glosario de terminología islámica pensamiento


El Traje Nuevo de Obama- por Hans Andersen

por Shaykh Dr. Abdalqadir As-Sufi

06/04/2009

 

“Puedes engañar a todo el mundo el tiempo que quieras, al menos hasta que salgas de la crisis”. Esta es la filosofía de la élite financiera que debe ser felicitada por el éxito de su embaucamiento. Pero por desgracia, es más que dudoso pensar que, el timo, dure lo suficiente como para permitir que los oligarcas logren huir hacia los Nuevos Bancos con la riqueza del mundo entero. El programa que aplican a toda prisa y a escala mundial sobrevive con dificultad. El fallo es, qué lástima, el actor protagonista. No puede representarse Hamlet sin el Príncipe. Obama no es un príncipe. Ni siquiera es un hombre del pueblo; nadie, especialmente entre los Negros Americanos, siente que “es uno de los nuestros”.

Recuerdo que, un día, hace varios años, vino a verme un policía a mi casa de Tite Street, en Londres, por un asunto relacionado con el barrio. Mientras conversábamos en la puerta de mi casa pasó un joven. “¿Ha visto a ese hombre? Ha estado encerrado” dijo el policía. “Lo detuvo usted?” pregunté yo. “No” respondió el policía para luego añadir: “Cuando se está en la cárcel durante cierto tiempo, los prisioneros que salen cada día a un patio muy pequeño caminan de una manera que ejercita los miembros de la manera más completa posible. Lo he reconocido por esa forma de andar”.

Cuando ví entrar al Presidente de los EE.UU. en el Palacio de Buckingham para saludar a la Reina, me dí cuenta de que el hombre cuyos pasos recogían las cámaras de TV jamás podría presidir cosa alguna. Reconocí su forma de andar: era la de un jugador de baloncesto de barrio. Luego le vi bajando las escaleras de su avión para saludar a un Jefe de Estado europeo. Una vez más, bajando los escalones y con los brazos balanceándose, podía verse al jugador de baloncesto en el túnel que lleva a la cancha. Y en lo que respecta a su esposa dando un abrazo a la Reina Elizabeth… esa no era una Primera Dama. Si hubiese sido una criada la habrían despedido.

Si en los EE.UU. existiera un proceso democrático auténtico, Obama jamás habría sido elegido. Ha sido el producto de un diseño brillantemente orquestado por las altas finanzas y, dando la cara, unos medios de comunicación –que todos sabemos de quiénes son– colaborando en una armonía estructurada mientras que, en la retaguardia, se movían un equipo de expertos de características similares reunidos por la élite financiera. Fueron incluso capaces de superar estratégicamente a la máquina política democrática. Si hubiese sido un procedimiento estructuralmente democático, al estilo del programa de TV de masas “Operación Triunfo”, Obama no habría tenido posibilidad alguna.

Este genuino y excelente programa democrático debería ser seleccionado (¡seleccionado! imagínense tal concepto) para elegir al líder genuino de todo el mundo –¡y no de sólo unos cuantos con un sistema que es una estafa!

“Operación Triunfo”. Fijémonos en cómo se haría. En primer lugar, un ciudadano de cualquier extracción social, deportes, militares, campesinos, hippies, ¡incluso pobres!

En segundo lugar –y esto es crucial el primer paso de la selección, no el último, estaría en manos de un panel de expertos, a diferencia del caso Bush que fue finalmente elegido por el Tribunal Supremo.

En tercer lugar: una vez que el panel ha elegido a los candidatos ante un público vociferante se lleva a cabo otra selección y eliminación mediante llamadas telefónicas hasta quedarse con sólo dos candidatos en una apoteosis final. Un sistema extrañamente similar al del antiguo Senado Romano en los tiempos de la República.

Y así es como ha entrado este extra fraudulento en la película de la vida, elevado al puesto de protagonista ante la ausencia de la estrella, el líder. Esto es una película de terror.

La cumbre del G20 –la escoria sube a lo más alto– ha puesto en movimiento la restauración del capitalismo financiero.

Va a convertirse en una especie de Cuarto Reich, con los sospechosos al uso y unas pocas ejecuciones ritualizadas, como es el caso del excelente Mr. Madoff y el despreciable Fred Goodwin del Royal Bank of Scotland. El periódico Le Monde publicaba una viñeta humorística en la que, Obama y Sarkozy, vestidos como centuriones romanos, preguntaban “¿El fin del capitalismo occidental?” justo cuando un personaje distinguido pasaba a su lado llevando una gran cruz sobre los hombros, cuyo travesaño era un dólar gigantesco, y que arteramente masculla: “¡No me importa! Me levantaré de nuevo. ¡Pronto será la Pascua de Resurrección!”.

Una cosa sí es cierta: ya no dará más problemas ese racimo desaliñado que se llama El Pueblo. Totalmente esclavizado, sólo será un puñado el que pueda salir a las calles mientras los demás entregan sus vidas para pagar los trillones que su “elegida” clase política ha entregado a sus amos financieros.

Tras la proeza (porque eso es lo que fue) del G20 vino la entronización de la mercenaria y asesina OTAN, una organización que está por encima de las leyes nacionales e internacionales. Una organización que, según sus propios estatutos, jamás podrá ser llevada ante un tribunal de justicia.

El protocolo oculto de la OTAN en Afganistán consiste en cómo organizar que sus fuerzas tengan la posibilidad de mantener relaciones sexuales con chicas y chicos afganos. En cómo establecer en cada provincia y cada ciudad unas zonas discretas con burdeles donde se garanticen los derechos, históricamente confirmados, de los militares en lo que respecta a unos deseos sexuales que están incitados por sus combates contra el populacho. Es algo vergonzoso. Y, sin embargo, ya está “admitido como hecho” puesto que, al fin y al cabo, ¡es lo que hace un ejército de ocupación!

“¡No podéis hacer eso!” protesta airada la comunidad musulmana mundial.

“Yes we can!” (sí podemos) contesta el jugador de baloncesto, siervo obediente de la élite.

 
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