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La Última Fase de la Vergüenza
Árabe
por
Shaykh Dr.
Abdalqadir As-Sufi
Israel
La última frase de la obra de Curzio Malaparte, ‘La
Piel’, dice:
“Dije en voz baja: Ganar una guerra es algo vergonzoso”.
En las guerras modernas, la victoria es una vergüenza y una
derrota. Los vencidos exigen rehabilitación, recompensa,
revitalización. Los vencedores acaban en la bancarrota, exhaustos
y sin liderazgo, con unos generales que son inútiles en la
paz. Tras la Segunda Guerra Mundial, Alemania y Japón surgen
vencidos y luego triunfantes.
Hoy en día, Israel es un vencedor. Absoluto e implacable.
Victoria absoluta.
Israel no es una democracia. Es una dictadura militar. Desde el
principio ha sido un Estado con un partido único. La coalición
es un gobierno unitario. Para poder funcionar necesita la guerra.
En su discurso político, vibrante con la psicosis de la persecución
transmitida desde el genocidio hitleriano, declara ser un Estado-víctima
rodeado por un enemigo feroz plenamente dedicado, como la Alemania
nazi, a su destrucción. Pero en realidad, sabe de sobra que,
sin las enormes subvenciones de los EE.UU. destinadas a su aparato
militar, no podría durar un año fiscal. Acusados de
construir un muro al estilo Apartheid con el que aislar
a los palestinos, no se atreven a negarlo. ¿Por qué?
Porque el muro nunca se construyó para mantenerlos fuera.
Se ha construido para tener a los israelitas dentro. Israel es un
gueto nacional.
El ejército israelita sigue bajo el mando del General Sharon,
el líder con muerte cerebral. El fue quien diseñó
una guerra estilo Play Station a la que ahora todo el mundo
juega. Entrad en la Mezquita de Al-Aqsa – ellos tirarán
piedras. Comienza la Intifada. Riesgo de paz – retirarse
de Gaza. Atraerlos con engaños. Los misiles, idiotas, obsoletos,
sin apenas alcance – unas pocas víctimas. Atacar a
Gaza – vaciarla para permitir un restablecimiento militar.
Un Israel que no pierde y al que no se ama. Y encima, estamos en
deuda con Israel porque ha puesto al descubierto las espantosas
condiciones del Estado Árabe (postislámico).
Egipto, Libia, Siria.
Tres dinastías de matones. Los herederos son diez veces peores
que los padres facinerosos.
Mubarak es, (nada más), un monumento vivo al abyecto fracaso
de los Ijuan al-Muslimin. Toda la miseria del mundo árabe
comenzó con Nasser. Ese demente, con su política frívola
y desastrosa, acaudilló la ruinosa marcha hacia el socialismo
cuyo resultado ha sido la muerte y la pobreza de millones de personas.
Sus estúpidas correrías dieron lugar a la militarización
de Israel, a la esclavitud de la Siria musulmana a manos de la minúscula
minoría Alawita/Shi’a y a la entronización
del socialismo en Iraq que llevó a Saddam al liderazgo. Sadat,
el ex–Ijuan y lugarteniente de Nasser, que casi sin
duda alguna fue quien lo mató, fue a su vez, casi con toda
certeza, asesinado por un Mubarak que al menos ‘estaba al
corriente’ y preparado para tomar Egipto, la única
nación árabe culta, que acabó sumergida en
una esclavitud subvencionada. La visión que Washington tenía
de Egipto era la siguiente: “Déjales que coman alimentos
subvencionados por los que no han tenido que esforzarse; engordarán
y dejarán de ser una amenaza”.
La tiranía absoluta que ejerce el gobierno de Mubarak tiene
que terminar. Bajo ningún concepto debe tolerar el pueblo
egipcio que su hijo desempeñe papel alguno en la política
de Egipto. La última baza de la supervivencia de Mubarak
es la guerra de Gaza y su inútil papel de mediador que oculta
la pobreza y corrupción que asolan su hogar.
El régimen sirio es otro resultado del fracaso de los Ijuan.
Corrompido doctrinalmente por la política Shi’a
desde tiempos de Al-Afgani, comunicó los planes de la insurrección
a los Shi’a iraníes que trabajaban para derrocar
a Saddam. Estos, a su vez, informaron a Assad. El resultado fue
la espantosa masacre de hombres, mujeres y niños en Alepo.
Más de 10.000. La mayoría musulmana de Siria debe
ser liberada. Para los musulmanes, esta es la cuestión más
acuciante que hay en la región. El derrocamiento del régimen
Alawita pondrá fin a la dinastía de matones
que ocupa el poder, aliados de Irán y en guerra permanente
con su propia población musulmana.
El dictador libio tiene la ventaja política de la locura,
un regalo para la supervivencia de los dictadores porque les hace
ser impredecibles. El asesinato de la población de un pueblo
escocés, en el suceso terrorista de Locherbie, con una embajada
que mató a un policía en una plaza de Londres y, lo
que es aún peor, un asesino al que besó Tony Blair.
Gadafi hizo que ahorcaran de una farola al Mufti ijuani
de Trípoli. Intentó eliminar la palabra ‘Qul’
del Corán. Y ahora su hijo está siendo acicalado –por
decirlo de alguna manera– para encargarse de esa estación
de servicio que se llama Libia.
Túnez es una dictadura –totalmente incuestionada–
un legado perverso del poder colonial francés cuya presencia
fantasmal se puede sentir no sólo en Túnez, sino también
en Mali, Níger, Chad y Mauritania. Francia y China están
compitiendo por el control absoluto del Sáhara.
Argelia está controlada por unos militares de una brutalidad
inmensurable –no sólo como generales del ejército
nacional, sino también como propietarios de la Compañía
Nacional del Petróleo.
Forman parte del núcleo fundamental de la OPEC y al mismo
tiempo torturan en masa y asesinan al pueblo argelino. Jordania,
con su monarquía instaurada por los ingleses, está
básicamente dirigida por los Caballeros de Malta y el Obispo
de Amman. Se convertiría en el núcleo de una entidad
post-Palestina pacificada.
El excelente rey Abdallah de Arabia no tiene, por desgracia, consejeros;
algo que un monarca no puede permitirse. Y el resultado es que,
junto a sus logros sobresalientes, ha accedido, de forma desastrosa,
a un protocolo de “tolerancia” con judíos y cristianos
que va en contra del Mandato Divino y las aleyas coránicas
que no admiten duda alguna. El resultado de firmar esta declaración
masónica ha sido que, casi de inmediato, los judíos
han pedido se les conceda acceso a Madinah para construir una sinagoga
en esa ciudad, y los cristianos exigen la abolición del estatus
‘Haram’ como prueba de la tolerancia del rey.
Queda Marruecos como único Estado musulmán. Bajo una
tremenda presión para convertirse en ‘democrático’
–es decir, gobernado por el sistema bancario– puede
de momento disfrutar de un respiro momentáneo gracias al
colapso del sistema usurero a escala mundial. El rey necesita darse
cuenta de que no será robado de su estatus de monarca con
la queda destrucción de las doctrinas políticas que
tienen pavor al gobierno personal y su justicia natural.
Palestina
Este pueblo autodegradado con su anarquía virulenta nos impide
ver las cuestiones vitales y extremadamente importantes a las que
se enfrenta la ‘Umma’: la liberación
de los musulmanes indios del subcontinente y la preservación
del pueblo y la cultura Uigur frente a la crueldad pagana de China.
Con la enorme cantidad de armas que tenían en tiempos de
Arafat jamás atacaron a Israel, sino que lo hicieron entre
sí mismos.
Y, al final, tras una guerra civil, Palestina se dividió
en una parte gobernada por árabes y su gobierno mafioso y
una Gaza en manos de un régimen declaradamente Shi’a.
Del mismo modo que los árabes musulmanes de Iraq se aliaron
con los cristianos y socialistas ateos y toleraron la dictadura
de Saddam, los árabes musulmanes de Palestina han adoptado
un capitalismo cristiano de carácter mafioso. Lo que nos
ha arruinado a todos, es el abandono árabe del fiqh
del comercio de Madinah, la ley fundacional de la segunda Shahadah.
El Wahabismo defiende la primera Shahadah y lucha
contra el Shirk, pero niega, como la Shi’a,
la segunda Shahadah que se basa en la negación absoluta
de la Riba’. El así llamado Banco Islámico,
una negación cínica y deliberada del Fiqh
islámico, es la nifaq modernista que ha garantizado
a los kuffar que su nuevo Islam será un fiel servidor
del sistema financiero kafir. Este sistema está
experimentando un colapso irreversible y, sin embargo, ¡Arabia
sigue utilizando dólares difuntos!
El restablecimiento del Islam está en manos de la unida población
musulmana del subcontinente indio y la del archipiélago indonesio.
La ghaliba illallah!
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