han sido acontecimientos históricos frecuentes, y presentan una imagen histórica de continuidad”.

Un investigador británico, Cullen, al estudiar la situación de los refugiados musulmanes dependientes de los Poderes Europeos, declaraba en el Congreso de Berlín: “La única conclusión a la que puedo llegar, es afirmar que los rusos están implementado una política de exterminio de la raza musulmana”. Desde el Cáucaso hasta Bulgaria, una masacre sistemática y devastadora tuvo lugar en los años 1860 y 70. Al hablar de los asesinatos en masa de Bulgaria, McCarthy escribe:

“Ejemplos de las atrocidades infligidas a los turcos de Bulgaria, llenan los textos de la literatura diplomática con detalles gráficos de asesinatos en masa, violaciones y pillaje. Tras comentar el expolio y los ultrajes nocturnos cometidos en un pueblo, un representante británico comentaba: ‘Estos casos no son la excepción, sino más bien la regla’. Los observadores europeos (periodistas del Morning Post, Times y Daily Telegraph) vieron en el pueblo de Oklani (Lagahanli) 120 cadáveres turcos tirados en el suelo a plena luz del día; en este mismo pueblo, las mujeres turcas habían sido encerradas en las casas, violadas durante un periodo de diez días y luego quemadas vivas. En algunos casos, los búlgaros eran admitidos en el ejército ruso donde se les daban armas y uniformes y eran utilizados para perseguir a los turcos”.

En el informe del Ministerio de Asuntos Exteriores británico, N.º 195-1184, de Calvert a Blunt, Philippopolus, 10 de Marzo de 1878, se dice:

“Cuando los rusos tomaron Philibe, todas las casas turcas de la ciudad fueron completamente saqueadas –incluidas las puertas y los marcos de las ventanas. Las mezquitas fueron convertidas en letrinas de uso público”.

En el informe del Cónsul General Fawcett a Layard, Constantinopla, 9 de Julio de 1878, se recogen las palabras de Cullen, el representante británico:

“Los informes periódicos que recibo y que describen las crueldades rusas y búlgaras, son lo más atroz que he oído en toda esta espantosa guerra, a pesar de que, como usted bien sabe, ya he visto demasiado. La única conclusión a la que puedo llegar, es que los rusos están llevando a cabo una política de exterminio de los musulmanes”.

La investigación demográfica de McCarthy, terrorífica e irrefutable, presenta las terribles estadísticas que hablan de la muerte de millones de hombres, mujeres y niños musulmanes, la destrucción de sus hogares y mezquitas, su ganado y su forma de vida. El mismo McCarthy admite:

“Las estadísticas no son indicadores precisos de la horrible pérdida. Sólo sirven para esbozar la enormidad del sufrimiento humano. (...) No obstante, las estadísticas nos dan una muestra del alcance de las pérdidas musulmanas”.

Científico escrupuloso y, tal y como explica con todo detalle, McCarthy siempre tomó las estimaciones demográficas más bajas. No obstante, aquí está la conclusión de lo que él considera la estadística mínima indiscutible: McCarthy reconoce e insiste, que si se hubiesen tomado las estadísticas más elevadas, las cifras finales de mortalidad y migración se habrían visto incrementadas en millones.

La segunda mitad del siglo XX ha sido testigo de un mundo incesantemente apaleado con la, sin duda asombrosa y ahora recitada de memoria, estadística de los seis millones de judíos asesinados. Se han gastado enormes sumas de dinero, se ha humillado e insultado a los alemanes, y se ha aporreado al resto del mundo con la culpa de este horrible crimen, incluidas las familias europeas que murieron para salvarlos. Y sin embargo, hasta la publicación en 1995 de “Muerte y Exilio”, la muerte de cinco millones y medio de musulmanes, una estadística que nos hace remontarnos en el tiempo hasta 1922, no había sido reconocida. Todavía no existe un cálculo científico del genocidio ocurrido en la antigua Yugoslavia y el interior de Albania, sin mencionar siquiera el continuado horror de los asesinatos y violaciones perpetrados por los rusos en el Cáucaso, y contemplados con la aprobación y el silencio de los servicios de inteligencia americanos y europeos. El libro de McCarthy, cuya lectura recomendamos con insistencia a los intelectuales musulmanes, ha sido publicado por Darwin Press, Inc., Princeton, New Jersey (ISBN 0-87850-094-4)

Nota: La mayor parte de las víctimas militares y parte de las civiles no están incluidas.

Enmarcada en este escenario, la masacre de Srebrenica no puede ya considerarse una aberración del mando militar ni de la ineptitud de la ONU, sino más bien, la continuación de esta misma política. Durante el tiempo que pasé, tanto en Granada como en Estambul, con el General Alagic, el capaz y valiente líder bosnio, me puso de manifiesto que la única razón de la intervención de los EE.UU. en Bosnia, había sido constatar que el ejército bosnio musulmán estaba ganando la batalla. Con respecto al vergonzoso Acuerdo Dayton, le hice una pregunta: “¿En las reuniones del Dayton, en las que se firmó el acuerdo, cuántos mandos musulmanes del ejército asistieron a las conferencias?”. El General Alagic miró a sus compañeros dejando que las repercusiones de la respuesta fueran sentidas por todos los presentes. ¡Ninguno de los mandos militares había podido decir una palabra en el, así llamado, proceso de paz!. La resistencia musulmana que había combatido, muerto y visto a sus familias masacradas, no pudo decir una sóla palabra sobre lo que iba a seguir a continuación. El resultado es un calco perfecto de la política que McCarthy había descrito en el periodo anterior –la reducción de la población musulmana al estatus de simple minoría y el sometimiento a la autoridad de un consejo capaz de derogar las pocas decisiones que los musulmanes pudieran tomar. Por encima de los musulmanes de Bosnia y hasta nuestros días, existe un Gauleiter, cuyos primeros miembros eran judíos, tal y como ahora ocurre en Iraq.

El General Alagic publicó un libro en el que denunciaba abiertamente a los asesinos de su pueblo. El libro fue confiscado y el autor acusado de fomentar la división étnica. Imaginemos este mismo principio aplicado a la industria holucáustica de la caza de nazis que hoy se practica en Europa. La ópera cómica protagonizada por el Tribunal de Crímenes de Guerra de la Haya, ha fracasado miserablemente a la hora de detener a alguno de los principales criminales, sin mencionar siquiera la gran cantidad de asesinos de sobra conocidos. Y sin embargo, el General Alagic fue arrestado y acusado de crímenes de guerra. Antes de su detención, y en su propio país, el judío Gauleiter le había depuesto de su cargo de Alcalde de Sanski Most, donde había sido elegido democráticamente. ¿Hay alguien interesado en la democracia? Tras su detención, el juicio fracasó, en parte por falta de pruebas y en parte por el fundamentado temor de que los musulmanes bosnios, ahora tan trágicamente apáticos, ya habían tenido suficiente.

La enormidad del horror de la Guerra de Bosnia no está recogido en los informes que hablan de las atrocidades serbias. Lo que debe ser entendido, es que las fuerzas de ocupación kafir en los Balcanes, y esto también se refiere de forma dramática a Kosovo, son parte del proceso de ultrajes perpetrados contra la población musulmana. Mi propia esposa fue a Sarajevo, acompañada por un grupo de mujeres murabitun; su objetivo era examinar la situación de las mujeres en la postguerra, así como los daños causados por la ruptura de los hogares, la tortura, las violaciones y la pérdida de los hijos. Uno de los casos, entre otros muchos que ocurrieron, es el siguiente:

REPUBLICA DE BOSNIA Y HERZAGOVINA

OFICINA DEL FISCAL MILITAR DEL DISTRITO

SARAJEVO

NÚMERO KTV-III 230/92

TRIBUNAL MILITAR DEL DISTRITO

Sarajevo

Según el Artículo 5 del Reglamento con efecto legal de la oficina del fiscal militar del distrito (Official Gazette de R B&H, n.º 12/92), artículo 45, párrafo 2, ítem 2 de la Ley de Procesos Criminales, artículo 157, párrafo 1 y artículo 158, párrafo 1 de la Ley de Procesos Criminales en relación con el artículo 517 de la Ley de Procesos Criminales aceptada como Ley de la República por Reglamento con efecto legal que sustituye a la Ley de Procesos Criminales (Official Gazette de R B&H, n.º 12/92) en el caso de peligro de guerra o estado de guerra, y por medio del presente documento hago saber:

DEMANDA DE JUICIO LEGAL

CONTRA: GENERAL MACKENZIE, jefe de las fuerzas de paz de la ONU para la República de Bosnia y Herzegovina, con base en Sarajevo.

Durante su estancia en la República de Bosnia y Herzegovina, y en calidad de jefe de las fuerzas de paz de la ONU, entró en el territorio controlado por el agresor, e.d. las fuerzas serbo-chetnik, donde existían campos de concentración y prisiones para la población civil contrarios a la Convención de Ginebra. Como jefe militar, se dirigió al campo de concentración de mujeres de Sonja en Vogosca, campo dirigido por Vlaco Branislav, del ejército serbio, y por el Jefe Miro Vukovic. En este recinto permaneció una media hora.

Llegó al campo en un vehículo de transporte marcado con el distintivo de las Naciones Unidas, y acompañado por dos escoltas de las fuerzas pacificadoras. El general eligió cuatro jóvenes musulmanas y se las llevó en su vehículo para violarlas. Estas jóvenes habían sido capturadas y traídas al campo de mujeres donde habían sido obligadas a prostituirse, habían sido violadas y habían sufrido otros tratos inhumanos. MacKenzie conocía la existencia de ese campo y que contravenía las disposiciones sobre la protección de civiles en caso de guerra. Conocía además los tratos inhumanos infligidos en el campo, también contrarios a la ley internacional. A pesar de todo, fue al campo de concentración y se apoderó de las jóvenes que no tuvieron posibilidad de defenderse. Aprovechándose de la situación de las jóvenes mencionadas, abusó de ellas y las violó para satisfacer su lujuria personal. Con esta acción contravino la ley internacional, y la Convención de Ginebra y sus instrucciones con respecto a la Protección de Civiles durante la Guerra. En consecuencia, ha cometido un crimen de guerra contra la población civil, Artículo 142 del Código Criminal de la SFR de Yugoslavia, aceptada como Ley de la República por Reglamento con efecto legal por el Código Criminal de la SFR de Yugoslavia (Official Gazette de R B&H, n.º 2/92)

Firmado, el Fiscal Militar del Distrito

Bisic Mustafa

Con todas esas pruebas y con las víctimas capaces y dispuestas a prestar declaración, era un caso irrefutable de violación cometido por uno de los llamados pacificadores. La respuesta de la OTAN a este suceso, el crimen del General-Mayor Lewis MacKenzie, fue concederle la inmunidad y enviarlo a Canadá.

Para los musulmanes inteligentes, ya resulta evidente a estas alturas que la categoría de los derechos humanos, es un simple apeadero en el camino a la eliminación, y no una forma de justicia más elevada. Mientras tanto, esperamos que las mujeres musulmanas y los grupos feministas puedan identificar a este criminal, presentando el caso en su comunidad de residencia, exigiendo el cese de esa inmunidad totalitaria y su juicio inmediato.

No tenemos más remedio que admitir, por mucho que nos duela, la existencia de una política sistemática que se remonta a 1821 y que aún existe en nuestros días. Y es precisamente ahora cuando el éxito y el horror de estas intrigas están alcanzando su masa crítica. El suceso fundamental de este programa organizado, esporádico, de localización diversa, pero siempre siguiendo una política idéntica, fue, nada más y nada menos, que el colapso del Califato y el desmembramiento del Dawlet Osmanli. Esta es la razón de que uno de los capítulos más terribles de esta masacre tuviese lugar en pleno territorio musulmán, en Turquía, donde el dictador, probablemente dönme, Mustafa Kemal, instauró un programa manifiesto para la abolición del Din del Islam. Para dar cumplimiento al programa de abolición del Califato de la secta dönme herética-judía, de poner fin al Islam como religión de ámbito mundial y de colocar a uno de los suyos en el trono Califal, Kemal cometió un crimen casi único, puesto que Stalin también lo había cometido: la eliminación del lenguaje Osmanli y su forma de escritura, acabando así con la historia intelectual y la consciencia de la cultura Osmanli. Cerró las tekkes sufis y ejecutó a los shuyuj. Esto fue una política que después iba a ser practicada con asiduidad por el rey títere de Arabia entronizado por los británicos.

Esta política continúa hoy en Paquistán. Siguiendo instrucciones de los EE.UU., el dirigente paquistaní de nuestros días, que subió el poder con un golpe de estado, rápidamente reconocido como legítimo por la Unión Europea y los EE.UU., ha ordenado el cierre de cientos de madrasas islámicas y el encarcelamiento de cientos de ‘ulama, cuyo único crimen era la enseñanza del Din del Islam. Esto nos permite afirmar, que la política militante contra el Islam no ha decrecido con los años, sino que incluso ha aumentado. En Rusia, desde los tiempos de la Revolución hasta el colapso del comunismo, los traslados masivos de musulmanes del Cáucaso y Tataristán están de sobra documentados para nuestro estudio. Tal y como demuestran las investigaciones de McCarthy, los traslados masivos de población, son una actividad paralela a los asesinatos en masa. Tras el colapso del comunismo, esta persecución en los grandes Stans del Asia Central, apenas se ha visto alterada. En Uzbekistán, cuyo presidente es un judío que cambió su nombre al de “Islam”, la actividad primordial, y casi exclusiva, de la policía es la persecución y tortura de los musulmanes. En la vecina China comunista, el genocidio de los Uighurs continúa día a día, observado con total indiferencia por el Secretario General de la ONU, personaje pacifista y de voz suave. Estos crímenes son perpetrados en un escenario político de silencio y aceptación totales.

En 1963, en la isla de Chipre tuvo lugar lo que iba a ser el “ensayo general” de la OTAN para el genocidio de los Balcanes. A las 2.10 a.m. del sábado 21 de Diciembre del año 1963, comenzó el planeado exterminio de los musulmanes de Chipre. Cuando el general griego Ionnides depuso al Presidente Makarios, y mientras que estos dos griegos luchaban por el control de Chipre, se puso en marcha en las semanas siguientes un plan militar documentado y preparado por la Guardia Nacional Greco-Chipriota. El objetivo de este plan, era el exterminio de la población turca de la isla. Cada pueblo y cada enclave musulmán tenía que ser destruido. Lo más preocupante, era que el plan exigía el adoctrinamiento y organización de la población civil greco-chipriota para que participase en la matanza. Y así fue cómo, de 1963 a 1974, tuvo lugar la persecución y el asesinato de hombres, mujeres y niños musulmanes, en ese escenario del alzamiento instigado por los griegos para garantizar a Chipre la unión con Grecia. Pero el golpe de estado griego en Chipre no tenía como único objetivo la unión con Grecia, sino también la Solución Definitiva a la presencia musulmana en la isla. El plan tenía el nombre cifrado de Iphestos (volcán) 1974, y era definido como una operación SEA (Seguridad Interior). No involucraba a Turquía en absoluto, era un asunto interno. Los greco-chipriotas mataban y los turco-chipriotas morían.

El Comandante Haralambos Hios de la Guardia Nacional, había dado instrucciones a las siguientes unidades: los Batallones de Infantería 256 y 276, los Batallones de Reserva 222, 261, 306, 316, 321, 366 y 391, el Batallón de Artillería 183, los Batallones Antitanques 173 y 190, el Batallón de Comunicaciones 47 y otras fuerzas de reserva. Estos, a su vez, pasaron las órdenes a las unidades bajo su mando especificando los nombres de las zonas turcas que debían “limpiarse”.

Ya desde el comienzo, la operación genocida demostraba ser llevada al unísono con el Alto Mando Militar de Atenas, el cual, no debemos olvidarlo, era un miembro obediente de la OTAN. Las órdenes empezaban diciendo: “Esta iniciativa para iniciar las operaciones, está propiciada por el Estado Mayor de la Guardia General, y cuenta con la aprobación del Gobierno de Chipre y el Cuartel General de las Fuerza Armadas Griegas”.

En 1974, el Gobierno de Chipre era totalmente griego y en consecuencia ilegal según las cláusulas de la Constitución de 1960. Ilegal o no, se convirtió en el gobierno reconocido de la isla. Y este gobierno, reconocido por la ONU y la OTAN, había autorizado el genocidio de la quinta parte de su población.

El periodista del Mail, Tim Sebastian, en el número publicado el domingo 25 de Febrero de 1996, y al comentar que los crímenes de guerra en Bosnia estaban siendo ignorados, dijo que un funcionario de los Estados Unidos le había dicho: “Las naciones occidentales tienen que evitar a toda costa la palabra genocidio –la palabra “G”—razón de que se llamara limpieza étnica. No podía llamarse genocidio, porque ello exigiría que debían actuar según los Estatutos de las Naciones Unidas. Tenían que hacer algo para impedirlo. El genocidio había sido precisamente el motivo para la constitución de las Naciones Unidas”. La documentación más exhaustiva sobre el planeado, y en parte ejecutado, intento de eliminación de la población musulmana de Chipre, puede encontrarse en “The Genocide Files” por Harry Scott Gibbons, Charles Bravos, Publishers, London, (ISBN 0-9514464-28).

Tercera Parte

Ahora que ya hemos establecido una continuidad irrefutable de la práctica y aplicación del genocidio sistemático de los musulmanes, es cuando podemos al fin desvelar el verdadero significado de este extraño ingenio, la Guerra Contra el Terror. Recordemos que este genocidio continuado debe compararse con dos acontecimientos catastróficos: el desmantelamiento del Dawlet Osmanli, la única sociedad exitosa multiétnica y multicultural, y la destrucción del Dawlet Mogol y el vergonzoso crimen perpetrado por los británicos en la persona del último Emperador Mogol, además del obsceno y pervertido asesinato de sus hijos delante de un regimiento británico. A la luz de la historia, tal y como ahora la entendemos, la partición de la India puede considerarse como un intento casi exitoso de acabar con el Islam en el subcontinente de una vez por todas. La verdad es que hemos sido llevados a una situación intolerable. Nuestros enemigos han establecido una dialéctica que nos obliga a ser la tesis, a punto de ser destruidos, o la antítesis, cómo suplantar lo anterior, produciendo una síntesis que es, ni más ni menos, la abolición del Din del Islam. Dicho con otras palabras, estamos atrapados entre el “terrorismo” y la “tolerancia”, un escenario cuyo resultado es un Islam reducido al papel de religión interior y privada, con sus propias fiestas y formas de adoración; lo que le diferencia de los cristianos, budistas y judeistas es la estética, puesto que todos están en la misma lavadora. En la actualidad sólo tenemos la versión del terror que presentan los medios de comunicación. Para el musulmán inteligente, la tentación es no creer en ello y recurrir a la teoría de la conspiración. Pero éste es, una vez más, uno de los procedimientos de la técnica kafir. Si mencionamos la palabra conspiración, se nos reduce al mero estatus de categoría psiquiátrica. Esta es la razón de que, por molesto que nos pueda parecer, tenemos que examinar la cuestión del terrorismo con un desapego absoluto. Tenemos que mirar con frialdad esta llamada programática a la guerra contra el terrorismo.

La versión oficial, es que un cuerpo organizado de musulmanes radicales, fundamentalistas, que más adelante serían identificados como wahhabis, se habían puesto en pie de guerra. Y sin embargo, no constituían una entidad que pudiera definirse como comunidad cívica, esto es, hombres mujeres y niños, cuya rama militar había decido dar ese paso. El escenario había sido preparado para la Era del Terrorismo con el fenómeno Bin Laden y sus actividades en Sudán y luego Afganistán.

Lo que se deduce, es que ya desde el principio de este asunto existe una ambigüedad. Todo el mundo sabe que Bin Laden era un agente entrenado por la CIA que operaba en Afganistán. Todo el mundo sabe que pertenece a una familia adinerada del régimen Saudita, que actúa casi como una pretendida realeza. Todo el mundo sabe que el gobierno Sudanés expulsó a Bin Laden; antes de la expulsión se lo habían ofrecido a los EE.UU., pero lo rechazaron. Un corresponsal del periódico francés Le Figaro, informó de cómo un agente de la CIA local salía de la habitación de Bin Laden en un hospital de los Emiratos Arabes Unidos. Esta extraña, y sin embargo pública, relación de acontecimientos, se vuelve confusa cuando Bin Laden regresa a Afganistán. Ese es el momento en el que un grupo militar de bajo nivel, formado por combatientes afganos y paquistaníes, los llamados Talibán, aparecen en escena. Una vez más, lo que ya se sabe y goza del reconocimiento público, es que los Talibán eran la creación del ejército y el servicio de inteligencia de Paquistán. Esto significa, por supuesto, que Musharraf era un socio activo del proceso.

En esa fase es cuando toda una serie de hebras diferentes de la doctrina islámica se encuentran representadas en las fuerzas convergentes que existen en torno a los Talibán. Estas fuerzas tienen dos elementos desviacionistas, aunque definitivamente islámicos. Por un lado, está el movimiento de los ‘ulama conservadores de la Escuela de Deoband. No todos los musulmanes de hoy en día son conscientes de que los Deobandi, y los Berelvi, son dos grupos islámicos que se formaron en dos pueblos fuera de Delhi, tras el colapso del ‘Amr Mogol que forzó su abandono de la capital para establecerse en esos dos lugares. Y así fue cómo los ‘ulama Deobandi abandonaron, paso a paso, el Din correcto instaurado y definido por el Sultán Aurangzeb en su gran obra compiladora “Futuwa al-Amghiri”. Estos ‘ulama comenzaron a construir un fiqh sin ‘Amr, dejándolo sin poder, pero deseando tenerlo. Mientras tanto, los ‘ulama Berelvi experimentaron una regresión con respecto al poder político, elevando en su lugar un poder espiritual que procedía de los awliya ya fallecidos. Si miramos hacia atrás, podría afirmarse que los Deobandi se sentirían atraídos por la desviación modernista, tan desastrosamente casada con el wahhabismo. Una mezcla vertiginosa y letal formada por un wahhabismo, --que en ocasiones había declarado su enemistad al Rasul, a quien Allah bendiga y conceda paz, lo que lo convertía en un anti-Islam militante--, unida al celo reformista, que imitaba al wahhabismo y que también vibraba con simpatía hacia su cruel puritanismo. El modernismo fue quien abandonó las estrictas reglas del _ihad, haciendo posible, de alguna manera, que se asesinasen a civiles musulmanes al mismo tiempo que al enemigo kafir.

Antes de continuar, debemos mencionar al Mullah Omar. Este individuo se había autoproclamado Amir al-Muminin. No hizo intento alguno por unificar a los musulmanes. No tomó bayats en público. Casi no recibió delegaciones. Los castigos que impuso en Afganistán iban de lo exagerado a lo indefendible. Ni llamó al Islam ni recaudó el zakat. Cuando se vio claramente que el resultado de sus políticas significaban la destrucción de Afganistán, la mayoría de los ‘ulama exigieron su expulsión del país.

A fin de poder arrojar alguna luz sobre ese tenebroso periodo, debe mencionarse que los Talibán fueron invitados a enviar una delegación a la 7.ª Conferencia Internacional de Fiqh celebrada en Pretoria los días 29 y 30 de Septiembre del 2000. Los musulmanes querían saber cuál era su postura. Enviaron una delegación de tres personas: una pertenecía a su Ministerio de Asuntos Exteriores, otra era un traductor y la tercera, un miembro de los servicios de inteligencia paquistaníes. Esgrimieron el argumento de que no podían expulsar a Bin Laden porque era un invitado. Cuando se mencionó que no debía defenderse a un invitado que podía causar la destrucción del país, eludieron la cuestión. Yo les advertí personalmente de que si seguían dando asilo a ese individuo, su país sería invadido y destruido. Les llegué a sugerir que si Bin Laden estaba tan comprometido con sus ideas, lo mejor sería devolverlo a Arabistán. La única conclusión que pudo obtenerse de esas reuniones fue que, de alguna manera, la unión entre el Mullah Omar y Bin Laden estaba fuera del alcance de los propios afganos. Conforme se desarrollaba la situación, las complejidades empezaron a manifestarse. Lo que ahora teníamos, era un Emir en apariencia y un líder guerrillero también en apariencia. Parece también que el Emir dependía económicamente de Bin Laden. En un momento determinado, que no he podido identificar, a los paramilitares de los Himalayas se les dio el nombre de Al-Qaeda. Todos los nombres de ese liderazgo han surgido de los informes emitidos por el Departamento de Estado de los EE.UU., que siguieron al suceso icónico de la destrucción de las torres gemelas.

El primer shock para todo el mundo, incluidos los musulmanes, fue que el grupo que destruyó las torres procedía casi por entero de la Arabistán sometida al control Saudita. Este es el momento en el que tenemos que comprender la extraña ambigüedad utilizada por los medios de comunicación cuando examinan el fenómeno Al-Qaeda / Redes de Terrorismo Islámico. En este punto es cuando apareció en escena un grupo lamentable y mal informado, la manada mediática de especialistas y expertos en terrorismo, utilizando una jerga que mezclaba de forma curiosa el vocabulario del Departamento de Estado y el lenguaje sociológico de las universidades de segunda clase. Sus peroratas en las principales cadenas de TV eran diarias, sabiendo, al menos en apariencia, más de las situaciones internas de las comunidades musulmanas del mundo, e incluso del mismo Din, que todos nosotros juntos. En los pasos siguientes, han guiado y han sido guiados, jadeantes, fomentando y propagando un aparente discurso antiterrorista que es, en realidad, una política anti-islámica bastante manifiesta.

Antes de formular la pregunta crucial, desde el punto de vista estratégico, tenemos que reconocer un hecho sumamente extraño; los que lean esto confirmarán sin duda la verdad de la cuestión. Bin Laden, Al-Qaeda, los nombres de los terroristas fallecidos, la Lista de los más Buscados... Excepto Ben Laden, a los demás ninguno de nosotros los ha conocido o ha oído jamás hablar de ellos en alguno de los círculos islámicos del mundo entero. A pesar de ser dos mil millones, la realidad es que nuestros líderes de las diferentes naciones son conocidos, tanto de forma general como con todo detalle. Conocemos a todos los grupos, conocemos a todos los dirigentes islámicos, conocemos a los sufis correctamente guiados, a los sufis desviacionistas como los Nazimis, conocemos a los Ijwan, a los modernistas, a la _amaat al-Islamiyya; conocemos incluso a los Tablighi, esos destructores del Din. En resumen, nos conocemos todos, y con nuestra credulidad, que es una virtud, y nuestro consentimiento, que es un vicio, lo vimos todo desplegado frente a nosotros. Y sin embargo, con la aparición de estos individuos y su, casi mítica, proyección de una organización, --que parecer seguir la descripción científica de la física nuclear en la que el átomo puede ser percibido bien como partículas o como ondas, pero nunca como las dos cosas al mismo tiempo-- se nos ofrece una Al-Qaeda que tiene una red central y también una red de células autónomas.

Desde aquél primer y horrible acontecimiento, debe notarse que nada ha ocurrido en realidad. Tras el suceso de New York, sólo es posible registrar una ola cada vez menor de actos terroristas, con la excepción de la bomba de Bali. Con respecto a este tema, debo informar que he sido asegurado por dirigentes políticos de Indonesia, que el atentado no fue obra de indonesios. En este mismo sentido, los líderes sufis chechenos, que conocen de sobra los movimientos de los activistas wahhabis, es decir, los que arruinaron la victoria sufi de la Primera Guerra Chechena, afirman de forma categórica que los chechenos no pusieron las bombas en el metro de Moscú, sino que la autoría corresponde a la versión actual de la KGB, que es, no lo olvidemos, el sistema de poder que impera en la Rusia de nuestros días. Todo lo que le queda a los expertos, es apuntar hacia ese desgraciado inglés portador de una bomba en el zapato, que parece ser un mero retrasado mental. Al tratar de mantener la, cada vez más imaginada, amenaza de un futuro ataque terrorista, ha sido necesario incrementar la ansiedad pública con la suspensión de vuelos a los EE.UU.; irónicamente, ¡sólo uno de los vuelos suspendidos afectaba a un avión americano!

Lo dicho hasta ahora nos conduce a una nueva dimensión de la “Guerra contra el Terror”. En el interior de los EE.UU., si dejamos a un lado las víctimas mortales y el sufrimiento de las familias producido por la destrucción del World Trade Center, y recuérdese que es una estadística muy inferior a la de los muertos en Hiroshima y Nagasaki, el resultado real del ataque terrorista ha sido una legislación asombrosa que ha borrado doscientos años de la tan cacareada libertad civil y las reglas de la sociedad abierta que han gobernado los EE.UU. Sirvió también para introducir e instituir una persecución policial pública y secreta del creciente número de millones de musulmanes residentes en los EE.UU. No debe olvidarse que Islam es la religión dominante en la comunidad negra y en las prisiones del país, además de ser una religión que aumenta su presencia en la comunidad Hispana. Esta es la razón de que no podamos afirmar la existencia de una guerra contra los EE.UU. o la Unión Europea; en esta última, por ejemplo, Islam ya es la religión dominante.

Llegamos ahora a la cuestión crucial desde el punto de vista estratégico. Una vez seguidas las reglas de nuestro fiqh, y una vez identificado cuál es el tema que nos ocupa, tenemos que hacernos una pregunta que sea como una palanca que levante el asunto y señale hacia una dirección determinada que nos conducirá a la resolución del asunto. La pregunta que debemos formular es: ¿Quién se beneficia del acto terrorista?

Esta era la pregunta que se hacía Dostoevsky cuando se enfrentaba al terrorismo de los nihilistas que se oponían al régimen del Zar. La respuesta que dio, fue que era una realidad que contenía otra realidad. Los que estén interesados en la visión clásica del terrorismo, pueden referirse a su obra maestra sobre el tema, “Demonios”, en la traducción al inglés de Pevear y Volokhonsky publicada por Vintage en 1994. En la situación actual, no hay nada que convierta en desfasado su ya clásico análisis que afirma que los terroristas, son un grupo mixto de inadaptados y marginados sociales que siguen la filosofía del nihilismo. Por este motivo, ni las vidas de sus víctimas ni las suyas propias tienen importancia, ya que la única transcendencia es la que confiere el acto nihilista de la aniquilación. Esta verdad está a su vez contenida en una realidad mayor: el acto nihilista no pertenece a una fuerza de transformación o cambio social, sino que está engendrada, está necesitada por y garantiza la supervivencia del, Estado tiránico. Dostoevsky vió que el régimen zarista, y la aparente anti-fuerza de los nihilistas, eran una realidad compartida sin esperanzas de futuro. Era una garantía de una mutua destrucción.

Lo que ahora nos encontramos son de nuevo dos grupos. Por un lado, los políticos del sistema de poder oficial de los EE.UU., desde la impotente figura de sonrisa afectada que es su presidente, un alcohólico sin reconstruir, hasta la cohorte de las altas finanzas, la industria y las inversiones que se agrupan a su alrededor como si hubiesen sido elegidos por una especie de agencia de reparto cinematográfico viciosamente antisemita. En el otro, los sombríos personajes de ese terrorismo mundial que, examinados más de cerca, son un grupo igualmente dudoso y mal informado, los detritus de un mundo árabe empobrecido y amargado que ha dado la espalda al Din del Islam y al que se le ha negado la entrada en el glorioso club del consumismo kafir. Ambos grupos representan una realidad política que es la última fase del humanismo, ese humanismo cuya especialidad es el genocidio de una parte de su gente, ese humanismo que es ateo, anti-mujer y pro-usura.

Resumiendo; nos encontramos en una situación en la que los kuffar han declarado abiertamente la guerra contra el Islam. Su arma más poderosa en este momento, igual que ese bombardero que es invisible cuando vuela bajo el alcance del radar, se abalanza sobre nosotros por debajo del alcance de la inteligencia y la razón. Lo llaman terrorismo. Los kuffar tienen toda la tecnología, todas las armas y la sumisa coalición de los ejércitos de los países endeudados. Lo que se deduce, es que aunque ellos dominan el poder de la técnica, nuestra victoria no puede basarse en los medios militares ni en el falso dinero kafir. Debemos recordar que el Rasul, a quien Allah bendiga y conceda paz, aceptó la entrada de un delincuente en el Islam, pero dejó bien claro que no podía dejarle entrar con el dinero haram que había obtenido. Todo lo que han conseguido los terrorista isma’ilitas desviacionistas, ha sido comprado con dólares de los EE.UU.

Tenemos que tomar un camino que vaya más allá del “terror” y la “tolerancia”. Debemos rechazar esta dialéctica que produce esa síntesis que nos reduce, ni más ni menos, al papel de entrar en ese gran centro comercial y ser los colegas consumidores de los kuffar.

Una vez que hayamos comprendido la situación que se ha esbozado en este texto, entonces, y sólo entonces, estaremos listos para mirar hacia el futuro y buscar la guía que nos conducirá al éxito. Insha’llah, con el permiso de Allah, avanzaremos hacia la siguiente fase, sus inquietudes, sus instrumentos, sus obligaciones y sus límites. Para prepararnos, tomemos las siguientes aleyas del Libro Protegido, en la Surat al-Fath:

“Realmente Allah quedó complacido con los creyentes
cuando te juraron fidelidad bajo el árbol
y supo lo que había en sus corazones
e hizo descender sobre ellos el sosiego
y los recompensó con una victoria cercana.
Y muchos botines que habrían de conseguir.
Allah es Poderoso, Sabio.
Allah os ha prometido muchos botines que obtendréis
y os ha anticipado éstos.
Y alejó de vosotros la mano de los hombres
para que fuera un signo para los creyentes
y para guiaros a un camino recto.
Y otros que no habríais podido conseguir,
pero Allah os los tiene reservados.
Allah tiene poder sobre todas las cosas.
Y si os hubieran combatido los que se niegan a creer,
habrían dado la espalda y después no habrían encontrado
quien les auxiliara ni les defendiera.
Es la constante de Allah que ya sucedió otras veces,
no encontrarás en la práctica de Allah ninguna alteración.

Los que se negaron a creer pusieron la arrogancia en su corazón,
la arrogancia de la ignorancia,
y Allah hizo descender Su sosiego sobre Su mensajero y sobre los creyentes,
y les infundió la palabra del temor de Él,
de la que ellos eran más merecedores y más dignos.
Allah conoce cada cosa.

Él es Quien envió a Su enviado
con la guía y la práctica de Adoración verdadera
para hacerla prevalecer sobre todas las demás;
Y Allah basta como Testigo.
Muhammad es el Mensajero de Allah,
los que están con él son duros con los incrédulos y compasivos entre ellos,
los ves inclinados y postrados buscando favor de Allah y aceptación,
y en sus caras llevan la huella de la postración; así son descritos en la Torá.
Y su descripción en el Inyil es que son como una semilla que echa su brote,
lo fortalece, cobra grosor y toma forma completa sobre su tallo
maravillando a los sembradores.
Para con ellos indignar a los incrédulos.
Allah ha prometido a los que de ellos crean y practiquen las acciones de bien
un perdón y una enorme recompensa”.

 
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